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La ESA lanzó los primeros satélites de la misión Celeste y abrió el camino a una nueva navegación europea desde la órbita terrestre baja

Descubre por qué el proyecto Celeste de la ESA marca un paso importante para la navegación por satélite europea. Ofrecemos un resumen del lanzamiento de los primeros satélites, del papel del sistema Galileo y de las posibilidades que la navegación desde la órbita terrestre baja podría aportar al transporte, la seguridad y los servicios digitales.

La ESA lanzó los primeros satélites de la misión Celeste y abrió el camino a una nueva navegación europea desde la órbita terrestre baja
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

La ESA lanzó los primeros satélites de la misión Celeste: Europa abre un nuevo capítulo de la navegación por satélite desde la órbita terrestre baja

El 28 de marzo, la Agencia Espacial Europea dio un paso importante en el desarrollo de un sistema de navegación por satélite más resistente y tecnológicamente más avanzado, después de que los dos primeros satélites de la misión Celeste fueran lanzados con éxito desde la península de Māhia, en Nueva Zelanda, a bordo de un cohete Electron de la empresa estadounidense-neozelandesa Rocket Lab. Se trata del primer paso operativo del programa LEO-PNT de la ESA, es decir, del desarrollo de servicios de posicionamiento, navegación y tiempo preciso desde la órbita terrestre baja, que en el futuro deberían complementar el sistema europeo Galileo existente y el sistema regional EGNOS.

El lanzamiento se realizó a las 10:14, hora de Europa central, y los satélites se separaron del lanzador aproximadamente una hora después, con lo que comenzó la fase operativa temprana de la misión. En esta fase, el control de vuelo verifica el funcionamiento de los subsistemas, establece una comunicación estable con las naves y las prepara para las pruebas en órbita. La ESA señala que precisamente estos dos primeros satélites tienen una doble tarea: tecnológica y regulatoria. Además de confirmar los conceptos clave de la futura navegación europea desde órbita baja, también activarán en la práctica los recursos de frecuencia en las bandas L y S necesarios para las fases posteriores del proyecto, de acuerdo con las normas de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

Por qué Celeste es importante para Europa

En el centro del proyecto no está la sustitución de Galileo, sino su mejora. Los actuales sistemas globales de navegación, incluidos Galileo, GPS, GLONASS y BeiDou, dependen principalmente de satélites en órbita terrestre media. Esa arquitectura ha sido durante décadas la base de la navegación civil y comercial, pero el desarrollo de nuevas tecnologías y la creciente dependencia de la sociedad del tiempo y la posición precisos plantean la cuestión de una resiliencia adicional del sistema. Por ello, a través de Celeste, la ESA estudia si, junto a la capa existente en órbita media, puede introducirse también una capa complementaria de satélites en órbita baja, más cerca de la Tierra, que aportaría una señal más fuerte, mayor disponibilidad en entornos exigentes y nuevos tipos de servicios.

El director general de la ESA, Josef Aschbacher, valoró que la misión abre una nueva frontera en la navegación por satélite y muestra cómo una constelación en órbita baja puede complementar al Galileo europeo. Según la interpretación de la ESA, Celeste figura entre los primeros proyectos de la agencia que adoptaron un enfoque de desarrollo inspirado en el llamado modelo New Space, con énfasis en un desarrollo más rápido, modularidad y una introducción más flexible de soluciones técnicas. Precisamente ese enfoque, considera la ESA, debería permitir a Europa seguir siendo competitiva en un ámbito que cambia rápidamente y en el que ya no compiten solo las agencias espaciales tradicionales, sino también las ágiles empresas privadas.

El director de la Dirección de Navegación de la ESA, Francisco-Javier Benedicto Ruiz, afirmó que Galileo y EGNOS se han convertido durante las dos últimas décadas en una parte integrante de la infraestructura europea, con efectos económicos y de seguridad que van más allá de la propia industria espacial. En ese marco, Celeste se contempla como el siguiente paso: no como un experimento sin valor práctico inmediato, sino como una plataforma que debería mostrar si Europa puede reforzar aún más su autonomía y resiliencia en el ámbito del posicionamiento, la navegación y el tiempo preciso.

Qué aporta la navegación desde órbita baja

La ventaja básica de los satélites en órbita terrestre baja es que vuelan considerablemente más cerca de la superficie del planeta que los satélites de navegación clásicos. Para la primera fase de Celeste, la ESA indica una órbita cuasi polar entre 500 y 600 kilómetros de altitud. Debido a la menor distancia, la señal que llega a los usuarios puede ser más robusta y, en combinación con nuevas bandas de frecuencia, se abre espacio para probar servicios avanzados que en los sistemas actuales son más difíciles de lograr o más difíciles de hacer suficientemente fiables en todas las condiciones.

Esto se refiere sobre todo a entornos en los que las señales de navegación actuales están debilitadas o con frecuencia bloqueadas. La ESA destaca en particular los cañones urbanos, es decir, las zonas urbanas densamente construidas, así como las regiones polares y árticas remotas, pero también las aplicaciones en el transporte, desde los vehículos autónomos y el ferrocarril hasta el transporte marítimo y la aviación. En situaciones de crisis, una capa adicional de satélites también podría ayudar a mejorar la disponibilidad del posicionamiento y del intercambio de mensajes con los servicios de emergencia. En un sentido tecnológico más amplio, Celeste también sirve como plataforma de prueba para el seguimiento de dispositivos conectados, las aplicaciones del internet de las cosas y el desarrollo de soluciones de navegación en espacios interiores, que desde hace años constituyen una de las áreas más difíciles de la navegación por satélite.

Es importante subrayar que la ESA no promete aquí una revolución comercial inmediata. Se trata de una misión de demostración cuyo objetivo es verificar tecnologías en condiciones reales de funcionamiento en órbita. Pero precisamente esas misiones sirven de puente entre el desarrollo de laboratorio y los futuros sistemas operativos. Si los resultados confirman las expectativas, Europa obtendría la base tecnológica para decidir el establecimiento de una capa operativa permanente de navegación en órbita baja, que se sumaría a Galileo y EGNOS.

Los dos primeros satélites son solo el comienzo de una constelación más amplia

En su actual fase de demostración, Celeste no está concebida como un proyecto de solo dos satélites. La ESA señala que la configuración completa de demostración en órbita constará de 11 satélites, además de una nave de reserva. Se prevén lanzamientos adicionales a partir de 2027, y el objetivo es crear una constelación diversa que permita un amplio abanico de experimentos en diferentes bandas de frecuencia, entornos de usuario y tipos de aplicación.

Las dos primeras naves son al mismo tiempo una demostración del modelo industrial sobre el que se ha construido Celeste. IOD-1 es un CubeSat 12U con una masa de unos 20 kilogramos desarrollado por la española GMV, mientras que IOD-2 es un CubeSat 16U con una masa de unos 30 kilogramos bajo el liderazgo de Thales Alenia Space. La ESA destaca que todo el proyecto se está desarrollando mediante dos contratos industriales paralelos: uno está encabezado por GMV con la alemana OHB como socio clave, y el otro por Thales Alenia Space de Francia, con Thales Alenia Space en Italia responsable del segmento espacial. En estos dos consorcios industriales participan más de 50 entidades de más de 14 países europeos, lo que da al proyecto también una fuerte dimensión política e industrial.

Ese modelo no es casual. A través de Celeste, Europa no solo prueba tecnología en órbita, sino también su propia capacidad para organizar rápidamente una compleja empresa industrial transfronteriza en un ámbito que se está volviendo estratégicamente sensible. En un momento en que la infraestructura espacial se vincula cada vez más abiertamente con la seguridad económica, el transporte, la energía, las telecomunicaciones y la gestión de crisis, la cuestión de quién controla las capacidades de navegación se convierte también en una cuestión de autonomía política.

De la demostración a una posible red operativa europea

Según los planes de la ESA, tras las actividades de demostración seguirá la llamada fase preparatoria en órbita, que recibió apoyo adicional en el consejo ministerial de la ESA de 2025, conocido como CM25. En esa etapa, con un fuerte apoyo de la industria europea, se validarían tecnologías en órbita y se construiría la infraestructura preoperativa necesaria para el siguiente paso. En otras palabras, la misión actual no es un experimento tecnológico aislado, sino parte de un camino más amplio hacia una posible decisión europea de establecer un sistema LEO-PNT operativo.

La ESA vincula además de forma abierta a Celeste con la nueva iniciativa European Resilience from Space, también confirmada en la CM25. En esa estrategia, la combinación de navegación, conectividad y observación de la Tierra se describe como uno de los pilares para reforzar la resiliencia europea en crisis y circunstancias sensibles desde el punto de vista de la seguridad. Ese marco muestra que Celeste es más que un proyecto espacial especializado. Forma parte de una respuesta política más amplia a un entorno geopolítico cambiado, a unas exigencias crecientes de infraestructura independiente y a la necesidad de que Europa no deje los servicios críticos exclusivamente en manos de actores externos.

Aunque la decisión final sobre un sistema plenamente operativo todavía debe ser adoptada por la Unión Europea, la fase de demostración tiene un propósito claro: preparar a la industria, el marco regulatorio y las pruebas técnicas para esa elección política. Eso significa que el éxito de Celeste no se medirá solo por la precisión de los experimentos individuales en órbita, sino también por lo convincentemente que demuestre que Europa puede construir una capa adicional de navegación fiable, interoperable y económicamente justificada.

Una nueva generación de servicios y mercados

La navegación por satélite hace tiempo que dejó de limitarse a conducir un automóvil o mostrar una ubicación en un teléfono móvil. Los sistemas de tiempo y posición precisos están integrados en redes de telecomunicaciones, sistemas financieros, redes energéticas, logística, transporte ferroviario, aviación civil, vigilancia marítima y una amplia gama de procesos industriales. Por ello, cada avance en resiliencia y precisión también tiene un efecto económico directo. La ESA subraya en sus publicaciones que Galileo y EGNOS ya son hoy una historia de éxito europea que crea valor económico y al mismo tiempo refuerza la independencia y la seguridad.

Si Celeste logra confirmar las ventajas esperadas de la capa LEO, podría abrir espacio para servicios que hoy están limitados por compromisos técnicos. En entornos urbanos, eso puede significar una señal más estable entre edificios altos. En el transporte, podría ayudar a sistemas de control automatizado que exigen disponibilidad y fiabilidad por encima del nivel de la navegación de consumo habitual. En zonas remotas, incluidas las zonas polares y árticas, una capa adicional podría aumentar la disponibilidad del servicio allí donde hoy resulta más difícil. Para el sector del internet de las cosas, es importante la posibilidad de seguir un gran número de dispositivos conectados mediante una nueva combinación de frecuencias y señales.

Igualmente importante es la función experimental de la propia constelación. La ESA indica que los satélites posteriores, además de la banda L, incluirán también demostraciones en la banda S asociada a formas de onda satelitales 5G, en la banda C para pruebas PNT precisas y resilientes, y en UHF para una mejor penetración y aplicaciones orientadas a espacios interiores. Esto muestra que Celeste no está concebida solo como una “versión más baja” del sistema de navegación existente, sino como una plataforma en la que se probará la futura convergencia de la navegación por satélite, las comunicaciones y los nuevos servicios digitales.

Europa acelera los proyectos espaciales en nuevas circunstancias

El proyecto adquiere un peso especial también por el hecho de que, según los datos de la ESA, la transición del concepto al primer lanzamiento se logró en menos de dos años, lo que para una misión de demostración de navegación representa un ritmo excepcionalmente rápido. En el contexto espacial europeo, esto se interpreta como una señal de cambio de enfoque: menos ciclos de desarrollo lentos y rígidos, y más pruebas iterativas y aprendizaje temprano a partir de demostraciones en vuelo. Ese cambio se vuelve cada vez más importante a medida que la carrera espacial global se acelera y las decisiones de desarrollo tienen cada vez más consecuencias directas para la seguridad y la economía.

Precisamente por eso Celeste debe observarse en dos niveles. El primero es el de la ingeniería: si Europa puede demostrar que los satélites en órbita baja realmente pueden aportar un valor añadido medible para el posicionamiento, la navegación y el tiempo preciso. El segundo es el estratégico: si el sistema institucional e industrial europeo puede convertir esas pruebas en capacidades operativas con la suficiente rapidez. En ese sentido, el lanzamiento del 28 de marzo no es solo un vuelo exitoso del cohete Electron, sino también una prueba de la capacidad de Europa para desarrollar en tiempo real las tecnologías que serán clave en la próxima década.

Por ahora, la misión ha entrado en su periodo más sensible, pero también más interesante. La fase temprana de operaciones en órbita mostrará si los sistemas de las dos naves están listos para la serie de demostraciones técnicas que seguirán. Si esas comprobaciones avanzan según lo previsto, Celeste podría convertirse en uno de los proyectos tecnológicos europeos más importantes en la intersección entre la industria espacial, la infraestructura digital y la autonomía estratégica, con consecuencias que van mucho más allá del propio sector espacial.

Fuentes:
- ESA – anuncio oficial sobre el lanzamiento de los primeros satélites de la misión Celeste y el comienzo de la fase operativa temprana (enlace)
- ESA – página oficial de la misión Celeste con la descripción de los objetivos del proyecto, su relación con Galileo y la constelación prevista de 11 satélites (enlace)
- ESA – “Celeste in-orbit demonstration constellation”, visión general de la arquitectura de demostración, del enfoque New Space y de los lanzamientos posteriores a partir de 2027 (enlace)
- ESA – “Celeste IOD - Facts and figures”, datos técnicos sobre la órbita, el tamaño y la masa de los primeros satélites y las bandas de frecuencia (enlace)
- ESA – “Watch live: First Celeste launch”, confirmación de la fecha de lanzamiento del 28 de marzo de 2026 y datos básicos sobre la primera fase de la misión (enlace)
- ESA – CM25 y European Resilience from Space, contexto del apoyo al proyecto Celeste en el marco más amplio de la resiliencia europea desde el espacio (enlace)

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