La carrera de IMEX hacia las cero emisiones netas abre una nueva línea divisoria en la industria estadounidense de eventos
En los últimos años, IMEX Frankfurt ha ido construyendo cada vez con más fuerza la identidad de una feria que no quiere observar los eventos empresariales solo como una plataforma para el comercio, el networking y la promoción de destinos, sino también como un campo de pruebas para demostrar que las grandes reuniones internacionales pueden reducir su propia huella de carbono. En el centro de esta estrategia se encuentra el objetivo de que IMEX lleve sus eventos y sus operaciones a cero emisiones netas para 2030, lo que supone un plazo más ambicioso que el que en el sector más amplio suele mencionarse como horizonte común. De ese modo, una de las marcas más influyentes de la industria de reuniones, congresos y viajes de incentivo intenta posicionarse como un organizador que no espera a que el mercado o los reguladores dicten el ritmo, sino que trata de imponerlo.
Ese enfoque, en el contexto europeo, encaja en general con las expectativas de la industria, los socios y las instituciones que cada vez exigen con mayor claridad resultados climáticos y medioambientales medibles. Sin embargo, en el mercado estadounidense, donde IMEX America sigue siendo la mayor feria de la industria global de eventos empresariales, la misma agenda entra en un terreno político y empresarial mucho más complejo. De ahí surge también la principal pregunta para el sector: ¿puede la sostenibilidad seguir presentándose como un estándar de la industria en un momento en que una parte de la política estadounidense, especialmente en torno a Donald Trump y su administración, observa las políticas climáticas con escepticismo, y a veces incluso con abierta hostilidad?
Fráncfort como laboratorio de eventos empresariales sostenibles
IMEX Frankfurt 2026 se celebra del 19 al 21 de mayo en el recinto ferial Messe Frankfurt, con un día de formación el 18 de mayo. La propia elección de la ubicación es importante para comprender la historia más amplia. Fráncfort es uno de los principales nodos europeos de transporte y negocios, una ciudad en la que desde hace años se entrelazan las finanzas, las ferias internacionales y la industria de congresos, y precisamente por eso resulta adecuada para poner a prueba estándares sostenibles en un evento de gran escala. Para un gran número de expositores, compradores y participantes, eso también significa la cuestión práctica de la logística, desde la forma de llegar hasta la estancia, por lo que el interés por el
alojamiento en Fráncfort también este año está inseparablemente vinculado a la planificación de la llegada a uno de los encuentros B2B más importantes del mundo en la industria de eventos.
Lo que IMEX quiere demostrar no es solo un compromiso simbólico con los objetivos verdes. Su estrategia incluye medir el impacto, informar sobre los resultados y cambiar la forma de organizar la propia feria, desde las estructuras de exposición y la logística hasta la comida, los residuos y los viajes de los participantes. Esa es precisamente la diferencia entre el uso de marketing del término sostenibilidad y un intento real de cambiar el modelo de negocio. Cuando un organizador dice abiertamente que quiere llegar a cero emisiones netas y al mismo tiempo presenta la sostenibilidad como una parte integrante de la infraestructura ferial, entonces ese objetivo ya no es una decoración, sino un criterio con el que socios y mercado lo evaluarán a largo plazo.
En la industria de eventos eso no es poca cosa. Las ferias y los congresos, por definición, generan emisiones debido a los viajes, el alojamiento hotelero, la energía, las estructuras, los materiales impresos, el catering y los residuos. Por eso, el camino hacia las cero emisiones netas en este sector es técnica y organizativamente más exigente que en ramas en las que gran parte de los procesos puede digitalizarse o localizarse. El intento de IMEX, por tanto, no es importante solo para su propia imagen, sino también como prueba de hasta qué punto es realmente posible descarbonizar un evento que reúne a actores globales de todo el mundo.
Por qué el plazo de 2030 es tan importante
El objetivo que IMEX destacó públicamente ya en 2023 resulta especialmente interesante porque se fijó por delante del marco sectorial más amplio. La iniciativa Net Zero Carbon Events, respaldada por un gran número de organizaciones de la industria de eventos, estableció una dirección común hacia las cero emisiones netas para 2050, con la exigencia de una reducción significativa de emisiones ya para 2030. Cuando un organizador como IMEX dice que quiere alcanzar su objetivo net zero precisamente para 2030, está enviando con ello el mensaje de que ya no se conforma con alinearse con el mínimo del consenso sectorial, sino que quiere demostrar un modelo acelerado de transición.
Eso es importante por dos razones. La primera es reputacional: en una industria en la que clientes, corporaciones y destinos exigen cada vez más criterios ESG demostrables, los objetivos tempranos y ambiciosos pueden ser una ventaja de mercado. La segunda es operativa: cuanto más corto es el plazo, mayor es la presión sobre la cadena de suministro, los socios y los expositores. No basta con que el organizador cambie parte de sus propios procedimientos si el resto del ecosistema sigue funcionando según las viejas reglas. Cero emisiones netas, en la práctica, significa que la presión se traslada a los proveedores de equipamiento, los constructores de stands, los transportistas, los servicios de catering, los hoteles y los propios participantes.
Por ello, la estrategia de IMEX no puede leerse solo como la agenda interna de una sola empresa. En realidad actúa como un intento de empujar gradualmente a toda la cadena de valor hacia estándares que en el entorno empresarial europeo cada vez se consideran más normales. Para una parte del mercado, es una señal bienvenida de seriedad. Para una parte de los socios, es un nuevo coste, una nueva administración y una obligación adicional de demostrar. Precisamente en esa fractura surge la resistencia.
América como el mayor mercado y la prueba más difícil
Si Fráncfort es el lugar donde la sostenibilidad puede presentarse como una continuación lógica de las tendencias europeas, entonces Las Vegas es el espacio en el que esa misma estrategia se encuentra con instintos políticos claramente distintos. IMEX America 2026 está anunciada del 13 al 15 de octubre en Mandalay Bay, en Las Vegas, y el organizador sigue presentándola como la mayor feria de la industria global de reuniones, eventos y viajes de incentivo. Precisamente por eso la cuestión de la sostenibilidad en ese mercado no es marginal, sino estratégica: afecta al mayor escenario que IMEX tiene en Estados Unidos.
Las Vegas es un símbolo de los eventos empresariales, del sector masivo de la hospitalidad y del espectáculo, pero también de una ciudad cuyo modelo de negocio se apoya profundamente en grandes congresos, consumo energético y una enorme infraestructura hotelera. Para los participantes que planean asistir, el programa, los contactos y la logística son igual de importantes, por lo que las búsquedas de
alojamiento en Las Vegas o de
alojamiento cerca del lugar del evento forman parte integrante de la decisión de acudir a IMEX America. Pero detrás de las cuestiones prácticas de viaje y reservas se esconde una cuestión empresarial más seria: ¿aceptará el mercado estadounidense los requisitos verdes como la nueva norma o los percibirá como una carga adicional en un momento de mayor resistencia política hacia las políticas climáticas?
Aquí se abre una brecha que en los últimos años se ha vuelto cada vez más visible. En muchos círculos empresariales europeos, la sostenibilidad ya no se presenta como una elección ideológica, sino como parte de la gestión del riesgo, la reputación y los costes. En parte de la política estadounidense, sin embargo, especialmente en el entorno de Donald Trump, ese mismo discurso encuentra resistencia porque a menudo se asocia con regulación, presiones administrativas y limitaciones al sector energético. Cuando la Casa Blanca subraya la desregulación y el fortalecimiento de la energía fósil, y al mismo tiempo parte del sector privado y de la industria internacional de eventos habla de reducir las emisiones, dos lógicas de desarrollo chocan abiertamente.
El marco político de Trump y el mensaje al sector empresarial
La política energética y medioambiental de Trump en el nuevo mandato intensificó aún más ese conflicto. La administración ya en sus primeros movimientos de 2025 destacó la “dominancia energética estadounidense”, la eliminación de barreras regulatorias y un giro hacia la producción de combustibles fósiles. Esa agenda quizá no esté dirigida directamente contra la industria ferial, pero su mensaje político se derrama con facilidad sobre el entorno empresarial más amplio. Cuando las medidas climáticas y medioambientales se presentan públicamente como una carga para la economía, entonces las empresas privadas que impulsan con mayor agresividad la sostenibilidad se convierten también más fácilmente en blanco de críticas por ceder a la moda política o a un simbolismo costoso.
Precisamente por eso, la resistencia a las medidas verdes en el entorno empresarial estadounidense no tiene por qué parecer un rechazo abierto de la sostenibilidad. Basta con que se plantee cada vez con más frecuencia la cuestión de la rentabilidad, las prioridades y el “sentido común”. En otras palabras, las empresas pueden aceptar formalmente la sostenibilidad, pero al mismo tiempo retrasar cambios reales si consideran que el clima político ya no recompensa los objetivos verdes ambiciosos. Para un organizador como IMEX, eso significa que la misma estrategia en Fráncfort puede ser recibida como prueba de liderazgo, y en Las Vegas como una posible fuente de divisiones entre expositores, patrocinadores y socios.
La influencia política de Trump intensifica además el conflicto cultural más amplio sobre lo que realmente significa la sostenibilidad. Para una parte de la comunidad empresarial, es una cuestión de resiliencia, eficiencia y competitividad futura. Para otra parte, es sinónimo de una actividad más cara, exigencias regulatorias y presión ideológica. Cuando esas dos interpretaciones chocan en la mayor feria estadounidense de la industria de eventos, el resultado no es solo un debate sobre objetivos climáticos, sino también sobre la propia identidad del sector.
Qué significa la sostenibilidad en el negocio ferial real
En los debates sobre eventos “verdes” a menudo se pasa por alto que la sostenibilidad en este sector es mucho más amplia que las emisiones de carbono. Incluye las compras, la reutilización de materiales, la reducción del equipamiento de un solo uso, las cadenas de suministro locales, la gestión de alimentos y residuos, la elección de ubicaciones, el transporte público, la digitalización y la elaboración de informes. En otras palabras, se trata de toda una serie de decisiones que afectan al coste, a la organización y a la experiencia de los participantes.
Por eso la estrategia de IMEX tiene un efecto estandarizador. Cuando un organizador exige a los expositores construcciones más sostenibles o a los socios métricas más claras, en realidad está cambiando las expectativas de todo el mercado. Eso termina afectando también a los destinos que quieren atraer reuniones internacionales. Las ciudades y los centros de congresos ya no compiten solo en precio, capacidad y conectividad aérea, sino también en la capacidad de demostrar que pueden apoyar un evento sostenible. En ese sentido, tanto Fráncfort como Las Vegas tienen un peso simbólico: la primera como hub empresarial europeo cercano al lenguaje regulatorio y ESG, la segunda como capital estadounidense de los grandes eventos que debe mostrar si puede mantener la competitividad en la era de los requisitos verdes.
Para los participantes y los expositores, eso también tiene una dimensión muy concreta. La visita a una gran feria ya no es solo una cuestión de fechas y presupuesto, sino de todo un paquete de decisiones, desde el viaje y el hotel hasta sus propias obligaciones ESG frente a los clientes. Por eso, la información sobre la ubicación, el transporte y las
ofertas de alojamiento en Fráncfort o el
alojamiento para visitantes en Las Vegas forma parte de la misma historia que las cuestiones sobre emisiones y logística sostenible. La agenda climática en la industria de eventos no se desarrolla en documentos abstractos, sino en una serie de decisiones empresariales cotidianas que alguien al final tiene que pagar, organizar y justificar.
Dónde se quiebra la industria de reuniones y eventos
La consecuencia más importante de la política de IMEX quizá no esté en el propio anuncio del objetivo de cero emisiones netas, sino en que obliga a la industria a definirse con mayor claridad. Organizadores, destinos, hoteles, centros de congresos, agencias DMC y proveedores tecnológicos tienen cada vez más difícil permanecer en una zona de indefinición. La presión llega desde varios frentes: desde clientes internacionales, iniciativas sectoriales, socios que exigen datos medibles, pero también desde cambios políticos que en determinados países fomentan el recelo hacia las obligaciones verdes.
En Europa, una agenda así probablemente seguirá entendiéndose como una señal de seriedad de mercado. En Estados Unidos, al menos mientras el clima político esté marcado por la desregulación y el escepticismo hacia las políticas climáticas, seguirá siendo objeto de competencia entre el pragmatismo empresarial y la resistencia ideológica. Eso no significa que IMEX America vaya a renunciar a la sostenibilidad, pero sí significa que cada paso hacia estándares más estrictos se sopesará con mayor cuidado a través de la cuestión de la competitividad, el coste y la percepción política.
Mientras tanto, al sector de eventos no le queda mucho margen para aplazar. Los compradores empresariales globales, especialmente los grandes clientes corporativos y las instituciones internacionales, quieren cada vez con mayor frecuencia datos sobre el impacto de los eventos y las prácticas sostenibles. Los destinos que no puedan seguir esa tendencia corren el riesgo de perder parte del mercado. Al mismo tiempo, los organizadores que impulsan cambios demasiado rápidos o demasiado costosos corren el riesgo de encontrar resistencia por parte de los socios. Precisamente por eso el caso de IMEX se vuelve importante mucho más allá de sus propios pabellones feriales: muestra que el futuro de la industria no se decidirá solo en reuniones sobre ventas y marketing, sino también en el debate sobre cuántos cambios verdes está realmente dispuesto a aplicar el sector.
En ese sentido, Fráncfort y Las Vegas no son solo dos ubicaciones en el calendario de la misma empresa. Representan dos atmósferas políticas y empresariales en las que una misma estrategia se interpreta de maneras diferentes. En Europa, la sostenibilidad es cada vez más el lenguaje de la legitimidad del mercado. En América, especialmente en la era de la dominación política de Trump en la derecha, sigue siendo también una prueba del conflicto cultural. Para IMEX, eso significa que el objetivo de cero emisiones netas para 2030 ya no es solo una ambición ecológica, sino también un riesgo empresarial, una inversión reputacional y un mensaje público sobre qué tipo de industria de eventos quiere construir en la década que viene.
Fuentes:- IMEX Group – anuncio oficial sobre el lanzamiento de la estrategia Net Zero y el objetivo de que los eventos y las operaciones alcancen las cero emisiones netas para 2030. (enlace)
- IMEX Frankfurt – información oficial sobre la edición de 2026, las fechas de celebración y el programa de la feria en Fráncfort (enlace)
- IMEX Frankfurt – página oficial sobre sostenibilidad y el compromiso de reducir el impacto global del evento (enlace)
- IMEX America – página oficial con la información de que se trata de la mayor feria de la industria global de reuniones, eventos y viajes de incentivo y con datos sobre la ubicación en Las Vegas (enlace)
- IMEX America – información oficial sobre las fechas de la edición de 2026 y su celebración en Mandalay Bay, en Las Vegas (enlace)
- Net Zero Carbon Events – descripción oficial de la iniciativa que orienta a la industria de eventos hacia las cero emisiones netas para 2050 y la reducción de emisiones para 2030 (enlace)
- Net Zero Carbon Events – texto oficial del Pledge con el compromiso de apoyar el objetivo de cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050 de acuerdo con el Acuerdo de París (enlace)
- Events Industry Council – visión general de los Sustainable Event Standards como marco sectorial para evaluar la sostenibilidad de los eventos y de los proveedores (enlace)
- The White House – orden ejecutiva “Unleashing American Energy” como indicador de la dirección energética desreguladora y orientada a los combustibles fósiles de la administración Trump (enlace)
- The White House – comunicado oficial sobre “American Energy Dominance” como continuación de la política energética de la administración de Donald Trump (enlace)
- Messe Frankfurt – confirmación de la celebración de IMEX 2026 en el recinto ferial de Fráncfort y contexto de la ubicación del evento (enlace)
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