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La ESA y empresas europeas están probando en órbita la comunicación láser y un procesamiento más rápido de datos desde el espacio

Descubre cómo las misiones lanzadas en el Transporter-16 de SpaceX están probando enlaces láser, transmisión de datos entre satélites y procesamiento de información en órbita. Ofrecemos un resumen de los proyectos de la ESA que podrían acelerar la entrega de datos clave para la agricultura, el medio ambiente, el transporte y la comunicación segura.

La ESA y empresas europeas están probando en órbita la comunicación láser y un procesamiento más rápido de datos desde el espacio
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Tráfico espacial bajo presión: por qué la transmisión de datos se ha convertido en una de las cuestiones clave de la nueva economía orbital

La Agencia Espacial Europea y sus socios industriales han enviado en los últimos días a la órbita un conjunto de misiones de demostración cuyo objetivo común es muy concreto: acelerar, asegurar y dirigir de forma más inteligente los datos que llegan del espacio a la Tierra o que viajan entre las propias naves espaciales. En el centro de la historia no hay solo otro lanzamiento más de varios satélites pequeños, sino un intento de responder a un problema que se hace cada vez más visible a medida que la órbita terrestre baja se llena de nuevas plataformas y la dependencia de la sociedad civil de los servicios satelitales sigue creciendo. La previsión meteorológica, el seguimiento de barcos y aeronaves, la vigilancia de bosques y cultivos, la gestión de crisis, las comunicaciones seguras y el funcionamiento de numerosos servicios digitales están cada vez más vinculados a la rapidez y fiabilidad con que los datos pueden atravesar la infraestructura espacial.

En ese contexto, la misión SpaceX Transporter-16 despegó el 30 de marzo desde la base Vandenberg Space Force Base en California, en un cohete Falcon 9, como parte del programa rideshare que transporta un gran número de cargas útiles en una sola misión. Precisamente ese vuelo fue seleccionado para una serie de demostraciones tecnológicas europeas respaldadas por la ESA. En la práctica, esto significa que se enviaron a la órbita ocho CubeSats y una carga útil adicional, distribuidos en siete misiones separadas, y todos ellos están probando de distintas maneras cómo los datos pueden viajar más rápido, con mayor seguridad y con menos pérdidas que hasta ahora.

La principal razón de estas inversiones reside en las limitaciones del espectro de radiofrecuencia. Las radiofrecuencias siguen siendo la base de la comunicación entre la Tierra y los satélites, pero este recurso es limitado, está congestionado y es regulatoriamente complejo. A medida que aumenta el número de satélites, también crece la cantidad de datos que deben recibirse, procesarse, filtrarse y reenviarse. Esto abre espacio a tecnologías que pueden aliviar los sistemas existentes, entre las que destacan especialmente los enlaces ópticos, es decir, la comunicación láser, así como el procesamiento de datos cada vez más avanzado directamente en órbita. En ambos casos, la idea es similar: no enviar absolutamente todo, sino enviar lo que importa, y hacerlo lo más rápido posible hacia el usuario que necesita la información en el momento adecuado.

Qué se está probando realmente en órbita

Para el público general, la expresión “transmisión optimizada de datos desde el espacio” puede sonar abstracta, pero la aplicación es muy tangible. Si un satélite capta una zona de incendio, un área inundada, el estado de los cultivos o un cambio en los recursos hídricos, el valor de esa información a menudo depende de la velocidad de entrega. El modelo clásico implica que el satélite debe esperar un paso favorable sobre una estación terrestre y solo entonces descargar los datos registrados. En el caso de grandes cantidades de datos, eso crea un cuello de botella. Si el mismo contenido puede redirigirse mediante otro satélite, enviarse por un enlace óptico de gran capacidad o procesarse parcialmente todavía en órbita, todo el sistema se vuelve más eficiente.

Precisamente por eso, parte de las misiones en Transporter-16 están probando enlaces láser entre satélites y la Tierra, así como entre los propios satélites. La comunicación láser promete mayores velocidades de transmisión, menor latencia y un nivel más alto de seguridad, pero exige una precisión excepcional: los satélites se desplazan a grandes velocidades, y el apuntamiento y mantenimiento del haz deben ser casi perfectos. Otra parte de las misiones está orientada a la transmisión de datos entre satélites que se encuentran en las mismas órbitas o en órbitas que se cruzan, mientras que una tercera examina el procesamiento de datos en la propia nave con el fin de reducir la necesidad de enviar al suelo información incompleta, errónea o redundante.

Un enfoque así es importante no solo para la eficiencia comercial, sino también para el interés público. En la vigilancia medioambiental, la alerta temprana, la planificación agrícola o la comunicación en situaciones de crisis, la diferencia entre un dato que llega en unos minutos y otro que se retrasa horas puede ser muy significativa. Por eso estas demostraciones se consideran un paso hacia una nueva generación de redes espaciales, en las que el satélite no es solo un transmisor pasivo, sino un nodo activo que sabe filtrar, dirigir y priorizar la entrega de contenido.

Programa griego de conectividad: un salto tecnológico nacional bajo el paraguas de la ESA

Un lugar especial en este paquete de demostraciones lo ocupan las misiones griegas desarrolladas dentro del Greek Connectivity Programme, que la ESA ejecuta en nombre del Ministerio griego de Gobernanza Digital. Este programa es interesante tanto política como industrialmente porque no sirve solo a experimentos individuales, sino también al objetivo más amplio de construir capacidades nacionales en el diseño, ensamblaje, prueba y operación de satélites. Tras las anteriores misiones griegas, el nuevo grupo de naves espaciales se centra principalmente en los enlaces ópticos y en el desarrollo de infraestructura que debería dar a Grecia una posición más fuerte en el ecosistema espacial europeo.

Una de las misiones clave es OptiSat, un CubeSat 6U operado por la empresa griega Planetek Hellas. Lleva a bordo el terminal de comunicación láser SCOT20 de la compañía alemana TESAT, destinado a demostrar enlaces ópticos seguros y rápidos desde la órbita terrestre baja. En un sentido más amplio, una demostración así sirve para comprobar si un terminal desarrollado para las altas exigencias de las comunicaciones seguras puede adaptarse con éxito a plataformas más compactas como los CubeSats. Si eso se confirma en condiciones operativas, se abrirá espacio para un uso comercial e institucional más amplio de satélites pequeños en tareas de comunicación más exigentes.

PeakSat sigue un camino distinto, pero complementario. Se trata de un CubeSat 3U desarrollado por la Universidad Aristóteles de Tesalónica, con un fuerte apoyo del trabajo estudiantil y de investigación. Lleva el terminal ATLAS-1 de Astrolight, y la misión está orientada a un enlace óptico entre el satélite y estaciones ópticas terrestres griegas mejoradas. El foco no está solo en la transmisión en sí, sino también en crear una imagen realista de cómo funciona esa comunicación en distintas condiciones atmosféricas y operativas. En otras palabras, no solo se prueba “si puede hacerse”, sino también “qué tan bien”, “qué tan establemente” y “bajo qué limitaciones”.

Igualmente importante es el proyecto ERMIS, detrás del cual se encuentra un consorcio liderado por la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas. Dentro de ese conjunto hay tres satélites. ERMIS-1 y ERMIS-2 están orientados a la conectividad 5G Internet of Things desde el espacio y a enlaces intersatelitales por radiofrecuencia, mientras que ERMIS-3 se centra en la comunicación óptica de gran capacidad hacia la Tierra. Según los datos disponibles, precisamente ERMIS-3 debe mostrar hasta qué punto el sistema es capaz de apuntar, captar y seguir con precisión la señal óptica, uno de los elementos más exigentes de toda la tecnología. Ese satélite también lleva una cámara hiperespectral y debería demostrar la transmisión rápida de ese tipo de imágenes, algo especialmente relevante para la agricultura de precisión y el análisis del estado de la vegetación.

En el mismo paquete de demostración, la ESA había anunciado antes también la misión Hellenic Space Dawn, que debería seguir con un lanzamiento separado en la continuación de la campaña. Según la información disponible, se trata de dos satélites 8U gestionados por el grupo EMTech Space, equipados con terminales ópticos destinados a verificar enlaces láser robustos y resistentes a interferencias. De este modo, el programa griego no se reduce solo a un experimento puntual, sino que construye una serie de demostraciones interconectadas dirigidas a distintos niveles de la futura arquitectura de comunicaciones espaciales.

Láseres en lugar de radio: la ventaja es grande, pero también lo son las exigencias técnicas

La comunicación láser en el espacio suele describirse como el equivalente óptico del cable de fibra óptica en la Tierra. En condiciones ideales puede ofrecer capacidades de transmisión muy grandes y una seguridad considerablemente mayor que la de los canales clásicos de radiofrecuencia. Pero lo que sobre el papel parece sencillo, en la práctica exige un control extremadamente preciso de la orientación, la estabilidad y el apuntamiento. Basta una desviación mínima para que el enlace se rompa, especialmente cuando hablamos de satélites pequeños con recursos energéticos, térmicos y mecánicos limitados.

Precisamente por eso estas demostraciones tienen más peso que un simple “showcase tecnológico”. Si las naves europeas más pequeñas demuestran que pueden mantener de forma fiable enlaces ópticos con el suelo o con otros satélites, eso podría cambiar la economía de muchas constelaciones futuras. La ESA ya está desarrollando, a través de otros programas, una infraestructura óptica más amplia y se apoya en la experiencia de proyectos como el European Data Relay System, que ha mostrado cuán importante puede ser la reducción de la latencia para los usuarios operativos. Lo que está ocurriendo ahora al nivel de CubeSats más pequeños es, en realidad, un intento de llevar una lógica similar a plataformas más flexibles, más baratas y desarrolladas con mayor rapidez.

En el caso griego, el valor añadido radica en que se están desarrollando en paralelo tanto los terminales ópticos como las estaciones terrestres, es decir, toda la cadena que debe funcionar como un conjunto. Sin una infraestructura terrestre fiable, incluso el mejor terminal satelital sigue siendo limitado. Por eso estas misiones no pueden considerarse solo como experimentos individuales en órbita, sino como parte de una inversión más amplia en capacidades nacionales y en la competitividad europea en el mercado de las comunicaciones seguras y la transmisión de datos de alta capacidad.

Programa Pioneer: de la demostración al mercado

El segundo gran grupo lo forman misiones surgidas dentro del marco Pioneer Partnership Projects de la ESA. La esencia de ese programa no es solo el apoyo técnico, sino también la creación de nuevos proveedores de servicios espaciales mediante las primeras demostraciones operativas en órbita. Con ello, la ESA intenta reducir el umbral de entrada para empresas que tienen la tecnología, pero les falta “flight heritage”, es decir, la confirmación de que el sistema realmente funciona en el entorno espacial real. En un sector donde inversores, compradores públicos y usuarios comerciales miran el riesgo con mucha cautela, este es un paso decisivo.

Spire Global continúa así, mediante Mission SaaS, el trabajo en enlaces ópticos intersatelitales. Ya en 2025, Spire anunció que había establecido con éxito un enlace óptico bidireccional entre dos satélites en órbita, destacando la posibilidad de intercambiar datos a distancias de hasta 5000 kilómetros. Esa demostración es importante porque muestra que una red de satélites pequeños no tiene por qué limitarse necesariamente a cortas “ventanas” de comunicación con estaciones terrestres. Si un satélite puede retransmitir datos a otro satélite que esté en una mejor posición para bajar el contenido hacia la Tierra, el sistema se vuelve más flexible y más valioso desde el punto de vista operativo.

Eso es precisamente importante para el modelo de negocio de Spire, que se basa en datos casi en tiempo real sobre meteorología, tráfico aéreo y marítimo, así como otras señales de interés para la logística, la seguridad y la gestión del riesgo. En un entorno así, mejorar la transmisión de datos no es solo una cuestión de ingeniería, sino también una ventaja de mercado. Una recepción y retransmisión más rápidas de los datos también significan un producto más útil para clientes que toman decisiones en horas y, a veces, incluso en minutos.

VIREON y la cuestión de qué debería enviarse realmente al suelo

Junto a las misiones de comunicación, una parte importante de Transporter-16 corresponde también a la observación de la Tierra. La británica AAC Clyde Space envió dos satélites 16U dentro de la misión VIREON, centrada en recopilar datos multiespectrales de detalle medio a alto para agricultura, silvicultura y gestión medioambiental. La empresa afirma que el objetivo de la constelación es ofrecer cobertura global, revisitas frecuentes y datos lo bastante detallados para seguir el estado de cultivos, masas forestales y recursos hídricos, pero también lo bastante accesibles para sectores que buscan valor operativo y no solo de investigación.

Precisamente en ese ejemplo se ve bien por qué el tema de la transmisión de datos se está volviendo central. La captación de imágenes es solo el primer paso. Si se quiere actualizar a diario la información para grandes superficies agrícolas o forestales, muy rápidamente se llega a grandes volúmenes de contenido que deben transmitirse, procesarse y convertirse en una herramienta de decisión. Por eso, en misiones de este tipo, es igual de importante tanto lo que el satélite “ve” como la forma de convertir eso que ve, lo más rápido posible, en información utilizable. VIREON es además importante porque la ESA y la agencia espacial británica, a través del programa Pioneer, intentan respaldar precisamente aquellos sistemas que más adelante deberían pasar de la fase de demostración a la fase comercial.

La empresa también afirma que los satélites están alineados con las necesidades de los usuarios que desean datos más frecuentes y operativamente utilizables para la gestión del suelo. Eso significa que el mercado ya no busca solo “una bonita imagen desde el espacio”, sino un flujo de información coherente, rápido y comparable que pueda integrarse en modelos de estimación de rendimiento, vigilancia de la salud forestal o seguimiento de cambios medioambientales. En ese contexto, el problema de la transmisión y el procesamiento de datos se vuelve tan importante como la propia óptica del satélite.

EDGX: procesamiento en órbita como forma de reducir la congestión de las comunicaciones

Quizá el elemento más interesante para el futuro de las redes espaciales no sea solo una transmisión más rápida, sino la decisión de realizar parte del trabajo antes incluso de enviarlo a la Tierra. La belga EDGX lleva en Transporter-16 una carga útil compacta de procesador digital con énfasis en el procesamiento GPU y la optimización mediante inteligencia artificial. La idea es sencilla: si el satélite puede procesar localmente parte de los datos, reconocer patrones relevantes o descartar contenido que no es útil, entonces se envía a la Tierra una cantidad de datos menor, más valiosa y operativamente más útil.

Esto es especialmente importante en las misiones de observación de la Tierra y en los sistemas de comunicación de nueva generación. EDGX destaca en sus materiales la capacidad de procesar un gran volumen de tareas en órbita, con una gestión adaptable del consumo energético. En el espacio, la energía es precisamente uno de los factores limitantes más persistentes. Por eso, probar un sistema así no es solo una demostración de potencia de cálculo, sino también una verificación de hasta qué punto el procesamiento avanzado es realmente sostenible en plataformas pequeñas que, al mismo tiempo, deben ocuparse del calor, la radiación, el consumo y la fiabilidad.

Si se demuestra que este tipo de procesadores puede filtrar o analizar datos de forma fiable antes del downlink, las consecuencias podrían ser amplias. Eso significaría menos carga sobre los canales de comunicación, una entrega más rápida de información clave y un uso más eficiente de los recursos satelitales. En la práctica, podrían enviarse, por ejemplo, solo los cambios en el terreno, solo los segmentos de imagen de interés o solo las alertas que superen un determinado umbral de riesgo. De esta manera, el sistema espacial se acerca cada vez más a la lógica del “edge computing” que ya conocemos en las redes digitales terrestres.

La competitividad europea y la cuestión de quién construirá la próxima generación de redes espaciales

Detrás de la dimensión técnica de estas misiones hay también una historia industrial más amplia. Europa lleva años intentando reducir la dependencia de tecnologías críticas ajenas en el ámbito de las comunicaciones seguras, las redes espaciales y la transmisión de datos de alto valor. Por ello, los programas de la ESA, desde las comunicaciones ópticas hasta las asociaciones con la industria, se orientan cada vez más abiertamente hacia la creación de cadenas completas de capacidades: desde terminales y procesadores, pasando por software operativo y estaciones terrestres, hasta servicios comerciales que puedan surgir de ello.

En ese sentido, Transporter-16 es un buen corte transversal de lo que Europa intenta lograr. Las misiones griegas muestran cómo un país, mediante la cooperación con la ESA y su comunidad académico-industrial nacional, construye su propia base de conocimiento e infraestructura. Las misiones Pioneer, por su parte, muestran cómo se intenta dar a las empresas jóvenes o en crecimiento la oportunidad de pasar de la demostración a un modelo de negocio sostenible. EDGX, mientras tanto, ilustra que la competitividad futura no dependerá solo de quién pueda lanzar un satélite, sino también de quién pueda tomar decisiones computacionales más inteligentes a bordo.

Es importante subrayar que estas misiones por sí solas aún no significan un cambio inmediato del mercado. Son prueba, verificación y recopilación de experiencia operativa. Pero precisamente este tipo de misiones a menudo decide quién tendrá dentro de unos años tecnología probada, referencias y la confianza de los clientes. En un sector en el que el fracaso técnico se paga caro, cada experimento realizado con éxito en órbita tiene más peso que una demostración de laboratorio.

A medida que vayan llegando los primeros resultados de estas naves espaciales, quedará más claro hasta qué punto los enlaces láser, la transmisión intersatelital y el procesamiento de datos en órbita están listos para una aplicación más amplia. Sin embargo, ya ahora es evidente que ya no basta con simplemente “poner un sensor en el espacio”. La ventaja competitiva clave se desplaza cada vez más hacia la cuestión de cómo viajan los datos, quién puede convertirlos más rápido en una decisión y cuán resiliente, seguro y económicamente sostenible es todo el sistema. Precisamente por eso estas siete misiones, aunque realizadas en plataformas pequeñas, abren el gran tema de la futura infraestructura espacial.

Fuentes:
- European Space Agency / ESA Connectivity and Secure Communications – panorama general del programa griego de conectividad, de los terminales ópticos y de las misiones OptiSat, PeakSat, ERMIS y Hellenic Space Dawn (enlace)
- SpaceX – información oficial sobre la misión Transporter-16, la fecha de lanzamiento y el lugar de despegue (enlace)
- ESA Connectivity and Secure Communications – explicación del marco Pioneer Partnership Projects y de su papel en las demostraciones comerciales en órbita (enlace)
- Spire Global – datos sobre el enlace óptico bidireccional entre satélites y el desarrollo de las comunicaciones ópticas intersatelitales (enlace)
- AAC Clyde Space – descripción de la constelación VIREON, los tipos de datos, las resoluciones y los usos para agricultura, silvicultura y gestión medioambiental (enlace)
- EDGX – descripción técnica de la plataforma de procesador para el procesamiento de datos en órbita y énfasis en la computación AI/GPU (enlace)
- ESA Connectivity and Secure Communications – contexto del European Data Relay System y de la importancia de reducir la latencia en la transmisión espacial de datos (enlace)

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