Un clima implacable espera al Mundial 2026: el calor se convierte en uno de los mayores desafíos del torneo
La Copa Mundial de fútbol 2026 debería ser la más grande en la historia de la competición, pero cada vez está más claro que, junto con las cuestiones deportivas, se impondrá también un asunto fuera del terreno de juego: el calor extremo. El torneo se jugará del 11 de junio al 19 de julio de 2026 en Estados Unidos de América, México y Canadá, y el formato ampliado trae 48 selecciones nacionales y 104 partidos. Según los datos oficiales de la FIFA, los partidos se jugarán en 16 ciudades anfitrionas, desde Vancouver y Toronto en el norte hasta Monterrey, Guadalajara, Ciudad de México, Houston, Dallas y Miami en zonas climáticas considerablemente más cálidas. Un calendario así ya plantea por sí solo la cuestión de cómo proteger a jugadores, árbitros, trabajadores, voluntarios y aficionados en un período del año en el que el calor y la humedad en parte de las ciudades suelen ser altos.
Una nueva advertencia llegó antes del torneo desde el análisis del grupo World Weather Attribution, que se ocupa del vínculo entre el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos. Según ese análisis, aproximadamente una cuarta parte de los partidos del Mundial 2026 podría jugarse en condiciones que superan las recomendaciones de seguridad de FIFPRO, el sindicato mundial de futbolistas profesionales. Reuters informó el 14 de mayo de 2026 de que unos cinco partidos podrían caer en la categoría de condiciones en las que se recomienda aplazar el encuentro. Eso no significa que esos partidos vayan a aplazarse con seguridad, pero muestra que planificar un torneo en junio y julio en América del Norte ya no es solo una cuestión logística, sino también una cuestión de salud pública.
El riesgo no se mide solo por la temperatura del aire
El concepto clave en la evaluación del peligro no es la temperatura ordinaria del aire, sino el WBGT, es decir, la temperatura de globo y bulbo húmedo. El Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos señala que el WBGT tiene en cuenta la temperatura, la humedad, el viento, la radiación solar y otros parámetros meteorológicos, por lo que es un indicador especialmente útil del estrés térmico en deportistas y personas que trabajan o permanecen al aire libre. En otras palabras, dos ciudades con la misma temperatura del aire pueden ser muy diferentes para el organismo humano si difieren en humedad, viento, sombra y exposición al sol.
Según World Weather Attribution, FIFPRO recomienda medidas adicionales de enfriamiento cuando el WBGT alcanza 26 grados Celsius o más, mientras que a 28 grados Celsius o más las condiciones se consideran inseguras para jugar y se recomienda el aplazamiento. Reuters señala que 28 grados WBGT pueden corresponder aproximadamente a una temperatura de unos 38 grados Celsius en condiciones secas o unos 30 grados Celsius con alta humedad. Para el fútbol esto es especialmente importante porque un partido dura mucho, la intensidad del juego cambia de minuto a minuto y los jugadores no pueden interrumpir libremente la actividad como en algunos otros deportes.
El estrés térmico no afecta solo al riesgo de problemas graves de salud, sino también al propio juego. En temperaturas altas, el cuerpo gasta más energía en enfriarse, el corazón trabaja con mayor carga y los jugadores reducen instintivamente la intensidad para evitar el sobrecalentamiento. Reuters transmitió la valoración del médico Chris Mullington, del Imperial College London NHS Trust, de que el calor extremo en futbolistas de élite podría convertirse ante todo en una cuestión de rendimiento, y no de intervenciones médicas masivas. Según su interpretación, los jugadores podrían protegerse por sí mismos y jugar con más cautela, lo que podría influir en el ritmo y el atractivo de los partidos.
Los estadios abiertos y las zonas de aficionados son los más expuestos
El análisis de World Weather Attribution advierte especialmente sobre la diferencia entre los estadios con condiciones climatizadas y los espacios que los rodean. Parte de los estadios, por ejemplo en Dallas, Houston y Atlanta, puede reducir el riesgo para jugadores y espectadores dentro del recinto si se utilizan techos cerrados y sistemas de enfriamiento. Pero tal infraestructura no protege a las personas que viajan durante horas hasta el estadio, esperan en las entradas, trabajan en fan zones o siguen los partidos en visionados públicos. Precisamente esos espacios suelen ser los más expuestos porque incluyen grandes aglomeraciones, superficies asfaltadas, sombra limitada y una permanencia más prolongada al aire libre.
Según los datos publicados por Reuters, más de un tercio de los partidos con al menos un diez por ciento de probabilidad de superar el umbral de 26 grados WBGT se juega en estadios sin aire acondicionado, incluidos Miami, Kansas City, Nueva York y Filadelfia. El partido final, programado para el 19 de julio de 2026 en el MetLife Stadium de East Rutherford, en el estado estadounidense de Nueva Jersey, según el análisis tiene ahora aproximadamente una probabilidad de una entre ocho de superar el umbral de 26 grados WBGT. Para el umbral más peligroso de 28 grados WBGT se menciona un riesgo de alrededor del tres por ciento. Son probabilidades, no una previsión para un día concreto, pero son lo suficientemente significativas como para tomarse en serio en la preparación del torneo.
Miami, Dallas, Houston, Monterrey y Kansas City aparecen en varias evaluaciones expertas como lugares con una alta carga térmica, aunque la naturaleza del riesgo difiere de una ciudad a otra. En Miami el problema es la combinación de calor y humedad, en partes de Texas y del norte de México el peligro está vinculado a temperaturas muy altas, y en Ciudad de México y Guadalajara un factor adicional es la altitud. Una revisión científica publicada en la revista Sports Medicine en marzo de 2026 destaca que los Mundiales anteriores sí tuvieron algunos desafíos ambientales, pero que la edición de 2026 trae una combinación raramente compleja de calor, altitud, viajes, contaminación del aire y alérgenos estacionales.
La comparación con 1994 muestra cuánto han cambiado las condiciones
Estados Unidos de América fue anfitrión del Mundial por última vez en 1994, cuando el torneo también se jugó en verano. También entonces hubo partidos calurosos, pero según World Weather Attribution las condiciones actuales son sustancialmente más desfavorables porque el clima es más cálido que hace tres décadas. La comparación en el análisis parte del hecho de que el clima en 1994 era unos 0,7 grados Celsius más frío que el actual en relación con la temperatura media global. Un cambio así puede sonar pequeño a primera vista, pero en la práctica aumenta la frecuencia y la intensidad de los días en los que se superan umbrales importantes para la resistencia humana.
World Weather Attribution estima que el número de partidos en los que se puede alcanzar el umbral de 26 grados WBGT ha aumentado en comparación con las condiciones de 1994. Cuando se tienen en cuenta los estadios sin aire acondicionado, el aumento relativo del riesgo se vuelve aún más marcado. El análisis señala que entre las ubicaciones más expuestas al calor extremo se encuentran el MetLife Stadium en el área de Nueva York, el estadio de Filadelfia, el estadio de Kansas City y el estadio de Miami, con mención adicional de Monterrey y Boston. Es importante que tales estimaciones no se refieran solo a la estadística meteorológica, sino también a la hora de inicio de los partidos, porque un encuentro a las 15 horas y un encuentro por la noche suponen una carga completamente distinta para el organismo.
Los científicos del clima advierten además de que el problema no puede resolverse solo con breves pausas para beber agua. Si un partido se juega en condiciones de mucho calor y humedad, el cuerpo necesita enfriamiento real, descanso y reducción de la carga. Por eso se discute cada vez más un paquete más amplio de medidas: horarios de partido más tardíos, más sombra, acceso más fácil al agua, zonas de enfriamiento, mayor número de equipos médicos, mejor comunicación con los espectadores y protocolos claros de aplazamiento si las condiciones superan umbrales peligrosos. Tales medidas son especialmente importantes porque el Mundial no es solo una serie de partidos, sino un evento de varias horas que comienza mucho antes del primer silbato y termina solo después de que la masa de personas abandone la zona del estadio.
La FIFA anuncia medidas, el sindicato pide cautela
La FIFA, según Reuters, comunicó que ha llevado a cabo una planificación relacionada con los riesgos de calor y que prepara medidas que incluyen pausas de hidratación de tres minutos en cada tiempo, infraestructura de enfriamiento para aficionados y jugadores, ciclos adaptados de trabajo y descanso, y una preparación médica reforzada que puede modificarse según las condiciones reales. World Weather Attribution señala que la FIFA ya ha anunciado tres minutos de pausa en cada tiempo de cada partido, independientemente de las condiciones. Tal decisión puede ayudar a estandarizar el enfoque, pero los expertos advierten de que la misma medida no tiene por qué ser suficiente para todas las ciudades, estadios y horarios.
FIFPRO, en sus reacciones a los análisis, subrayó que las evaluaciones justifican la necesidad de una serie de estrategias con las que se protegerían mejor la salud y el rendimiento de los jugadores. El sindicato lleva años advirtiendo de que el calendario de competiciones es cada vez más denso y de que las condiciones meteorológicas extremas cargan adicionalmente a los deportistas. A diferencia de las competiciones de clubes, el Mundial reúne a selecciones nacionales que a menudo tienen muy poco tiempo para prepararse juntas, y los jugadores llegan de diferentes zonas climáticas, ligas y ritmos de temporada. La aclimatación, la alimentación, el sueño, la hidratación y la supervisión médica serán por ello casi tan importantes como la preparación táctica.
El trabajo científico en Sports Medicine recomienda que las selecciones nacionales se preparen para el torneo mediante estrategias a largo y corto plazo para mitigar los desafíos ambientales. En el contexto del calor, esto incluye aclimatación, planificación de entrenamientos en condiciones similares, enfriamiento antes y durante los partidos, seguimiento de signos de enfermedad por calor y un enfoque individual de los jugadores. Los autores destacan que existen directrices generales para el deporte con calor, pero que el fútbol es específico porque las reglas, el ritmo del juego y el número limitado de interrupciones no permiten adoptar de forma sencilla soluciones de otros deportes.
Los aficionados están más expuestos de lo que a menudo se piensa
El debate público sobre el calor a menudo se centra en los jugadores, pero el riesgo sanitario para los aficionados puede ser más amplio. Los jugadores están bajo supervisión constante de médicos, tienen acceso a agua, hielo, toallas refrescantes y espacios controlados. Los aficionados pueden pasar horas de pie al sol, viajar en transporte público o a pie, esperar controles de seguridad y permanecer entre multitudes. Son especialmente vulnerables las personas mayores, los niños, las personas con enfermedades crónicas, las embarazadas, los trabajadores al aire libre, los voluntarios y quienes no están acostumbrados a las condiciones climáticas locales.
El Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos señala que las medidas de protección contra el calor en entornos laborales y deportivos pueden basarse en el WBGT e incluyen aclimatación, sombra, traslado de actividades a las partes más tempranas o más tardías del día, programación de trabajo y descanso y reducción de actividades físicas pesadas. Aunque estas recomendaciones se describieron originalmente también para condiciones laborales, la misma lógica vale para grandes reuniones deportivas. Si se esperan valores altos de estrés térmico, los organizadores deben pensar en todo el movimiento de personas, y no solo en los 90 minutos de juego.
Para los espectadores eso significa que la información oportuna será decisiva. Las advertencias de calor deberían ser claras, multilingües y estar disponibles antes de la llegada al estadio. Agua, sombra, espacios de descanso, puntos médicos y la posibilidad de una reacción rápida pueden reducir el número de intervenciones de emergencia. Las ciudades anfitrionas al mismo tiempo deben tener en cuenta que las condiciones de riesgo no se producen solo en los estadios, sino también en las fan zones oficiales, nodos de transporte, centros turísticos y alrededor de los hoteles.
El torneo como prueba para el futuro de los grandes eventos deportivos
El Mundial 2026 podría convertirse en un punto de inflexión en la forma en que se planifican los grandes eventos deportivos en la era del cambio climático. Los campeonatos de fútbol se han guiado durante mucho tiempo por la lógica de los horarios televisivos, las capacidades de los estadios, los intereses comerciales y los calendarios de las temporadas de clubes. Pero los riesgos crecientes de calor extremo, tormentas, inundaciones y contaminación del aire entran cada vez con más fuerza en la misma ecuación. Si los partidos deben jugarse en períodos del día que son adecuados para la audiencia global, pero peligrosos para las personas en el terreno de juego y en las gradas, los organizadores se enfrentarán cada vez más a compromisos difíciles.
El informe de World Weather Attribution advierte de que los estadios climatizados pueden reducir la exposición dentro de los recintos, pero no pueden eliminar el riesgo fuera de ellos. Esto es especialmente importante para el Mundial porque el torneo no es un producto televisivo cerrado, sino un evento urbano que atrae a cientos de miles de personas al espacio público. Si las condiciones peligrosas aparecen en el momento del partido, las consecuencias pueden afectar al tráfico, los servicios de emergencia, los servicios de seguridad, la hostelería, el turismo y la población local. Por eso se habla cada vez más de la necesidad de que la evaluación climática se convierta en uno de los criterios centrales al elegir anfitriones y fechas de futuras competiciones.
Para la edición de 2026 queda la pregunta de cuán eficaces serán las medidas anunciadas en condiciones reales. El calor no puede predecirse con precisión de antemano para cada día del torneo, pero el riesgo sí puede planificarse. La prueba más importante no será solo si los partidos comenzarán a tiempo, sino si los organizadores podrán reaccionar rápidamente si las condiciones meteorológicas se vuelven peligrosas. En ese sentido, el Mundial 2026 será un espectáculo deportivo, pero también un gran examen práctico de adaptación del fútbol internacional a una realidad climática que ya no puede tratarse como una excepción.
Fuentes:
- FIFA – resumen oficial de anfitriones, ciudades, fechas y formato del Mundial 2026 (link)
- Reuters, vía Y94 – informe sobre el análisis del riesgo de calor en el Mundial 2026 y las reacciones de FIFPRO y la FIFA (link)
- World Weather Attribution – análisis del impacto del cambio climático en el estrés térmico durante el Mundial 2026 (link)
- National Weather Service – explicación del WBGT y herramientas para evaluar el riesgo de calor (link)
- Sports Medicine / Springer Nature – revisión científica de los desafíos ambientales para los jugadores en el Mundial 2026 (link)