Los datos espaciales se están convirtiendo cada vez más en una herramienta para proteger a las personas, los alimentos y la salud en la Tierra
La Agencia Espacial Europea conmemora el Día de la Tierra el 22 de abril con un mensaje que hoy es mucho más amplio que el simbolismo y las declaraciones de ocasión. En el centro de ese mensaje se encuentra una idea muy práctica: los cambios en la Tierra ya no se observan solo con fines de análisis científico, sino para que, a partir de esos datos, se tomen decisiones más rápidas sobre el terreno. Los satélites en órbita desempeñan aquí un papel clave, porque permiten una visión casi ininterrumpida y global del estado de la vegetación, el suelo, la humedad, la temperatura, las precipitaciones y otros indicadores que afectan directamente a la seguridad alimentaria, la salud pública y la resiliencia de las comunidades frente al cambio climático.
La ESA desarrolla este enfoque a través de programas de observación de la Tierra y asociaciones con instituciones internacionales, bancos de desarrollo, autoridades nacionales y equipos científicos. La idea no es solo recopilar grandes cantidades de datos, sino convertirlos en alertas, evaluaciones de riesgo y mapas operativos que las autoridades locales puedan utilizar antes de que un problema se convierta en una crisis. En la práctica, esto significa que la tecnología espacial participa hoy en tareas muy concretas: desde el seguimiento de condiciones favorables para la reproducción de la langosta del desierto hasta la evaluación del riesgo de brotes de enfermedades transmitidas por mosquitos.
De la observación del planeta a las decisiones sobre el terreno
La observación de la Tierra por satélite se ha convertido en los últimos años en una de las fuentes de datos más importantes para comprender los cambios climáticos y ambientales. La ventaja de este sistema radica en que cubre por igual zonas remotas, de difícil acceso y políticamente inestables, donde las mediciones clásicas sobre el terreno suelen retrasarse o no son posibles de manera continua. Cuando esos datos se conectan con información meteorológica, patrones históricos, modelos de aprendizaje automático y observaciones locales, se obtiene una herramienta que puede servir como sistema de alerta temprana.
Esa es precisamente la dirección que la ESA destaca en el Día de la Tierra de este año. El énfasis ya no está solo en que los satélites confirmen que el clima está cambiando, sino también en que los datos procedentes del espacio se transformen en respuestas operativas para la agricultura, la sanidad y los servicios públicos. Ese cambio es especialmente importante en un periodo en el que los fenómenos meteorológicos extremos, los cambios en los patrones de precipitación, la propagación de plagas y los riesgos sanitarios están cada vez más ligados a las presiones climáticas.
La detección temprana de la langosta del desierto como defensa frente a la pérdida de cultivos
Uno de los ejemplos más llamativos procede de África oriental, donde las invasiones de langosta del desierto de los últimos años han mostrado con qué rapidez una amenaza agrícola puede convertirse en un problema humanitario. La ESA y las organizaciones asociadas advierten de que la langosta del desierto está entre las plagas agrícolas más destructivas del mundo. Un enjambre más pequeño puede contener decenas de millones de individuos, y esa masa puede destruir en muy poco tiempo grandes superficies de vegetación y cultivos, especialmente en regiones que ya dependen de una producción alimentaria sensible y de precipitaciones irregulares.
África oriental atravesó entre 2019 y 2022 la infestación más grave de las últimas siete décadas. Ese episodio mostró dos cosas. En primer lugar, que las patrullas clásicas de campo por sí solas no son suficientes cuando el problema se desarrolla en un espacio enorme. En segundo lugar, que para un control exitoso es crucial actuar antes de que las langostas adquieran la capacidad de volar y formen grandes enjambres. Por ello, los expertos se centran especialmente en la llamada fase hopper, es decir, en los individuos jóvenes que aún no tienen alas, porque es precisamente entonces cuando la intervención puede evitar una explosión de la población.
Por qué los satélites son más importantes que las patrullas clásicas
La vigilancia tradicional sobre el terreno es lenta, costosa y exigente desde el punto de vista logístico. En muchas partes de la región, los inspectores y los servicios agronómicos deben recorrer zonas remotas o inseguras, y para cuando obtienen confirmación de la reproducción o propagación de las langostas, los daños ya pueden ser considerables. Los sistemas satelitales aportan aquí una ventaja importante porque permiten una amplia cobertura espacial y una captación repetida de imágenes que revela cambios en la vegetación, la humedad y el estado del suelo.
La ESA, junto con socios entre los que se encuentran VITO Remote Sensing, la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo de África Oriental IGAD y el Banco Mundial, ha desarrollado un servicio para el seguimiento de la langosta del desierto que se basa en datos de observación de la Tierra. En el centro del sistema se encuentra la evaluación de la idoneidad del hábitat para la reproducción y el desarrollo de los individuos jóvenes, y los resultados se integran en la plataforma pública East Africa Hazards Watch. Allí se publican mapas y alertas actualizados que ayudan a los servicios competentes a determinar dónde enviar equipos, cuándo reaccionar y cómo distribuir recursos limitados.
Cómo se combinan las imágenes Sentinel, la vegetación y las condiciones meteorológicas
En términos operativos, el sistema no se basa en un solo tipo de datos, sino en una combinación de varias fuentes. Las imágenes de los satélites Copernicus Sentinel-2 se utilizan para un seguimiento más detallado de la vegetación y de las posibles consecuencias sobre los cultivos, mientras que Sentinel-3 proporciona una imagen casi diaria de los cambios en la cobertura vegetal, algo especialmente importante después de las precipitaciones. La lluvia y el rápido crecimiento de la vegetación crean condiciones favorables para la reproducción de las langostas, por lo que esos cambios son una de las señales que buscan los modelos.
Además, se utilizan datos sobre el suelo, la altitud y las condiciones meteorológicas. Sobre esa base se desarrolló también el modelo estadístico MaxEnt, con el que se estiman las zonas probables de reproducción y las ventanas temporales en las que la puesta de huevos es más probable. De este modo, los servicios competentes no reciben solo una información general de que existe peligro, sino mapas espacialmente concretos en los que se ve dónde será mayor el riesgo en los próximos diez días aproximadamente. Ese nivel de detalle afecta directamente a la eficacia del control.
Menos tratamiento no selectivo, mayor precisión de las intervenciones
Una consecuencia importante de este enfoque no es solo una mejor protección de los cultivos, sino también una reducción de la necesidad de fumigaciones amplias y no selectivas con insecticidas. Cuando las autoridades tienen una mejor estimación de dónde se encuentran las zonas de mayor riesgo y en qué fase de desarrollo está la población, las intervenciones pueden ser más específicas y los costes más bajos. Al mismo tiempo, esto reduce la presión sobre el medio ambiente y el riesgo de un tratamiento químico innecesario de grandes superficies.
La ESA subraya en sus materiales que el sistema se desarrolló como una solución abierta, basada en datos abiertos y software de código abierto, lo que aumenta la posibilidad de extender el modelo a otras regiones y a otros tipos de amenazas agrícolas impulsadas por el clima. De este modo, la tecnología satelital desciende desde la esfera de la infraestructura de alta tecnología hacia un marco muy práctico de seguridad alimentaria, gestión del riesgo y seguro de cultivos.
Mosquitos, clima y sistemas sanitarios: otro frente de alerta temprana
El segundo ejemplo que destaca la ESA se refiere a la salud pública y a las enfermedades transmitidas por mosquitos, ante todo el dengue, pero también la malaria. Aquí la lógica es similar a la de la agricultura: los cambios en el clima, la temperatura, la humedad, las precipitaciones y el uso del suelo influyen en las condiciones ambientales en las que los vectores de enfermedades se propagan y sobreviven. Cuando esos patrones se analizan con suficiente antelación, las autoridades sanitarias tienen la oportunidad de actuar antes de que el número de personas infectadas aumente bruscamente.
Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor de la mitad de la población mundial está hoy expuesta al riesgo de dengue, y se estiman entre 100 y 400 millones de infecciones al año. La OMS también destaca que se trata de una enfermedad especialmente extendida en zonas tropicales y subtropicales, predominantemente en entornos urbanos y periurbanos. En tales circunstancias, la alerta temprana no es solo una cuestión técnica de vigilancia epidemiológica, sino también una cuestión de capacidad hospitalaria, suministro de instituciones sanitarias, organización de laboratorios, despliegue de personal y tratamiento oportuno de las zonas donde se espera un aumento del riesgo.
DIRE: plataforma digital para predecir picos epidémicos
El Φ-lab de la ESA, en cooperación con UNICEF, desarrolló la plataforma DIRE, es decir, Disease Incidence and Resource Estimator, que combina datos ambientales derivados de satélite, información epidemiológica y métodos de aprendizaje automático. El objetivo del sistema es transformar datos complejos sobre clima y salud en mapas de riesgo y recomendaciones prácticas para la actuación. En otras palabras, la herramienta está concebida para ofrecer a las autoridades sanitarias no solo un modelo científico, sino también una visión operativa de las zonas donde debe reforzarse la preparación.
Según las descripciones disponibles del proyecto, DIRE se basa en un conjunto de modelos fundamentados en el clima que tiene en cuenta las diferencias geográficas en la incidencia de las enfermedades. De este modo se intenta evitar un problema frecuente de los modelos genéricos que funcionan bien en una región y significativamente peor en otra. En el caso del dengue, esa adaptación es especialmente importante porque en la propagación de la enfermedad influyen no solo la temperatura y las precipitaciones, sino también la densidad de población, la urbanización, el drenaje, los hábitos locales, la estacionalidad y la disponibilidad de atención sanitaria.
Brasil y Perú como importantes ejemplos piloto
Los proyectos piloto en Brasil y Perú, dos países que se enfrentan regularmente a una fuerte carga por el dengue, han mostrado que el modelo puede ser más preciso que los métodos de predicción anteriores. Esto no significa que sea una herramienta que pueda sustituir por completo la vigilancia epidemiológica clásica, pero muestra que la combinación de datos satelitales y aprendizaje automático puede dar a los servicios sanitarios semanas adicionales para prepararse.
En los materiales públicos de la ESA se indica que DIRE ayuda a identificar zonas de alto riesgo, preparar clínicas y puntos sanitarios, desplegar al personal con antelación y dirigir recursos como la fumigación o la vacunación allí donde tendrán el mayor efecto. En sistemas ya cargados por la escasez de personal, equipos y recursos financieros, unas pocas semanas de ventaja pueden significar una diferencia considerable entre un aumento controlado de casos y la sobrecarga de los hospitales.
Por qué el componente climático es decisivo
La relación entre el cambio climático y la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos ya no es en los últimos años un tema marginal, sino una parte integrante de la planificación de la salud pública. Temperaturas más altas, patrones de lluvia modificados, periodos más largos de humedad y una urbanización rápida crean condiciones en las que ciertas especies de mosquitos se propagan con mayor facilidad o permanecen más tiempo en zonas donde antes no estaban tan presentes. Esto no significa que el clima por sí solo produzca una epidemia, pero sí significa que cambia el marco ambiental dentro del cual aumenta el riesgo.
Precisamente por eso los datos satelitales son útiles para las autoridades sanitarias. No registran el virus de forma directa, sino que siguen las condiciones ambientales relacionadas con la transmisión de enfermedades: humedad, patrones de temperatura, cambios de superficie, masas de agua y otros indicadores. Cuando esos datos se cruzan con registros médicos y patrones locales de propagación de enfermedades, el modelo puede advertir de que en una región determinada se aproxima un periodo crítico. Esa es la diferencia clave entre una actuación reactiva y una preventiva.
De la infraestructura espacial a la resiliencia local
El rasgo común de ambos ejemplos es que la tecnología no termina en el satélite. El valor real surge solo cuando los datos se traducen a un lenguaje que entienden los ministerios, las administraciones locales, los servicios agronómicos, los epidemiólogos y las organizaciones humanitarias. Por eso la ESA habla cada vez más de actuación en sus programas, y no solo de observación. En este enfoque, la infraestructura espacial sirve de base para decisiones políticas y operativas en la Tierra.
Esto también es importante por la cuestión de la accesibilidad. Los sistemas basados en datos abiertos y software de código abierto se transfieren, adaptan e integran con mayor facilidad en los mecanismos regionales existentes. En África oriental, esto significa conectarse con plataformas de seguimiento de riesgos y seguridad alimentaria. En América Latina, significa reforzar la capacidad de los sistemas sanitarios para evaluar antes del pico de la temporada dónde será mayor la presión. En ambos casos se trata del mismo patrón: el espacio no resuelve el problema por sí mismo, pero permite a las instituciones reaccionar antes y con mayor precisión.
El mensaje más amplio del Día de la Tierra
En un sentido más amplio, el mensaje que la ESA envía este año por el Día de la Tierra es que la lucha contra los riesgos climáticos y ambientales ya no empieza solo después de la catástrofe. Empieza con una comprensión más temprana de las señales que ya son visibles en los datos. En una era en la que las alteraciones climáticas se trasladan a la producción de alimentos, la migración de plagas, la disponibilidad de agua y la salud pública, la capacidad de anticipación se convierte en una de las principales medidas de resiliencia.
Por eso ejemplos como el sistema de seguimiento de la langosta del desierto o la plataforma DIRE son importantes también fuera del sector en el que surgieron. Muestran cómo los programas satelitales pueden utilizarse para resolver cuestiones sociales muy concretas, desde la protección de los cultivos hasta la descongestión de los hospitales. Al mismo tiempo, plantean la cuestión de hasta qué punto los gobiernos, las instituciones internacionales y las organizaciones regionales estarán dispuestos a invertir en modelos que no actúan de forma tan espectacular como el lanzamiento de un cohete, pero que tienen consecuencias directas sobre la vida cotidiana de millones de personas.
En un mundo en el que los riesgos climáticos aparecen cada vez menos como incidentes aislados y cada vez más como un patrón permanente de inestabilidad, precisamente estas herramientas pueden determinar si las comunidades reaccionarán a tiempo o solo cuando el daño ya sea grande. Por eso, los datos espaciales hoy ya no son solo una vista del planeta desde arriba, sino que cada vez más se están convirtiendo en una infraestructura para decisiones que se toman sobre el terreno, allí donde en última instancia se decide sobre los alimentos, la salud y la seguridad de la población.
Fuentes:- Agencia Espacial Europea – visión general de las actividades de observación de la Tierra y de las aplicaciones de los datos satelitales en la protección del medio ambiente y el fortalecimiento de la resiliencia (link)- ESA Global Development Assistance – estudio de caso sobre el seguimiento de los brotes de langosta del desierto en África oriental, el desarrollo del modelo y la integración en East Africa Hazards Watch (link)- ESA Global Development Assistance – presentación de la resiliencia frente a las invasiones de langostas y del papel de los datos satelitales en la alerta temprana (link)- IGAD Resilience – descripción de la plataforma Hazard Watch y del sistema regional de información sobre riesgos (link)- World Health Organization – datos oficiales sobre el dengue, el riesgo global y el número estimado de infecciones al año (link)- ESA Φ-lab – descripción de la plataforma DIRE y ejemplos piloto en Brasil y Perú para la alerta temprana de enfermedades transmitidas por mosquitos (link)- ESA Φ-lab CIN – datos sobre la investigación desarrollada con UNICEF, reconocimientos y financiación de la fase operativa del proyecto (link)- EARTHDAY.ORG – página oficial del Día de la Tierra y marco de la conmemoración del 22 de abril de 2026 (link)
Encuentra alojamiento cerca
Hora de creación: 3 horas antes