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La FIFA retira su plan de 20.000 millones tras la rebelión de UEFA, AFC y Concacaf contra la inversión privada

Descubre por qué la FIFA abandonó su empresa comercial valorada en 20.000 millones de dólares, cómo UEFA, AFC y Concacaf forzaron la retirada y qué implica esta crisis para los ingresos del Mundial, los inversores privados y la financiación del fútbol global

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La FIFA retira un plan de 20.000 millones de dólares tras la rebelión de las confederaciones de fútbol

La Federación Internacional de Fútbol ha renunciado a crear la empresa comercial FIFA Forward Enterprise, a la que pretendía transferir las actividades empresariales y operativas de sus mayores competiciones. El proyecto debía atraer hasta 4.200 millones de dólares de capital privado, pero en apenas unos días provocó la amenaza de un boicot europeo, la oposición abierta de Asia y América del Norte y una división raramente vista dentro de la propia dirección de la FIFA.

El 31 de julio de 2026, la FIFA retiró la propuesta de crear una nueva empresa comercial valorada en 20.000 millones de dólares, después de una fuerte y coordinada resistencia de gran parte de la comunidad futbolística internacional. El presidente de la organización, Gianni Infantino, anunció que el proyecto FIFA Forward Enterprise, conocido por las siglas FFE, no continuaría porque había quedado claro que había provocado divisiones que ya no respondían al interés del objetivo para el que había sido puesto en marcha. En una declaración oficial, destacó que la FIFA quería volver a reunir a las partes interesadas y continuar las conversaciones sobre el desarrollo del fútbol, especialmente en los países cuyas federaciones dependen del apoyo financiero internacional. La decisión llegó solo tres días después de la presentación pública del plan, cuando la resistencia política e institucional ya se había convertido en una grave crisis de gobernanza. La retirada de la propuesta eliminó el peligro inmediato de una ruptura, pero no hizo desaparecer las preguntas sobre la toma de decisiones con consecuencias financieras a largo plazo.

Qué debía ser FIFA Forward Enterprise

Según los documentos y comunicados de la FIFA, FFE debía agrupar los derechos comerciales de la organización y la ejecución operativa de sus competiciones en una empresa separada bajo el control de la FIFA. Esa cartera habría incluido los ingresos por derechos audiovisuales, patrocinios, licencias, entradas y paquetes de hospitalidad, así como las tareas organizativas relacionadas con los mundiales y las competiciones de clubes. La FIFA afirmaba que conservaría la competencia exclusiva sobre las reglas, el calendario, los formatos de las competiciones y todas las decisiones deportivas, mientras que los inversores privados obtendrían una participación minoritaria sin control de gestión. El plan preveía la venta de aproximadamente el 20 por ciento de la propiedad y la captación de hasta 4.200 millones de dólares, con una valoración inicial de la nueva empresa de alrededor de 20.000 millones de dólares. En los informes públicos se mencionaba como inversor principal a Thrive Eternal, una firma de inversión fundada por Joshua Kushner, mientras que la FIFA colaboraba con el banco J. P. Morgan en la preparación de la transacción.

Para la FIFA, el proyecto se presentaba como una forma de convertir una parte de los futuros ingresos comerciales en capital inmediatamente disponible para el desarrollo del fútbol. El 28 de julio, la organización anunció que ofrecería a cada una de sus 211 federaciones miembro la posibilidad de acceder a hasta 20 millones de dólares en fondos extraordinarios a través del nuevo programa FIFA Fast Forward. Al mismo tiempo, planeaba aumentar la financiación ordinaria en el ciclo de 2027 a 2030 desde los ocho millones de dólares previstos anteriormente hasta los 20 millones de dólares por federación, para después elevarla a 22 millones y 24 millones de dólares en los ciclos posteriores. Infantino describía el proyecto como una oportunidad para construir campos y centros de entrenamiento, fortalecer las selecciones nacionales, desarrollar el fútbol femenino y crear mejores oportunidades para los jugadores jóvenes. La FIFA afirmaba que el beneficio neto de la actividad se devolvería al fútbol y que la participación de las federaciones en el programa adicional sería voluntaria.

Sin embargo, el proyecto no era solamente un paquete financiero para las federaciones miembro, sino también un cambio permanente en la forma en que la FIFA gestiona sus ingresos más valiosos. El Mundial, el Mundial femenino y las competiciones masculinas y femeninas de clubes constituyen el núcleo del modelo comercial de la organización, por lo que una participación privada minoritaria habría otorgado a los inversores un interés a largo plazo en el crecimiento futuro de esos ingresos. La FIFA insistía en que los inversores no controlarían las reglas del fútbol, pero los críticos advertían de que los propietarios del capital esperarían naturalmente un aumento del valor de su inversión. Por ello, los críticos temían presiones para disputar más partidos, ampliar los formatos y encarecer los derechos audiovisuales, aunque esas consecuencias no figuraban en el proyecto. Precisamente la diferencia entre la conservación formal del control deportivo y la influencia económica de los propietarios privados se convirtió en el centro de la disputa.

La UEFA amenazó con boicotear las competiciones de la FIFA

La reacción más dura llegó de la UEFA, que reúne a 55 federaciones nacionales europeas y cuyas selecciones y clubes desempeñan un papel clave en el valor de mercado de los torneos de la FIFA. La confederación europea afirmó que el fútbol y el Mundial no son bienes que cualquier administración pueda vender y criticó la falta de transparencia sobre los posibles beneficiarios financieros de la transacción. También provocó un malestar adicional el plazo fijado hasta el 19 de septiembre para respaldar la propuesta, junto con la posibilidad de perder el pago extraordinario ofrecido. La UEFA interpretó ese planteamiento como un intento de ejercer presión financiera sobre las federaciones y, tras consultar con sus miembros, anunció un boicot a las competiciones de la FIFA si el proyecto continuaba. La primera prueba práctica de esa decisión podría haber sido el Mundial femenino sub-20 de Polonia, programado para septiembre de 2026, al que habrían seguido otros compromisos de las selecciones nacionales.

La amenaza de boicot fue decisiva porque las mayores competiciones de la FIFA no pueden conservar su valor deportivo ni comercial sin las principales selecciones europeas. La ausencia de las selecciones más destacadas y de los mercados más ricos habría puesto en peligro los contratos con las televisiones y los patrocinadores y habría reducido el valor de la empresa ofrecida a los inversores. La federación europea no cuestionaba la necesidad de invertir más en el desarrollo del fútbol, sino que sostenía que ese reparto debía llevarse a cabo a través de las instituciones existentes y bajo la supervisión plena de los miembros. Los críticos advertían especialmente de que la FIFA, registrada como asociación sin ánimo de lucro conforme al derecho suizo, ya gestiona ingresos que pertenecen al sistema futbolístico y a sus federaciones nacionales. Por ello, exigían respuestas claras sobre por qué era necesario el capital privado, cuánto duraría el interés de los inversores y qué recibirían estos a largo plazo a cambio.

La AFC y la Concacaf ampliaron la resistencia más allá de Europa

La oposición se extendió rápidamente fuera de Europa, lo que eliminó la posibilidad de que la FIFA presentara la disputa únicamente como un conflicto con la UEFA por el poder comercial. La Concacaf, confederación de América del Norte, América Central y el Caribe, anunció que había conocido el proyecto a través de informaciones de los medios y de un posterior comunicado de la FIFA. En su reacción oficial, expresó su profunda preocupación por la ausencia del procedimiento establecido y señaló que los detalles clave habían sido preparados y publicados antes de las conversaciones con los órganos competentes y las partes interesadas. La Concacaf destacó que las decisiones debían guiarse por la buena gobernanza, procedimientos sólidos y responsabilidad a largo plazo. El mensaje tenía un peso adicional porque precisamente la región de la Concacaf fue la anfitriona del Mundial de 2026.

La Confederación Asiática de Fútbol, AFC, anunció inicialmente que no había sido consultada y después expresó explícitamente su solidaridad con la UEFA y la Concacaf. La AFC consideró que, en las circunstancias surgidas, FFE no podía obtener el amplio consenso y la unidad necesarios para un cambio de tal magnitud y pidió a la FIFA una revisión urgente de su sistema de gobernanza y toma de decisiones. La confederación asiática advirtió de que la mera posibilidad de un boicot amenazaba el futuro del fútbol. Según su posición, la fuerza de esa competición se deriva de la participación de todas las confederaciones y de las principales selecciones del mundo, por lo que cualquier proyecto que amenace su carácter universal debe ser reconsiderado. La resistencia conjunta de Europa, Asia y la Concacaf comprendía una clara mayoría del cuerpo electoral de la FIFA, por lo que la aprobación de la propuesta se volvió políticamente casi imposible.

Dimisión de Carlos Cordeiro y rebelión abierta dentro de la FIFA

La presión externa estuvo acompañada de un conflicto inusualmente abierto en la cúpula de la administración de la FIFA. Carlos Cordeiro, asesor principal de Gianni Infantino, expresidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos y banquero con una larga trayectoria, presentó su dimisión con efecto inmediato. En una declaración, destacó que no había participado en la preparación del proyecto y lo calificó como un mal negocio para las federaciones miembro de la FIFA, para el fútbol y para el futuro a largo plazo del deporte. Cordeiro sostuvo que la FIFA ya dispone de miles de millones de dólares en reservas y no tiene deudas, por lo que la venta permanente de una parte de sus activos más valiosos para captar 4.200 millones de dólares carecía de una justificación convincente. También planteó preguntas sobre la supervisión, el procedimiento competitivo, la estructura de gobernanza y el beneficio final que obtendrían los inversores privados.

Un golpe aún más fuerte llegó del director de operaciones Kevin Lamour, quien acusó públicamente a Infantino de no haber presentado el proyecto a los empleados de forma completa y oportuna. Lamour describió la propuesta como el proyecto de una sola persona y afirmó que no debía aplicarse, aunque esa postura le costara el cargo. Según un informe de Associated Press, dijo que los empleados habían sido engañados y merecían un trato mejor que la humillación y la intimidación. La crítica fue especialmente significativa porque Lamour había trabajado durante años con Infantino y pertenecía al círculo que le ayudó a llegar a la presidencia en 2016. Cuando las confederaciones continentales, el asesor del presidente y uno de los más altos responsables operativos se rebelan simultáneamente contra un proyecto, el problema deja de ser únicamente una diferencia en la valoración del modelo financiero y pasa a ser una cuestión de confianza en la institución.

En sus primeras reacciones, la FIFA defendió la propuesta afirmando que nadie estaba vendiendo el fútbol y que cada una de las 211 federaciones miembro debía estudiar los documentos de manera independiente y votar. La organización atribuyó parte del malentendido a informaciones inexactas de los medios y anunció la continuación de un proceso de consultas de siete semanas. Sin embargo, esa defensa no respondió a la objeción fundamental de las confederaciones de que el proyecto había sido desarrollado antes de que se implicara oportunamente a los órganos que debían supervisarlo. En solo unos días, el debate pasó así de la cuestión de cuánto dinero podían recibir las federaciones a la cuestión de quién tenía el mandato de definir el futuro financiero del Mundial. Infantino acabó reconociendo que el nivel de división anulaba el propósito inicial del proyecto y anunció su retirada.

Las promesas financieras quedan sin la fuente de capital propuesta

El abandono de FFE no significa que haya desaparecido la necesidad de financiar la infraestructura futbolística en las federaciones miembro más pequeñas y pobres. FIFA Forward es uno de los principales mecanismos mediante los cuales los ingresos de las competiciones globales regresan a las federaciones nacionales para campos, centros de entrenamiento, ligas femeninas y programas juveniles. Por ello, la oferta de decenas de millones de dólares adicionales resultaba atractiva para las federaciones más débiles financieramente. Sin embargo, tras la retirada del proyecto, ya no está claro si la FIFA intentará aplicar los aumentos anunciados con sus propias reservas e ingresos futuros o si preparará un modelo diferente. En la declaración sobre el abandono no se presentó un plan financiero alternativo, sino que se anunció un nuevo diálogo con todas las partes interesadas.

El debate continuará en torno al dilema fundamental: si la FIFA debe acelerar el desarrollo mediante la venta de una participación minoritaria en sus ingresos futuros o depender del dinero que genera por sí misma. Los defensores del capital externo argumentarán que los grandes proyectos de infraestructura deben financiarse de inmediato, mientras que los opositores consideran que una participación permanente en los ingresos del Mundial no debe cederse a cambio de capital extraordinario. Se trata de una elección entre un sistema de miembros completamente sin ánimo de lucro y un modelo en el que una parte del valor económico de las competiciones se convierte en un activo de inversión. La retirada de FFE no ha cerrado ese debate.

Nuevo golpe a la autoridad de Infantino antes de las elecciones de 2027

La crisis estalló en un momento delicado para Gianni Infantino, varios meses antes de las próximas elecciones presidenciales de la FIFA. La elección debería celebrarse en el Congreso de la FIFA en Rabat en marzo de 2027, y el plazo para presentar candidaturas rivales vence el 18 de noviembre de 2026. Antes de la disputa sobre FFE, Infantino parecía tener casi asegurado un nuevo éxito electoral, con un amplio apoyo de numerosas federaciones nacionales. Sin embargo, la oposición unida de la UEFA, la AFC y la Concacaf demostró que ese apoyo no puede trasladarse automáticamente a cada decisión estratégica del presidente. La dimisión de Cordeiro y las críticas de Lamour podrían, no obstante, impulsar las exigencias de un papel más importante del Consejo de la FIFA, las confederaciones y la supervisión independiente.

El caso también recuerda el intento fallido de 2018, cuando Infantino promovió un paquete de inversión valorado en unos 25.000 millones de dólares para un Mundial de Clubes ampliado y una nueva liga mundial de selecciones nacionales. En aquel momento, se mencionaron entre los posibles inversores a SoftBank y capital de varios Estados, pero el proyecto fue detenido tras la oposición y las preguntas sobre la identidad de los inversores, la gobernanza y el impacto sobre las competiciones existentes. Ocho años después volvieron los mismos temas: el secretismo de la preparación, la rapidez de la toma de decisiones y la relación entre el capital privado y el poder futbolístico. La diferencia es que esta vez la resistencia fue más amplia, rápida y organizada, y también se sumaron abiertamente altos funcionarios de la propia FIFA. Por ello, la retirada de FFE representa algo más que el fracaso de una sola transacción; es una advertencia de que ni siquiera las grandes promesas financieras pueden sustituir las consultas, la transparencia y la confianza institucional.

Tras abandonar el proyecto, Infantino afirmó que intentaría volver a reunir a las partes divididas y orientar el diálogo hacia el interés común del fútbol. Ese proceso deberá responder al mismo tiempo a las legítimas necesidades de desarrollo de las federaciones más pequeñas y a la exigencia de las grandes confederaciones de que los derechos más valiosos no sean separados sin un mandato claro. La FIFA tendrá que explicar cómo pretende financiar los aumentos anunciados anteriormente, si se abandonará por completo la idea de una estructura comercial independiente y qué papel tendrá el Consejo de la FIFA en las propuestas futuras. La consecuencia más importante podría ser el fortalecimiento de las reglas según las cuales las decisiones sobre el Mundial no pueden reducirse a una valoración y a un pago prometido. El proyecto de 20.000 millones de dólares ha sido detenido, pero el debate sobre quién controla el futuro económico del deporte más popular del mundo apenas acaba de comenzar.

Fuentes:
- FIFA – declaración de Gianni Infantino sobre la retirada de la propuesta FIFA Forward Enterprise (enlace)
- FIFA – presentación oficial de la estructura financiera, la valoración y el desarrollo previsto del programa FIFA Forward (enlace)
- UEFA – reacción oficial al plazo y a la oferta financiera enviada a las federaciones nacionales (enlace)
- AFC – comunicado oficial sobre la ausencia de consultas en relación con la propuesta de FFE (enlace)
- Concacaf – reacción oficial sobre el procedimiento, la gobernanza y la responsabilidad a largo plazo (enlace)
- Associated Press – informes sobre la amenaza de boicot, la dimisión de Carlos Cordeiro y la intervención de Kevin Lamour (enlace)
- Associated Press – análisis de la estructura financiera de FFE, los inversores privados y la oposición de las confederaciones (enlace)
- Reuters / Yahoo Finance – contexto de la anterior propuesta de inversión de la FIFA de 2018 (enlace)

Nota: En la elaboración de este contenido se han utilizado herramientas de inteligencia artificial. El contenido ha sido revisado editorialmente antes de su publicación.

Etiquetas FIFA Gianni Infantino UEFA AFC Concacaf Copa Mundial inversión privada gobernanza del fútbol

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