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Brasil, con 60 Blue Flags, lidera el turismo sostenible, y también pasa al primer plano la nueva cuestión de la seguridad de las playas

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Brasil, con 60 Blue Flags, lidera el turismo sostenible, y también pasa al primer plano la nueva cuestión de la seguridad de las playas
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Brasil, con 60 distintivos Blue Flag, abre una nueva fase del turismo costero, y también pasa al primer plano la cuestión de la seguridad real en las playas

Brasil, en la temporada 2025/2026, consolidó su posición como el principal país sudamericano por número de ubicaciones con el distintivo Blue Flag, después de que se confirmara el derecho de un total de 60 playas y marinas a exhibir este signo ecológico reconocido internacionalmente. Se trata de 50 playas y 10 marinas, y la cifra es importante no solo por el prestigio turístico, sino también porque muestra hasta qué punto en los destinos costeros se están uniendo cada vez más seriamente las cuestiones de la calidad del mar, la gestión de residuos, la seguridad de los visitantes, la accesibilidad y la sostenibilidad local. En un momento en que el turismo mundial se orienta cada vez con más fuerza hacia destinos que, además de atractivo, ofrecen también estándares verificables de gestión del espacio, el avance brasileño se convierte en ejemplo de un cambio más amplio: ya no basta con tener una costa hermosa, sino también un sistema que garantice que el espacio se mantiene, se supervisa y se desarrolla de manera responsable.

Blue Flag, gestionado por la organización internacional Foundation for Environmental Education, es uno de los programas de certificación voluntaria más conocidos para playas, marinas y embarcaciones turísticas sostenibles. El estándar no se basa solo en la simbología o en el valor promocional. Según los criterios oficiales del programa, las ubicaciones certificadas deben cumplir de forma continua requisitos relacionados con la calidad del agua, la gestión de residuos, la protección de la biodiversidad, la adaptación climática, la educación, la seguridad y la accesibilidad. En otras palabras, la bandera azul no es solo un adorno turístico en un mástil, sino una señal de que una ubicación determinada ha pasado por un procedimiento anual de verificación y de que se espera que mantenga altos estándares durante toda la temporada.

Un resultado récord para Brasil y un mensaje al mercado turístico

Fuentes oficiales brasileñas anunciaron ya en junio de 2025 que el jurado nacional del programa había aprobado las candidaturas de 60 playas y marinas de cinco estados federales, tras lo cual el procedimiento internacional de confirmación quedó completado para la temporada 2025/2026. En la ceremonia nacional celebrada en Guarujá se subrayó además que se trata del mayor número hasta ahora de ubicaciones brasileñas con derecho a exhibir el distintivo Blue Flag. La distribución geográfica también muestra hasta qué punto el programa se ha convertido en una herramienta importante de la política regional de turismo: seis ubicaciones se encuentran en el noreste del país, 23 en el sureste, mientras que Santa Catarina por sí sola tiene 31 ubicaciones aprobadas y con ello confirma su condición de estado brasileño más destacado en este segmento de gestión costera sostenible.

Para el mercado turístico, un resultado así significa varias cosas a la vez. En primer lugar, Brasil refuerza aún más la reputación de destino que no promociona solo la belleza natural, sino también una gestión estandarizada de la costa. En segundo lugar, aumenta el valor de las ubicaciones certificadas en la promoción internacional, especialmente entre los visitantes que, al elegir sus vacaciones, buscan cada vez más playas ordenadas, seguras y supervisadas ecológicamente. En tercer lugar, la certificación crea presión sobre otros destinos dentro del país para que inviertan en infraestructura, sistemas de supervisión, instalaciones de acceso y programas educativos si quieren seguir siendo competitivos. En la práctica, esto significa que la cuestión de la sostenibilidad se contempla cada vez menos como un añadido a la oferta turística y cada vez más como parte del valor básico de mercado de un destino.

Al avance brasileño contribuye también el hecho de que el distintivo Blue Flag en ese país ya no es un proyecto esporádico de unos pocos lugares aislados, sino parte de una cooperación institucional más amplia. En el procedimiento participan el Ministerio de Turismo, el Instituto Ambientes em Rede, el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático, Embratur y otros organismos, lo que indica que la certificación no se contempla solo como una herramienta de marketing, sino también como parte de la política pública de gestión del espacio costero. Cuando el nivel estatal y el local trabajan conjuntamente para cumplir los criterios internacionales, los beneficios no se reducen solo a campañas promocionales. Estos programas suelen exigir un mejor monitoreo del agua, una información más clara a la ciudadanía, un sistema de residuos más ordenado, servicios de salvamento más organizados y una cooperación más sólida con la comunidad local.

Qué mide realmente Blue Flag y qué no mide

Sin embargo, es importante comprender también los límites del propio sistema. Blue Flag es un indicador sólido de la calidad de la gestión, pero no es una confirmación universal de que cada cuestión de seguridad y protección ambiental en una ubicación haya quedado resuelta de forma permanente. El programa prescribe estándares relacionados con la educación, la información, las medidas climáticas, la biodiversidad, la contaminación, la calidad del agua, la seguridad y la accesibilidad. Esto significa que una playa certificada debe tener elementos muy concretos, desde información públicamente disponible hasta sistemas de supervisión y servicios para los visitantes. Aun así, la vida real de la costa siempre es dinámica: fenómenos meteorológicos extremos, olas fuertes, residuos marinos, erosión, presión turística estacional y problemas locales de infraestructura pueden aparecer también en ubicaciones certificadas.

Precisamente por eso, en los debates internacionales sobre el turismo costero se habla cada vez más del siguiente paso después de la certificación ecológica clásica. Ese paso incluye una medición más precisa de la seguridad operativa, la retirada física de residuos del mar y el monitoreo a largo plazo del estado del fondo marino. En ese punto aparecen también iniciativas como White Flag by OACM.SOS, que intentan ampliar el debate desde la sostenibilidad general hacia la cuestión más concreta de hasta qué punto un determinado espacio marino ha sido realmente limpiado y hasta qué punto se protege activamente del plástico y de otros residuos no biodegradables.

Dónde aparece White Flag by OACM.SOS en esta historia

Según los materiales oficiales de la organización OACM, White Flag International se describe como un sistema orientado a la retirada física de plástico y residuos no biodegradables del mar, los ríos y los lagos, así como a la certificación de las llamadas áreas marinas seguras. La organización afirma, además, que cada bandera blanca izada señala un espacio marino o costero del que se han retirado físicamente los residuos, con especial énfasis en la reducción del riesgo para la vida marina y para las personas que utilizan el espacio costero. A diferencia de Blue Flag, que cuenta con una red ampliamente reconocida a nivel internacional y estructurada institucionalmente, con criterios claramente publicados y una aplicación de larga trayectoria en decenas de países, White Flag, en las fuentes públicas disponibles, por ahora se presenta principalmente a través de los canales de la propia organización.

Eso no significa que la idea carezca de importancia. Al contrario, el propio hecho de que, junto con los estándares de calidad del agua y de gestión costera, se mencione cada vez más la necesidad de la retirada física de residuos marinos muestra hacia dónde se dirige el debate. Los microplásticos, el equipo de pesca abandonado, los objetos plásticos pequeños y grandes y otros materiales no biodegradables no son solo un problema ecológico, sino también una cuestión de seguridad para bañistas, buceadores, navegantes y comunidades locales. Por eso, los conceptos que ponen el acento en la limpieza operativa del mar y del fondo marino pueden tener cada vez más peso en los años venideros, especialmente si desarrollan criterios más transparentes, verificaciones independientes y una aceptación internacional más amplia.

Por ahora, sin embargo, es importante mantener la precisión. Blue Flag es un programa establecido internacionalmente y ampliamente reconocido, con una infraestructura institucional claramente visible. White Flag by OACM.SOS, según los datos públicamente disponibles, debe contemplarse como una iniciativa que intenta poner en el foco una dimensión adicional de la seguridad costera y de la limpieza del mar, pero cuya relevancia global todavía debe ser confirmada mediante una aceptación independiente más amplia y un nivel comparable de metodología públicamente disponible. En otras palabras, se trata de una idea que encaja en la dirección del desarrollo de las políticas costeras, pero que todavía no debe equipararse con el nivel de arraigo internacional que Blue Flag ya tiene.

Por qué el debate ya no puede detenerse en la estética de la playa

El turismo costero masivo ha ido cambiando en los últimos años los criterios de éxito de los destinos. Antes bastaba con el atractivo de postal: mar limpio en la fotografía, un paseo bien arreglado y algunos servicios básicos. Hoy, sin embargo, tanto los viajeros como las instituciones públicas exigen bastante más. El cambio climático aumenta el riesgo de erosión, tormentas inusuales y presión sobre la infraestructura costera. La contaminación por plástico ya no es un tema marginal, sino un desafío cotidiano que afecta directamente a los ecosistemas y a la experiencia del destino. Al mismo tiempo, también crece la sensibilidad hacia las cuestiones de accesibilidad, salvamento acuático, información al público y capacidad de los servicios locales para reaccionar cuando se producen situaciones extraordinarias.

En ese entorno, el récord de Brasil con 60 distintivos Blue Flag envía un mensaje poderoso, pero también abre una nueva pregunta: ¿qué sigue después de que un destino demuestre que ha alineado su gestión con los estándares internacionales? La respuesta esperada es cada vez más que la siguiente fase incluye una gestión más precisa de los riesgos, la retirada regular de residuos del mar, una mejor transparencia de los datos y la vinculación de la promoción turística con resultados ambientales medibles. Precisamente por eso es comprensible que, junto con los sistemas consolidados, aparezcan también nuevos modelos que quieren ocupar el espacio entre la ecología, la seguridad y la gestión operativa.

El efecto político y económico de las certificaciones en la costa

Estos distintivos no son importantes solo para los turistas. También tienen peso político y económico. Sirven a las autoridades locales como prueba de que pueden gestionar el espacio a un nivel que va más allá del mínimo prescrito por los estándares nacionales. Señalan a los inversores y al sector turístico que se trata de ubicaciones en las que existe un determinado nivel de orden, supervisión y reconocimiento internacional. Dan a la ciudadanía un argumento más para exigir el mantenimiento permanente de los estándares, y no solo el embellecimiento estacional del espacio antes de la llegada de los visitantes. En ese sentido, la certificación puede actuar como una herramienta de presión sobre las administraciones locales para que los problemas de residuos, alcantarillado, accesibilidad y seguridad no se resuelvan mediante campañas, sino de forma sistemática.

Brasil es un ejemplo especialmente interesante porque combina un fuerte potencial turístico internacional con una costa enorme y diversa. Cuando un país así aumenta el número de ubicaciones certificadas, el efecto es mayor que la mera estadística nacional. Con ello se eleva el listón para toda la región y se crea un marco de referencia con el que también se medirán otros sistemas costeros sudamericanos. Al mismo tiempo, Brasil muestra que la sostenibilidad no es lo contrario del crecimiento turístico, sino uno de sus requisitos previos. Los destinos que descuidan la gestión de residuos, la calidad del agua y la seguridad pueden atraer visitantes a corto plazo, pero a largo plazo pierden tanto reputación como valor de mercado.

Cuál podría ser el próximo estándar de excelencia costera

Si se observa el panorama más amplio, el desarrollo global de las certificaciones costeras avanza hacia un modelo en el que el éxito se medirá cada vez menos solo por la infraestructura existente en tierra y cada vez más por el estado del propio mar y del fondo marino. Ahí, al menos conceptualmente, iniciativas como White Flag by OACM.SOS podrían encontrar su espacio, siempre que desarrollen criterios claros, verificables y comparables internacionalmente. Si esos sistemas en el futuro logran demostrar resultados mediante supervisión independiente, podrían convertirse en un complemento de los estándares existentes y no en su sustitución. En ese caso, Blue Flag seguiría siendo el signo fundamental de una gestión costera de calidad, mientras que los nuevos certificados podrían servir como una capa adicional de confirmación de que un destino retira activamente residuos del mar y reduce sistemáticamente los riesgos de seguridad y ambientales bajo la superficie.

Para los lectores, los turistas y las comunidades locales, lo más importante es que detrás de cada bandera, azul o quizá alguna futura blanca, haya datos claros, procedimientos verificables y resultados medibles. Precisamente por eso el ejemplo brasileño va más allá del éxito nacional. Muestra que el turismo costero avanza rápidamente hacia una fase en la que ya no bastará con declarar la sostenibilidad, sino que habrá que demostrarla con estándares, supervisión y gestión diaria de un espacio que es al mismo tiempo ecológicamente sensible, económicamente valioso y un bien público.

Fuentes:
- Ministerio de Turismo de Brasil – anuncio oficial sobre 60 playas y marinas brasileñas candidatas y confirmadas para la temporada 2025/2026, con datos sobre estados, criterios y el marco institucional del programa (enlace)
- Blue Flag Global – información oficial sobre el programa, su alcance internacional y el papel de la Foundation for Environmental Education (enlace)
- Blue Flag Global – criterios del programa, incluida la calidad del agua, la gestión de residuos, la biodiversidad, la seguridad, la accesibilidad y la adaptación climática (enlace)
- Blue Flag Global – informe sobre la ceremonia nacional en Brasil y la distribución de las 60 ubicaciones aprobadas por estados federales en la temporada 2025/2026 (enlace)
- Bandeira Azul Brasil – descripción oficial del programa brasileño y resumen de los criterios para playas y marinas (enlace)
- OACM Group – descripción oficial de la iniciativa White Flag International y de su enfoque en la retirada física de plástico y el marcado de áreas marinas seguras; las afirmaciones de la organización se han trasladado con atribución clara (enlace)

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Hora de creación: 11 horas antes

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