El mensaje de Marrakech de la OACI: 22 Estados respaldaron el llamamiento a una aviación más segura y más verde para 2050.
Veintidós Estados adoptaron el 14 de abril de 2026 en Marrakech el llamado Llamamiento a la Acción de Marrakech, un documento político que apoya la nueva estrategia a largo plazo de la Organización de Aviación Civil Internacional, conocida como OACI. Se trata de un documento adoptado en una mesa redonda ministerial en el marco del Global Implementation Support Symposium 2026, uno de los foros internacionales clave en los que se debate sobre la seguridad, la sostenibilidad, la financiación y la aplicación de normas en la aviación civil. En el centro del llamamiento se encuentran objetivos que suenan ambiciosos, pero que al mismo tiempo describen claramente la dirección en la que el sector internacional quiere avanzar: cero muertes en el transporte aéreo internacional, emisiones netas nulas de carbono para 2050 y un desarrollo de la aviación que no debe dejar a ningún Estado atrás. Con ello, la política de la aviación queda aún más estrechamente vinculada a cuestiones de desarrollo económico, transición climática, infraestructura, formación del personal y cooperación internacional.
Aunque la noticia inicial sobre la adopción del documento es breve, su significado es mucho más amplio que la propia formulación diplomática. Con esta iniciativa, la OACI intenta convertir el apoyo político en un marco de aplicación para las próximas décadas, en un momento en que el tráfico aéreo mundial vuelve a crecer y, al mismo tiempo, aumenta la presión para que ese crecimiento sea más seguro, más resiliente y menos perjudicial para el medio ambiente. Según el plan estratégico de la OACI para el período 2026–2050, la aviación civil internacional podría atender a unos 12,4 mil millones de pasajeros al año a mediados de siglo. Precisamente por eso, el debate ya no gira solo en torno al crecimiento del número de vuelos, de nuevas terminales o de la demanda turística, sino también en torno a cómo garantizar los requisitos regulatorios, financieros y tecnológicos para que ese sistema siga siendo funcional e inclusivo.
Qué se adoptó realmente en Marrakech
El Llamamiento a la Acción de Marrakech no es un tratado internacional ni un documento que cree automáticamente nuevas obligaciones jurídicas o financieras para los Estados. En el propio texto se indica claramente que no introduce nuevas obligaciones más allá de las que ya se derivan de las resoluciones y decisiones existentes de la OACI. Sin embargo, el peso político de este tipo de documentos no es insignificante. Muestran en torno a qué prioridades se agrupan los Estados, qué temas recibirán un mayor impulso institucional y financiero y hacia dónde dirigirá la OACI en los próximos años la ayuda de aplicación y la asistencia técnica. En otras palabras, se trata de una señal política que puede influir en futuros planes nacionales de desarrollo del transporte aéreo, en programas regionales de ayuda y en la distribución de inversiones internacionales en infraestructura y conocimiento aeronáuticos.
En el documento se destacan cuatro grandes líneas de actuación. La primera es reforzar la gobernanza y las capacidades institucionales de las autoridades nacionales de aviación civil. La segunda es desbloquear el crecimiento de la aviación mediante una financiación adecuada, incluidas las inversiones en infraestructura y en tecnologías energéticas más limpias. La tercera es fortalecer a la nueva generación de profesionales de la aviación, con énfasis en la educación, la formación, la inclusión de los jóvenes y el fortalecimiento del papel de las mujeres en el sector. La cuarta es la aplicación colectiva y la rendición de cuentas, es decir, un sistema en el que los Estados, las instituciones internacionales y la industria deben mostrar regularmente resultados concretos, y no solo apoyo declarativo.
Esa estructura también revela el mensaje principal de Marrakech: los problemas de la aviación ya no pueden resolverse de forma parcial. La seguridad de los vuelos no está separada de la calidad de los reguladores, y la sostenibilidad no está separada de la inversión, la formación y el acceso a la tecnología. Si un Estado no dispone de suficiente personal cualificado, supervisión estable, financiación disponible y cooperación con socios, le resultará difícil seguir unas normas internacionales cada vez más estrictas. Por eso el documento vuelve repetidamente al concepto de la OACI
No Country Left Behind, es decir, al principio de que el progreso de la aviación también debe estar al alcance de aquellos Estados que no tienen las mismas capacidades financieras y técnicas que los mercados desarrollados.
Por qué la seguridad vuelve a estar en primer plano
Uno de los objetivos más llamativos de la nueva estrategia de la OACI es lograr una tasa cero de muertes en la aviación internacional, y no solo por accidentes, sino también por actos ilícitos que ponen en peligro la seguridad. A primera vista, se trata de una formulación casi idealista, pero cumple una función muy práctica. Con ella, la OACI transmite a los Estados que la seguridad ya no debe contemplarse como un mero mantenimiento de la situación existente, sino como una elevación constante de los estándares de supervisión, prevención, intercambio de datos y medidas correctivas. Por ello, en el Llamamiento de Marrakech se menciona de forma especial la necesidad de que los Estados modernicen sus autoridades de aviación civil, mejoren la supervisión técnica y apliquen sistemáticamente las medidas correctivas detectadas a través de las auditorías de seguridad y protección de la OACI.
Esto es especialmente importante en un mundo en el que el transporte aéreo se digitaliza rápidamente, en el que se introducen nuevos tipos de propulsión, automatización y gestión del tráfico y en el que, al mismo tiempo, surgen nuevas cuestiones de seguridad. Por lo tanto, la regulación debe ser lo suficientemente firme como para preservar un alto nivel de protección, pero también lo suficientemente adaptable como para responder a los cambios que traen consigo las nuevas tecnologías y los modelos de negocio. En su plan estratégico, la OACI vincula expresamente el objetivo de cero muertes con la protección continua de pasajeros, carga y personal, lo que significa que la seguridad se contempla en el sentido más amplio: desde los procedimientos operativos y la infraestructura hasta la protección frente a actos ilícitos y amenazas cibernéticas.
Para los pasajeros, esto puede sonar muy alejado de la experiencia cotidiana de comprar un billete y embarcar en un vuelo, pero precisamente es en ese nivel donde se decidirá si el sistema podrá mantener la confianza pública en los años en que crecerá el volumen del tráfico. En un momento en que muchos Estados quieren desarrollar el turismo, la logística y la inversión mediante una mejor conectividad aérea, la seguridad ya no es solo una cuestión técnica de especialistas. También se está convirtiendo en un requisito previo para el desarrollo económico.
Emisiones netas nulas para 2050: objetivo político y enorme reto operativo
El segundo gran pilar del Llamamiento a la Acción de Marrakech es la alineación con la ambición de la OACI de que la aviación civil internacional alcance emisiones netas nulas de carbono para 2050. Se trata de uno de los objetivos más exigentes a los que se enfrenta el sector, porque no puede alcanzarse con una sola medida ni de la noche a la mañana. A diferencia de algunas otras ramas económicas, la aviación dispone de un número limitado de soluciones a corto plazo para una reducción profunda de las emisiones. Por eso, en el debate internacional se habla simultáneamente de combustibles de aviación sostenibles, nuevas tecnologías de propulsión, modernización de la flota, una gestión del tráfico aéreo más eficiente y mecanismos financieros que harían viable esa transición también para mercados menos desarrollados.
Precisamente por eso en Marrakech se puso tanto énfasis en la financiación. En el texto del llamamiento se afirma que la aviación debe contemplarse como un motor estratégico del desarrollo nacional, del comercio, del turismo y de las políticas climáticas. En la práctica, esto significa que las inversiones en aeropuertos, sistemas de navegación aérea y tecnologías energéticas más limpias no deberían quedarse al margen de las estrategias de desarrollo e inversión de los Estados. En su lugar, la OACI defiende un enfoque en el que los fondos se busquen en múltiples fuentes: presupuestos públicos, bancos de desarrollo, donantes y capital privado. Sin esa combinación, es difícil esperar que los objetivos climáticos sigan siendo algo más que un eslogan político.
Pero también es importante observar lo que aquí no se dice. El documento de Marrakech no ofrece un plan operativo preciso sobre cómo debe llegar cada Estado al objetivo de emisiones netas nulas, ni prescribe un modelo único de financiación. Esto es comprensible, porque las posiciones de partida de los Estados son muy diferentes. Algunos países ya están invirtiendo en combustibles alternativos y en la modernización de los sistemas, mientras que otros todavía están tratando de alcanzar estándares básicos de infraestructura y regulación. Precisamente por eso el texto vuelve constantemente al mensaje de que la transición debe ser inclusiva y de que no debe ocurrir que las ambiciones climáticas profundicen aún más la brecha de desarrollo entre los Estados.
El principio de que ningún Estado debe quedarse atrás
Tal vez la capa política más importante de toda la iniciativa se esconda precisamente en esa frase: ningún Estado debe quedarse atrás. Desde hace años, la OACI intenta, a través del programa
No Country Left Behind, reducir las diferencias entre los Estados en la aplicación de las normas internacionales, pero en Marrakech ese concepto recibió un marco estratégico aún más fuerte. En el llamamiento se advierte expresamente sobre las desigualdades persistentes en capacidades, financiación, infraestructura y capital humano. En otras palabras, la comunidad internacional reconoce que las normas globales no tienen el mismo efecto allí donde no hay suficiente dinero, expertos o estabilidad institucional para que esas normas se apliquen realmente.
No se trata solo de una cuestión de solidaridad, sino también del funcionamiento de todo el sistema. El transporte aéreo es una red internacional y su seguridad, eficiencia y sostenibilidad dependen tanto de los puntos débiles como de los fuertes. Si un Estado se queda rezagado en supervisión, estándares de seguridad, protección, digitalización o formación del personal, las consecuencias pueden extenderse mucho más allá de sus fronteras. Por eso, el Llamamiento de Marrakech insiste en la cooperación regional, la ayuda específica, las alianzas técnicas y modelos de financiación más creativos, especialmente para las regiones menos atendidas.
En sentido político, esto también transmite el mensaje de que la aviación no es solo un tema para los grandes mercados, los principales fabricantes de aviones o los hubs más transitados del mundo. Para numerosos Estados, especialmente los insulares, menos conectados o económicamente vulnerables, el transporte aéreo sigue siendo clave para el acceso a los mercados, al turismo, a los servicios sanitarios, a las operaciones humanitarias y a la conectividad general con el mundo. Precisamente por eso, el documento de Marrakech está redactado de modo que conecta los objetivos técnicos con el impacto social y económico más amplio de la aviación.
Qué Estados respaldaron el documento
En su comunicado oficial, la OACI indicó que el nuevo Llamamiento a la Acción cuenta con el apoyo de 46 Estados, mientras que el propio documento adoptado, en la parte que enumera los Estados representados en la mesa redonda ministerial, menciona a 22 participantes que lo aceptaron en Marrakech. Según esa lista, se trata de Angola, Azerbaiyán, Cabo Verde, Canadá, Comoras, Guinea Ecuatorial, Esuatini, Gabón, Gambia, Ghana, Guinea-Bisáu, Haití, Japón, Libia, Malawi, Marruecos, Mozambique, Nigeria, Singapur, Sudán del Sur, Turquía y Yemen.
Ese matiz no es insignificante, porque muestra cómo en las comunicaciones internacionales a veces se distinguen las categorías de apoyo político y la adopción formal en la propia reunión. Por ello, para los lectores es importante distinguir el apoyo general a la iniciativa de la lista de Estados mencionados en el propio texto del documento. En ambos casos, sin embargo, es visible que la OACI intenta reunir a un grupo geográficamente diverso de Estados, desde África y Oriente Medio hasta Asia y América del Norte, con lo que se quiere subrayar que el asunto no es regional, sino global.
Marrakech como escenario de una agenda aeronáutica más amplia
El Global Implementation Support Symposium de este año se celebra del 14 al 16 de abril de 2026 en Marrakech, y el programa oficial lleva por tema
Regional Solutions, Global Benefits. La propia formulación explica bien por qué el Llamamiento de Marrakech fue concebido exactamente de esta manera. Con ello, la OACI sugiere que numerosos problemas de la aviación internacional no pueden resolverse solo de forma centralizada o declarativa, sino mediante alianzas regionales, transferencia de conocimiento, desarrollo de capacidades y aplicación práctica sobre el terreno. Por eso, el encuentro en Marruecos no se organizó solo como un acontecimiento diplomático, sino como un lugar en el que se reúnen ministros, organismos reguladores, industria, instituciones financieras y de desarrollo, organizaciones educativas y expertos técnicos.
Se trata de un detalle importante, porque muestra que la OACI intenta conectar el papel normativo de la organización con mecanismos concretos de aplicación. Las normas y las estrategias por sí solas no son suficientes si no existen personas, instituciones y dinero que las conviertan en cambios reales. En la práctica, esto significa que, junto con las declaraciones políticas, también se habla simultáneamente de acuerdos bilaterales, alianzas técnicas, formación, inversiones y modelos regionales de apoyo. Por ello, el Llamamiento de Marrakech debe leerse no solo como un documento sobre objetivos, sino también como un intento de movilizar a los actores que pueden financiar y aplicar esos objetivos.
Para Marruecos, país anfitrión del encuentro, la organización del GISS también tiene un peso simbólico y geopolítico. Las páginas oficiales del evento describen al país como una puerta entre Europa y África y como un lugar de cooperación regional. En ese contexto, la elección de Marrakech subraya aún más la importancia de los mercados africanos y de las necesidades de desarrollo en un continente que tiene un gran potencial de crecimiento del tráfico aéreo, pero también marcadas diferencias de infraestructura y regulación entre los Estados.
Por qué la cuestión del personal es tan importante como la del combustible
En los debates públicos sobre el futuro de la aviación, la mayor atención suele centrarse en las emisiones, los combustibles y las nuevas tecnologías. Sin embargo, el Llamamiento de Marrakech muestra que las instituciones internacionales reconocen cada vez más que sin personas no puede haber una transición ni segura ni sostenible. Por eso, se dedica todo un capítulo a la nueva generación de profesionales de la aviación. En el documento se mencionan programas de atracción de talento, educación, formación y desarrollo profesional, así como la necesidad de una mayor representación de mujeres, jóvenes y programas de becas.
No se trata solo de una cuestión de representación o de un buen mensaje político. La aviación ya se enfrenta ahora mismo a la escasez de parte del personal cualificado, y ese problema podría crecer a medida que el sector acelere su transición digital e introduzca nuevas normas relacionadas con la sostenibilidad, la ciberseguridad y nuevos tipos de tecnologías. Si los Estados no invierten en capacidades educativas, reconocimiento mutuo de cualificaciones y desarrollo de competencias digitales, la modernización del sistema seguirá siendo lenta y desigual. Por eso, la OACI remite expresamente en el documento a la cooperación con la red de centros TRAINAIR PLUS e instituciones acreditadas para cerrar las brechas de conocimiento y aumentar la resiliencia de la fuerza laboral.
De este modo, la cuestión del personal se convierte en una parte integrante de la política de desarrollo, y no en un tema secundario junto a los debates técnicos. En la aviación esto se ve especialmente claro, porque cualquier avance serio, ya sea en seguridad, descarbonización o digitalización, depende al final de si existen suficientes personas formadas que puedan diseñar, supervisar, mantener y desarrollar ese sistema.
Qué puede significar en la práctica el Llamamiento de Marrakech
A corto plazo, es probable que la adopción del documento no produzca cambios bruscos que los pasajeros puedan percibir de inmediato. No reducirá de la noche a la mañana las emisiones, no construirá nuevas pistas ni eliminará todas las lagunas regulatorias. Pero en términos políticos e institucionales, el Llamamiento de Marrakech puede convertirse en un punto de referencia para una serie de decisiones futuras. Los Estados pueden utilizarlo como justificación para reforzar sus autoridades de aviación civil, solicitar financiación a los bancos de desarrollo, ampliar programas de formación o incluir proyectos aeronáuticos en estrategias más amplias de desarrollo y clima. La OACI, por su parte, puede utilizarlo como base para movilizar asistencia técnica, iniciativas regionales y contribuciones voluntarias a través de su llamamiento global para el período 2026–2028.
También es importante el simbolismo del momento en que se adoptó el documento. Tras varios años en los que la aviación estuvo marcada por la recuperación de las perturbaciones pandémicas, mayores exigencias climáticas y una transformación tecnológica acelerada, el sector internacional intenta claramente formular un nuevo equilibrio a largo plazo. Ese equilibrio debe abarcar la función económica del transporte aéreo, la seguridad pública, la accesibilidad, la inclusión regional y la responsabilidad climática. El Llamamiento de Marrakech no resuelve todas esas tensiones, pero las pone con mucha claridad sobre la mesa y las traduce en un conjunto de prioridades en torno a las cuales los Estados pueden agruparse.
Ahí reside su verdadera importancia. No se trata solo de otra declaración de conferencia, sino de un intento de definir el futuro de la aviación internacional a través de prioridades políticas más medibles: instituciones regulatorias más fuertes, financiación más accesible, infraestructura más moderna, personas capacitadas y una transición hacia un sistema que, para mediados de siglo, debería ser más seguro, más limpio y más inclusivo. Que ese marco se convierta realmente en resultados dependerá menos de la retórica de la cumbre y más de si los Estados, las organizaciones regionales, las instituciones financieras y la industria empiezan, después de Marrakech, a aplicar lo que allí respaldaron políticamente.
Fuentes:- OACI – noticia oficial sobre el Llamamiento a la Acción de Marrakech, la mesa redonda ministerial y las prioridades hasta 2050.- OACI – texto completo del Llamamiento Ministerial a la Acción de Marrakech de 14 de abril de 2026.- OACI – plan estratégico 2026–2050 con los objetivos de cero muertes, emisiones netas nulas y el principio de que ningún Estado debe quedar rezagado.- OACI – calendario de eventos con confirmación de la fecha y ubicación del GISS 2026 en Marrakech.- GISS 2026 – programa oficial del encuentro y tema “Regional Solutions, Global Benefits”.- GISS 2026 – sitio oficial del evento con descripción de los objetivos del simposio y del papel del anfitrión.
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