Coventry ante la prueba más delicada de su mandato: cooperación con Trump sin perder la independencia del COI
Antes de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Los Ángeles 2028, la presidenta del Comité Olímpico Internacional, Kirsty Coventry, afronta una tarea que va más allá de la organización deportiva: construir una relación de trabajo suficientemente estrecha con la administración del presidente estadounidense Donald Trump y, al mismo tiempo, preservar la independencia política del movimiento olímpico. El Gobierno federal de Estados Unidos tendrá un papel directo en la seguridad, el transporte, los visados, los procedimientos fronterizos y la entrada de un gran número de deportistas, entrenadores, dirigentes, equipos de medios de comunicación y otros participantes acreditados. Por ello, la comunicación entre el COI, el comité organizador LA28 y la Casa Blanca no es una cuestión de elección política, sino una condición práctica para la celebración de los Juegos. Al mismo tiempo, precisamente la manera en que Coventry gestione esa cooperación mostrará hasta qué punto es posible trabajar con una de las administraciones políticamente más expuestas del mundo sin crear la impresión de que el COI se alinea con su agenda. Ese equilibrio se está convirtiendo en una de las pruebas más importantes de su mandato de ocho años.
Coventry asumió la dirección del COI en junio de 2025, después de haber sido elegida tres meses antes como la décima presidenta de la organización, la primera mujer y la primera africana en ocupar el cargo, según los datos oficiales del Comité Olímpico Internacional. Desde el comienzo de su mandato quedó claro que Los Ángeles 2028 sería el principal desafío político y organizativo de su primer ciclo presidencial. Los Juegos Olímpicos se celebrarán del 14 al 30 de julio de 2028 y los Paralímpicos del 15 al 27 de agosto, según informa el comité organizador LA28. Los Ángeles albergará por tercera vez los Juegos Olímpicos de verano, después de 1932 y 1984, y por primera vez los Juegos Paralímpicos. La magnitud del evento hace necesaria la cooperación con las autoridades federales mucho antes de la llegada de las delegaciones.
La Casa Blanca tiene competencias que los organizadores no pueden eludir
En agosto de 2025, Trump creó mediante una orden ejecutiva un grupo de trabajo especial de la Casa Blanca para los Juegos Olímpicos de 2028 y se nombró a sí mismo presidente del grupo, mientras que el vicepresidente JD Vance fue designado vicepresidente. La orden establece expresamente que el grupo de trabajo federal coordina la seguridad, el transporte y los procesos de entrada y salida del país, así como los programas de expedición de visados y acreditación de deportistas, entrenadores, dirigentes y medios extranjeros. En el grupo participan los principales departamentos federales, entre ellos el Departamento de Estado, el Departamento de Seguridad Nacional, el Departamento de Defensa, el Departamento de Transporte y el Departamento de Justicia. Esto significa que las partes más delicadas de la logística olímpica dependerán de organismos directamente subordinados al poder ejecutivo federal. El comité organizador LA28 sigue siendo una organización sin ánimo de lucro financiada de forma privada, pero sin coordinación federal no puede resolver por sí solo los procedimientos fronterizos, de seguridad o de inmigración.
La dimensión de la seguridad aumenta aún más la importancia de Washington. Los documentos oficiales de la Casa Blanca prevén la cooperación de los servicios federales, estatales y locales en operaciones antiterroristas, policiales, de transporte y de emergencia. Por tanto, una parte de las decisiones clave se tomará a nivel federal. La distancia política del COI no puede significar distancia institucional respecto del Gobierno estadounidense: Coventry debe establecer una relación lo bastante funcional como para resolver problemas, pero sin convertir la cooperación olímpica en una alianza política.
El Mundial de 2026 mostró dónde pueden surgir problemas
La advertencia más concreta llegó durante el Mundial de fútbol de 2026, organizado conjuntamente por Estados Unidos, Canadá y México. Reuters informó en junio de que habían surgido problemas con los visados y la entrada en Estados Unidos para determinados miembros de delegaciones, así como para dirigentes del fútbol. La selección iraní trasladó su base de Arizona a Tijuana, en México, mientras que algunos miembros de su cuerpo técnico y administrativo se quedaron sin visados estadounidenses. Las autoridades estadounidenses afirmaron que los jugadores necesarios y los miembros clave del equipo habían recibido sus documentos, pero los dirigentes iraníes advirtieron de las consecuencias logísticas de los desplazamientos transfronterizos. Ese caso demostró que una exención formal para los deportistas no elimina automáticamente todos los problemas para las delegaciones más amplias necesarias para el funcionamiento de una gran competición.
Un precedente todavía más grave fue el caso del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan. Reuters informó de que en junio de 2026 se le negó la entrada en Estados Unidos después de llegar a Miami, lo que le impidió arbitrar en el Mundial, aunque FIFA lo había designado previamente entre los oficiales del torneo. El servicio fronterizo estadounidense alegó motivos de seguridad y señaló que las decisiones sobre la autorización de entrada se toman individualmente. FIFA subrayó que no decide sobre los procedimientos migratorios estadounidenses. Para el COI, este caso es especialmente importante porque muestra la diferencia entre un visado expedido o una acreditación deportiva y la decisión final sobre la entrada en la frontera, que es competencia del Estado anfitrión.
Coventry reaccionó públicamente a estos problemas en junio de 2026. Tras una reunión de la Comisión Ejecutiva del COI en Lausana, declaró, según Reuters, que los organizadores de Los Ángeles ya estaban trabajando con las autoridades estadounidenses para evitar que se repitieran las complicaciones vistas en el Mundial. Destacó que las soluciones requerirían cooperación y aprender de la experiencia del torneo de fútbol. El director de Deportes del COI, Pierre Ducrey, explicó entonces que LA28 cuenta con personas específicamente encargadas de estas cuestiones, incluida una oficina en Washington, y que está construyendo relaciones con las agencias federales competentes. Su explicación demuestra que los preparativos no se limitan únicamente a los contactos políticos al más alto nivel, sino que incluyen también un trabajo técnico con los organismos que en 2028 decidirán sobre miles de casos individuales.
Giuliani: la relación con Trump debe tratarse como un recurso operativo
Andrew Giuliani, que como director ejecutivo del grupo de trabajo de la Casa Blanca participó en los preparativos federales para el Mundial de 2026, considera que Coventry no debería evitar una relación directa con Trump. En una entrevista recogida por Inside the Games, Giuliani consideró que la estrecha relación del presidente de FIFA, Gianni Infantino, con el presidente estadounidense fue importante para el apoyo operativo al torneo de fútbol. Su mensaje a Coventry es que el presidente en la Casa Blanca debe considerarse un recurso clave para resolver los problemas que inevitablemente irán surgiendo a medida que se acerque Los Ángeles 2028. Según su interpretación, no aprovechar ese tipo de acceso significaría renunciar a la posibilidad de resolver más rápidamente cuestiones que dependen de la administración federal.
El argumento de Giuliani parte del modelo que FIFA utilizó durante el Mundial. Infantino mantuvo con Trump una relación pública muy visible, mientras que la Casa Blanca y FIFA cooperaron a través de un grupo de trabajo federal especial. Sin embargo, la frontera entre la necesaria cooperación institucional y la cercanía política personal es delicada para el dirigente de una organización que representa a países con relaciones muy diferentes con Washington. Por ello, para el COI es importante que el acceso operativo a las autoridades del país anfitrión no parezca un alineamiento político.
Hasta ahora, Coventry ha optado por un estilo público considerablemente más moderado. No ha construido una relación con Trump que, en cuanto a visibilidad, recuerde a la de Infantino, pero tampoco ha indicado que quiera una confrontación política. Ya después de su elección en 2025 dejó claro que esperaba mantener conversaciones con el presidente estadounidense y que creía que él quería unos Juegos exitosos en Los Ángeles. Tras las experiencias del Mundial, trasladó el énfasis al trabajo de las instituciones, la coordinación y el aprendizaje a partir de problemas concretos. Por ahora, este enfoque le permite no cerrar la puerta a la Casa Blanca y, al mismo tiempo, no personalizar la relación del COI con el Gobierno estadounidense más de lo necesario.
Los visados son al mismo tiempo una cuestión logística y política
El mayor riesgo a corto plazo sigue siendo la entrada de los participantes en Estados Unidos. El Departamento de Estado aplica actualmente restricciones a la expedición de visados y a la entrada de ciudadanos de varios países, con exenciones especiales para los participantes en grandes acontecimientos deportivos. Según las normas oficiales estadounidenses vigentes en 2026, las exenciones pueden incluir a deportistas, miembros de equipos, entrenadores, personal de apoyo esencial y familiares directos cuando viajan al Mundial, a los Juegos Olímpicos o a otros grandes acontecimientos deportivos. Es una protección importante para el funcionamiento básico de las competiciones, pero no resuelve automáticamente la situación de todas las personas que acompañan a los deportistas, ni tampoco la de los aficionados y otros visitantes. Las decisiones finales siguen adoptándose de conformidad con las normas estadounidenses de inmigración y seguridad.
Esta diferencia también es importante para la credibilidad política de los Juegos. El COI destaca que las tensiones políticas no deberían impedir la participación de los deportistas que cumplan los requisitos, pero no tiene autoridad sobre las fronteras estadounidenses. No puede garantizar la entrada a una persona a la que las autoridades competentes rechacen por motivos de seguridad o jurídicos. Por ello, una gran parte del trabajo tendrá que realizarse con antelación, mediante la identificación temprana de las delegaciones, controles oportunos y canales consulares especiales.
Para Coventry también resulta especialmente delicado que el régimen de visados más restrictivo incluya a varios países de los que proceden deportistas olímpicos, dirigentes y aficionados. Por tanto, la cuestión no puede reducirse únicamente a unas pocas selecciones políticamente expuestas. Los Ángeles 2028 debería reunir prácticamente a todo el mundo olímpico, y el sistema debe funcionar para cientos de comités olímpicos nacionales y miles de personas acreditadas con perfiles diferentes. Cualquier incidente importante relacionado con la denegación de entrada a un deportista o a un oficial podría convertirse muy rápidamente en una cuestión política internacional. La experiencia de 2026 demostró que estas situaciones no son únicamente hipotéticas.
La independencia del COI no es lo mismo que evitar a los gobiernos
El problema central para Coventry deriva de las propias reglas del movimiento olímpico. El marco ético del COI exige a las organizaciones deportivas que preserven la autonomía y la neutralidad política y que rechacen las presiones políticas, religiosas o económicas que les impedirían aplicar la Carta Olímpica. Al mismo tiempo, ese mismo marco fomenta expresamente las relaciones constructivas y las asociaciones con las autoridades públicas cuando sean necesarias para alcanzar objetivos deportivos, siempre que se respete la autonomía de las organizaciones deportivas. En otras palabras, la neutralidad olímpica no exige romper los contactos con los gobiernos; exige que dichos contactos no se conviertan en subordinación política o alineamiento.
Los Ángeles 2028 es prácticamente un ejemplo de manual de esa tensión. Sin la Casa Blanca y las agencias federales no será posible organizar los protocolos de seguridad, acelerar los procedimientos de visado, coordinar el transporte a gran escala ni gestionar las fronteras durante la llegada de las delegaciones. Por otro lado, una identificación demasiado estrecha de la presidenta del COI con Trump podría suscitar sospechas de que la organización favorece los intereses políticos del país anfitrión o de su presidente. Esa impresión sería especialmente problemática durante crisis internacionales, disputas sobre la participación de determinados países o controversias relacionadas con los derechos humanos. Coventry debe, por tanto, mantener un canal de comunicación directa y, al mismo tiempo, demostrar que las decisiones del COI siguen siendo institucionales y se basan en las normas olímpicas.
No basta con tener acceso al Despacho Oval; es necesario construir un sistema en el que los problemas puedan resolverse incluso sin la intervención personal del presidente. Esto requiere una combinación de conversaciones al más alto nivel y trabajo técnico con ministerios, consulados, servicios de seguridad y organizadores. Cuantas más cuestiones se resuelvan mediante procedimientos definidos de antemano, menos dependerá el COI de acuerdos políticos ad hoc. Por ello, la cooperación institucionalizada también puede ser un mecanismo importante para proteger la autonomía olímpica.
Los Ángeles 2028 será una prueba de un nuevo modelo de liderazgo
Coventry asumió el COI en un periodo en el que a las organizaciones deportivas internacionales se les exige simultáneamente neutralidad política, protección de los deportistas y capacidad para actuar en un entorno internacional cada vez más polarizado. Los Ángeles hará que esa contradicción sea extremadamente visible. La administración estadounidense dispone de capacidades sin las cuales los Juegos no pueden funcionar, mientras que el COI debe proteger el carácter universal del acontecimiento y el acceso de participantes procedentes de países que puedan mantener disputas políticas o de seguridad con Estados Unidos. El Mundial de 2026 proporcionó a los organizadores lecciones prácticas sobre visados, fronteras y comunicación con las instituciones federales, pero al mismo tiempo demostró que ni siquiera una cooperación intensa entre FIFA y la Casa Blanca puede eliminar todos los problemas.
Por eso, será difícil medir el éxito de Coventry por la frecuencia con la que sea vista junto a Trump o por lo cordial que sea su relación. Mucho más importante será si puede garantizar que el canal político con Washington funcione cuando sea necesario mientras las decisiones del COI permanecen separadas de la política cotidiana. Si los mecanismos de visados y seguridad se establecen con suficiente antelación y los casos controvertidos se resuelven de manera transparente y conforme a reglas claras, la cooperación con la Casa Blanca podrá seguir siendo operativa y no política. Sin embargo, si las cuestiones clave dependen de relaciones personales e intervenciones de última hora, la presión sobre la autonomía del COI será considerablemente mayor.
Quedan menos de dos años hasta la ceremonia de apertura del 14 de julio de 2028. Durante ese periodo, Coventry tendrá que demostrar si puede ser al mismo tiempo pragmática con el país anfitrión y creíble ante el resto del mundo olímpico. Precisamente ahí reside la diferencia entre la cooperación protocolaria y el acercamiento político. Para la presidenta del COI, Los Ángeles no será, por tanto, únicamente un proyecto organizativo, sino también una prueba de si la nueva dirección del movimiento olímpico puede preservar la neutralidad en un momento en el que sin las instituciones políticas del país anfitrión no es posible llevar a cabo ningún gran acontecimiento deportivo internacional.
Fuentes:
- Inside the Games – análisis de la relación entre Kirsty Coventry, Donald Trump y del papel de Andrew Giuliani en los preparativos para LA28 (enlace)
- La Casa Blanca – orden ejecutiva sobre la creación del grupo de trabajo federal para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y sus competencias (enlace)
- U.S. Department of State – normas actuales sobre suspensiones y exenciones para participantes en grandes acontecimientos deportivos (enlace)
- Reuters / Channel NewsAsia – declaraciones de Kirsty Coventry y Pierre Ducrey sobre los problemas de visados del Mundial y los preparativos para LA28 (enlace)
- Reuters / Investing.com – caso del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, al que se le negó la entrada en Estados Unidos durante el Mundial de 2026 (enlace)
- Reuters / Investing.com – problemas de visados de la selección iraní y traslado de su base a Tijuana durante el Mundial de 2026 (enlace)
- Comité Olímpico Internacional – información oficial sobre la elección de Kirsty Coventry y el inicio de su mandato (enlace)
- Comité Olímpico Internacional – principios éticos sobre autonomía, neutralidad política y cooperación con las autoridades públicas (enlace)
- LA28 – fechas oficiales de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2028 (enlace)