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El turismo cubano se hunde bajo la presión de la escasez de combustible y de las medidas estadounidenses, y los trabajadores se quedan sin ingresos

Descubre cómo la escasez de combustible, las interrupciones de vuelos y el endurecimiento de las medidas estadounidenses golpearon aún más al turismo cubano. Ofrecemos un repaso de las consecuencias para taxistas, guías turísticos, pequeños arrendadores y la economía cubana en general, que se recupera cada vez con más dificultad de una crisis prolongada.

El turismo cubano se hunde bajo la presión de la escasez de combustible y de las medidas estadounidenses, y los trabajadores se quedan sin ingresos
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

El turismo cubano bajo la presión de la escasez de combustible: taxistas, guías y pequeños arrendadores entre los mayores perdedores

La industria turística cubana, durante años una de las fuentes clave de divisas para la economía insular, entró en una nueva fase de profunda crisis tras el endurecimiento de la presión estadounidense sobre los envíos de petróleo y derivados hacia este Estado caribeño. Las consecuencias ya no se ven solo en los indicadores macroeconómicos, sino también en las calles de La Habana, en las zonas hoteleras de Varadero y en la vida cotidiana de miles de personas que viven de la llegada de visitantes extranjeros. Los taxistas esperan combustible durante días o semanas, los guías turísticos se quedan sin grupos, parte de los hoteles opera con capacidad reducida y las cancelaciones de vuelos y viajes han golpeado aún más a un sector ya debilitado.

La nueva ola de problemas se sumó a las dificultades de varios años de la economía cubana, incluida la débil recuperación tras la pandemia, las carencias crónicas, las interrupciones en el suministro eléctrico y la continua salida de mano de obra. El turismo debía ser uno de los motores de la recuperación, pero en lugar de ello se ha convertido en el sector que mejor muestra hasta qué punto el Estado es vulnerable cuando no hay suficientes fuentes de energía. Cuando no hay combustible, no solo sufren los aviones y autobuses que transportan a los visitantes, sino toda la cadena de servicios: traslados desde el aeropuerto, excursiones, transporte en taxi, entrega de mercancías a los hoteles, funcionamiento de restaurantes y abastecimiento de instalaciones turísticas.

Las medidas estadounidenses reforzaron la presión sobre un sistema ya agotado

Estados Unidos ya mantenía anteriormente un estricto régimen de sanciones contra Cuba, pero a comienzos de 2026 la presión se intensificó aún más con decisiones dirigidas a países y entidades que suministran petróleo a la isla. A finales de enero, la Casa Blanca anunció una orden ejecutiva que abrió la puerta a medidas comerciales adicionales contra los Estados que directa o indirectamente entregan petróleo a Cuba. En Washington, esta política se presenta como un instrumento de seguridad nacional y de presión de política exterior sobre las autoridades de La Habana, mientras que La Habana sostiene que se trata de una medida que profundiza la crisis humanitaria y económica.

En la práctica, el resultado fue muy rápido: el suministro de energéticos se dificultó aún más, y las autoridades cubanas se vieron obligadas a introducir medidas extraordinarias de ahorro. Las advertencias sobre la escasez de combustible para aviones, las restricciones en el tráfico, la reducción de actividades en determinadas instituciones y el cierre de parte de la capacidad turística mostraron que el problema ya no es solo una cuestión política entre dos Estados, sino un golpe directo a la vida cotidiana de la población. En tales circunstancias, el sector turístico, que depende de la movilidad y del abastecimiento constante, se encuentra entre los primeros en sentir las consecuencias.

La caída del número de visitantes profundiza aún más el problema

La oficina oficial de estadística de Cuba, ONEI, anunció que durante 2025 el país registró 1.810.663 visitantes internacionales, lo que supone una caída notable en comparación con 2024. El inicio de 2026 tampoco trajo un giro: según datos preliminares, en enero se registraron 184.833 visitantes internacionales, menos que en el mismo mes del año anterior. Estos datos confirman que Cuba no ha logrado volver ni siquiera aproximadamente a los niveles del período previo a la pandemia, cuando las llegadas anuales eran varias veces mayores y el turismo aportaba miles de millones de dólares en ingresos.

Las cifras por sí solas no explican todo el panorama, pero muestran la dirección. Para una isla que durante años se apoyó en los visitantes extranjeros como una de las principales fuentes de dinero fresco, cada nueva caída en el número de llegadas significa menos trabajo para un amplio círculo de personas que participan formal o informalmente en la cadena turística. Esto incluye a conductores de taxis privados, propietarios de habitaciones y apartamentos, guías turísticos, músicos, restauradores, artesanos, transportistas y pequeños comerciantes. Cuando los hoteles quedan medio vacíos, las consecuencias se derraman mucho más allá de las recepciones hoteleras.

Sin combustible no hay turistas, ni excursiones, ni un plan de viaje seguro

Uno de los golpes más duros para el turismo cubano llegó a comienzos de febrero de 2026, cuando debido a la escasez de combustible de aviación se produjeron graves alteraciones en el tráfico aéreo. Air Canada anunció el 09 de febrero de 2026 que suspendía temporalmente sus vuelos a Cuba debido a la imposibilidad de garantizar un suministro regular de combustible en la isla, al tiempo que organizaba vuelos vacíos para el regreso de los pasajeros. Las notificaciones aeronáuticas cubanas y los informes de los medios confirmaron que las aerolíneas internacionales habían sido advertidas de una grave falta de combustible para aviones, lo que para un destino dependiente del tráfico aéreo representó un golpe casi perfecto.

Esa situación tiene un doble efecto. Por un lado, los viajeros posponen o cancelan viajes debido a la incertidumbre, las advertencias y el temor a complicaciones adicionales. Por otro lado, los turoperadores y las aerolíneas deben cambiar rutas, planes y costes, por lo que Cuba se vuelve menos competitiva frente a otros destinos caribeños que ofrecen mayor previsibilidad. Para el turismo, la estabilidad es decisiva: un visitante que no sabe si su vuelo se retrasará, si el hotel tendrá electricidad o si podrá viajar con normalidad por el país elegirá con más facilidad otro destino.

La mayor carga recae sobre los trabajadores de la base de la cadena

En una crisis así, quienes no tienen reserva financiera y dependen de ingresos diarios son los que peor lo pasan. Para los taxistas privados, el combustible es la base del negocio, y cuando no lo hay, el automóvil deja de ser una herramienta de trabajo y se convierte en un coste. Las largas colas, los sistemas digitales de pedido de combustible, los precios altos y el mercado negro crean una situación en la que muchos conductores no saben si podrán siquiera realizar un traslado al aeropuerto, un traslado hotelero o una excursión que habían acordado antes. Associated Press informó de que algunos conductores en Cuba esperan combustible durante meses a través del sistema estatal de pedidos, mientras que la cantidad que pueden comprar es limitada y el precio resulta inalcanzable para muchos.

Los guías turísticos tienen un problema similar. Su trabajo no depende solo de la llegada de visitantes, sino también del funcionamiento de todo el terreno. Si no hay suficiente transporte, si los museos y restaurantes funcionan con horarios reducidos, si se cancelan excursiones y si los turistas quedan confinados en los hoteles por apagones o cambios de vuelos, los guías se quedan sin encargos. Quienes trabajan por cuenta propia están especialmente expuestos, porque no tienen la seguridad de un salario fijo ni una fuerte protección institucional. En tales circunstancias, muchos piensan en abandonar el país, no porque el trabajo sea malo en temporada turística, sino porque ha desaparecido la previsibilidad mínima.

Los hoteles y restaurantes funcionan, pero en condiciones cada vez más difíciles

La escasez de combustible y de electricidad no significa necesariamente que todos los establecimientos estén cerrados, pero sí significa que todo funciona de forma más cara, más lenta y más incierta. Parte de los hoteles tuvo que reducir capacidades o trasladar a los huéspedes, mientras que los restaurantes y hosteleros privados se enfrentan a problemas de abastecimiento, sistemas de refrigeración y transporte. Cuando la cadena de suministro se debilita, la calidad del servicio sufre incluso allí donde el personal da lo máximo. Los visitantes quizá todavía puedan encontrar sol, mar y el casco histórico de La Habana, pero les resulta más difícil obtener una experiencia sin improvisaciones constantes.

Eso afecta especialmente a la imagen del destino. El turismo no se basa solo en la belleza natural y el atractivo cultural, sino también en la impresión de fiabilidad. Si los medios extranjeros informan regularmente sobre cierres de hoteles, racionamiento de combustible, apagones y vuelos cancelados, el daño no es solo inmediato. Estas noticias también influyen en futuras reservas, porque el mercado de viajes reacciona muy rápido a la percepción del riesgo. La confianza perdida es difícil de recuperar, especialmente en competencia con destinos que cuentan con una infraestructura más estable.

La crisis económica más amplia ahora se ve en el turismo más claramente que nunca

Las autoridades cubanas llevan tiempo viendo el turismo como uno de los pilares de la supervivencia económica, pero ahora se demuestra cuán vulnerable es ese modelo cuando al país le faltan suficiente energía y divisas. Los ingresos turísticos son importantes no solo por los hoteles y las empresas estatales, sino también porque a través de ellos entra dinero en el sistema que luego sostiene a otros sectores. Cuando ese flujo se debilita, la presión aumenta sobre la alimentación, el transporte, la sanidad y los servicios públicos.

El problema es que la crisis se alimenta a sí misma. Menos turistas significa menos ingresos. Menos ingresos significa menos posibilidades de importación y de mantenimiento del sistema. Menos combustible y una infraestructura más débil disuaden aún más a los turistas. Así se cierra un círculo del que es difícil salir sin un alivio externo serio o reformas internas. Por eso la crisis del turismo cubano ya no puede observarse como un problema aislado de una sola industria, sino como el espejo de una debilidad estructural más amplia de la economía.

Las consecuencias humanitarias ya no están separadas de la historia del turismo

Las advertencias de las organizaciones internacionales muestran que la crisis energética cubana no se agota en la cuestión de las vacaciones, el transporte o el negocio hotelero. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos advirtió en febrero de 2026 que la profundización de la escasez de combustible pone en peligro el acceso a servicios básicos, incluidos los sistemas sanitario, alimentario y de agua. Expertos de la ONU condenaron por separado la orden ejecutiva estadounidense relacionada con el suministro de petróleo a Cuba, al considerar que agrava aún más la situación de la población.

Para el turismo, esto es importante por al menos dos razones. La primera es práctica: un destino en el que los servicios básicos funcionan con dificultad difícilmente puede mantener una oferta turística de calidad y fiable. La segunda es social: cuando el Estado se enfrenta a presión sobre hospitales, transporte público, agua y abastecimiento de alimentos, resulta difícil defender una estrategia según la cual el turismo sigue siendo una prioridad sin un debate más amplio sobre la distribución de recursos. En Cuba esa tensión se ve desde hace años, y ahora se ha vuelto aún más marcada.

El conflicto político y la realidad económica conducen al mismo desenlace

Washington afirma que la presión reforzada debe impulsar cambios políticos en Cuba. La Habana responde que se trata de una agresión económica que golpea sobre todo a los ciudadanos comunes. Independientemente de la interpretación política, el resultado sobre el terreno es actualmente claro: los trabajadores del turismo se quedan sin empleo o sin ingresos estables, el sector privado pierde espacio para sobrevivir y la economía en general se hunde más profundamente en la incertidumbre. El turismo, que debía aportar alivio y divisas, se convierte en otro sector de supervivencia.

Lo que les ocurre a taxistas, guías y pequeños arrendadores muestra también un cambio más profundo: la crisis ya no es estacional ni una molestia temporal, sino una condición que cambia los planes de vida. Cuando un trabajador que hasta hace poco vivía de los visitantes ahora no puede conseguir combustible, realizar un traslado o prever si habrá vuelos la semana siguiente, entonces el turismo deja de ser una historia de desarrollo y pasa a ser una historia de partida. Para muchos cubanos, esto ya no es una cuestión de si la temporada será débil, sino de si pueden siquiera quedarse y sobrevivir del trabajo que construyeron durante años.

Una temporada incierta y un futuro aún más incierto

A comienzos de abril de 2026 no hay señales de una solución rápida y estable que devuelva al turismo cubano un ritmo normal. Algunas entregas de petróleo pueden aliviar temporalmente la escasez, pero por ahora no hay indicios de que el problema estructural se haya resuelto. Incluso si se restablece parte de los vuelos y algunos hoteles siguen funcionando, siguen abiertas las cuestiones del abastecimiento, los precios, la confianza de los viajeros y la capacidad del Estado para mantener la infraestructura básica.

Precisamente por eso la imagen actual de Cuba va más allá de la historia clásica de la caída de una temporada turística. Habla de un país en el que el conflicto geopolítico, la dependencia energética y el agotamiento económico prolongado se unen en una misma realidad. En sus primeras líneas están las personas que hasta ayer recibían a los turistas en el aeropuerto, los guiaban por los cascos antiguos, los llevaban a las playas y vivían de propinas, recomendaciones y nuevas reservas. Hoy, según la información disponible, cada vez más de ellos calculan no cuánto ganarán con el próximo visitante, sino cuánto tiempo más podrán resistir en un sistema que se queda sin combustible, sin seguridad y sin una salida clara.

Fuentes:
- The White House – orden ejecutiva y explicación oficial del endurecimiento estadounidense de las medidas respecto al suministro de petróleo a Cuba (link)
- The White House – resumen de la medida sobre aranceles adicionales para los países que directa o indirectamente suministran petróleo a Cuba (link)
- U.S. Department of State – panorama del régimen estadounidense de sanciones contra Cuba (link)
- Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI) – datos preliminares sobre visitantes internacionales en enero de 2026 (link)
- Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI) – revisión anual oficial de los indicadores turísticos de 2025 (link)
- Associated Press – suspensión de los vuelos de Air Canada a Cuba por la escasez de combustible de aviación (link)
- Air Canada – anuncio oficial sobre la suspensión temporal de los vuelos y el regreso de pasajeros desde Cuba (link)
- Associated Press – informe sobre las largas esperas de los conductores por combustible y los efectos de la escasez en el trabajo diario (link)
- OHCHR – advertencia sobre la profundización de la crisis socioeconómica en Cuba y el riesgo para los servicios básicos (link)
- OHCHR – comunicado de expertos de la ONU que condenan la orden ejecutiva estadounidense que impone un bloqueo de combustible a Cuba (link)

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Hora de creación: 2 horas antes

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