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Cómo las sanciones estadounidenses y la política America First de Trump vacían las playas cubanas y destruyen el turismo

Descubre cómo las sanciones estadounidenses, la escasez de combustible, las interrupciones de vuelos y la crisis energética han golpeado aún más al turismo cubano. Ofrecemos un panorama de la caída del número de visitantes, las consecuencias para los trabajadores y las razones por las que los cubanos comunes pagan el precio más alto de la presión política.

Cómo las sanciones estadounidenses y la política America First de Trump vacían las playas cubanas y destruyen el turismo
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Del ritmo al silencio: cómo la política «America First» vacía las playas cubanas y golpea la subsistencia de la gente común

Durante décadas, el turismo cubano tuvo en la imaginación global un estatus casi cinematográfico: La Habana como postal de automóviles antiguos y fachadas coloniales, Varadero como sinónimo de vacaciones caribeñas, y la música, el baile y la vida callejera como parte casi obligatoria de toda descripción viajera de la isla. Pero en la primavera de 2026, la imagen es notablemente distinta. Playas más vacías, vuelos cancelados y acortados, escasez de combustible, apagones de varias horas y de varios días, y una afluencia cada vez menor de visitantes extranjeros han convertido al turismo, antaño una fuente clave de divisas, en otro punto de la crisis cubana. En el centro de este cambio se encuentra una combinación de debilidades estructurales de larga duración de la economía cubana y un nuevo endurecimiento de la política estadounidense hacia La Habana durante el mandato del presidente Donald Trump, quien, bajo la bandera de la política «America First», renovó y reforzó la presión sobre la isla.

La política estadounidense hacia Cuba volvió a endurecerse

Washington tampoco había sido antes indulgente con Cuba, pero durante 2025 y a comienzos de 2026 la política se endureció aún más. En junio de 2025, la Casa Blanca renovó y modificó el memorando presidencial NSPM-5, con el que se confirmó el apoyo al embargo y se volvió a subrayar la obligación de aplicar estrictamente la prohibición legal de los viajes turísticos de estadounidenses a Cuba. En ese documento se afirma expresamente que la administración estadounidense quiere poner fin a las prácticas económicas que, según su interpretación, benefician de manera desproporcionada al Estado cubano y a las estructuras militares, de seguridad y de inteligencia, y no a la población cubana. Al mismo tiempo, Washington siguió restringiendo los flujos financieros y los negocios con entidades vinculadas al aparato estatal cubano, especialmente aquellas de la llamada Cuba Restricted List, en la que figuran numerosos sujetos relacionados con el conglomerado militar-estatal que también desempeña un papel importante en el turismo.

Para el sector turístico cubano es especialmente importante que la presión estadounidense no se detuviera solo en las normas de viaje. A finales de enero de 2026, Trump, según informes de medios estadounidenses e internacionales, endureció además el enfoque hacia el suministro energético de Cuba, sobre todo mediante una medida que amenaza con consecuencias arancelarias a los países que venden o suministran petróleo a Cuba. La consecuencia no es solo una tensión diplomática, sino también un golpe muy concreto al suministro de combustible. Cuba, cuyo sistema eléctrico y transporte dependen desde hace años del combustible importado, entró así en una incertidumbre energética aún más profunda.

El turismo ya había caído antes, pero ahora las cifras son todavía peores

Los datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba, ONEI, muestran que 2025 terminó bastante peor que 2024. En el período de enero a diciembre de 2025, Cuba registró 1.810.663 visitantes, mientras que un año antes habían sido 2.203.117. Eso significa una caída al 82,2 por ciento del nivel de 2024. El problema es aún más claro cuando se observan los indicadores relacionados: el número de pernoctaciones cayó de 12.831.500 a 10.874.614, la tasa de ocupación de 23,0 a 18,9 por ciento, y los ingresos de las entidades turísticas de 120,65 mil millones a 109,43 mil millones de pesos cubanos. En otras palabras, no se trata solo de que a Cuba llegue menos gente, sino también de que el sector llena peor los hoteles, genera menos gasto y tiene más dificultades para mantener la sostenibilidad operativa.

El comienzo de 2026 empeoró aún más la imagen. Según los datos preliminares de la ONEI, en enero de 2026 Cuba tuvo 184.833 visitantes internacionales, es decir, 11.512 menos que en el mismo mes de 2025. Febrero fue todavía más grave: hasta finales de febrero de 2026 se registraron en total 262.496 visitantes internacionales, frente a 374.267 en el mismo período de 2025, es decir, 112.642 menos. Esa caída al 70 por ciento del nivel del año anterior muestra que la tendencia ya no puede describirse como una lenta recuperación pospandémica que se atasca, sino como un profundo deterioro en un momento en que el turismo mundial, según los datos de UN Tourism, en conjunto sigue creciendo.

Cuando desaparece el combustible, el turismo no se detiene solo en el aeropuerto

Para las economías turísticas, el transporte aéreo no es un lujo, sino una infraestructura básica. Precisamente por eso, la decisión de las autoridades cubanas de febrero de 2026, mediante la cual se advirtió a las aerolíneas que en nueve aeropuertos, incluido el José Martí de La Habana, temporalmente no habría combustible para aviones, tuvo efecto de alarma. Associated Press informó de que Air Canada ya había suspendido los vuelos a la isla el 9 de febrero, mientras que otras compañías tuvieron que introducir escalas adicionales para repostar en terceros países. A comienzos de marzo, AP también informó de que Air France suspendía la ruta París–La Habana del 28 de marzo al 15 de junio de 2026, precisamente por la escasez de combustible y las dificultades operativas.

Eso tiene un efecto en cadena que no se ve solo en la pista. Si las largas rutas europeas y norteamericanas se vuelven poco fiables o demasiado caras, Cuba pierde automáticamente parte de sus visitantes más valiosos, aquellos que se quedan más tiempo y gastan más. Cuando a eso se suman problemas con el transporte local, la distribución de alimentos, el funcionamiento de los hoteles y el suministro eléctrico, el producto turístico se vuelve inestable incluso para los viajeros dispuestos a tolerar ciertas dificultades. Para un país que debe buscar divisas precisamente en la exportación de servicios, eso es un golpe muy serio.

Días negros para la red eléctrica cubana

La crisis energética no es un elemento secundario de la historia, sino su núcleo. Durante marzo de 2026, Cuba sufrió varias perturbaciones importantes de la red eléctrica, incluido un colapso total del sistema nacional. Reuters informó a mediados de marzo de que el colapso de la red dejó sin electricidad a unos 10 millones de personas. Associated Press registró después que a finales de marzo ya se trataba del tercer colapso nacional de la red en el mismo mes. En la industria turística, esos acontecimientos no son solo un problema técnico. Significan apagones del aire acondicionado en los hoteles, alteraciones en las cadenas de frío alimentarias, funcionamiento dificultado de los restaurantes y de los servicios de salud, una conectividad a internet y telefónica más débil, y una carga adicional para trabajadores ya sobrecargados.

Las autoridades cubanas ven las causas en una combinación de infraestructura obsoleta, falta de combustible y presión externa sobre el suministro energético. Los críticos del sistema cubano, por su parte, advierten que la situación actual no puede explicarse solo por las sanciones, sino también por años de inversiones insuficientes, gestión centralizada y baja productividad de la economía nacional. Ambas dimensiones son importantes. Las sanciones y la presión energética empeoran la situación, pero recaen sobre un sistema que ya era frágil. Para los cubanos comunes, el debate sobre la proporción de cada causa individual cambia poco la vida cotidiana: cuando no hay electricidad, tampoco hay trabajo, ni transporte, ni ingresos estables.

La mayor carga no la soporta la élite política, sino los trabajadores y los pequeños empresarios

En los comunicados políticos oficiales, tanto en Washington como en La Habana, a menudo se habla de «presión sobre el régimen» o de «defensa de la soberanía». Pero la caída del turismo golpea de manera más directa a personas que no son ni creadoras de la política estadounidense ni responsables de tomar decisiones en el Estado cubano. Son taxistas, arrendadores privados de habitaciones, camareros, cocineros, músicos, guías, artesanos, vendedores de recuerdos y trabajadores hoteleros. Reuters ha mostrado estos días, mediante escenas de reportaje desde zonas turísticas y localidades más pequeñas, precisamente esa capa silenciosa de la crisis: costas vacías, embarcaciones amarradas y puestos sin compradores, en un momento en que las llegadas internacionales en febrero cayeron un 56 por ciento en comparación con el año anterior.

En el caso cubano es especialmente importante que el turismo no sea solo uno de los sectores, sino también el canal a través del cual llega a la población local la moneda «dura». Cuando los hoteles funcionan peor, también ganan menos los proveedores privados de servicios, y también disminuye el gasto en restaurantes, transporte y economía informal. En un país con escasez crónica de bienes y bajos ingresos reales, el turismo era para muchos un amortiguador entre el salario oficial y los costes reales de vida. El debilitamiento de ese amortiguador significa un empobrecimiento más profundo, una mayor dependencia de las remesas del extranjero y un incentivo más fuerte para emigrar.

La caída del interés turístico ocurre en un momento en que el mundo viaja más

El caso cubano destaca aún más cuando se lo compara con el entorno internacional. UN Tourism publicó que las llegadas turísticas internacionales en los primeros nueve meses de 2025 aumentaron un cinco por ciento con respecto al mismo período de 2024, con más de 1,1 mil millones de viajes y un nivel que ya está por encima del de 2019, previo a la pandemia. Mientras gran parte del mundo registra una continuación de la recuperación y un crecimiento de la demanda, Cuba avanza en dirección contraria. Eso muestra que el problema no está solo en la demanda global, los precios de los billetes o los cambios en los hábitos de los viajeros. El problema es específicamente cubano y surge de la combinación de riesgo político, inestabilidad de las infraestructuras y capacidad limitada del Estado para garantizar las condiciones básicas para el funcionamiento normal del sector.

Para una parte de los viajeros, Cuba sigue teniendo una fuerte carga simbólicamente atractiva. Pero al final el turismo no se vende solo sobre la base de la atmósfera y de la imagen histórica. Se vende a través de la fiabilidad de los vuelos, la disponibilidad de combustible, el funcionamiento de la red eléctrica, el abastecimiento de los hoteles, la sensación de seguridad y la previsibilidad del servicio. Cuando esos elementos se vuelven inciertos, incluso los destinos con una identidad fuerte pierden la carrera frente a la competencia.

¿Puede Cuba revertir la tendencia?

A corto plazo, no hay mucho margen para una recuperación rápida. La administración estadounidense no muestra señales de aflojar, y los documentos oficiales de Washington sugieren que la estrategia de presión forma parte de un proyecto político más amplio hacia Cuba. Por otro lado, a finales de febrero de 2026, la OFAC abrió la posibilidad de una concesión de licencias más favorable para determinadas solicitudes que permitirían la reventa de petróleo venezolano para su uso en Cuba, pero con la estricta limitación de que tales operaciones no deben beneficiar a entidades vinculadas con el ejército cubano y con las estructuras estatales de la lista restrictiva estadounidense. Esa es una señal de que Washington quiere diferenciar el apoyo al sector privado del apoyo al Estado, pero en la práctica la cuestión es hasta qué punto ese modelo puede estabilizar rápida y suficientemente el suministro energético.

Para La Habana, el problema es aún más profundo: incluso si parte de los canales de suministro mejorara, seguirían existiendo infraestructuras obsoletas, baja ocupación, confianza debilitada de las aerolíneas y un daño reputacional cada vez mayor para el destino. La industria turística puede soportar tensiones políticas, pero soporta mucho peor la combinación de vuelos inciertos, apagones prolongados y caída de la calidad de los servicios cotidianos. Precisamente por eso, la crisis actual no puede observarse solo como otra caída cíclica de la temporada, sino como una señal de que uno de los apoyos económicos más importantes de Cuba ha quedado seriamente sacudido.

Detrás de la geopolítica queda el silencio en las playas

En los centros políticos de poder, las sanciones suelen presentarse como un instrumento de presión sobre el poder, y en las narrativas oficiales cubanas como prueba de agresión externa. Pero entre esas dos versiones de la historia queda la vida cotidiana de las personas que viven del turismo. Cuando se cancela un vuelo, no es un ministerio el que se queda sin ingresos, sino el conductor que debía recibir a los huéspedes. Cuando un hotel funciona a media capacidad, el golpe no lo siente solo la estadística estatal, sino también el cocinero, la camarera de piso, el músico y el pequeño arrendador. Cuba, el 15 de abril de 2026, está cada vez más lejos de la imagen de despreocupación caribeña con la que se vendió al mundo durante años. En lugar de ritmo y vivacidad, muchas zonas turísticas están hoy marcadas por el silencio, el vacío y la incertidumbre, y el mayor precio de este enfrentamiento geopolítico vuelve a ser pagado por quienes menos deciden sobre él.

Fuentes:
- La Casa Blanca – memorando presidencial NSPM-5 y resumen oficial del fortalecimiento de la política estadounidense hacia Cuba (enlace)
- La Casa Blanca – revisión oficial de las medidas de la administración de Donald Trump hacia Cuba de 2025 y 2026 (enlace)
- U.S. Department of the Treasury, OFAC – revisión del programa de sanciones hacia Cuba y directrices oficiales (enlace)
- U.S. Department of the Treasury, OFAC – FAQ 1238 sobre la posibilidad de conceder licencias para la reventa de petróleo venezolano para su uso en Cuba (enlace)
- ONEI – revisión estadística oficial cubana del turismo para enero–diciembre de 2025, incluido el número de visitantes, pernoctaciones, ingresos y ocupación (enlace)
- ONEI – datos preliminares sobre visitantes internacionales en enero de 2026 (enlace)
- ONEI – datos preliminares sobre visitantes internacionales hasta finales de febrero de 2026 (enlace)
- Associated Press – reportaje sobre la escasez de combustible para aviones, las suspensiones de vuelos y las consecuencias para el turismo cubano (enlace)
- Associated Press – reportaje sobre la suspensión temporal de la ruta de Air France entre París y La Habana (enlace)
- Reuters – fotorreportajes e informes sobre la caída del turismo, la escasez de combustible y el colapso de la red eléctrica en marzo y abril de 2026 (enlace)
- UN Tourism – datos globales sobre el crecimiento de las llegadas turísticas internacionales en 2025 como contexto comparativo más amplio (enlace)

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Hora de creación: 4 horas antes

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