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Nepal en una encrucijada: Balendra Shah y una nueva fuerza política derriban el viejo orden en las elecciones

Descubre cómo Nepal entró en un período de profundos cambios políticos en las elecciones parlamentarias. Ofrecemos un repaso del ascenso de Balendra Shah, el debilitamiento de los partidos tradicionales y el mensaje de los votantes que exigen una ruptura con la corrupción, el estancamiento y el viejo modelo de poder.

Nepal en una encrucijada: Balendra Shah y una nueva fuerza política derriban el viejo orden en las elecciones
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Nepal al borde de un giro político: el ascenso electoral de Balendra Shah cambia el equilibrio de poder

Los resultados tempranos, pero ya muy convincentes, de las elecciones parlamentarias en Nepal muestran que el país está entrando en un período de profundo cambio político. El partido Rastriya Swatantra Party, encarnado en esta campaña por el exrapero y exalcalde de Katmandú Balendra Shah, ha pasado, según los datos preliminares, por delante de las fuerzas políticas que durante décadas marcaron el ritmo de la política nepalesa. Lo que hasta hace unos meses parecía una rebelión de los votantes más jóvenes contra un círculo político cerrado ahora, según todo indica, se está convirtiendo en un intento real de tomar el poder del Estado por la vía parlamentaria.

Nepal acudió a las urnas el 5 de marzo de 2026, en un clima político extraordinario. La votación se celebró tras la disolución de la Cámara de Representantes en septiembre de 2025, cuando las protestas masivas, lideradas principalmente por las generaciones más jóvenes, abrieron la cuestión de la legitimidad del poder de entonces, la corrupción, el estancamiento económico y la responsabilidad de la élite política. En ese contexto, las elecciones no fueron solo un procedimiento democrático ordinario, sino también una especie de referéndum sobre si los votantes querían conservar el modelo de gobernanza existente o cambiarlo de forma abrupta.

De la ola de protestas a las urnas

La mayor novedad política de estas elecciones no es solo el buen resultado de un partido más joven, sino el hecho de que el descontento de la calle evidentemente ha encontrado una expresión institucional organizada. Las protestas de 2025, que observadores internacionales y medios describieron como un momento “Gen Z” especialmente fuerte en Nepal, fueron impulsadas al principio por la prohibición de las redes sociales, pero rápidamente se ampliaron hacia acusaciones más amplias de corrupción, falta de transparencia y fracaso del Estado para responder a problemas económicos y sociales de larga duración. Así se creó un espacio político en el que el mensaje antisistema ya no se percibía como un fenómeno marginal, sino como una alternativa seria.

Fue precisamente en ese espacio donde Balendra Shah construyó su perfil político nacional. Aunque el público lo conocía como rapero, y después como alcalde de la capital, su ascenso actual no puede reducirse únicamente a la popularidad personal o al reconocimiento mediático. Logró conectar varias insatisfacciones distintas: la brecha generacional, el cansancio por los constantes reacomodos políticos, la frustración por la falta de empleo y la desconfianza hacia los partidos que durante años se alternaron en el poder sin resultados convincentes. Esto es especialmente importante en un país donde la inestabilidad política y las coaliciones cambiantes fueron durante mucho tiempo casi la regla, y no la excepción.

Qué muestran los resultados preliminares

Según los datos difundidos el domingo 8 de marzo de 2026 por agencias internacionales que citaron a la Comisión Electoral de Nepal, el Rastriya Swatantra Party ya había obtenido 103 de los 165 escaños elegidos directamente en la Cámara de Representantes y lideraba en otras 21 circunscripciones mientras el recuento seguía en curso. En la parte paralela y proporcional del sistema, ese partido también iba en cabeza con aproximadamente el 51 por ciento de los votos, lo que le abre el camino hacia una mayoría parlamentaria en una cámara de un total de 275 diputados. En otras palabras, ya no se habla solo de una irrupción simbólica, sino de la posibilidad de que una nueva opción política forme gobierno por sí sola o con un apoyo mínimo.

Ese desarrollo supone un golpe especialmente duro para las dos fuerzas políticas tradicionalmente más importantes del país, el Congreso Nepalí y el Partido Comunista de Nepal (UML), que durante años se alternaron en el centro del poder. Las tendencias preliminares apuntan a que los votantes decidieron castigar precisamente a los partidos que personificaban la vieja arquitectura política. En ese sentido, Nepal no está presenciando solo un cambio de ganadores en las elecciones, sino una posible fractura del modelo de dominación política que marcó gran parte del período posterior a la adopción de la Constitución de 2015.

La historia adquiere un peso simbólico adicional por el dato de que Shah, según informes de agencias, derrotó al ex primer ministro K. P. Sharma Oli en su contienda electoral. En sentido político, es una imagen potente de cambio de época: un candidato que se abrió paso fuera de las jerarquías partidistas tradicionales derrota a uno de los rostros más reconocibles de la política nepalesa. Estos momentos en las democracias parlamentarias suelen tener un efecto muy superior al mero número de escaños, porque se convierten en una señal de que el ánimo electoral ha cambiado de lado.

Por qué esta victoria es más que una noticia electoral ordinaria

Las razones por las que las elecciones nepalesas se observan hoy con más interés de lo habitual van más allá de la propia dinámica política local. En primer lugar, se trata de una de las pocas situaciones en las que la energía de una protesta generacional se traduce tan rápidamente en un resultado parlamentario. Muchos movimientos similares en el mundo se quedan en el nivel de la movilización callejera, las redes sociales o un impulso electoral de corta duración. En Nepal, al menos según los resultados disponibles por ahora, ha ocurrido algo más serio: se ha creado la posibilidad de que la rebelión contra el sistema se convierta en poder sistémico.

En segundo lugar, este ciclo electoral es importante porque se produjo en una fase sensible de la transición democrática nepalesa. La fundación internacional IFES recuerda que Nepal, según la Constitución de 2015, es una república democrática federal con un parlamento bicameral, y que la Cámara de Representantes cuenta con 275 miembros, de los cuales 165 se eligen mediante un sistema mayoritario en circunscripciones y 110 de forma proporcional por listas de partido. Precisamente esa mezcla de dos modelos hace que las elecciones sean políticamente complejas, pero también más representativas. Cuando en un sistema así un partido nuevo consigue conquistar una posición de liderazgo en ambos segmentos, eso suele significar que su apoyo no es solo un gesto pasajero de protesta, sino una señal política más ampliamente extendida.

En tercer lugar, las elecciones llegan tras un período marcado por la desconfianza, la fragilidad institucional y la sensación de que los partidos establecidos ya no ofrecen una respuesta creíble a los problemas cotidianos de los ciudadanos. Reuters recordó antes de la votación que Nepal es un país de unos 30 millones de habitantes, situado entre India y China, con una larga historia de inestabilidad política, elevado desempleo y un desarrollo económico ralentizado. En un entorno así, un mensaje antisistema se vuelve eficaz cuando no se basa solo en la negación de lo viejo, sino también en la impresión de que por fin alguien habla el lenguaje de la vida cotidiana.

Los jóvenes votantes como factor decisivo

Es difícil hablar de estas elecciones sin subrayar el papel de los votantes más jóvenes. Nepal entró en la campaña con una huella clara de las protestas del año pasado, y numerosos informes sugieren que fueron precisamente los votantes jóvenes quienes estuvieron entre los más motivados para acudir a las urnas. Las elecciones se celebraron en una sola fase, de 7 a 17 horas, hora local, y según las estimaciones disponibles la participación fue de alrededor del 60 por ciento. Es un dato importante no solo por la cifra en sí, sino también porque sugiere que la energía de la protesta no se quedó fuera de las instituciones.

Para una parte del electorado más joven, Balendra Shah encarna un estilo político diferente. No procede de la escuela partidista clásica, construye su presencia pública sobre una comunicación más directa, y su imagen pública se basa en la idea de que la política no tiene por qué seguir siendo un club cerrado de élites mayores. Eso no significa que todo apoyo hacia él o su partido proceda automáticamente de una sola generación, pero es difícil pasar por alto que fue precisamente en torno a su candidatura donde se concentró el deseo de un corte político. En un país donde muchos votantes se han acostumbrado a constantes negociaciones de coalición y a pocos resultados tangibles, un perfil así adquiere fuerza adicional.

Al mismo tiempo, conviene señalar cierta ironía del momento político nepalés. IFES indica que entre los 3406 candidatos de la parte mayoritaria de las elecciones solo 583 tenían entre 25 y 35 años, aunque precisamente los jóvenes fueron la fuerza impulsora de las protestas que condujeron a las elecciones anticipadas. Eso significa que la rebelión generacional no llevó necesariamente a un relevo generacional masivo dentro de toda la clase política, pero sí abrió la puerta a figuras capaces de articular el estado de ánimo del sector más joven de la sociedad. En ese sentido, Shah es un puente entre la política institucional y la energía rebelde que estalló el año pasado.

El mensaje de los votantes a los viejos partidos

Si las tendencias actuales se confirman hasta el final del recuento, el mensaje principal de los votantes será muy claro: la paciencia hacia los centros tradicionales de poder se ha agotado seriamente. El Congreso Nepalí y la UML no fueron derrotados solo porque apareciera un rival carismático, sino porque se han convertido en un símbolo de continuidad política que gran parte de la opinión pública ya no asocia con estabilidad, sino con estancamiento. Esa es una diferencia importante. En muchos países los votantes vuelven a actores conocidos en tiempos de crisis; en Nepal, al menos por ahora, parece que han decidido probar la dirección opuesta.

Eso no significa que se abra un camino fácil ante la nueva configuración política. Un ascenso antisistema capta fácilmente la atención durante una campaña, pero gobernar un Estado exige otro tipo de competencia. Nepal seguirá enfrentándose, incluso después de las elecciones, a problemas que no pueden resolverse con una ruptura simbólica con el pasado: presiones económicas, emigración laboral, necesidad de crear empleo, relaciones con las grandes potencias vecinas, funcionamiento del modelo federal y reconstrucción de la confianza en las instituciones. Será precisamente en esas cuestiones donde se medirá el verdadero alcance del proyecto político de Shah.

Qué sigue después del recuento

Desde el punto de vista formal, la composición final de la Cámara de Representantes dependerá de la conclusión del recuento y del reparto de los escaños proporcionales. Nepal tiene un sistema mixto en el que los votantes reciben dos papeletas, una para un candidato en su circunscripción y otra para un partido. Por eso la imagen preliminar puede ser muy fuerte, pero la imagen política completa surge solo cuando se combinan los escaños obtenidos directamente y el reparto de mandatos por listas de partido. Aun así, lo que ya está claro es que el Rastriya Swatantra Party no es solo una fuerza complementaria que ayudará a alguna vieja coalición, sino un actor en torno al cual podría construirse un nuevo poder ejecutivo.

Las agencias también señalan que el recuento se ha ralentizado en parte del país debido a dificultades geográficas, incluido el transporte del material electoral desde zonas montañosas remotas. Ese es un obstáculo logístico habitual en Nepal y una de las razones por las que los resultados finales no llegan tan rápido como en sistemas electorales técnicamente más simples. Pero la propia dinámica del recuento no cambia por ahora la esencia política de la historia: el ánimo de los votantes se ha alejado claramente del viejo orden partidista.

Resonancia regional e internacional

El cambio en Katmandú no resultará interesante solo dentro de Nepal. El país está situado entre India y China, por lo que todo gran cambio de poder atrae naturalmente la atención en la región. Las primeras reacciones, según informes de medios indios, apuntan a un interés prudente por la futura cooperación con la nueva configuración. Ese tono es esperable. Los vecinos y los socios quieren estabilidad, y las victorias antisistema siempre conllevan un cierto grado de incertidumbre hasta ver hasta qué punto el nuevo poder será programáticamente coherente, administrativamente preparado y qué equilibrio adoptará en política exterior.

Para Nepal, se trata de una cuestión especialmente delicada, porque la inestabilidad política interna suele tener también un coste en política exterior. Los gobiernos que surgen de compromisos de coalición débiles tienen más dificultades para aplicar planes de desarrollo e infraestructuras a más largo plazo, y ese es precisamente uno de los problemas que alimentó el descontento interno. Si Shah y su partido logran convertir el capital político de la ola de protestas en un gobierno relativamente estable, Nepal podría obtener una ventana rara para la consolidación. Si, por el contrario, la nueva mayoría sigue siendo sobre todo simbólica, la decepción podría llegar rápido, quizá incluso más rápido de lo que surgió la euforia.

La energía política es real, pero la prueba apenas comienza

Por eso, el actual desarrollo electoral en Nepal debe leerse en dos niveles. En el primero, se trata de un mensaje excepcionalmente fuerte y casi histórico de los votantes de que quieren romper con las élites políticas a las que consideran responsables de una corrupción prolongada, una mala gestión y una sensación de bloqueo social. En el segundo nivel, se trata apenas del comienzo de una prueba más seria: si un movimiento surgido sobre la ola de votantes indignados puede tomar el aparato del Estado y gestionarlo con más eficacia que aquellos a quienes acaba de desplazar.

Por ahora, al menos una cosa es segura. Nepal está muy lejos de una imagen rutinaria de posguerra electoral el 08 de marzo de 2026. El país entra en un momento en el que la revuelta juvenil ya no es solo un síntoma social, sino una posible base de una nueva mayoría parlamentaria. Si los resultados preliminares se confirman por completo, Balendra Shah y el Rastriya Swatantra Party no serán solo la historia política más interesante del día, sino también un ejemplo de cómo una profunda desconfianza hacia el establishment puede, en muy poco tiempo, transformarse en una reconfiguración de todo el equilibrio político.

Fuentes:
  • Associated Press – informe sobre los resultados preliminares, el liderazgo del Rastriya Swatantra Party y el contexto político de las elecciones (enlace)
  • Associated Press – informe sobre el día de la votación y la estimación de una participación de alrededor del 60 por ciento (enlace)
  • IFES – resumen del sistema electoral de Nepal, la fecha de las elecciones, el número de votantes, los mandatos y el marco constitucional (enlace)
  • Election Commission Nepal – página oficial con los resultados electorales de la Cámara de Representantes (enlace)
  • Reuters – informe sobre las elecciones tras las protestas de 2025, el contexto de seguridad y económico y el ánimo político de los votantes (enlace)

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