Proba-3 revela por primera vez qué ocurre en la parte más oculta de la corona solar: el viento solar “lento” resulta ser mucho más rápido de lo que se pensaba
La Agencia Espacial Europea ha publicado los primeros resultados científicos de la misión Proba-3, y los hallazgos iniciales han abierto de inmediato una de las cuestiones más importantes de la heliofísica moderna: cómo se acelera exactamente el viento solar en la región donde se origina el clima espacial, que después también puede afectar a la Tierra. Según los datos que la ESA presentó el 13 de abril de 2026, la pareja de satélites Proba-3 ya ha creado 57 eclipses solares artificiales desde julio de 2025 y ha recopilado más de 250 horas de imágenes de alta resolución de la corona solar. En los primeros análisis se vio que determinadas estructuras del llamado viento solar lento en la corona interna se mueven entre tres y cuatro veces más rápido de lo que los científicos habían esperado anteriormente. Se trata de un resultado especialmente importante porque precisamente en esa franja, muy cerca de la superficie del Sol, se produce la transición entre la dinámica local del campo magnético y los procesos que configuran el entorno espacial más amplio en todo el Sistema Solar.
Los resultados publicados no significan que los modelos anteriores sean necesariamente erróneos por completo, pero sí muestran que la corona interna es considerablemente más compleja, más dinámica y más irregular de lo que se podía seguir con fiabilidad mediante los instrumentos anteriores. Ese es también el principal valor de Proba-3: la misión no aporta simplemente otra serie de hermosas fotografías del Sol, sino que por primera vez permite una observación prolongada y muy precisa de una zona que durante años fue una especie de punto ciego de la observación. Mientras que el disco solar puede observarse de forma constante, y la corona externa ya ha sido seguida durante décadas por diversos coronógrafos espaciales, la parte interna de la corona seguía siendo mucho más difícil de alcanzar. Sin embargo, es precisamente allí donde es posible seguir la aceleración inicial de las partículas, la formación de chorros de plasma y las primeras fases de procesos que pueden terminar en perturbaciones geomagnéticas, interrupciones de las comunicaciones y efectos sobre satélites y sistemas eléctricos.
Por qué la corona interna es tan importante
La corona solar es la capa externa, muy enrarecida, pero extremadamente caliente, de la atmósfera del Sol. Aunque la superficie visible del Sol es más fría que la corona, esta alcanza temperaturas de más de un millón de grados Celsius, algo que desde hace décadas constituye una de las grandes preguntas abiertas de la física solar. Además, es precisamente en la corona donde se forma el viento solar, un flujo constante de partículas cargadas que se extiende por todo el Sistema Solar. Ese viento no es uniforme ni estable: los científicos distinguen entre viento solar rápido y lento, y el más lento es especialmente difícil de comprender porque es variable, irregular y está vinculado a estructuras más pequeñas del campo magnético.
El problema era que ese espacio de transición clave no podía observarse con la suficiente frecuencia ni durante el tiempo suficiente durante mucho tiempo. Los eclipses solares totales naturales vistos desde la Tierra ofrecen una visión extraordinaria de la corona, pero ocurren rara vez y en total duran apenas unos minutos. Por eso, la ESA describe Proba-3 como la primera misión que puede crear “a demanda” un eclipse total artificial en órbita. Dos satélites, Occulter y Coronagraph, vuelan en una formación extraordinariamente precisa. Un satélite bloquea el resplandor solar como una Luna artificial, mientras que el otro observa simultáneamente la corona sin la luz cegadora del disco solar. Según los datos de la ESA, durante esas observaciones las naves operan a una distancia mutua de aproximadamente 144 a 150 metros, y la precisión de alineación se mide en milímetros. Con ello se ha logrado una tecnología que durante mucho tiempo se consideró uno de los objetivos más exigentes de la industria espacial europea.
Precisamente esa configuración permitió al instrumento ASPIICS observar la corona solar mucho más cerca de la superficie que los coronógrafos espaciales clásicos. La ESA afirma que ASPIICS puede “ver” una región de hasta unos 70.000 kilómetros desde la superficie del Sol, es decir, aproximadamente una décima parte de un radio solar por encima del borde. En el resumen del primer trabajo científico también se indica que el instrumento observa procesos dinámicos entre 1,3 y 3 radios solares, con una resolución temporal de 30 segundos y una resolución espacial de 5,6 segundos de arco. No se trata solo de un detalle técnico. En la práctica significa que, por primera vez, los científicos pueden construir series temporales lo bastante densas como para ver cómo pequeños cúmulos de plasma se aceleran, se frenan, se alejan del Sol o incluso regresan hacia él.
Qué mostraron los primeros resultados
Los primeros resultados publicados se refieren especialmente al llamado viento solar lento. Las expectativas anteriores eran que cerca de la superficie del Sol ese viento debería tener velocidades de unos 100 kilómetros por segundo. Pero el equipo encabezado por Andrei Zhukov, responsable del instrumento ASPIICS en el Real Observatorio de Bélgica y autor principal del trabajo, registró estructuras de plasma que se movían en la corona interna a velocidades de entre 250 y 500 kilómetros por segundo. En otras palabras, lo que se consideraba “lento” en esa región inicial resultó ser, al menos en algunos casos, mucho más energético y rápido de lo esperado.
Es importante subrayar que no se habla de un único acontecimiento aislado, sino de un número mayor de pequeños derrames y flujos de plasma repartidos por el campo de visión del instrumento. Según la ESA y el resumen del trabajo, ASPIICS no registra solo grandes y llamativas estructuras como las eyecciones de masa coronal, sino también débiles, extendidos y persistentes pequeños flujos de salida y de entrada de plasma. Son precisamente esas pequeñas señales las que dejan entrever por qué el viento solar lento es tan difícil de modelizar. No se trata de un flujo suave y ordenado, sino de un mosaico de numerosos procesos locales, cambios diminutos en la reconexión magnética y corrientes inestables que en conjunto construyen la imagen más amplia.
Desde hace tiempo, los científicos suponen que el viento solar lento se forma allí donde las líneas del campo magnético se reconectan, se separan y vuelven a reconectarse. Esos procesos pueden expulsar “burbujas” o acumulaciones de plasma hacia estructuras llamadas streamers, rayos brillantes y alargados de la corona. Lo que ahora muestra Proba-3 es que la dinámica dentro de esas regiones es más intensa y más diversa de lo que se podía deducir de las observaciones anteriores. En algunos casos, el plasma se acelera al alejarse del Sol; en otros, se frena, y también se registraron flujos dirigidos hacia el Sol. Esa combinación de distintas direcciones y aceleraciones sugiere que la corona interna no es solo un lugar donde el material “sale hacia fuera”, sino una región de intercambio muy complejo de energía y movimiento.
De un eclipse natural de unos pocos minutos a un eclipse artificial de varias horas
La comparación con las observaciones durante eclipses naturales es quizá la mejor forma de entender hasta qué punto Proba-3 representa un gran salto tecnológico y científico. Los eclipses solares totales en la Tierra ocurren de media aproximadamente cada 18 meses, y la totalidad en una ubicación concreta dura solo unos minutos. Eso significa que incluso las campañas de observación más exitosas se reducen a intentos breves, logísticamente exigentes y meteorológicamente arriesgados. Una sola nube en el momento equivocado basta para que meses de preparación no den un resultado completo.
Proba-3 esquiva ese problema de una manera elegante. La ESA indica que la misión puede mantener un eclipse artificial durante aproximadamente cinco horas y media, y en descripciones anteriores de la misión se destacaba que las observaciones individuales pueden durar hasta seis horas. Eso proporciona a los científicos un tipo de datos completamente distinto: no solo una imagen “congelada”, sino casi una película continua de cambios. Si ASPIICS toma una o dos imágenes por minuto, y en el trabajo científico también se mencionan observaciones con una resolución temporal de 30 segundos, se generan secuencias a partir de las cuales realmente puede reconstruirse el movimiento del plasma a través de esa región, por lo demás inaccesible.
Esa cantidad de datos también tiene un peso simbólico. La ESA estima que más de 250 horas de imágenes de la corona equivalen a un tiempo de observación que en la Tierra requeriría unas 5.000 campañas de eclipses totales. Por supuesto, un eclipse natural y un coronógrafo espacial no son idénticos en todas las condiciones de observación, pero la comparación muestra claramente la magnitud del cambio. Lo que durante décadas fue una oportunidad ocasional se está convirtiendo ahora en una medición sistemática y repetible.
Qué significa esto para el clima espacial y la Tierra
Aunque los primeros resultados interesan principalmente a los físicos solares, las consecuencias de una mejor comprensión de la corona interna van mucho más allá de la comunidad académica. El viento solar y las eyecciones de masa coronal son los principales “impulsores” del clima espacial. Cuando partículas reforzadas y estructuras magnéticas llegan a la Tierra, pueden provocar tormentas geomagnéticas, intensificar las auroras polares, pero también causar problemas técnicos en sistemas satelitales, navegación, radiocomunicaciones y redes eléctricas. En publicaciones anteriores sobre Proba-3, la ESA también recordó el potente evento de mayo de 2024, cuando los efectos del aumento de la actividad solar fueron visibles tanto en los sistemas tecnológicos como en auroras excepcionalmente intensas.
Precisamente por eso no es irrelevante determinar si el viento solar “lento” se acelera antes y con más fuerza de lo supuesto. Si las condiciones iniciales en la corona se estiman mal, los modelos que predicen la propagación de partículas y estructuras magnéticas a través del espacio interplanetario también pueden tener limitaciones. Los primeros resultados de Proba-3, por tanto, no solo ofrecen una nueva imagen del Sol, sino potencialmente también un nuevo conjunto de datos de entrada para mejorar las previsiones del clima espacial. En una fase en la que una enorme parte de la comunicación global depende de los sistemas satelitales, observar las primeras fases de los procesos solares ya no es solo una parte exótica de la astronomía, sino también una parte de la seguridad tecnológica.
Sin embargo, conviene mantener la proporción. Los propios científicos subrayan que se trata del primer conjunto de datos y que la comparación con los modelos teóricos del campo magnético y de la aceleración del plasma aún está por venir. En otras palabras, Proba-3 todavía no ha “resuelto” el problema del viento solar lento. Pero sí ha demostrado que el problema puede observarse más directamente que antes y que algunos procesos en la corona interna no encajan del todo con las expectativas anteriores. Esa es quizá la señal más importante de una buena misión: no solo confirma lo conocido, sino que abre nuevas preguntas sobre la base de mediciones que antes no existían.
Una misión europea que ya ha cumplido sus objetivos tecnológicos
Proba-3 no fue concebida solo como un proyecto científico, sino también como una demostración tecnológica. La ESA la describe como la primera misión europea, y también mundial, de vuelo en formación de precisión. Los dos satélites fueron lanzados el 5 de diciembre de 2024 desde el centro espacial indio Satish Dhawan, en Sriharikota, a bordo de un cohete PSLV-XL. La propia idea de que dos naves espaciales separadas en órbita funcionaran casi como un único instrumento ya era exigente, y aún más exigente era mantener la alineación lo bastante estable para que un satélite proyectara sobre el otro una sombra precisa a través del sistema óptico.
Según las publicaciones de la ESA, Proba-3 logró durante 2025 varios hitos mundiales: primero, el primer vuelo autónomo de formación de precisión de ese tipo, y luego el primer eclipse solar total artificial en órbita. Hasta abril de 2026, la misión había completado más de 60 ciclos orbitales de vuelo en formación extremadamente precisos, de los cuales 57 estaban destinados a crear eclipses artificiales para observaciones científicas. De este modo, al menos según los datos disponibles en este momento, la mayor parte de los objetivos tecnológicos ya se ha cumplido, por lo que la misión pasa ahora cada vez con más fuerza a la fase de aprovechamiento científico.
Esto es importante también desde la perspectiva europea. Proba-3 demuestra que operaciones muy complejas de control autónomo y vuelo coordinado pueden traducirse en un beneficio científico concreto. En el futuro, esa tecnología podría tener aplicaciones más amplias también fuera de la física solar, desde interferómetros espaciales de precisión hasta futuras misiones que requerirán un posicionamiento mutuo extremadamente estable de varias naves espaciales. En ese sentido, Proba-3 no es solo un instrumento para comprender la corona, sino también un ejemplo modélico de cómo una demostración tecnológica puede producir directamente ciencia de primer nivel.
ASPIICS no es el único instrumento de Proba-3
Aunque ASPIICS está en el centro de la atención por sus espectaculares imágenes y los primeros resultados sobre el viento solar, Proba-3 también lleva otros instrumentos útiles. DARA, es decir, Digital Absolute Radiometer, mide de forma continua la producción total de energía del Sol con una precisión muy alta. Este tipo de mediciones es importante para seguir los cambios en la radiación solar a lo largo del tiempo y para comprender mejor la variabilidad solar. El tercer instrumento, 3DEES, sigue los electrones energéticos en los cinturones de radiación de Van Allen de la Tierra, es decir, su número, su dirección de llegada y su energía.
Considerado en conjunto, esa combinación muestra que Proba-3 no sirve solo para observar el Sol “desde lejos”, sino que conecta los procesos en el Sol con los efectos en el entorno espacial cercano a la Tierra. Se trata de una unidad científica lógica: si en el Sol se generan flujos de partículas y estructuras magnéticas, y junto a la Tierra pueden medirse sus consecuencias en los cinturones de radiación y en el clima espacial más amplio, se obtiene una imagen más amplia de causa y efecto. En un momento en que las constelaciones de satélites son cada vez más numerosas y la infraestructura orbital cada vez más importante, precisamente esas mediciones conectadas tienen un valor especial.
El mayor trabajo aún está por venir
Quizá la parte más interesante de toda la historia sea el hecho de que la mayor parte de los datos aún espera ser analizada. La ESA subraya que una gran parte de las observaciones recogidas hasta ahora todavía no se ha procesado y que se invita a los científicos a utilizar los datos de ASPIICS para investigar la corona y los procesos del clima espacial. Eso significa que los primeros resultados son solo el comienzo, y no la última palabra. En la práctica, solo ahora se abre espacio para comparaciones más detalladas con modelos numéricos, para comprobar hasta qué punto los flujos de salida de plasma observados son típicos o excepcionales y para separar con mayor precisión los distintos mecanismos que pueden acelerar las partículas.
Las preguntas abiertas siguen siendo grandes y antiguas: qué acelera exactamente el viento solar, cómo expulsa el Sol material en las eyecciones de masa coronal y por qué la corona es mucho más caliente que la superficie del Sol que está debajo. Pero la diferencia es que ahora ya no hace falta hablar de estas cuestiones casi exclusivamente sobre la base de indicadores indirectos y breves ventanas de observación. Proba-3 ofrece por primera vez una visión estable de la zona en la que esos procesos se desarrollan. Si el ritmo actual del análisis continúa, esta misión podría convertirse en los próximos años en una de las fuentes de datos clave para comprender la transición entre la atmósfera solar y el espacio interplanetario.
Para el público general, el resumen más sencillo es este: Europa creó su propio eclipse solar en órbita y con ello abrió una vista a una parte de la atmósfera solar que hasta ahora en gran medida escapaba a la observación sistemática. El primer resultado ya es lo bastante sólido como para cambiar las expectativas sobre la velocidad y el comportamiento del viento solar lento cerca del Sol. Y cuando los primeros datos de una misión muestran de inmediato que la realidad es más dinámica que los modelos, eso suele ser señal de que se avecina un periodo científico muy rico.
Fuentes:- Agencia Espacial Europea (ESA) – publicación sobre los primeros resultados científicos de la misión Proba-3 y la velocidad de las estructuras del viento solar lento en la corona interna (enlace)- Agencia Espacial Europea (ESA) – página oficial de la misión Proba-3 con datos técnicos básicos, fecha de lanzamiento y descripción del vuelo en formación (enlace)- Agencia Espacial Europea (ESA) – explicación de cómo Proba-3 llena el vacío de observación entre el disco solar y la corona externa y permite observaciones más largas de un eclipse artificial (enlace)- Agencia Espacial Europea (ESA) – publicación sobre el primer eclipse solar total artificial en órbita y el valor científico del instrumento ASPIICS (enlace)- arXiv / preprint de autor de Andrei Zhukov y colaboradores – resumen de los primeros resultados del instrumento ASPIICS, incluidas observaciones entre 1,3 y 3 radios solares y una resolución temporal de 30 segundos (enlace)- Crossref – registro bibliográfico del trabajo “Ubiquitous Small-scale Dynamics in the Slow Solar Wind Formation Region Observed by Proba-3/ASPIICS”, confirmación de la publicación de la versión del registro el 9 de marzo de 2026 (enlace)
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