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El FMI prevé para 2026 un crecimiento estable de la economía mundial, pero advierte sobre riesgos comerciales y geopolíticos

Descubre qué significan las últimas previsiones del FMI para la economía mundial en 2026: el crecimiento se mantiene estable, pero la inversión tecnológica, los cambios comerciales y las tensiones geopolíticas siguen moldeando con fuerza las perspectivas globales. Ofrecemos un resumen de las principales estimaciones, riesgos y diferencias entre las grandes economías.

El FMI prevé para 2026 un crecimiento estable de la economía mundial, pero advierte sobre riesgos comerciales y geopolíticos
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

El FMI sigue viendo un crecimiento estable, pero impulsado por fuerzas muy diferentes

La última actualización de las Perspectivas de la Economía Mundial del Fondo Monetario Internacional trae un mensaje que a primera vista parece alentador: la economía mundial en 2026 debería mantener un ritmo sólido de crecimiento. El FMI estima que el PIB mundial crecerá este año un 3,3 por ciento, lo que es ligeramente superior a lo que el fondo esperaba en octubre de 2025, mientras que para 2027 prevé un crecimiento del 3,2 por ciento. Sin embargo, detrás de esas cifras no hay una mejora uniforme, sino una imagen muy desigual en la que la resistencia de parte de las grandes economías choca con las presiones persistentes de las tensiones comerciales, los riesgos geopolíticos y unas finanzas públicas que todavía siguen siendo frágiles. En resumen, la economía global sigue creciendo, pero crece sobre un terreno desigual y con diferencias cada vez más visibles entre regiones, sectores y países.

El mensaje central del FMI es que la economía mundial, por ahora, ha resistido más golpes de los que se esperaba. El fondo señala que la inversión tecnológica, especialmente la relacionada con la inteligencia artificial y las tecnologías de la información, sigue apoyando la actividad empresarial, ante todo en Norteamérica y en partes de Asia. Además, unas condiciones monetarias más suaves, el apoyo fiscal en determinados países y la adaptabilidad del sector privado han mitigado los efectos de los cambios comerciales que marcaron el año pasado. Pero al mismo tiempo el FMI advierte que esta resistencia no debe confundirse con seguridad: parte del crecimiento descansa sobre un conjunto estrecho de motores, y cualquier sacudida más seria en los mercados financieros, en el comercio o en la geopolítica podría cambiar rápidamente el ánimo.

El crecimiento existe, pero no está distribuido por igual

La mayor parte de la revisión al alza para 2026 se refiere a Estados Unidos y China, las dos economías sin las cuales es imposible entender la imagen global actual. El FMI espera ahora que Estados Unidos crezca un 2,4 por ciento en 2026, tras un 2,1 por ciento estimado en 2025, citando como apoyos la inversión tecnológica, el apoyo fiscal y el debilitamiento gradual del efecto negativo de unas barreras comerciales más altas. En China se espera para 2026 un crecimiento del 4,5 por ciento, frente al 5 por ciento estimado para 2025, lo que muestra que la desaceleración continúa, pero con una intensidad más suave de lo que se había previsto anteriormente. India sigue entre las grandes economías de crecimiento más rápido con una proyección del 6,4 por ciento, mientras que la eurozona sigue mostrando un impulso considerablemente más modesto, con un crecimiento del 1,3 por ciento en 2026 y del 1,4 por ciento en 2027. Esto confirma que las mismas tendencias globales no producen los mismos efectos: el ciclo tecnológico y unas condiciones financieras más favorables dan a algunos un fuerte impulso, mientras que otros siguen arrastrando el peso de viejas debilidades estructurales.

Esto se ve especialmente en Europa. El FMI estima que la economía europea no participa en el impulso inversor tecnológico en la misma medida que Estados Unidos, y parte de los miembros de la eurozona sigue sintiendo las consecuencias más duraderas del shock energético tras la invasión rusa de Ucrania. Alemania, la mayor economía europea, según esa estimación debería crecer un 1,1 por ciento en 2026 tras un muy modesto 0,2 por ciento en 2025. Francia está proyectada en un 1 por ciento, Italia en un 0,7 por ciento, mientras que España destaca con un crecimiento algo más fuerte del 2,3 por ciento. Así, la propia eurozona sigue siendo un ejemplo de un espacio en el que la inflación es notablemente más tranquila que en años anteriores, pero un impulso productivo más débil sigue limitando una recuperación más rápida.

La ola tecnológica como principal apoyo, pero también como nueva fuente de vulnerabilidad

Uno de los énfasis más importantes del informe actual es el papel de la inversión en inteligencia artificial, semiconductores, infraestructura de datos y otras tecnologías de la información. El FMI afirma abiertamente que precisamente esa ola de inversión es una de las razones clave por las que el crecimiento global se ha mantenido por encima de las expectativas anteriores. En Estados Unidos, la inversión informática, según la estimación del fondo, ha alcanzado la mayor participación en el PIB desde comienzos de siglo, y los efectos positivos de derrame también se sintieron en Asia a través de las exportaciones de semiconductores y otros equipos tecnológicos. En otras palabras, parte del mundo crece hoy porque las empresas y los mercados creen que la inteligencia artificial y la automatización traerán un nuevo salto de productividad.

Pero precisamente ahí el FMI ve también uno de los mayores riesgos. Si resulta que los rendimientos esperados de la inteligencia artificial no llegarán a la velocidad que los mercados están incorporando actualmente en los precios de las acciones y en los planes de inversión, podría producirse una corrección brusca. El fondo advierte que una revisión de expectativas excesivamente optimistas podría golpear no solo a las empresas tecnológicas, sino también al mercado financiero en general, a los hogares y al ciclo de inversión. Es especialmente sensible el hecho de que parte de la expansión tecnológica dependa cada vez más de la deuda, de modo que una posible caída de la confianza no sería solo una historia bursátil, sino también una cuestión de estabilidad financiera más amplia. En ese sentido, el optimismo en torno a la inteligencia artificial actúa como motor del crecimiento, pero también como una fuente concentrada de riesgo.

Las tensiones comerciales no han desaparecido, solo se han mitigado temporalmente

Aunque el FMI ha elevado ligeramente su previsión de crecimiento, el tono del informe no es en absoluto triunfalista. El fondo afirma expresamente que las tensiones comerciales se han relajado en comparación con el período más tenso de 2025, pero también que la incertidumbre sigue siendo considerablemente más alta que a comienzos del año pasado. El informe señala que algunas medidas arancelarias se han suavizado o pospuesto, incluida la reducción temporal de parte de las tensiones bilaterales entre Estados Unidos y China, pero el panorama general sigue estando marcado por un alto nivel de incertidumbre, acuerdos parciales y una transparencia limitada de algunos arreglos comerciales. Esto significa que las empresas y los inversores siguen operando en un entorno en el que es difícil planificar a largo plazo.

El Banco Mundial envía un mensaje similar. En su informe de enero Global Economic Prospects, estimó que el crecimiento mundial en 2026 será del 2,6 por ciento, tras un 2,7 por ciento estimado en 2025, con una desaceleración notable del comercio global después del acopio de existencias del año pasado antes de aranceles más altos. Según ese análisis, el comercio de bienes y servicios debería desacelerarse hasta el 2,2 por ciento en 2026, desde el 3,4 por ciento de 2025. Las cifras del FMI y del Banco Mundial no son iguales, lo cual es habitual porque las instituciones utilizan modelos y supuestos técnicos diferentes, pero el mensaje es básicamente similar: el mundo no está en recesión, pero el régimen comercial sigue siendo un lastre importante que limita un crecimiento más fuerte.

La inflación cede, pero no baja en todas partes a la misma velocidad

Otra razón por la que las previsiones para 2026 son algo más estables es la expectativa de una mayor moderación de la inflación. El FMI estima que la inflación mundial caerá del 4,1 por ciento en 2025 al 3,8 por ciento en 2026, y después al 3,4 por ciento en 2027. En un mayor número de economías, la inflación se está acercando a los niveles objetivo de los bancos centrales, lo que abre espacio para unas condiciones monetarias más suaves que durante la fase más intensa de la lucha contra el aumento de los precios. Sin embargo, el fondo advierte que la inflación estadounidense vuelve hacia el objetivo más lentamente que en otras grandes economías, lo que significa que la política monetaria estadounidense podría seguir siendo más cautelosa y restrictiva durante más tiempo del que querrían los mercados.

En la eurozona, según la estimación del FMI, la inflación en 2026 se mueve en torno al 2 por ciento, mientras que en China debería comenzar a aumentar desde niveles bajos. Para las economías en desarrollo, un panorama así es importante porque unos tipos de interés más bajos y una inflación más tranquila reducen los costes de financiación y alivian en cierta medida el servicio de la deuda. Pero al mismo tiempo el elevado endeudamiento global, especialmente el público, sigue siendo un problema grave. En una actualización separada sobre la estabilidad financiera, el FMI advierte que la deuda pública global podría superar el 100 por ciento del PIB mundial al final de la década, y que la creciente dependencia de la financiación a corto plazo aumenta la vulnerabilidad ante futuros shocks de mercado.

La geopolítica todavía puede dar la vuelta al ánimo

Por muy decentes que parezcan las cifras actuales, la mayor debilidad de la perspectiva actual para la economía mundial reside en el hecho de que varios riesgos negativos pueden actuar al mismo tiempo. El FMI advierte sobre la posibilidad de un nuevo endurecimiento de las tensiones geopolíticas, perturbaciones en las cadenas de suministro y subidas de los precios de las materias primas. En un escenario así, las barreras comerciales y la incertidumbre política no solo ralentizarían el intercambio, sino que se trasladarían a los mercados financieros, la inversión y el consumo. Es especialmente sensible la combinación de precios elevados de materias primas clave, déficits públicos elevados y un posible aumento de los tipos de interés a largo plazo.

Las Naciones Unidas también advierten de un problema similar. En el informe World Economic Situation and Prospects 2026, la ONU prevé un crecimiento de la economía mundial del 2,7 por ciento en 2026, algo inferior al de 2025, con la valoración de que existe resistencia, pero de que el crecimiento global sigue siendo más débil que la media anterior a la pandemia. La ONU destaca en particular que la inversión apagada, el espacio fiscal limitado y la incertidumbre persistente son las razones por las que la economía mundial podría mantenerse en una trayectoria más prolongada de crecimiento más lento. Esa imagen más amplia es importante porque muestra que el optimismo actual sobre 2026 no es lo mismo que un retorno a un fuerte y uniforme auge global.

Las economías en desarrollo siguen soportando una carga mayor

Para los países en desarrollo, el problema no es solo la tasa de crecimiento, sino también la calidad de ese crecimiento y su capacidad para reducir la pobreza, abrir puestos de trabajo y estabilizar las finanzas públicas. El Banco Mundial advirtió que una de cada cuatro economías en desarrollo sigue siendo más pobre que en 2019, es decir, antes de la pandemia. Eso significa que ni siquiera la resistencia de varios años de la economía global se ha traducido automáticamente en un progreso tangible para un gran número de sociedades. Si grandes sistemas como Estados Unidos, China e India mantienen a flote la media mundial, eso todavía no significa que la misma recuperación sea visible en todas las regiones o que esté distribuida por igual entre la población.

Precisamente por eso el FMI, en sus recomendaciones a los gobiernos, no habla solo de mantener el crecimiento, sino también de reconstruir las reservas fiscales, preservar la estabilidad de precios, reforzar la supervisión financiera y aplicar reformas estructurales. El mensaje es claro: los Estados que hoy apoyan todo el crecimiento en el ciclo tecnológico, una financiación más barata o un respiro comercial temporal corren el riesgo de que el próximo shock los encuentre desprevenidos. Y no se trata solo de economías avanzadas. Para muchos países menos desarrollados, la cuestión de la deuda, del coste del capital y del acceso a la inversión sigue siendo crucial para la estabilidad, quizá incluso más que una sola décima en la propia proyección global.

Las cifras son mejores, pero la fragilidad no ha desaparecido

En definitiva, la última actualización del FMI sí es ligeramente alentadora para 2026. La economía mundial no ha caído en una desaceleración más profunda, la inflación se está calmando en general, y el ciclo de inversión tecnológica por ahora sigue manteniendo parte de la actividad global en un nivel más alto de lo esperado. Pero es igual de importante lo que hay detrás de ese titular: el crecimiento no está ampliamente distribuido, el impulso europeo sigue siendo débil, las tensiones comerciales no se han resuelto sino solo mitigado temporalmente, y gran parte del optimismo se apoya en la suposición de que la inteligencia artificial y las inversiones relacionadas sí producirán un crecimiento más duradero de la productividad.

Por eso, la descripción más precisa de la situación actual no es ni euforia ni alarmismo. La economía mundial entra en 2026 en mejor estado de lo que muchos esperaban hace unos meses, pero sin una garantía firme de que la resistencia actual vaya a durar. Las cifras del FMI dan motivo para un optimismo cauteloso, mientras que las advertencias sobre comercio, deuda, correcciones de mercado y geopolítica recuerdan que la economía mundial sigue siendo estable solo en la medida en que sus principales apoyos sean estables. Y precisamente esos apoyos, desde el sector tecnológico hasta el comercio internacional, siguen expuestos a cambios bruscos.

Fuentes:
  • Fondo Monetario Internacional – actualización de enero del World Economic Outlook para 2026, con la previsión básica de crecimiento global, inflación y principales riesgos enlace
  • Fondo Monetario Internacional – informe completo en PDF con proyecciones para el mundo, las regiones y las grandes economías, incluidos Estados Unidos, China, la eurozona e India enlace
  • Fondo Monetario Internacional – blog oficial con una explicación adicional del papel de la inversión tecnológica, la inteligencia artificial y los riesgos de mercado enlace
  • Banco Mundial – informe de enero Global Economic Prospects 2026 y estimaciones sobre la desaceleración del comercio y la resistencia del crecimiento global enlace
  • Banco Mundial – Global Monthly, enero de 2026, con un resumen de la evolución del comercio global, los efectos arancelarios y las condiciones financieras enlace
  • Naciones Unidas – World Economic Situation and Prospects 2026, visión general de las perspectivas globales con énfasis en un impulso más lento a largo plazo y en las limitaciones fiscales enlace

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Hora de creación: 2 horas antes

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