Proba-3 perdió el contacto con la nave Coronagraph: la ESA investiga la avería y busca una forma de recuperar la misión
La Agencia Espacial Europea anunció el 6 de marzo de 2026 que está en marcha un intento de restablecer el contacto con la nave Coronagraph, uno de los dos satélites que integran la misión Proba-3. Según el comunicado oficial, el problema comenzó durante el fin de semana del 14 y 15 de febrero de 2026, cuando una anomalía en la nave desencadenó una cadena de acontecimientos que condujo a una pérdida gradual de la orientación en el espacio. Esto también impidió la entrada en modo seguro, que para misiones de este tipo es un mecanismo de protección clave en circunstancias extraordinarias.
La ESA todavía no indica una causa definitiva de la avería, pero de la descripción de los hechos se desprende que el problema se agravó rápidamente debido a la pérdida de la orientación correcta de los paneles solares. Cuando el panel dejó de estar orientado hacia el Sol, la batería comenzó a descargarse rápidamente. Esto acabó llevando a la nave al llamado survival mode, es decir, un modo de supervivencia en el que solo permanece activa la electrónica mínima, mientras se interrumpe la transmisión de datos hacia la Tierra. En la práctica, esto significa que los operadores ya no disponen del flujo habitual de telemetría y que cada intento de recuperación debe partir de información muy limitada sobre el estado real del sistema.
Por qué el problema es grave, pero también por qué la misión aún no está perdida
La pérdida de contacto con uno de los dos satélites es especialmente delicada para Proba-3 porque se trata de una misión que funciona como un dúo coordinado con gran precisión. Coronagraph y Occulter no fueron concebidos como dos aparatos separados que realizan tareas de forma independiente, sino como un único instrumento espacial compuesto por dos naves que vuelan en una formación estrictamente coordinada en órbita. En el modo de funcionamiento más preciso, están separadas aproximadamente 150 metros y deben mantener su posición relativa con una precisión del orden del milímetro. Precisamente ese nivel de precisión permite que Occulter, con su disco, bloquee el resplandor del Sol, mientras Coronagraph observa desde la sombra la corona interna, normalmente difícil de ver.
A pesar de la pérdida de comunicación con Coronagraph, la ESA subraya que la otra nave, Occulter, sigue sana y operativa. En este momento, esa es la noticia positiva más importante para toda la misión. Occulter no representa solo la “otra mitad” del experimento, sino también una posible herramienta para salvar la situación. Una de las prioridades del equipo operativo es ahora evaluar si precisamente esa nave puede acercarse con seguridad a Coronagraph y observar de cerca su orientación en el espacio. Una maniobra así no serviría para un sensacional “acoplamiento de rescate”, sino para recopilar datos visuales y de navegación que podrían ayudar a los especialistas en la Tierra a comprender mejor en qué posición se encuentra la nave dañada y si existe una posibilidad realista de restablecer la comunicación.
Una misión que antes del problema encadenaba hitos mundiales
La gravedad del actual estancamiento resulta aún más evidente cuando se observa lo que Proba-3 logró antes de la anomalía. La ESA describe esta misión como su primera misión “eclipse-making”, es decir, el primer proyecto dedicado a crear un eclipse solar artificial en órbita. Los dos satélites fueron lanzados el 5 de diciembre de 2024 desde el centro espacial indio Satish Dhawan en un cohete PSLV-XL, y la fase inicial de la misión fue dirigida desde el centro europeo ESEC en Redu, Bélgica. Desde el principio, Proba-3 conllevaba riesgo tecnológico, pero también un gran potencial científico, porque debía demostrar que dos naves podían volar como un único instrumento virtual.
Y lo consiguió. Durante 2025, Proba-3 realizó el primer vuelo autónomo de formación de precisión de este tipo en órbita, y en junio de 2025 la ESA también publicó las primeras imágenes de un eclipse solar provocado artificialmente. Con ello se confirmó que los dos satélites pueden alinearse con el Sol de modo que el disco de Occulter, de 1,4 metros de diámetro, proyecte una sombra estrechamente definida sobre el instrumento óptico ASPIICS a bordo de Coronagraph. Esa sombra pasa sobre una abertura del instrumento de tan solo unos pocos centímetros de ancho, lo que dice mucho sobre lo exigente que es técnicamente toda la operación. El éxito también fue importante porque abrió el camino a observaciones de varias horas de la corona solar, y no solo a breves momentos “capturados” como los que permiten los eclipses totales naturales vistos desde la Tierra.
Lo que ve Proba-3 y que otros instrumentos captan con dificultad
El valor científico de la misión reside en que llena una de las lagunas observacionales más persistentes de la física solar. Los instrumentos terrestres y espaciales ven bien el disco solar y las partes exteriores de la corona, pero la región interna de la corona permaneció durante mucho tiempo menos accesible, salvo durante raros y breves eclipses naturales. Precisamente allí, según las explicaciones de la ESA, el viento solar se acelera antes de expandirse por el Sistema Solar, y de esa misma región se desarrollan también muchas eyecciones de masa coronal, fenómenos que pueden tener un efecto medible sobre el clima espacial, los sistemas de comunicación, la navegación y la infraestructura eléctrica en la Tierra.
ASPIICS, el principal coronógrafo de la nave Coronagraph, fue desarrollado para la ESA bajo el liderazgo del Centre Spatial de Liège de Bélgica. La tarea del instrumento no es solo producir una imagen atractiva del halo solar, sino permitir observaciones estables y detalladas muy cerca del borde solar, con una influencia mínima de la luz dispersa. Esa es precisamente la razón por la que Proba-3 debe tener dos satélites separados: cuando el disco ocultador y el telescopio están físicamente separados unos 150 metros, es posible lograr una calidad óptica que con las soluciones clásicas resulta mucho más difícil de conseguir. Ya a finales de 2025, la ESA anunció que la misión había producido más de 50 eclipses artificiales y unas 250 horas de observaciones distribuidas en 50 órbitas, proporcionando a los científicos una cantidad de datos que, según la evaluación del equipo del proyecto, puede compararse con miles de campañas terrestres de seguimiento de eclipses totales.
La anomalía afectó a la nave que lidera la formación
La situación actual adquiere aún más peso por el hecho de que Coronagraph tenía un papel principal en la arquitectura operativa de la misión. En los materiales técnicos de la ESA se indica que esa nave es la que lidera la formación, gestiona su captura y separación y lleva el principal instrumento científico orientado hacia el Sol. Si precisamente la nave líder es la que ha perdido una orientación estable, las consecuencias no son solo de comunicación, sino también dinámicas: la misión pierde un elemento de referencia clave para la alineación precisa, y cualquier posible aproximación de Occulter debe planificarse con cautela para no aumentar el riesgo de colisión o de una pérdida adicional de control.
Desde el principio, Proba-3 fue diseñada con la conciencia de que la seguridad es más compleja que en el caso de los pequeños satélites típicos. En su descripción de las operaciones, la ESA señala que la misión tiene uno de los modos seguros más críticos entre los proyectos de la familia Proba precisamente porque dos cuerpos vuelan relativamente cerca y deben evitar tanto una colisión mutua como amenazas externas, como la basura espacial. Por eso, en el caso actual, resulta especialmente indicativo que la anomalía, según el comunicado oficial, no permitiera entrar en safe mode. En otras palabras, se produjo una secuencia de fallos o estados incorrectos que eludió o inutilizó el escenario de protección diseñado precisamente para momentos de crisis.
Del 14 de febrero al 6 de marzo: qué puede concluirse por ahora a partir de los datos oficiales
La distancia temporal entre el propio acontecimiento y el anuncio público también es reveladora. La ESA indica que la anomalía ocurrió durante el fin de semana del 14 y 15 de febrero de 2026, mientras que la noticia de la pérdida de contacto se publicó el 6 de marzo de 2026. Esto sugiere que los equipos operativos no reaccionaron solo a una interrupción inmediata de la comunicación, sino que durante más de dos semanas intentaron comprender el estado de la nave, evaluar las opciones disponibles y definir qué podía comunicarse con seguridad al público en esa fase. Esa cautela en las operaciones espaciales no es inusual: un anuncio prematuro de conclusiones incompletas podría crear una imagen errónea de la naturaleza del problema y, más importante aún, podría desviar la atención del trabajo operativo de recuperación de la misión.
Según la información actualmente disponible, varios elementos están claros. Primero, el problema no afectó a toda la misión, sino concretamente a la nave Coronagraph. Segundo, Occulter permaneció funcional. Tercero, la comunicación con la nave afectada se perdió de forma gradual, tras la pérdida de orientación y el agotamiento de la batería, y no en un único acontecimiento brusco como una fragmentación conocida, una explosión o una colisión confirmada. Cuarto, los equipos siguen viendo razones suficientes para considerar una recuperación activa, incluido el posible uso de la otra nave para observar la situación en órbita. Esto no garantiza el éxito, pero muestra que la situación no ha sido declarada sin salida de antemano.
Por qué la orientación es crucial para la supervivencia de un satélite
En la opinión pública, la pérdida de orientación de una nave suele percibirse como un detalle técnico, pero en realidad se trata de uno de los problemas más críticos que puede experimentar un satélite. La orientación determina hacia dónde apuntan los paneles solares, las antenas, los sensores y los instrumentos. Si la nave ya no puede orientarse de forma fiable hacia el Sol, el balance energético se vuelve negativo: la batería se descarga y la potencia disponible cae por debajo del nivel necesario para operar los sistemas clave. Si al mismo tiempo la antena ya no puede mantener una posición favorable hacia la Tierra, la comunicación se debilita aún más o desaparece por completo. En el caso de Proba-3, esto es especialmente delicado porque la nave no lleva a cabo una simple misión de observación estabilizada, sino que forma parte de un sistema de dos satélites que debe mantener una geometría extremadamente precisa.
Las explicaciones previas de la ESA también muestran por qué el safe mode debía ser la última línea de defensa. Ese modo de funcionamiento está concebido para simplificar al máximo el comportamiento de la nave en circunstancias de emergencia: reducir la actividad de los sistemas no esenciales, estabilizar la orientación en la medida de lo posible y mantener la función básica de energía y comunicación hasta que los operadores en la Tierra asuman los siguientes pasos. En este caso, según la descripción oficial, esa protección no se logró. Esto dejó a la nave más expuesta a un colapso energético rápido, lo que explica por qué terminó en survival mode con electrónica mínima y sin transmisión de datos.
Consecuencias más amplias para la ciencia y para futuras misiones
Aunque la prioridad inmediata es salvar la propia nave, este acontecimiento también tiene un significado más amplio. Proba-3 no es solo una misión científica centrada en la corona solar, sino también un demostrador de tecnologías de vuelo en formación de precisión que en el futuro podrían ser importantes para el servicio de satélites en órbita, operaciones complejas de rendezvous e incluso proyectos de investigación avanzados en el espacio profundo. Por eso, cualquier fallo grave en una misión de este tipo es al mismo tiempo un problema operativo y una valiosa fuente de lecciones para el futuro diseño de la autonomía, la navegación, los sistemas de orientación y los procedimientos de crisis.
Esto es especialmente importante porque Proba-3 ha servido hasta ahora como prueba de que una coordinación extremadamente precisa entre dos naves no es solo una posibilidad teórica, sino una realidad operativa. La ESA ha subrayado en varias ocasiones que la misión ya había cumplido sus objetivos tecnológicos fundamentales. En otras palabras, incluso antes de esta anomalía, Proba-3 ya había pasado a la historia por su demostración de vuelo en formación con una precisión nunca vista hasta ahora. Pero precisamente por eso la crisis actual es también, en cierto modo, una prueba de “la otra cara” de la ambición tecnológica: no solo hasta qué punto un sistema puede ser preciso cuando todo funciona, sino también hasta qué punto puede ser resistente cuando algo sale mal.
Qué sigue en los próximos días
En este momento no existe confirmación oficial de que se haya restablecido el contacto con Coronagraph. La declaración pública más reciente de la ESA disponible hasta el 7 de marzo de 2026 dice únicamente que la investigación y los intentos de recuperación siguen en curso. Esto significa que cualquier especulación sobre el resultado final sería prematura. Los posibles escenarios van desde una recuperación parcial de la comunicación y una estabilización limitada, pasando por un intento prolongado de diagnóstico con una señal mínima, hasta la posibilidad de que Coronagraph nunca vuelva a su plena función operativa. En este momento, ninguno de esos resultados ha sido confirmado.
Para la comunidad científica y para el sector espacial europeo, las dos cuestiones más importantes serán estas. La primera es si será posible extraer de la nave afectada al menos datos básicos sobre la causa de la anomalía. La segunda es si la parte restante sana de la misión, Occulter, puede contribuir a la recuperación o al menos proporcionar información clave sobre el estado de su compañero en órbita. El hecho de que la ESA hable abiertamente de esa posibilidad muestra que el equipo operativo no ha abandonado un enfoque activo. Y mientras se espera un nuevo boletín oficial, Proba-3 sigue siendo un recordatorio de que incluso los mayores éxitos tecnológicos en el espacio son inseparables del riesgo, pero también de que el verdadero valor de este tipo de misiones suele medirse precisamente por la forma en que afrontan fallos imprevistos.
Fuentes:- Agencia Espacial Europea (ESA) – comunicado oficial sobre la pérdida de contacto con la nave Coronagraph y los intentos de recuperación (enlace)- Agencia Espacial Europea (ESA) – página oficial de la misión Proba-3 con las publicaciones más recientes y los datos básicos sobre la misión (enlace)- Agencia Espacial Europea (ESA) – publicación sobre el primer eclipse solar artificial en órbita y el funcionamiento del instrumento ASPIICS (enlace)- Agencia Espacial Europea (ESA) – resumen de los resultados científicos de la misión y datos sobre más de 50 eclipses artificiales y unas 250 horas de observación (enlace)- Agencia Espacial Europea (ESA) – descripción de las operaciones de la misión, del modo seguro y de los riesgos operativos del vuelo en formación de precisión (enlace)- Agencia Espacial Europea (ESA) – comunicado sobre el lanzamiento de Proba-3, su órbita y los objetivos de la misión (enlace)- Agencia Espacial Europea (ESA) – preguntas frecuentes sobre Proba-3, la duración prevista de la misión y el marco industrial (enlace)
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