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Juice y el cometa interestelar 3I/ATLAS: cinco descubrimientos clave sobre el agua, las colas y la trayectoria de un raro visitante cósmico

Descubre qué revelaron los instrumentos de la misión europea Juice sobre el cometa interestelar 3I/ATLAS después de su paso cerca del Sol. Presentamos un resumen de los cinco hallazgos más importantes, desde la intensa liberación de vapor de agua y la enorme cola hasta datos importantes para comprender su origen y seguir con precisión su trayectoria.

Juice y el cometa interestelar 3I/ATLAS: cinco descubrimientos clave sobre el agua, las colas y la trayectoria de un raro visitante cósmico
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Juice revela qué oculta el cometa interestelar 3I/ATLAS: cinco hallazgos tempranos que abren nuevas preguntas sobre el origen del viajero helado de fuera del Sistema Solar

El cometa interestelar 3I/ATLAS se convirtió en una excepción desde el mismo momento de su entrada en el Sistema Solar. Descubierto el 1 de julio de 2025, muy pronto se confirmó que no se trataba de un cuerpo formado junto al Sol, sino de un objeto que llegó desde el espacio interestelar. Con ello, se convirtió en apenas el tercer objeto interestelar confirmado registrado en nuestro vecindario cósmico, después de 1I/ʻOumuamua y 2I/Borisov. Pero lo que hace este caso aún más interesante es el hecho de que en su camino también se encontrara por casualidad la nave europea Juice, la misión de la ESA hacia Júpiter y sus lunas heladas, equipada con instrumentos que resultaron inesperadamente adecuados para estudiar un cometa helado activo.

Unos días después de que 3I/ATLAS pasara por el perihelio, es decir, el punto de mayor aproximación al Sol, Juice observó el cometa en noviembre de 2025 desde una distancia de unos 60 millones de kilómetros. La campaña en sí no fue rutinaria: la nave se encontraba en una fase cálida de vuelo tras pasar cerca de Venus, y los equipos tuvieron que organizar en muy poco tiempo la observación de un objeto que apareció sin aviso y que, desde la perspectiva terrestre, no podía seguirse en todo momento. Los datos llegaron a la Tierra recién en febrero de 2026, después de varios meses de espera, y ahora a partir de los primeros análisis empieza a componerse una imagen de cómo era realmente 3I/ATLAS mientras atravesaba la parte interior del Sistema Solar.

Lo que por ahora se desprende de las mediciones no es un espectáculo en el sentido de un derrumbe completo de la física de los cometas conocida hasta ahora, sino quizá algo científicamente aún más interesante: resulta que un cuerpo formado fuera del Sistema Solar parece sorprendentemente familiar en una serie de rasgos clave. Precisamente esa combinación de similitudes y particularidades químicas convierte a 3I/ATLAS en uno de los cuerpos menores más importantes observados en los últimos años.

Fuerte evaporación de agua inmediatamente después del perihelio

El primer hallazgo temprano y el más llamativo se refiere a la cantidad de vapor de agua que estaba liberando el cometa. Según el análisis preliminar del instrumento MAJIS, el 2 de noviembre de 2025, apenas cuatro días después de pasar por el perihelio, 3I/ATLAS expulsaba unos 2000 kilogramos de vapor de agua por segundo. En una comparación cotidiana, eso equivale aproximadamente a setenta piscinas olímpicas de vapor de agua al día. Una cifra así no significa que se trate de un poseedor absoluto del récord entre los cometas, pero sí lo sitúa en la parte alta de la escala entre los cometas activos que se encuentran relativamente cerca del Sol.

Es importante entender qué significa realmente una medición así. Los núcleos de los cometas están formados por una mezcla de hielo, polvo y compuestos volátiles. A medida que se acercan al Sol, la superficie y las capas poco profundas empiezan a calentarse, el hielo sublima y el gas procedente del interior arrastra consigo también partículas de polvo. Por eso, la cantidad de gas que pierde un cometa es uno de los indicadores básicos de su actividad. A modo de comparación, del resumen de la ESA se desprende que el conocido cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko liberaba unos 300 kilogramos de agua por segundo en condiciones comparables, mientras que Halley era considerablemente más intenso, con unos 20.000 kilogramos por segundo. En otras palabras, 3I/ATLAS no era un caso extremo como el cometa Halley, pero en absoluto era un visitante débil o inerte.

También resulta interesante que las mediciones del 12 de noviembre no mostraran una caída brusca de la actividad, aunque el cometa ya se estaba alejando del Sol. Eso apunta a la posibilidad de que el material calentado siguiera alimentando la coma después del perihelio o de que desempeñara un papel importante el polvo helado ya expulsado, que continuó liberando agua. Precisamente esos matices son importantes porque ayudan a distinguir si la actividad está vinculada principalmente al propio núcleo o a la nube de partículas que lo rodea.

La mayor parte del vapor provenía del lado orientado al Sol, pero no necesariamente del propio núcleo

La segunda conclusión importante la aportó el instrumento SWI, que también detectó vapor de agua, pero a partir de la distribución espacial de la señal se concluyó que la mayor parte de la liberación se producía en el lado del cometa orientado hacia el Sol. Eso es esperable en el sentido térmico básico: el lado iluminado por el Sol recibe más energía y libera antes los componentes volátiles. Pero los datos preliminares sugieren algo todavía más interesante, y es que gran parte del vapor de agua quizá no salía directamente del núcleo sólido, sino de granos helados de polvo que ya habían abandonado el núcleo y seguían evaporándose dentro de la coma.

Ese escenario es importante para comprender la física de los cometas activos. Si una fracción significativa del agua procede de granos helados flotantes, entonces la coma no es solo una consecuencia pasiva de la actividad del núcleo, sino también un entorno químico y térmico activo en el que el material sigue evolucionando después de separarse del cuerpo progenitor. Eso cambia la manera de interpretar las mediciones espectroscópicas y las estimaciones de composición, porque parte de lo que se ve ya no representa solo la superficie del cometa, sino también el procesamiento del material en la nube circundante de gas y polvo.

Este tema adquiere un peso especial al compararlo con las mediciones de la proporción entre el agua ordinaria y la llamada agua semipesada, es decir, H2O y HDO. En astronomía, la relación entre deuterio e hidrógeno es una de las huellas químicas del origen más importantes, una especie de firma de las condiciones en las que se formó el hielo. Observaciones anteriores con ALMA y con el telescopio espacial James Webb abrieron la posibilidad de que esa proporción en 3I/ATLAS sea inusualmente alta, lo que podría significar que el cometa se formó en un entorno muy frío y muy antiguo, expuesto a una intensa radiación ultravioleta de estrellas jóvenes. Si los datos de SWI resultan ser coherentes con esos hallazgos, 3I/ATLAS podría convertirse en una rara muestra directa de la química de otro sistema planetario, y no solo en otro interesante objeto helado de paso.

La cola y la coma se extendían durante millones de kilómetros

El tercer hallazgo muestra hasta qué punto el cometa estaba desarrollado espacialmente. El instrumento UVS registró la luz de átomos de oxígeno, hidrógeno y carbono, así como la señal de polvo en el entorno y detrás del cometa. Según las primeras estimaciones, el gas y el polvo se extendían más de cinco millones de kilómetros desde el núcleo de 3I/ATLAS. En el caso de los cometas, eso no carece de precedentes, pero deja claro que el cuerpo era muy activo y que iba dejando tras de sí una enorme estela de material.

Para el público general, ese dato puede sonar abstracto, pero en términos científicos es extraordinariamente importante. Cuanto mayor y más estructurada es la nube de gas y polvo, más información aporta sobre la composición, la dinámica de la expulsión de material y la interacción con la radiación solar y el viento solar. La radiación UV es especialmente útil porque revela fragmentos de moléculas surgidos de la descomposición del agua, el dióxido de carbono y otros compuestos. De ese modo, los científicos no observan solo una «mancha brillante» alrededor del cometa, sino que reconstruyen los procesos que crearon esa mancha y determinaron su forma.

Esas enormes colas y los rastros dispersos de material también recuerdan que los cometas no son bolas compactas de nieve que orbitan pasivamente por el espacio. Son cuerpos dinámicos y cambiantes que en poco tiempo pueden expulsar enormes cantidades de gas y polvo. En el caso de 3I/ATLAS, eso resulta especialmente interesante porque se observa un objeto que pasó miles de millones de años fuera de nuestro sistema y que ahora, al menos en sus manifestaciones externas, ha reaccionado al Sol de una manera muy similar a la de los cometas nativos.

Por su aspecto y comportamiento, 3I/ATLAS recuerda a un cometa “ordinario”

Quizá el resultado más gráfico llegó con la cámara JANUS. Las imágenes de alta resolución mostraron una coma en la que se oculta el núcleo y dos colas: una dirigida en sentido opuesto al Sol, lo que es típico de una cola de gas bajo la influencia del viento solar, y otra que sigue la trayectoria del cometa a través del Sistema Solar, lo que corresponde a la distribución del polvo. En la coma y en las colas también se observaron estructuras más finas, como rayos, chorros e hilos, que apuntan a procesos complejos de interacción entre el material expulsado, la radiación solar, las partículas cargadas y el campo magnético.

Precisamente esa “normalidad” visual puede ser la mayor sorpresa. Cuando se habla de objetos interestelares, el público suele esperar algo radicalmente distinto, casi exótico en todos los sentidos. Pero 3I/ATLAS, al menos según las observaciones de Juice hasta ahora, no parecía un intruso cósmico que se comportara según reglas completamente diferentes. Al contrario, su actividad, la estructura de su coma y de sus colas y su respuesta al calentamiento solar están muy cerca de lo que los astrónomos ya conocen de los cometas formados en el Sistema Solar.

Eso, sin embargo, no reduce la importancia del descubrimiento, sino que la aumenta. Si resulta que los mecanismos físicos fundamentales son similares también en otros sistemas planetarios, entonces los modelos de formación y evolución de los cometas podrán aplicarse mucho más ampliamente de lo que hasta ahora se había podido confirmar. Al mismo tiempo, las diferencias químicas, como la posible abundancia inusualmente alta de deuterio o de dióxido de carbono, siguen siendo huellas de condiciones especiales en el sistema de origen. En otras palabras, 3I/ATLAS parece familiar por fuera, pero quizá lleva en su interior una firma química distinta.

Los datos sobre la trayectoria también son importantes para la defensa planetaria

El quinto hallazgo sale del marco más estrecho de la ciencia cometaria pura y entra en el ámbito de la defensa planetaria. Aunque 3I/ATLAS no representó ningún peligro para la Tierra, su trayectoria ofreció una valiosa prueba para los métodos de determinación precisa de las órbitas de cuerpos que no son visibles constantemente desde la Tierra. La cámara de navegación de Juice, desde una posición diferente de la de los telescopios terrestres y en un periodo en que el cometa era difícil de observar desde la Tierra, permitió mediciones adicionales de su posición y movimiento.

La ESA ya había mostrado antes que las observaciones desde la órbita de Marte pueden mejorar significativamente la predicción de la trayectoria de 3I/ATLAS. Los datos de la nave ExoMars Trace Gas Orbiter redujeron aproximadamente diez veces la incertidumbre sobre la localización del cometa. Las observaciones de Juice ampliaron esa lógica: cuando se sigue un objeto desde el espacio profundo, desde una geometría distinta y en condiciones de observación diferentes, es posible determinar con mayor precisión su órbita, pero también estimar cuánto influye en ella la evaporación del material. Eso es especialmente importante en el caso de los cometas, porque los chorros de gas y polvo pueden producir pequeñas pero medibles desviaciones respecto de la trayectoria que tendría el cuerpo si fuese completamente pasivo.

Ese tipo de experiencias tiene un valor muy concreto. La defensa planetaria no se refiere solo a la detección de asteroides potencialmente peligrosos, sino también al desarrollo de métodos para la determinación rápida, fiable y confirmada por múltiples vías de las órbitas de todos los cuerpos rápidos e inusuales que atraviesan el Sistema Solar interior. 3I/ATLAS sirvió como una especie de ejercicio en un caso excepcionalmente exigente: el objeto era interestelar, rápido, geométricamente desfavorable para parte de las observaciones y, además, activo como un cometa real. Precisamente por eso, los datos obtenidos tienen un peso que supera los límites de una sola historia científica aislada.

Por qué este encuentro fue raro y científicamente valioso

El éxito de las observaciones de 3I/ATLAS no se reduce solo al contenido de los datos, sino también al hecho de que se produjeran en absoluto. La ESA tuvo que adaptar en poco tiempo los planes de una misión destinada principalmente a Júpiter y sus lunas heladas. Las observaciones estuvieron limitadas por las condiciones térmicas y se organizaron en varios periodos breves, mientras que todo el paquete de datos permaneció almacenado en la nave hasta que fue posible enviarlo a la Tierra a una mayor velocidad de transmisión. La propia ejecución operativa sirvió así también como una especie de ensayo general para futuras campañas rápidas y complejas cuando Juice llegue al sistema de Júpiter.

En un sentido científico más amplio, 3I/ATLAS aporta algo que los laboratorios en la Tierra no pueden ofrecer: una visión directa de material formado alrededor de otra estrella. Esos objetos no son solo curiosidades. Son archivos de las primeras fases de la formación de sistemas planetarios, conservados en congelación profunda durante miles de millones de años. Cuando uno de esos objetos entra en el Sistema Solar y además desarrolla una coma activa, los científicos obtienen una rara oportunidad de analizar a distancia gases, hielo y polvo que se formaron en un entorno cósmico completamente distinto.

Por eso incluso los resultados preliminares tienen tanto peso. La gran cantidad de vapor de agua, la coma desarrollada espacialmente, las dos colas y el comportamiento parecido al de un cometa “ordinario” sugieren que la física básica de la sublimación y del desarrollo de la coma quizá no sea una particularidad de nuestro sistema. Al mismo tiempo, las preguntas abiertas sobre las proporciones isotópicas, la abundancia de dióxido de carbono y el posible origen muy antiguo de 3I/ATLAS indican que la historia química es más compleja y potencialmente mucho más exótica de lo que revela el propio aspecto del cometa.

Qué sigue para Juice y para la investigación de 3I/ATLAS

Los equipos científicos apenas continúan ahora con el análisis completo de los datos, y parte de los resultados se espera en trabajos científicos durante los próximos meses. Eso significa que las conclusiones actuales todavía no son la última palabra, sino el primer boceto estratificado de un conjunto de observaciones excepcionalmente valioso. Sin embargo, ya ese boceto muestra que Juice aprovechó una oportunidad única y extrajo de un episodio secundario en el camino hacia Júpiter datos que se analizarán durante mucho tiempo.

Para la propia misión, esa es una señal adicional de que los instrumentos funcionan de manera convincente y lejos del destino final. Según el plan, Juice debería llegar a Júpiter en 2031, donde estudiará en detalle el planeta y sus grandes lunas heladas, sobre todo Ganímedes, Europa y Calisto. Antes de eso le espera una nueva maniobra gravitatoria al regresar hacia la Tierra en septiembre de 2026. Después de la experiencia con 3I/ATLAS, cada nueva activación de los instrumentos llevará también una dosis adicional de expectación. Porque si una nave destinada a mundos helados ya ha conseguido extraer tanto de un único y raro cometa interestelar, entonces las perspectivas de lo que descubrirá en el sistema de Júpiter son aún mayores que al comienzo de la misión.

Fuentes:
- Agencia Espacial Europea (ESA) – resumen de cómo la misión Juice organizó y llevó a cabo la observación de 3I/ATLAS, con fechas de observación, distancia y detalles operativos (enlace)
- Agencia Espacial Europea (ESA) – resumen oficial de las observaciones de la ESA del cometa interestelar 3I/ATLAS desde su descubrimiento en adelante (enlace)
- NASA Science – resumen básico del cometa 3I/ATLAS, su descubrimiento, trayectoria, perihelio y observaciones de varias misiones espaciales (enlace)
- NASA Goddard / JWST – resumen de resultados que apuntan a una coma del cometa 3I/ATLAS muy rica en CO2 (enlace)
- Agencia Espacial Europea (ESA) – análisis de la mejora de la trayectoria de 3I/ATLAS con ayuda de datos desde la órbita de Marte y el valor de esas observaciones para la defensa planetaria (enlace)
- Agencia Espacial Europea (ESA) – ficha informativa de Juice con confirmación de los objetivos de la misión, la llegada a Júpiter en 2031 y el regreso hacia la Tierra como parte de maniobras gravitatorias (enlace)

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