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La Antártida sin hielo cambia la vida en el océano: un nuevo estudio de la ESA revela consecuencias para el kril, las salpas y el clima

Descubre cómo la brusca caída del hielo marino alrededor de la Antártida está cambiando toda la cadena alimentaria del océano Austral. Ofrecemos un repaso de los resultados de un estudio de la ESA que muestra por qué el aumento del fitoplancton no es necesariamente una buena noticia, cómo cambian las condiciones para el kril y las salpas y por qué todo esto tiene consecuencias climáticas más amplias.

La Antártida sin hielo cambia la vida en el océano: un nuevo estudio de la ESA revela consecuencias para el kril, las salpas y el clima
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

La Antártida entra en una nueva era sin hielo: la desaparición del hielo marino cambia la vida en el océano Austral

En los últimos años, la Antártida ha estado cambiando más rápido de lo que los científicos esperaban, y uno de los cambios más visibles está ocurriendo allí donde durante mucho tiempo reinó la regularidad estacional: en la extensión del hielo marino que se expande y se retrae alrededor del continente. Mientras que el derretimiento del hielo en el Ártico ha sido durante décadas uno de los símbolos más reconocibles del cambio climático, ahora queda cada vez más claro que la Antártida también está atravesando un giro profundo. Una nueva investigación europea, financiada a través de programas de la Agencia Espacial Europea, muestra que la brusca caída del hielo marino antártico no es solo un cambio físico en el entorno polar, sino un proceso que está remodelando todo el ecosistema marino, empezando desde la propia base de la cadena alimentaria.

Se trata de un cambio que no se ve solo en los mapas del hielo o en las imágenes satelitales. Sus consecuencias se extienden por todo el océano Austral: desde las algas microscópicas que convierten la energía solar en materia orgánica, pasando por el kril y las salpas, hasta llegar a los peces, las focas, los pingüinos y las ballenas. Detrás de este cambio se encuentra una transición hacia lo que parte de la comunidad científica llama cada vez más abiertamente una nueva era con menos hielo. Esta evolución genera preocupación no solo por la biodiversidad local, sino también por el papel de la Antártida en el sistema climático global, especialmente en el almacenamiento de carbono y en la regulación del calor del planeta.

Un punto de inflexión que sorprendió tanto a los modelos como a los investigadores

Durante años se consideró que el hielo marino antártico era más complejo y menos predecible que el ártico. A diferencia del Ártico, donde la tendencia de disminución a largo plazo era clara y estaba sólidamente documentada, la Antártida mostró durante mucho tiempo una variabilidad considerablemente mayor. Pero alrededor de 2016 y 2017 se produjo una caída repentina, casi escalonada, de la superficie del hielo marino. Una zona del océano comparable en tamaño a Groenlandia perdió su hielo estacional en apenas unos años, después de un periodo que había sido relativamente estable.

En las primeras reacciones, algunos investigadores pensaron que se trataba de una anomalía pasajera. Sin embargo, observaciones posteriores y una serie de nuevos análisis mostraron que la situación no volvió a los niveles anteriores. Trabajos previos ya habían advertido que la caída de 2016 fue la más pronunciada de la era satelital, y datos más recientes confirman además que el hielo marino alrededor de la Antártida sigue en niveles muy bajos. Según el National Snow and Ice Data Center de Estados Unidos, el mínimo anual antártico de marzo de 2025 fue de 1,98 millones de kilómetros cuadrados, lo que lo sitúa entre los valores más bajos registrados desde el inicio de las mediciones satelitales en 1979. Esto significa que los valores extremadamente bajos no aparecen como un incidente aislado, sino como parte de una secuencia preocupante.

Para climatólogos y biólogos, el problema era doble. Por un lado, muchos modelos informáticos no captaron bien un cambio tan brusco, porque son más propensos a las tendencias graduales que a los puntos de inflexión. Por otro lado, la investigación de campo en la Antártida es exigente desde el punto de vista logístico, está limitada por las estaciones y es costosa, por lo que los científicos se quedaron sin suficientes observaciones directas justo en el momento en que el entorno comenzó a cambiar rápidamente. Precisamente por eso, la nueva investigación recurrió a un enfoque que en estas condiciones es casi insustituible: la observación a largo plazo desde el espacio.

Qué revelaron los satélites sobre los cambios en el mar

El equipo dirigido por el Plymouth Marine Laboratory en el Reino Unido analizó datos del proyecto Ocean Colour de la ESA Climate Change Initiative, que reúne mediciones del color del océano procedentes de múltiples misiones satelitales. Estos datos no muestran solo una diferencia estética en los tonos de la superficie del mar. Permiten evaluar las condiciones biológicas del agua, porque la forma en que el océano refleja la luz solar en determinadas longitudes de onda revela cuánto fitoplancton hay en el agua y qué grupos predominan.

A partir de estas señales ópticas, los investigadores dividieron el océano Austral en los llamados “paisajes marinos”, o seascapes. Así como en tierra se distinguen paisajes forestales, montañosos o pantanosos, el mar también puede clasificarse según características biológicas y ópticas dominantes. En este caso, eso significó que fue posible seguir no solo la cantidad de fitoplancton, sino también los cambios en la estructura de las comunidades que forman la base de la red alimentaria antártica.

Los resultados no apuntaban a una historia simple de “más alimento, así que todo está mejor”. Al contrario, se vio que grandes y alejadas partes del océano Austral pasaron de un estado de productividad muy baja a zonas moderadamente más productivas. En promedio, casi el 70 por ciento del área estudiada registra hoy durante el verano concentraciones de fitoplancton más altas que antes del inicio de la brusca caída del hielo hace aproximadamente diez años. Pero ese aumento no es igual de beneficioso para todos los organismos.

Por qué el fitoplancton es más importante de lo que parece a primera vista

El fitoplancton son algas microscópicas y otros pequeños organismos fotosintéticos que flotan libremente en el agua. Aunque son invisibles a simple vista, sostienen una enorme parte de la vida en el océano. En el sistema antártico, las diatomeas, algas más grandes y ricas en sílice, son especialmente importantes porque transfieren la energía con gran eficiencia a niveles superiores de la cadena alimentaria. Cuando las condiciones son favorables, son precisamente las diatomeas las que alimentan a organismos como el kril antártico y, a través de él, a animales de mayor tamaño.

En esta historia, el hielo marino no es solo una superficie congelada. Crea refugio, un vivero y condiciones microhábitat específicas. Sobre el hielo y bajo él se desarrollan densas comunidades de algas, y el hielo también influye en la estabilidad de la capa superior del mar, en la cantidad de luz y en la disponibilidad de nutrientes. Cuando hay menos de este hielo, no desaparece solo una barrera física entre el aire y el mar, sino que cambia también todo el régimen de producción de alimento en el agua.

En una presentación separada de este año sobre los cambios en el plancton antártico, la ESA advirtió que después de 2016 se registró una disminución de diatomeas en la plataforma continental, mientras que grupos más pequeños de fitoplancton se fortalecieron bruscamente. Esto es importante porque un cambio en la “calidad” del alimento puede ser tan decisivo como un cambio en su cantidad. En la práctica, esto significa que más fitoplancton no tiene por qué significar automáticamente mejores condiciones para los organismos que dependen precisamente de determinados grupos de algas.

El kril, especie clave del mundo antártico

En el centro de esta historia está el kril antártico, un pequeño crustáceo parecido a un camarón, pero con un enorme peso ecológico. El British Antarctic Survey señala que se trata de una especie cuya abundancia se mide en cientos de billones de individuos, y a menudo se menciona una cifra aproximada de 780 billones de adultos, sin contar huevos ni larvas. El kril se distribuye por todo el océano Austral y está presente a distintas profundidades, y su papel en la alimentación de otras especies es difícil de exagerar.

Pingüinos, ballenas, focas, numerosos peces y otros organismos dependen en gran medida del kril como fuente de energía. Además, al pastar sobre el fitoplancton, el kril participa en el ciclo del carbono, del nitrógeno y de otros elementos importantes. Cuando se alimenta en las capas superficiales y luego excreta o muere y se hunde, ayuda a transferir carbono hacia el océano profundo. Por eso el kril es importante no solo como alimento para especies superiores, sino también como parte del mecanismo mediante el cual el océano mitiga el cambio climático al retirar parte del carbono del ciclo atmosférico.

Precisamente por eso, cualquier cambio más prolongado en el hábitat adecuado para el kril va más allá de la biología de una sola especie. Puede significar una distribución distinta del alimento para los animales situados en la cima de la red alimentaria, una dinámica estacional de reproducción diferente y una eficacia distinta del océano en el almacenamiento de carbono a largo plazo.

Las salpas como ganadoras inesperadas del cambio

Junto al kril, los investigadores analizaron especialmente también las salpas: filtradores transparentes y gelatinosos que se alimentan de plancton. Aunque a primera vista puedan parecer menos importantes que el kril, las salpas son conocidas desde hace tiempo como organismos que a menudo prosperan en condiciones que no son ideales para el kril. Pueden vivir de forma individual o formar largas cadenas de individuos, y en circunstancias favorables su número puede explotar repentinamente.

La nueva investigación vinculó los paisajes marinos definidos por satélite con la base de datos KRILLBASE, una de las colecciones históricas más importantes de datos sobre kril y salpas en el océano Austral. Esta base incluye décadas de muestras de campo y permite comparar las condiciones actuales con una imagen de varias décadas de la distribución de estos dos grupos. El análisis sugiere que la nueva era con menos hielo se ha vuelto más favorable precisamente para las salpas. Estaban fuertemente asociadas con los tipos de paisajes marinos que se expandieron tras la caída del hielo marino, especialmente en partes del sector indo-pacífico del océano Austral.

A primera vista, alguien podría concluir que da igual si dominan más el kril o las salpas, siempre que exista abundancia de organismos planctónicos. Pero la diferencia es grande. Las salpas tienen un valor nutritivo diferente, encajan de manera distinta en las cadenas alimentarias y participan de otra forma en el ciclo del carbono. Los científicos señalan que contienen menos carbono que el kril y que contribuyen de forma menos eficiente a la transferencia de carbono al océano profundo. En otras palabras, un cambio que en la superficie parece el reemplazo de un grupo por otro puede tener consecuencias para todo el ecosistema, pero también para la función climática del océano Austral.

Más alimento no significa necesariamente un ecosistema más sano

Una de las conclusiones más complejas de la investigación es que el aumento de la concentración estival de fitoplancton no debe interpretarse automáticamente como una buena noticia. En muchos ecosistemas, una mayor producción primaria se consideraría una señal positiva. Pero el sistema antártico depende de relaciones muy específicas entre el hielo, la luz, la mezcla del agua, la composición del plancton y la disponibilidad estacional de alimento. Cuando esas relaciones se alteran, el aumento de un componente puede ocultar la pérdida de otro, quizá más importante.

Por eso los científicos subrayan la diferencia entre cantidad y calidad del alimento. Si las condiciones favorecen más a los grupos más pequeños de fitoplancton y menos a las diatomeas especialmente importantes para el kril, entonces quienes más se beneficiarán de “más alimento” serán los organismos que se adaptan con mayor facilidad a ese cambio. En este caso, se trata de las salpas. Esto aumenta la posibilidad de una reorganización a largo plazo del dominio dentro del ecosistema pelágico, con consecuencias que apenas empiezan a entenderse.

Este cambio es especialmente importante también por su dimensión económica. El kril es objeto de captura comercial, mientras que las salpas no lo son. Si el entorno se vuelve menos adecuado para el kril, esto no afectará solo a las especies silvestres que se alimentan de él, sino también a los debates sobre la gestión pesquera, la protección de hábitats y la política internacional de conservación del océano Austral.

La Antártida como señal de inestabilidad climática global

Los cambios en el hielo marino alrededor de la Antártida no ocurren de forma aislada. Trabajos científicos anteriores apuntaban a una combinación de causas: calentamiento oceánico a largo plazo, entrada de aire más cálido hacia el sur, cambios en los vientos y vínculos con patrones climáticos en los trópicos. Esto significa que el hielo antártico responde a una red compleja de procesos en la atmósfera y el océano, y no solo a un único factor. Precisamente por eso su comportamiento fue durante mucho tiempo difícil de pronosticar.

Pero lo que ahora es especialmente importante es el hecho de que las consecuencias biológicas ya no pueden considerarse hipotéticas. Los datos satelitales, combinados con bases de campo y nuevos métodos de análisis, muestran que la reorganización del sistema ya está en marcha. La Antártida no está cambiando solo como paisaje helado, sino como un océano vivo en el que distintas especies ganan ventaja y los equilibrios previos se debilitan.

Para el público en general, esto también es importante porque el océano Austral desempeña un papel excepcional en la regulación del clima de la Tierra. Absorbe calor y carbono e influye en las corrientes oceánicas globales. Si en este espacio cambian a largo plazo las relaciones entre fitoplancton, kril y salpas, las consecuencias no quedarán limitadas a una lejana franja polar. Pueden afectar a la velocidad y a la forma en que el océano fija el carbono y, con ello, a la resiliencia global del sistema climático.

El espacio como herramienta clave para seguir los cambios

En este contexto, destaca especialmente el valor de la observación satelital. La Antártida es inmensa, de difícil acceso y extrema, por lo que no existe una posibilidad realista de seguir todos los cambios clave solo con barcos y expediciones estacionales. Los satélites permiten una visión continua, amplia y a largo plazo del océano, lo que es crucial cuando se producen cambios bruscos o cuando se buscan patrones que se extienden por todo el continente.

Ese es precisamente uno de los mensajes principales del nuevo trabajo: sin mediciones espaciales habría sido mucho más difícil detectar cómo la reducción del hielo está cambiando los hábitats de alimentación de dos grupos clave de plancton. Estos datos no sirven solo para la comprensión académica del problema. También se vuelven importantes para futuras estrategias de conservación, para la gestión de recursos marinos y para el diseño de políticas climáticas que deben tener en cuenta que los puntos de inflexión en el entorno polar pueden ocurrir más rápido de lo que predicen los modelos.

A medida que la Antártida se mueve cada vez con más claridad hacia un periodo más duradero con menos hielo, queda claro que se trata de un cambio que afecta a todo el sistema: desde las algas microscópicas hasta los mayores mamíferos marinos, desde las relaciones alimentarias locales hasta el ciclo global del carbono. En este nuevo paisaje antártico, la pregunta ya no es si el cambio está ocurriendo, sino hasta qué punto remodelará uno de los ecosistemas marinos más importantes de la Tierra.

Fuentes:
  • European Space Agency (ESA) – presentación de la investigación sobre los cambios en el plancton antártico y su relación con la pérdida de hielo marino (link)
  • Plymouth Marine Laboratory – resumen del estudio sobre los cambios en los “paisajes marinos”, el fitoplancton, el kril y las salpas en el océano Austral (link)
  • Marine Ecology Progress Series / PlyMSEA – trabajo científico original “Implications of the recent loss of Antarctic sea ice for phytoplankton and summer feeding habitats of salps and krill” (link)
  • National Snow and Ice Data Center (NSIDC) – datos oficiales sobre el muy bajo mínimo anual del hielo marino antártico en 2025 (link)
  • Nature Geoscience – artículo de revisión sobre la brusca caída del hielo marino antártico después de 2016 y sus posibles causas (link)
  • British Antarctic Survey – descripción de la base KRILLBASE y datos sobre la importancia ecológica del kril antártico y las salpas (link)

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