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IRIDE recibe ocho nuevos satélites: Italia amplía su sistema de observación de la Tierra y refuerza la vigilancia del mar, la costa y el territorio

Descubre qué significa el nuevo lanzamiento de ocho satélites para el programa italiano IRIDE, cómo se utilizarán los datos sobre tierra y mar y por qué este sistema espacial se está convirtiendo en una herramienta importante para los servicios públicos, la seguridad, la protección del medio ambiente y la gestión de crisis.

IRIDE recibe ocho nuevos satélites: Italia amplía su sistema de observación de la Tierra y refuerza la vigilancia del mar, la costa y el territorio
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Ocho nuevos satélites en órbita: el programa italiano IRIDE amplía la red de vigilancia de la Tierra

El programa italiano de observación de la Tierra IRIDE ha recibido otros ocho satélites, lo que ha elevado a 24 el número total de naves en órbita. La nueva ampliación se llevó a cabo mediante un lanzamiento en un cohete Falcon 9 como parte de la misión Transporter-16, que despegó el 30 de marzo de 2026 desde la base Vandenberg Space Force Base en California. Según la agencia espacial italiana ASI y los datos de la misión Transporter-16, se trata de una nueva etapa de uno de los mayores proyectos europeos en el ámbito de la observación de la Tierra, un sistema que los italianos desarrollan como herramienta para la vigilancia ambiental, la gestión del territorio, la seguridad marítima y las situaciones de emergencia.

Los nuevos satélites pertenecen a la constelación Eaglet II, la segunda de un total de seis constelaciones que compondrán todo el sistema IRIDE. Tras este lanzamiento, Eaglet II tiene 16 satélites en órbita, mientras que el plan final es que esa constelación crezca hasta 24 naves. Con ello, el programa italiano se acerca a su ambicioso objetivo de despliegue operativo completo para 2027. La Agencia Espacial Europea ESA indica que, dentro del sistema completo en desarrollo, hay un total de 68 satélites, distribuidos entre constelaciones de radar y ópticas con distintos fines.

Para Italia, esto no es solo un nuevo lanzamiento más de una serie, sino también la confirmación de que las inversiones espaciales nacionales del período posterior a la pandemia se están convirtiendo en un sistema de infraestructura concreto. IRIDE está financiado con fondos del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia italiano, más conocido como PNRR, junto con fondos nacionales adicionales. En la práctica, esto significa que el programa espacial no está concebido solo como un proyecto tecnológicamente prestigioso, sino como una plataforma que debe proporcionar datos operativos a las instituciones estatales y a los servicios públicos para la toma de decisiones.

Qué aportan los nuevos satélites Eaglet II

Cada uno de los ocho satélites recién lanzados está equipado con un sensor óptico multiespectral de alta resolución y un sistema AIS, es decir, Automatic Identification System, que se utiliza para recopilar y procesar datos sobre el tráfico marítimo. Según ASI y OHB Italia, la combinación de observación óptica y AIS es especialmente importante para la vigilancia de las zonas costeras, el seguimiento del tráfico marítimo y una respuesta más rápida ante incidentes de seguridad o ambientales en el mar. En un país como Italia, con una larga costa, tráfico denso en el Mediterráneo y numerosas zonas de infraestructura y turísticas junto al mar, un sistema de este tipo tiene valor tanto económico como de seguridad.

Los instrumentos ópticos a bordo de los satélites Eaglet II observan la superficie terrestre en la parte visible del espectro y permiten obtener imágenes con una resolución de aproximadamente dos metros. Esto es lo bastante preciso para un gran número de aplicaciones operativas, desde el seguimiento de cambios en el uso del suelo hasta la evaluación de la situación tras inundaciones, incendios o deslizamientos de tierra. Además, OHB Italia indica que los satélites están diseñados para una transmisión de datos de baja latencia en banda X, lo cual es importante cuando la información debe entregarse rápidamente a los centros que gestionan situaciones de crisis o analizan la situación sobre el terreno.

Desde el punto de vista técnico, se trata de satélites muy pequeños. Cada uno pesa alrededor de 25 kilogramos, tiene un tamaño comparable al de un horno microondas doméstico grande y su vida operativa prevista es de al menos tres años. Las naves operarán en una órbita heliosincrónica, a altitudes que para las constelaciones ópticas de IRIDE se sitúan aproximadamente entre 460 y 600 kilómetros, mientras que los datos de OHB Italia para Eaglet II indican una órbita de unos 467 kilómetros. Una órbita de este tipo permite condiciones de iluminación consistentes al pasar sobre las mismas zonas, algo clave para comparar imágenes a lo largo del tiempo y para análisis multitemporales fiables.

Misión confirmada apenas unas horas después del despegue

Uno de los primeros indicadores del éxito de cualquier misión espacial es la confirmación de que se ha establecido señal con los satélites tras su separación en órbita. Según la información publicada por ESA, ASI y OHB Italia, la señal de todos los nuevos satélites se confirmó pocas horas después del lanzamiento en el centro de control de la misión en Roma. Con ello quedó completada la fase inicial y más sensible de la entrada de las naves en el ciclo operativo.

Después sigue el proceso de puesta en servicio, es decir, el encendido, la comprobación y la calibración de los instrumentos en órbita. Es el período en el que se verifica si los sistemas de comunicación, los sensores ópticos y los subsistemas auxiliares funcionan dentro de los parámetros previstos. Solo cuando ese proceso se completa, los nuevos satélites entran en uso regular y comienzan a alimentar la base de datos geoespaciales sobre la que se apoya todo IRIDE. En esta fase también suele confirmarse la calidad real de las imágenes, la velocidad de transmisión y la capacidad de todos los satélites de una misma constelación para trabajar de forma coordinada.

La importancia de este paso aumenta aún más en sistemas como IRIDE, porque no se trata de una sola nave, sino de una red de varias constelaciones distintas que deben funcionar como un conjunto único. Por tanto, un lanzamiento exitoso no es solo un acontecimiento técnico aislado, sino también una condición previa para que Italia establezca paso a paso su propia arquitectura nacional de observación satelital de la Tierra con un carácter operativo y no solo experimental.

IRIDE como “constelación de constelaciones”

Según ESA y ASI, IRIDE no está concebido como una red satelital clásica única, sino como un sistema de seis constelaciones con distintos tipos de sensores. Dos utilizarán instrumentos de radar de apertura sintética y cuatro sensores ópticos, incluidos sistemas multiespectrales e hiperespectrales. Precisamente esa combinación de observaciones ópticas y de radar da al proyecto un peso especial, porque permite seguir distintos fenómenos en tierra, mar e infraestructuras en distintas condiciones, incluida la noche, las nubes o el mal tiempo en el caso de los instrumentos de radar.

ESA señala que el conjunto incluirá las constelaciones Nimbus SAR, NOX SAR, Nimbus VHR, PLATiNO-Hyperspectral, Hawk for Earth Observation, también conocida como HEO, y Eaglet II. HEO es la primera constelación de IRIDE que ya está en órbita y actualmente cuenta con ocho satélites, mientras que Eaglet II tiene 16 tras el nuevo lanzamiento. Cuando a todos estos elementos se añaden las futuras naves que aún deben despegar, queda claro por qué tanto ESA como ASI describen el sistema como uno de los programas de observación de la Tierra más complejos y completos de Europa.

La agencia italiana subraya además especialmente que los datos recogidos no se detienen en los satélites. IRIDE incluye también infraestructura terrestre para la recepción, el procesamiento y la distribución de información geoespacial. En otras palabras, el valor del proyecto no reside solo en el número de satélites, sino en la capacidad de convertir datos brutos en mapas, análisis, alertas y servicios que la administración pública pueda utilizar en tiempo real o casi en tiempo real.

Para qué se utilizarán los datos

La aplicación práctica es uno de los argumentos más convincentes a favor del programa IRIDE. Según las descripciones oficiales de ESA y ASI, los datos del sistema se utilizarán para el seguimiento de los movimientos del terreno, la vigilancia de la cobertura y el uso del suelo, la gestión de los recursos hídricos, la observación de la costa y del mar, las evaluaciones en situaciones de emergencia y una serie de servicios de seguridad y medioambientales. En el caso italiano, esto abre la puerta a un uso muy amplio, desde la vigilancia de zonas sensibles a deslizamientos y terremotos hasta el seguimiento de sequías, inundaciones, incendios y del estado de las rutas costeras.

Es especialmente importante que IRIDE no esté limitado exclusivamente a las instituciones estatales en sentido estricto. ASI indica que el sistema también apoyará el desarrollo de aplicaciones comerciales basadas en datos satelitales, incluidas startups, pequeñas y medianas empresas y sectores industriales que necesitan información analítica procedente del espacio. Esto significa que el proyecto, además de situarse como infraestructura de seguridad y medioambiental, también se plantea como posible motor de una nueva actividad económica en el segmento de los datos espaciales, la geoinformática y los servicios digitales.

En el contexto europeo, esto encaja en una tendencia más amplia de convertir la infraestructura espacial en una herramienta de gestión cotidiana del Estado y de la economía. Las imágenes satelitales ya no están reservadas solo para misiones científicas o necesidades de defensa. Sirven para la planificación territorial, la vigilancia de los flujos de tráfico, la evaluación de daños tras catástrofes, la gestión de la agricultura, el análisis de los ciclos del agua y el seguimiento del cambio climático. Precisamente por eso IRIDE se está construyendo como un sistema de servicios y no como un demostrador tecnológico puntual.

Continuidad de lanzamientos y mensaje político del proyecto

El lanzamiento reciente también tiene un peso simbólico porque confirma la continuidad que IRIDE logró mantener durante 2025 y 2026. El primer satélite del programa, HEO Pathfinder, fue lanzado el 14 de enero de 2025. Después, el 23 de junio de 2025, siguió el lanzamiento de siete satélites HEO adicionales, con lo que la primera constelación alcanzó las ocho naves. A finales de noviembre de 2025 también entró en órbita el primer grupo de ocho satélites Eaglet II. Ahora, el 30 de marzo de 2026, se ha añadido un segundo grupo de ocho, con lo que Eaglet II se ha duplicado hasta 16 satélites y todo IRIDE ha ascendido a 24 naves en órbita.

Ese ritmo da credibilidad a las afirmaciones de que Italia está llevando el proyecto hacia su despliegue total para 2027. Al mismo tiempo, muestra que el PNRR, que en numerosos Estados miembros de la Unión Europea suele contemplarse principalmente a través de reformas, proyectos de construcción o digitalización de la administración pública, en el caso italiano también financia capacidades espaciales muy concretas. El valor del programa, según los datos oficiales, supera los mil millones de euros cuando se suman los fondos del PNRR, los mecanismos complementarios y la financiación nacional.

Esa dimensión otorga al proyecto también un carácter político. IRIDE es prueba de que la política espacial en Europa ya no se desarrolla solo a nivel de grandes iniciativas conjuntas, sino también mediante programas nacionales que, con coordinación europea, construyen su propia autonomía operativa. El Estado italiano no oculta, además, que considera el proyecto una herramienta estratégica para el medio ambiente, la seguridad, la gestión de infraestructuras y el desarrollo de una base industrial de alta tecnología.

Los papeles de ESA, ASI y la industria

La arquitectura institucional del proyecto muestra hasta qué punto IRIDE es al mismo tiempo un programa nacional y europeo. ESA coordina la ejecución, ASI proporciona apoyo institucional y técnico, y el segmento de desarrollo y el operativo se apoyan en una red de socios industriales italianos. En el caso de Eaglet II, el papel clave lo desempeña OHB Italia, que se encarga del diseño, desarrollo, pruebas y gestión operativa de los satélites, así como del segmento asociado de operaciones de vuelo.

Junto a OHB Italia, en los comunicados oficiales publicados hasta ahora también se mencionan socios como Telespazio, Optec y Aresys, lo que demuestra que el programa no está concentrado en una sola empresa, sino que funciona como una cadena industrial con varios actores especializados. Ese modelo tiene un doble efecto. Por un lado, acelera la construcción de un sistema complejo mediante el reparto del trabajo y, por otro, impulsa el fortalecimiento tecnológico de la industria espacial nacional, lo que para Italia es una importante palanca industrial y de desarrollo.

Precisamente por eso las declaraciones oficiales de los responsables de ESA, ASI y OHB Italia tras el lanzamiento no se centraron solo en el hecho de que el cohete despegara con éxito. El énfasis se puso en la cooperación, el cumplimiento de los plazos y la transformación de una visión estratégica en capacidad operativa. En el lenguaje de la política espacial, eso significa que el sistema ya no es un plan abstracto sobre el papel, sino una infraestructura que pasa gradualmente al uso real.

Por qué la vigilancia del mar es especialmente importante

Una de las particularidades más visibles de los satélites Eaglet II es que, además de la carga útil óptica, llevan también equipamiento AIS. No es un detalle técnico sin un significado más amplio. El AIS se utiliza en el ámbito marítimo para la identificación, el posicionamiento y el seguimiento de barcos y, cuando se integra en un sistema satelital, permite vigilar el tráfico mucho más allá del alcance de los receptores terrestres. Para un país como Italia, cuya seguridad, comercio, energía y turismo dependen en gran medida del mar, una capacidad así tiene un valor operativo directo.

El AIS satelital puede ayudar en la vigilancia de rutas marítimas densas, la detección de movimientos inusuales, la evaluación de situaciones incidentales y una mejor gestión del espacio costero. Cuando a ello se añaden imágenes ópticas de alta resolución, se obtiene una herramienta potente para vincular los datos de las embarcaciones con la situación visual en el mar y a lo largo de la costa. Esto puede ser útil en un abanico que va desde la protección civil y la vigilancia de la contaminación hasta la gestión portuaria y el apoyo a los servicios responsables de la seguridad de la navegación.

En el contexto mediterráneo más amplio, donde se superponen rutas comerciales, actividades pesqueras, tráfico turístico y sistemas medioambientales sensibles, precisamente este tipo de observación integrada adquiere cada vez más importancia. Por eso Eaglet II no es solo una constelación “óptica”, sino también un instrumento que da a Italia una imagen más densa y operativamente más útil de su propio espacio marítimo.

Qué sigue hasta 2027

Según la información oficial de ESA y ASI, IRIDE seguirá ampliándose de forma gradual, mediante nuevos lanzamientos de las constelaciones restantes y de satélites adicionales. Para Eaglet II, esto significa que durante 2026 debería añadirse otro grupo de ocho satélites, con lo que esa constelación alcanzaría las 24 naves previstas. En paralelo, también se desarrollarán los demás componentes de radar y ópticos del sistema para que la arquitectura completa quede desplegada en 2027.

Si se mantiene ese calendario, Italia obtendrá en el próximo año y medio una capacidad extraordinariamente amplia para recopilar y procesar de forma independiente datos sobre su propio territorio, mar e infraestructuras. Eso no significa que deje de utilizar fuentes satelitales europeas o internacionales, pero sí significa que dispondrá de un instrumento nacional más sólido para respuestas más rápidas y precisas en ámbitos que van desde la protección civil hasta la planificación económica.

Ahí reside precisamente la verdadera importancia del último lanzamiento. Ocho nuevos satélites no son solo un aumento de la cifra en órbita, sino un paso hacia un sistema operativo que en los próximos años podría convertirse en una de las herramientas clave de la administración pública italiana, la política medioambiental y la industria espacial. En un momento en que los datos procedentes del espacio se convierten cada vez más en un instrumento cotidiano de gestión del Estado, IRIDE se perfila como un proyecto con el que Italia intenta unir desarrollo tecnológico, interés público y autonomía estratégica a largo plazo.

Fuentes:
- ESA – resumen oficial del programa IRIDE, su misión, sus constelaciones y el plan de despliegue completo hasta 2027 (enlace)
- ESA – resumen oficial de los satélites y de la arquitectura del sistema, incluidas las seis constelaciones y el dato de que hay un total de 68 satélites en desarrollo (enlace)
- ASI – página oficial del programa IRIDE con fechas de lanzamiento, descripción de objetivos y ámbitos de aplicación como la vigilancia costera, la gestión de recursos y las situaciones de emergencia (enlace)
- OHB Italia – descripción oficial de la constelación Eaglet II y de las características técnicas de los satélites, incluida la carga útil óptica, el AIS, la masa y la vida útil prevista (enlace)
- Next Spaceflight – datos sobre la misión SpaceX Transporter-16, incluida la fecha, la hora y el lugar del lanzamiento del Falcon 9 desde la base Vandenberg el 30 de marzo de 2026 (enlace)

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Hora de creación: 5 horas antes

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