Ucrania afirma que avanza, las negociaciones vuelven a estar estancadas
En el campo de batalla ucraniano, el 11 de marzo de 2026 vuelven a dominar dos relatos paralelos que no se excluyen mutuamente, pero que ofrecen una imagen completamente distinta de la guerra: por un lado, Kyiv afirma que en las últimas semanas ha logrado hacer retroceder a las fuerzas rusas en parte del frente sudoriental, y por otro, Moscú sostiene que sigue ampliando su influencia en el Donbás y que la presión militar está dando resultados. Al mismo tiempo, otro intento de acercamiento diplomático, esta vez con la mediación de Estados Unidos, quedó atascado antes incluso de que tuviera una nueva ronda de conversaciones. La combinación de afirmaciones militares opuestas, la continuación de los ataques aéreos y con misiles, y el aplazamiento de las negociaciones confirma aún más que la guerra está entrando en otra fase en la que los cálculos militares y políticos se desarrollan al mismo tiempo, pero sin un denominador común visible.
Según la información publicada el 11 de marzo por fuentes ucranianas e internacionales, la parte ucraniana afirma que en operaciones de contraofensiva en la zona del sureste de la región de Dnipropetrovsk recuperó el control de más de 400 kilómetros cuadrados y rompió parte de las líneas defensivas rusas. Esas afirmaciones fueron expuestas por el general ucraniano Oleksandr Komarenko, mientras que algunos comandantes sobre el terreno hablaron de un avance de más de diez kilómetros. La confirmación independiente de todas esas afirmaciones sigue sin ser posible en tiempo real, algo que en esta guerra se ha convertido en la regla y no en la excepción. Aun así, los centros analíticos de Occidente advierten de que los contraataques ucranianos de los últimos días sí están produciendo efectos tácticos y operativos que pueden alterar los planes rusos para la campaña de primavera-verano de 2026.
Imágenes opuestas del mismo frente
Mientras Kyiv insiste en que las fuerzas rusas en determinados tramos del frente muestran problemas de abastecimiento y coordinación, la cúpula del Estado ruso envía públicamente un mensaje completamente distinto. Vladimir Putin afirmó que las fuerzas rusas siguen avanzando en el Donbás, un espacio que sigue siendo uno de los principales bastiones políticos y militares de toda la invasión. Según su afirmación, el control ucraniano sobre esa parte del este del país se ha reducido aún más durante los últimos meses. Tampoco esas afirmaciones pueden confirmarse de forma independiente sin un margen temporal, pero el mero hecho de que ambas partes subrayen sus propios éxitos el mismo día muestra hasta qué punto la dimensión informativa de la guerra se ha vuelto casi tan importante como la situación en la propia línea del frente.
No se trata solo de propaganda. En momentos en los que se debate sobre la continuidad de la ayuda militar occidental, sobre la sostenibilidad de las sanciones y sobre los posibles marcos de futuras negociaciones, cada mensaje sobre avances también tiene una función de política exterior. Ucrania quiere mostrar que todavía puede golpear a un adversario numéricamente superior y que la ayuda adicional de los aliados tiene sentido. Rusia, por su parte, intenta afianzar la tesis de que el tiempo juega a favor de Moscú y de que una mayor resistencia de Kyiv, sin un compromiso político, solo aumentaría las pérdidas humanas y materiales.
Los ataques no cesan ni mientras continúa la historia de las negociaciones
Los acontecimientos militares siguen teniendo consecuencias directas para los civiles. En el este de Ucrania, los ataques rusos alcanzaron Sloviansk, donde según las autoridades regionales murieron cuatro personas y varias más resultaron heridas, entre ellas menores de edad. Durante la noche, los drones rusos siguieron atacando varias ciudades ucranianas, y la fuerza aérea ucraniana anunció que derribó la gran mayoría de las aeronaves no tripuladas lanzadas en una de las oleadas de ataques más recientes. Esas cifras, que también deben contemplarse con la cautela habitual de la información de guerra, muestran sin embargo con claridad la continuidad de la presión rusa sobre la retaguardia y la infraestructura ucranianas.
Al mismo tiempo, la parte ucraniana llevó a cabo un ataque contra la región de Briansk en Rusia. Las autoridades regionales rusas publicaron datos sobre muertos y heridos, mientras que la cúpula ucraniana señaló que el objetivo era una fábrica vinculada a la producción de sistemas de guiado para misiles rusos. Con ello se volvió a confirmar el patrón que caracteriza gran parte de 2025 y el comienzo de 2026: la guerra no se libra solo en las trincheras y las ruinas urbanas del Donbás, sino también profundamente en la retaguardia, mediante ataques a almacenes, rutas de transporte, puntos energéticos y capacidades industriales que sostienen la producción de guerra.
Las conversaciones mediadas por Estados Unidos siguen en espera
Al mismo tiempo que desde el campo de batalla llegan mensajes sobre supuestas rupturas y conquistas, el canal diplomático que Estados Unidos había intentado mantener en los últimos meses vuelve a estar bloqueado. Según declaraciones de Volodímir Zelenski y reportes de agencias internacionales, la nueva ronda de conversaciones que debía celebrarse los días 11 y 12 de marzo en Turquía fue aplazada, posiblemente para la próxima semana. Como una de las razones se menciona la reorientación más amplia de la atención de la política exterior estadounidense hacia la guerra en Oriente Medio, que en los últimos días ha desplazado a Ucrania del centro de la agenda política global.
Para Kyiv, esto es un problema sensible por al menos dos razones. La primera es operativa: cada parón en el compromiso diplomático de los grandes aliados aumenta la incertidumbre sobre el ritmo de la ayuda militar, las entregas de defensa antiaérea y la coordinación política sobre las sanciones. La segunda es simbólica: Ucrania lleva tiempo advirtiendo de que Moscú cuenta con el cansancio de Occidente y con el desplazamiento del foco hacia otras crisis. En ese sentido, el aplazamiento de las conversaciones no es solo un detalle protocolario, sino también una señal de hasta qué punto la cuestión ucraniana, pese a sus enormes consecuencias para la seguridad europea, está expuesta a la competencia global de otras guerras y crisis geopolíticas.
De Abu Dabi a Ginebra, y ahora a un nuevo bloqueo
Las negociaciones que ahora están detenidas no surgieron de repente. Durante 2026 ya se celebraron dos rondas de conversaciones en Abu Dabi, y a mediados de febrero también se confirmó una tercera ronda en Ginebra, con mediación estadounidense y participación de representantes ucranianos y rusos. Esas reuniones no produjeron ningún acuerdo integral de alto el fuego, pero sí mostraron que existe un canal de comunicación. Tras una de las rondas anteriores también se llevó a cabo un intercambio de prisioneros más amplio, el primero de ese tipo en varios meses, lo que constituyó un raro resultado tangible de un proceso por lo demás marcado por la desconfianza y las exigencias maximalistas.
Precisamente por eso, el aplazamiento actual refuerza aún más la impresión de que las conversaciones avanzan al ritmo de impactos externos, y no de acuerdo con el progreso de la propia cuestión ucraniana. Ni Kyiv ni Moscú muestran por ahora disposición a una concesión fundamental sobre el territorio, las garantías de seguridad y el estatus a largo plazo de las zonas ocupadas. Para Ucrania es clave que unas eventuales negociaciones no se conviertan en presión para aceptar la pérdida de territorio sin mecanismos de seguridad sólidos. Para Rusia, en cambio, es importante conservar la iniciativa militar el tiempo suficiente como para negociar desde una posición de fuerza. En ese marco, incluso el menor atasco se convierte fácilmente en una nueva prueba de que la diplomacia es solo un instrumento acompañante de la guerra, y no su correctivo serio.
Por qué Kyiv insiste en mantener la presión sobre Moscú
En los últimos días, Zelenski ha subrayado especialmente que una posible flexibilización de las sanciones contra Rusia, especialmente en el sector petrolero, sería un golpe serio para los intereses ucranianos. Ese mensaje llega en un momento en el que los mercados energéticos vuelven a reaccionar a las perturbaciones bélicas en Oriente Medio, y cualquier debate sobre los precios de la energía abre automáticamente también la cuestión de los ingresos de exportación rusos. La lógica ucraniana aquí es sencilla: unos mayores ingresos procedentes de la energía significan también más dinero para continuar la guerra, para la industria militar y para mantener el presupuesto bajo la carga de la guerra. Por eso, desde Kyiv se advierte de que una estabilización a corto plazo del mercado, si incluyera concesiones hacia Moscú, podría prolongar la guerra a largo plazo.
Esa postura no carece de un respaldo europeo más amplio. A finales de diciembre de 2025, la Unión Europea prorrogó sus sanciones económicas contra Rusia hasta el 31 de julio de 2026, con el argumento de que Moscú sigue desestabilizando la situación en Ucrania. Al mismo tiempo, el Consejo de la Unión Europea apoyó a principios de febrero de 2026 el marco jurídico para un nuevo paquete de ayuda financiera a Ucrania por valor de 90.000 millones de euros para 2026 y 2027. Estas medidas muestran que las instituciones europeas, pese al cansancio y a las diferencias políticas entre los Estados miembros, siguen contando con un modelo de apoyo a largo plazo en el que la política militar, financiera y de sanciones se consideran tres pilares mutuamente conectados.
Una guerra que define la seguridad europea
Por eso, esta historia, incluso después de cuatro años, no es solo una noticia regional sobre otro frente más en el este de Europa. La OTAN también en el cuarto aniversario de la invasión rusa a gran escala, el 24 de febrero de 2026, reiteró que los aliados siguen al lado de Ucrania y subrayó que los países miembros proporcionan la inmensa mayoría de la ayuda militar. En la sede de la Alianza, en los últimos meses también se ha destacado especialmente el papel de la estructura de mando en Wiesbaden, a través de la cual se coordinan la asistencia de seguridad y el entrenamiento para las fuerzas ucranianas. De ese modo, la guerra en Ucrania sigue siendo una prueba clave no solo para la resiliencia defensiva del propio país, sino también para la credibilidad de las promesas de seguridad occidentales.
En sentido político europeo, la guerra ha superado el marco de la cuestión clásica de ayudar a un Estado atacado. Se ha convertido en una medida de la capacidad de Europa para gestionar una crisis prolongada con presiones simultáneas sobre su propia defensa, energía, industria y presupuestos. Por ello, cada avance ucraniano, incluso limitado, tiene peso político en las capitales europeas porque puede reforzar el argumento de que la ayuda da resultados. Del mismo modo, cada avance ruso o estancamiento de las negociaciones se utiliza como advertencia de que una relajación podría producir un coste de seguridad incluso fuera de la propia Ucrania.
Qué se puede concluir realmente de los mensajes de hoy
Lo más importante es evitar dos extremos. El primero es aceptar las afirmaciones de guerra de cualquiera de las partes como un hecho consumado. El segundo es subestimar la importancia incluso de avances limitados porque aún no se vislumbra un gran giro estratégico. La información disponible en este momento apunta a que Ucrania realmente ha aumentado la presión y ha logrado ciertos resultados en algunos sectores del frente, mientras que Rusia mantiene la capacidad de una acción ofensiva constante, especialmente en el este y mediante ataques aéreos contra ciudades ucranianas. En otras palabras, no hay señales de un desenlace cercano, pero sí hay suficientes indicios de que ninguna de las dos partes ha renunciado todavía a intentar mejorar su posición negociadora mediante la dinámica militar.
Eso es precisamente lo que explica por qué las conversaciones se mantienen constantemente suspendidas entre la continuación formal y el bloqueo real. Mientras el campo de batalla produzca argumentos para ambas partes, y el contexto internacional desvíe la atención de las grandes potencias, las negociaciones probablemente seguirán siendo frágiles, esporádicas y propensas a aplazamientos. Para Ucrania es por tanto decisivo mantener la impresión de que puede tanto defender las posiciones existentes como llevar a cabo contraataques limitados. Para Rusia es clave conservar la imagen de un avance ininterrumpido y del desgaste del adversario. Para Europa y Estados Unidos, la cuestión ya no es solo cómo detener la guerra, sino cómo evitar que una guerra prolongada sin un desenlace claro cambie gradualmente toda la arquitectura de seguridad del continente.
En ese sentido, la evolución de hoy en el campo de batalla ucraniano y en torno a la mesa de negociaciones no es solo otro episodio en la larga serie de informes de guerra. Muestra que el destino de la guerra sigue configurándose en dos niveles interrelacionados: sobre el terreno, donde se mide cuánto puede resistir y mover la línea del frente cada ejército, y en el espacio diplomático, donde se ve hasta qué punto el apoyo internacional puede seguir concentrado en Ucrania en un momento en el que el mundo arde al mismo tiempo también en otros frentes.
Fuentes:- Associated Press – informe sobre las afirmaciones contrapuestas de Kyiv y Moscú, los ataques contra Sloviansk y Briansk y el aplazamiento de las conversaciones mediadas por Estados Unidos (enlace)
- CBS News – repaso de la tercera ronda de conversaciones mediadas por Estados Unidos en Ginebra en febrero de 2026 y de los limitados avances diplomáticos, incluido un intercambio de prisioneros (enlace)
- OTAN – repaso del apoyo actual a Ucrania y del papel de los aliados en la ayuda militar (enlace)
- OTAN – conmemoración del cuarto aniversario de la invasión a gran escala y resumen de la ayuda actual de la Alianza a Ucrania del 24 de febrero de 2026 (enlace)
- Consejo de la Unión Europea – cronología y datos sobre la prórroga de las sanciones económicas contra Rusia hasta el 31 de julio de 2026 (enlace)
- Consejo de la Unión Europea – marco jurídico para el paquete de apoyo financiero a Ucrania de 90.000 millones de euros para 2026 y 2027 (enlace)
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