Infantino responde a sus críticos tras el Mundial: los acusa de difundir odio
ZÚRICH, 27 de julio de 2026. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, respondió a la oleada de críticas que acompañó a la Copa Mundial de Fútbol de 2026 con un mensaje en el que describió el torneo como una celebración mundial del deporte, la familia y la unidad. En una declaración difundida por la FIFA el 26 de julio, una semana después de la final celebrada en Nueva York y Nueva Jersey, Infantino afirmó que algunos críticos se habían concentrado tanto en los aspectos negativos que no habían sabido apreciar las emociones y el ambiente de la mayor competición futbolística. Reprochó a periodistas, comentaristas y usuarios de las redes sociales que difundieran, según sus palabras, odio y rumores falsos, mientras la FIFA organizaba simultáneamente el torneo en Canadá, México y los Estados Unidos de América. Su mensaje no fue únicamente un agradecimiento a los anfitriones y a los aficionados, sino también un enfrentamiento abierto con las críticas sobre los precios de las entradas, los problemas de visados, su relación con el presidente estadounidense Donald Trump y las sospechas de influencia política sobre las decisiones de la organización futbolística.
En su discurso de clausura, Infantino repitió una conocida tesis de su mandato presidencial: según su interpretación, la FIFA no organiza solamente una competición deportiva, sino un acontecimiento capaz de superar las divisiones políticas, sociales y nacionales. Destacó las imágenes de niños, padres y aficionados de mayor edad en las gradas, los miles de millones de telespectadores y la plena implicación de las ciudades anfitrionas. Dijo a sus críticos que, mientras ellos dividen a la opinión pública, la FIFA reúne a las personas, y una parte especialmente dura de su mensaje se refirió a la afirmación de que ciertos individuos habían estado «sembrando semillas de odio» durante el torneo. Los instó a reflexionar, meditar, rezar o simplemente observar con mayor atención las emociones de un partido de fútbol. Ese tono demuestra que el final del campeonato no calmó el debate de varios meses sobre la manera en que Infantino dirige la FIFA, sino que lo trasladó a una nueva fase.
La asistencia récord y el título de España como fundamento de la defensa de la FIFA
La FIFA basa su valoración del éxito del campeonato principalmente en la magnitud del torneo y en la asistencia. Según los datos oficiales de la organización, un total de 6.810.966 espectadores asistió a los 104 partidos disputados en 16 ciudades, lo que supone un récord de asistencia en la historia de los Mundiales. Infantino redondeó la cifra a siete millones de personas procedentes de más de 200 países y afirmó que los estadios y las ciudades anfitrionas habían sido seguros y habían estado llenos de un ambiente positivo. La organización también destacó las gradas casi completamente llenas durante la fase final, la elevada asistencia media y el hecho de que el primer campeonato con 48 selecciones ofreció más partidos y un alcance geográfico más amplio que las ediciones anteriores. Esas cifras proporcionan indudablemente a la FIFA un argumento sólido en el debate sobre el éxito comercial y organizativo, pero por sí solas no responden a las preguntas sobre la accesibilidad de las entradas, los visados o la independencia de la gestión.
El torneo concluyó el 19 de julio con la victoria de España por 1:0 sobre Argentina después de la prórroga en el estadio de Nueva York y Nueva Jersey. Según el informe oficial de la FIFA, Ferran Torres marcó el gol decisivo en el minuto 106, con el que España conquistó su segundo título mundial. La final fue el partido número 104 del campeonato y la conclusión simbólica de la primera edición ampliada a 48 selecciones. Para Infantino, la parte deportiva del torneo demuestra que el nuevo formato cumplió las expectativas, especialmente porque las selecciones situadas fuera de los centros futbolísticos tradicionalmente más poderosos obtuvieron una mayor visibilidad en la competición. En su mensaje se mencionan especialmente los países más pequeños y Haití, cuya participación se presentó como una confirmación de que el Mundial puede ofrecer un escenario internacional a Estados que rara vez se encuentran en el centro de la atención mundial.
La afirmación de una seguridad total y los límites del mensaje triunfal
Infantino afirmó en su mensaje que durante el campeonato no hubo violencia, hostilidad ni incidentes de seguridad. Se trata de una afirmación extraordinariamente amplia formulada por el presidente de la organización responsable del torneo, y debe considerarse como parte de la valoración oficial de la FIFA, no como un análisis independiente de seguridad de todos los acontecimientos ocurridos en las 16 ciudades. Las grandes competiciones deportivas implican millones de llegadas, operaciones policiales locales, protestas, alteraciones del tráfico y diversos casos individuales que no necesariamente aparecen todos en las comunicaciones recopilatorias del organizador. No obstante, el hecho de que la competición se desarrollara en tres países, a grandes distancias y con complejos requisitos de seguridad, sin interrupciones de los partidos clave, representa un logro logístico importante. Infantino atribuyó el mérito a las autoridades de Canadá, México y Estados Unidos, a los servicios policiales, a los voluntarios y a los empleados de la FIFA.
El problema de su mensaje no es que destaque los aspectos exitosos del campeonato, sino que a menudo reduzca las críticas al odio o a la creación deliberada de divisiones. Una parte de las objeciones procedía de organizaciones de aficionados, federaciones de fútbol, políticos, instituciones internacionales y expertos en gobernanza deportiva, y se refería a decisiones y procedimientos concretos. La crítica a los precios de las entradas, por ejemplo, no era únicamente una expresión de descontento con un resultado o con el organizador, sino un debate sobre quién puede permitirse acceder a un acontecimiento que la FIFA presenta como universal. Algo similar ocurre con los visados: varios casos polémicos no anularon los millones de viajes autorizados, pero plantearon la pregunta de si un torneo global puede cumplir su promesa de inclusión cuando determinados directivos, miembros de selecciones o aficionados no pueden entrar en el país anfitrión. Por tanto, la defensa de Infantino funciona al mismo tiempo como una celebración de un acontecimiento deportivo verdaderamente importante y como un intento de situar distintas formas de crítica institucional bajo una misma etiqueta de negatividad.
Los visados siguieron siendo una de las cuestiones más delicadas del campeonato
El caso de visado más conocido antes del inicio del torneo fue el del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan. Las autoridades estadounidenses le denegaron la entrada a Estados Unidos después de un control de seguridad adicional, a pesar de que había sido designado para participar en el campeonato. La FIFA confirmó entonces que Artan no podría entrenar ni arbitrar y subrayó que no tenía competencias sobre los procedimientos migratorios del país anfitrión. Associated Press informó de que las autoridades estadounidenses habían justificado la decisión por las preocupaciones surgidas del control de seguridad, sin hacer públicos los detalles. El caso adquirió una importancia adicional porque Artan debía convertirse en el primer árbitro somalí en un Mundial masculino.
En su mensaje final, Infantino respondió que los críticos habían hecho excesivo hincapié en un pequeño número de solicitudes rechazadas, al tiempo que ignoraban los millones de entradas autorizadas. Destacó especialmente la llegada de Irán a Estados Unidos y afirmó que el fútbol había permitido el encuentro pese a las graves tensiones políticas y de seguridad entre ambos países. Ya antes del campeonato había defendido la limitada influencia de la FIFA sobre las fronteras nacionales, afirmando que una organización deportiva no puede ordenar a los gobiernos a quién deben permitir la entrada en su país. Ese límite jurídico e institucional es real, pero los críticos consideran que la FIFA, como propietaria de uno de los acontecimientos deportivos más valiosos del mundo, debería haber obtenido con antelación garantías de acceso más firmes y transparentes para los participantes acreditados. El debate también será importante para futuras grandes competiciones, porque demuestra hasta qué punto la promesa de accesibilidad global puede chocar con las políticas nacionales de inmigración y seguridad.
Entradas costosas y la pregunta de a quién pertenece el Mundial
Los precios de las entradas se encontraban entre las fuentes de descontento más persistentes incluso antes del primer partido. Associated Press informó de que, tras las críticas mundiales, la FIFA introdujo una categoría limitada de entradas de 60 dólares estadounidenses para los aficionados fieles de las selecciones, incluida la final, mientras que algunas entradas ofrecidas anteriormente para el último partido habían alcanzado los 4.185 dólares. Los grupos de aficionados advirtieron que el número de localidades más baratas era reducido en relación con la capacidad del estadio y la demanda total, y que la mayoría de los viajeros seguía expuesta a costes históricamente elevados. La fijación dinámica de precios, las comisiones de la plataforma de reventa y las normas de reembolso de los paquetes que cubrían los posibles partidos de una selección hasta las últimas rondas provocaron controversias adicionales. Posteriormente, la FIFA suavizó parte de esas normas, algo que los críticos interpretaron como una prueba de que la política inicial se había adoptado sin consultar suficientemente a los aficionados.
Infantino defendió los precios afirmando que una gran cantidad de entradas más baratas acabaría en el mercado negro y que los ingresos del Mundial financian el desarrollo del fútbol en los países que no cuentan con ligas comerciales fuertes. Antes del comienzo de la competición señaló que la demanda superaba varias veces a la oferta y que el precio medio era comparable al de las eliminatorias estadounidenses de otros deportes. Sin embargo, los críticos advirtieron que esa comparación ignoraba el carácter mundial de la Copa del Mundo, las distintas capacidades adquisitivas de los aficionados y la tradición de los grupos de seguidores de selecciones que viajan desde decenas de países. Por tanto, las ventas récord pueden confirmar la fortaleza comercial del producto, pero no necesariamente su accesibilidad. Precisamente ese conflicto entre la maximización de los ingresos y la idea del fútbol como un bien mundial compartido siguió ocupando el centro del debate que el mensaje final de Infantino no resolvió.
La relación con Donald Trump se convirtió en una cuestión de neutralidad política
La cercanía de Infantino con Donald Trump fue visible durante los preparativos y durante el propio campeonato. El presidente de la FIFA agradeció públicamente al presidente estadounidense su apoyo a la organización del torneo, y la relación entre ambos atrajo todavía más atención después de que Trump recibiera en diciembre de 2025 el primer Premio de la Paz de la FIFA. Los críticos afirmaron que ese tipo de acciones desdibujaba la frontera entre la necesaria cooperación con el Gobierno de un país anfitrión clave y el posicionamiento político del presidente de una organización deportiva internacional. La FIFA, con sede en Zúrich, destaca en sus normas la neutralidad política, por lo que los gestos simbólicos y las apariciones públicas de su máximo responsable se convirtieron en objeto de denuncias y solicitudes de revisión ética. Infantino, por su parte, presenta su relación con Trump como un requisito práctico para resolver las cuestiones de seguridad, visados y logística del torneo.
La mayor controversia estalló después de la expulsión del delantero estadounidense Folarin Balogun contra Bosnia y Herzegovina. Trump reconoció públicamente que había llamado a Infantino y solicitado que se revisara la sanción, tras lo cual el procedimiento disciplinario de la FIFA permitió a Balogun jugar contra Bélgica. La FIFA e Infantino afirmaron que la decisión había sido adoptada por un órgano judicial independiente de la organización, pero la UEFA, los directivos del fútbol belga, algunos miembros del Parlamento Europeo y numerosas antiguas figuras del fútbol pusieron en duda la apariencia de imparcialidad. Associated Press informó de que el caso provocó peticiones para que se investigara una posible presión política, mientras algunos críticos pidieron la dimisión de Infantino. Estados Unidos acabó perdiendo 4:1 contra Bélgica, pero el resultado no eliminó la cuestión institucional: ¿puede el mero contacto de un dirigente político con el presidente de la FIFA antes de que se modifique una decisión disciplinaria perjudicar la confianza en la igualdad de las normas?
En su mensaje final, Infantino no se detiene en el nombre de Balogun, pero es evidente que también responde a ese escándalo. Escribió que las decisiones arbitrales y disciplinarias controvertidas son habituales en las grandes ligas y que los países de los que proceden las críticas aceptan ellos mismos procedimientos similares. De ese modo intentó normalizar la decisión como parte de la justicia futbolística, y no como un trato de favor político. Sin embargo, el centro de la controversia nunca fue solamente si la tarjeta roja había sido incorrecta, sino el orden de los acontecimientos y la percepción del acceso al poder. Cuando el presidente del país anfitrión puede contactar directamente con el máximo responsable de la FIFA por un caso individual, el nivel de transparencia debe ser más alto precisamente para proteger la credibilidad de los órganos independientes.
Una comunicación que moviliza a los partidarios, pero profundiza la desconfianza
Infantino ya había respondido anteriormente a las críticas de los grandes torneos con intervenciones personales y polémicas. Su estilo combina la apelación al poder universal del fútbol, la defensa del modelo financiero de la FIFA y el ataque a las motivaciones de los críticos. Esa comunicación resulta eficaz entre federaciones y aficionados que consideran que los medios internacionales se centran demasiado en los problemas de los anfitriones y demasiado poco en los efectos deportivos y de desarrollo de la competición. Al mismo tiempo, equiparar las preguntas verificables con el odio puede profundizar la desconfianza pública, porque deja la impresión de que la organización no distingue los rumores malintencionados de la supervisión legítima. Para una institución que administra miles de millones de dólares, decide las sedes e influye en cientos de federaciones nacionales, el periodismo crítico no es un obstáculo para su trabajo, sino una parte de su responsabilidad.
La Copa Mundial de 2026 produjo realmente imágenes de celebraciones multitudinarias, una asistencia récord e historias deportivas que marcarán la historia de la competición. Al mismo tiempo, demostró hasta qué punto los megaeventos modernos están relacionados con las políticas migratorias, las estrategias comerciales, los regímenes de seguridad y las relaciones personales de las figuras más poderosas del deporte y la política. El mensaje de Infantino intenta subordinar todas esas tensiones a una imagen sencilla del fútbol venciendo las divisiones. Para sus partidarios, se trata de una defensa segura de un torneo organizado con éxito; para sus críticos, de una oportunidad perdida para que la FIFA respondiera con precisión a preguntas que no desaparecerán con el final del último partido. Por ello, el debate continuará en Zúrich, en las federaciones nacionales y en las instituciones internacionales, especialmente en torno a la transparencia de las decisiones disciplinarias, la neutralidad política y la accesibilidad de los futuros campeonatos para los aficionados de todo el mundo.
Fuentes:
- FIFA – mensaje oficial de Gianni Infantino después de la Copa Mundial de 2026 (enlace)
- FIFA – datos oficiales sobre la final, el título de España y la asistencia total al torneo (enlace)
- Associated Press – informe sobre los precios de las entradas, las críticas de los aficionados y la introducción de una categoría limitada de 60 dólares (enlace)
- Associated Press – informe sobre la denegación de entrada al árbitro somalí Omar Artan y las posiciones de la FIFA y las autoridades estadounidenses (enlace)
- Associated Press – informe sobre la controversia en torno a la suspensión de Folarin Balogun y las cuestiones de influencia política (enlace)
- Le Monde – informe sobre una denuncia ética por presuntas vulneraciones de la neutralidad política y la relación de Infantino con Donald Trump (enlace)
- The Guardian – informe de la conferencia de prensa de Infantino previa al torneo sobre los visados, los precios de las entradas y su relación con Donald Trump (enlace)