La FIFA afirma que no hubo apuestas sospechosas en el Mundial, una red internacional registró siete alertas
Tras la conclusión de la Copa Mundial de 2026, la FIFA anunció que su Grupo de Trabajo sobre Integridad no había detectado, durante los 104 partidos, actividades sospechosas en los mercados de apuestas ni indicios de posibles amaños de resultados. Apenas un día después, el Grupo de Copenhague, una red internacional de plataformas nacionales que opera en el marco del Convenio de Macolin del Consejo de Europa, presentó una imagen considerablemente más cautelosa de la supervisión del torneo. Según su informe, siete casos alcanzaron el nivel de alerta amarilla, 15 partidos fueron sometidos a una vigilancia reforzada y 12 grandes controversias fueron evaluadas desde la perspectiva de los riesgos para la integridad de la competición. Ninguna de estas cifras demuestra por sí sola que algún partido haya sido manipulado, pero muestran que determinados movimientos de cuotas, ofertas de apuestas u otras informaciones requirieron comprobaciones adicionales.
La diferencia entre ambas publicaciones planteó la cuestión de cómo instituciones que colaboraron dentro del mismo sistema de supervisión podían presentar al público conclusiones aparentemente distintas. El 21 de julio de 2026, la FIFA comunicó que, sobre la base de todos los datos recopilados y analizados, no había encontrado apuestas sospechosas relacionadas con ningún partido. El 22 de julio, el Consejo de Europa anunció que el Grupo de Copenhague había activado siete alertas amarillas durante el mismo torneo y había vigilado adicionalmente 15 encuentros, especialmente en la última jornada de la fase de grupos. Dado que no se han publicado los nombres de los partidos, los motivos de cada alerta ni los resultados definitivos de las comprobaciones, por el momento no es posible determinar si todas las señales iniciales fueron explicadas posteriormente o si algunas evaluaciones permanecieron abiertas.
Dos informes no tienen por qué significar dos verdades opuestas
A primera vista, la afirmación de que no hubo actividades sospechosas resulta difícil de conciliar con el dato de las siete alertas amarillas. Sin embargo, los sistemas de protección de la integridad diferencian entre una señal inicial, una alerta operativa, una sospecha que requiere investigación y una manipulación demostrada. Una alerta amarilla en el sistema del Grupo de Copenhague puede activarse por un patrón irregular de apuestas, un movimiento inusual de las cuotas o información no confirmada procedente de los medios de comunicación, las redes sociales, los foros y otras fuentes. Esta clasificación exige recopilar datos adicionales, contactar con las partes interesadas pertinentes y documentar la conclusión, pero no significa que se haya constatado un delito, una infracción disciplinaria o el amaño de un partido.
En su evaluación final, la FIFA aplicó un umbral más elevado: anunció que el material analizado en su conjunto no había mostrado actividad de apuestas sospechosa ni indicios de una posible manipulación vinculada a un encuentro concreto. Por lo tanto, es posible que las plataformas nacionales registraran anomalías durante el campeonato, pero que estas recibieran una explicación legítima después de ser verificadas y no alcanzaran el nivel de sospecha definitiva. También es posible que las dos estructuras utilicen un lenguaje, un período temporal o una metodología de información pública diferentes. El problema es que ninguna de las dos publicaciones ofrece detalles suficientes para reconstruir por completo esa diferencia.
También es importante señalar que el Grupo de Copenhague no actuó al margen del sistema de la FIFA. El Consejo de Europa indica que su operación se llevó a cabo en coordinación con el Grupo de Trabajo sobre Integridad de la FIFA, entre cuyos miembros se encuentran tanto el Consejo de Europa como el propio Grupo de Copenhague. La FIFA comunicó que durante el torneo centralizó los informes de vigilancia de las apuestas, los datos de los miembros del grupo de trabajo y la información recibida a través de los canales de denuncia disponibles. Esto significa que no se trató de dos sistemas de supervisión completamente separados, sino de distintos niveles de un mismo mecanismo internacional amplio, en el que las plataformas nacionales también realizaron sus propias evaluaciones de riesgos.
Quince partidos estuvieron bajo vigilancia reforzada
La Copa Mundial de 2026 fue la primera edición con 48 selecciones y 104 partidos, disputados en Canadá, México y Estados Unidos desde el 11 de junio hasta la final del 19 de julio. El formato ampliado generó más encuentros, más mercados y más datos que debían procesarse en tiempo real. Según el Consejo de Europa, en la operación del Grupo de Copenhague participaron 14 plataformas nacionales pertenecientes a una red que reúne a más de 45 miembros de todos los continentes. Su tarea consistía en identificar y evaluar los riesgos que pudieran afectar a la integridad de la competición.
Las plataformas nacionales vigilaron los mercados de apuestas, los movimientos de las cuotas y la retirada de determinadas ofertas de los sistemas de apuestas. Utilizaron datos procedentes de fuentes abiertas e información de las redes sociales, y la operación también permitió realizar un seguimiento de personas que anteriormente habían sido vinculadas a sospechas de manipulación de competiciones deportivas. De los 104 partidos, 15 fueron sometidos a un régimen de vigilancia reforzada. El Consejo de Europa destacó especialmente la última jornada de la fase de grupos, un período en el que se deciden simultáneamente la clasificación para la fase eliminatoria, las posiciones en los grupos y los posibles cálculos relacionados con el siguiente rival.
Además de las siete alertas amarillas, los expertos analizaron 12 grandes controversias desde la perspectiva de la integridad. La publicación oficial no especifica de qué acontecimientos se trataba ni si estaban relacionados con decisiones arbitrales, el comportamiento de los jugadores, movimientos del mercado o informaciones ajenas al terreno de juego. La ausencia de estos datos protege la confidencialidad de las comprobaciones operativas y a las personas que podrían quedar expuestas injustamente, pero al mismo tiempo limita la posibilidad de evaluar de manera independiente la calidad de la supervisión. Por lo tanto, el público sabe cuántas alertas se registraron, pero desconoce qué las activó y cómo concluyeron.
Qué significa el nivel de alerta amarilla
El sistema del Grupo de Copenhague utiliza varios niveles de notificación, desde el verde hasta el rojo, pasando por el amarillo y el naranja. Según las directrices operativas del Consejo de Europa, el nivel amarillo se refiere a indicios iniciales como patrones irregulares de apuestas, movimientos inusuales de las cuotas o información no confirmada procedente de fuentes públicas. Es una señal de que el caso debe documentarse con mayor detalle y de que se debe intercambiar información con determinados socios. Tras una comprobación más exhaustiva, el incidente puede volver al nivel verde, lo que significa que la anomalía ha sido explicada, o puede elevarse a un nivel superior si aparecen indicios más persistentes y creíbles.
Por esa razón, las siete alertas amarillas no pueden presentarse como siete casos de amaño de partidos. Una interpretación semejante carecería de fundamento y podría vincular injustamente a jugadores, árbitros o equipos con una manipulación para la que no existen pruebas. Al mismo tiempo, las alertas no son irrelevantes: demuestran que los sistemas automatizados, los operadores de apuestas, las autoridades nacionales o los analistas no pudieron explicar inmediatamente determinados cambios. Su finalidad consiste precisamente en detectar los riesgos de manera temprana, antes de que una posible actividad sospechosa evolucione hasta convertirse en un caso más grave.
La diferencia fundamental no se encuentra, por tanto, entre un torneo «limpio» y siete manipulaciones demostradas, sino entre el proceso operativo y la evaluación pública final. La FIFA publicó el resultado de su análisis definitivo, mientras que el Consejo de Europa también difundió una parte de los datos sobre el número de veces que el sistema reaccionó durante la competición. Sin información sobre si cada alerta amarilla fue posteriormente cerrada, rebajada al nivel verde o remitida a otro organismo competente, las dos publicaciones no pueden compararse plenamente.
La FIFA se remite a una amplia cooperación internacional
El Grupo de Trabajo sobre Integridad de la FIFA incluía a representantes de todas las confederaciones continentales de fútbol, de las federaciones de fútbol de los países anfitriones, de instituciones policiales y judiciales, así como de organizaciones especializadas en la supervisión de las apuestas. Entre sus miembros figuraban el FBI, Interpol, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el Departamento de Justicia de Estados Unidos, Sport Integrity Canada, el Consejo de Europa, el Grupo de Copenhague, la International Betting Integrity Association, United Lotteries for Integrity in Sports y varias empresas tecnológicas y de análisis. Según la FIFA, esta composición permitió un rápido intercambio de información de inteligencia, la evaluación de las alertas y una respuesta coordinada durante todo el campeonato.
Liam Rich, responsable sénior de integridad de la FIFA, consideró que el grupo de trabajo había proporcionado un marco sólido para el intercambio de información y la actuación oportuna. La organización anunció que continuará la cooperación en futuros torneos, incluidas las competiciones de categorías juveniles de 2026 y la Copa Mundial Femenina de 2027. Sin embargo, el comunicado oficial no explica cuántas alertas se recibieron en total, cuántas requirieron un análisis adicional ni de qué manera se alcanzó la evaluación final de que no había existido actividad sospechosa. Precisamente esta falta de datos comparables generó la impresión de que los dos informes se contradecían mutuamente.
Los mercados de predicción y las microapuestas abren una nueva zona de riesgo
Durante el Mundial, el Grupo de Copenhague supervisó por primera vez de forma ininterrumpida los mercados de predicción. Estas plataformas permiten a los usuarios negociar con los resultados de acontecimientos, a menudo de una manera funcionalmente similar a las apuestas, pero que en algunas jurisdicciones recibe un tratamiento jurídico diferente al de las casas de apuestas tradicionales. El Consejo de Europa advierte de que los usuarios pueden abrir posiciones sobre una gama muy amplia de acontecimientos, a veces de forma anónima o bajo pseudónimo, utilizando métodos de pago más difíciles de rastrear. Debido al carácter transfronterizo de estos mercados, la identificación de los usuarios y la recopilación de pruebas pueden ser más complejas que en el caso de los operadores nacionales autorizados.
El riesgo ya no se limita al resultado final de un partido. Las ofertas pueden referirse a tarjetas, saques de esquina, faltas, sustituciones, acciones individuales u otros acontecimientos que no tienen por qué alterar al ganador. Estas microapuestas crean la posibilidad del denominado spot-fixing, es decir, la manipulación de un segmento limitado del juego que resulta más fácil de controlar que el resultado final. La mera disponibilidad de estos mercados no significa que se haya producido un fraude, pero aumenta el número de posibles puntos que los sistemas de integridad deben vigilar.
El conflicto más amplio entre la FIFA y el Consejo de Europa se hizo visible incluso antes de la publicación de los informes finales. El secretario general del Consejo de Europa, Alain Berset, criticó en una carta abierta publicada el día de la final la expansión de las apuestas sobre acontecimientos individuales dentro de los partidos y pidió un nuevo marco de protección de la integridad antes de la Copa Mundial de 2030. Su intervención tuvo importancia política porque la FIFA y el Consejo de Europa mantienen desde 2018 un memorando de cooperación que abarca los derechos humanos, la integridad y la buena gobernanza en el deporte. Las cifras definitivas sobre las alertas amarillas reforzaron aún más la necesidad de que los socios expliquen con mayor claridad cómo definen la actividad sospechosa y cuándo consideran resuelta una señal operativa.
El Convenio de Macolin establece el marco, pero su aplicación depende del intercambio de datos
El Grupo de Copenhague funciona como una red de plataformas nacionales vinculadas al Convenio de Macolin, el único instrumento internacional jurídicamente vinculante dedicado específicamente a la manipulación de competiciones deportivas. El Convenio entró en vigor el 1 de septiembre de 2019 y exige que las autoridades públicas cooperen con las organizaciones deportivas, los reguladores y los operadores de apuestas en la prevención, detección y sanción de las manipulaciones. Las plataformas nacionales están concebidas como puntos centrales en los que se conectan la policía, la justicia, los reguladores de las apuestas, las federaciones deportivas y otros actores relevantes.
Este modelo es especialmente importante porque el dinero, el acontecimiento, el apostante y los posibles intermediarios pueden encontrarse en distintos países. Un pago inusual puede registrarse en una jurisdicción, el partido disputarse en otra, la plataforma estar registrada en una tercera y el usuario permanecer oculto detrás de una cuenta o un medio de pago digital. Sin un acceso rápido a los datos sobre la identidad, el momento del pago, el tipo de mercado y las conexiones entre cuentas, la anomalía inicial puede permanecer como una simple señal estadística. Precisamente por ello, el sistema de alertas sirve para realizar un intercambio de información estandarizado y seguro antes de decidir si existen fundamentos para abrir una investigación formal.
No se han publicado los nombres de los partidos y las respuestas clave siguen siendo confidenciales
Ni la FIFA ni el Consejo de Europa identificaron los 15 partidos sometidos a vigilancia reforzada, ni indicaron a qué encuentros correspondían las siete alertas amarillas. Tampoco se publicaron datos sobre los mercados que provocaron la reacción, los importes apostados, los operadores, el momento de los cambios en las cuotas o los posibles acontecimientos sobre el terreno de juego. Esta discreción puede justificarse por la necesidad de proteger las investigaciones, los datos comerciales y a las personas cuya responsabilidad no ha sido establecida. Sin embargo, tras la conclusión del torneo, sigue siendo legítimo preguntarse si podría publicarse al menos una descripción anonimizada de los casos y de la manera en que se cerraron las evaluaciones.
La cuestión más importante que permanece sin aclarar no es si las siete alertas constituyen una prueba de amaño, ya que los datos oficiales no lo confirman. La cuestión es cómo pasó la FIFA de un proceso en el que se registraron señales operativas a una evaluación final según la cual no había existido actividad sospechosa, y si todos los socios aceptaron la misma explicación. Hasta que se publiquen detalles metodológicos adicionales, únicamente puede concluirse que el sistema de vigilancia sí reaccionó, pero que el grupo de trabajo conjunto no encontró elementos suficientes para afirmar públicamente que se había producido una manipulación.
Para mantener la confianza en las competiciones futuras no bastará con anunciar que no existen pruebas de amaño. Será igualmente importante explicar cuántas alertas se procesaron, qué criterios se utilizaron, cuántos casos se cerraron y si alguna información fue remitida a los reguladores nacionales o a los organismos encargados de hacer cumplir la ley. La FIFA y las plataformas internacionales de integridad deberán equilibrar la transparencia con la necesidad de proteger los datos confidenciales. La Copa Mundial de 2026 demostró que un gran volumen de supervisión puede aumentar simultáneamente la seguridad de la competición y plantear nuevas preguntas sobre qué tiene derecho a saber el público cuando el sistema registra una anomalía, pero no constata una manipulación.
Fuentes:
- FIFA – comunicado final del Grupo de Trabajo sobre Integridad acerca de la supervisión de los 104 partidos de la Copa Mundial de 2026. (enlace)
- Consejo de Europa – revisión de la operación del Grupo de Copenhague, datos sobre siete alertas amarillas, 15 partidos bajo vigilancia reforzada y 12 controversias analizadas. (enlace)
- Consejo de Europa – explicación del Convenio de Macolin y del marco internacional para combatir la manipulación de competiciones deportivas. (enlace)
- Consejo de Europa – directrices operativas del sistema de alertas del Grupo de Copenhague y significado del nivel amarillo. (enlace)
- FIFA – calendario oficial e información básica sobre el formato, los países anfitriones y los 104 partidos de la Copa Mundial de 2026. (enlace)
- The Guardian – información sobre la carta abierta del secretario general del Consejo de Europa Alain Berset y las críticas a la expansión de los mercados de apuestas durante el Mundial. (enlace)