Por qué la masa de la Antártida está creciendo: por ahora, más nieve supera el acelerado drenaje del hielo
En los últimos años, la Antártida ha registrado un giro inusual en su balance de hielo: tras un largo periodo de pérdida neta, la masa de la capa de hielo antártica ha pasado a un crecimiento neto desde 2020. A primera vista, esto puede sonar como una noticia que desmiente las advertencias sobre el cambio climático, pero la imagen real es considerablemente más compleja. Una nueva investigación, publicada a comienzos de febrero de 2026 en la revista
Communications Earth & Environment, muestra que la capa de hielo no está creciendo porque se pierda menos hielo, sino porque al mismo tiempo el continente ha empezado a recibir una cantidad excepcionalmente mayor de nieve que antes. Esa nieve adicional, al menos por ahora, compensa e incluso supera el mayor drenaje de hielo hacia el océano.
En el centro de la historia se encuentra un equilibrio delicado entre dos procesos. Por un lado, los glaciares y las plataformas de hielo continúan perdiendo hielo por deshielo, fractura y desprendimiento de icebergs, así como por un flujo acelerado hacia el mar. Por otro lado, en partes del continente ha aumentado la acumulación de nieve, es decir, la cantidad de hielo nuevo que cada año se añade en la superficie. Los científicos advierten que esto no significa que el problema haya desaparecido. Al contrario, los datos más recientes indican que la Antártida se encuentra hoy en una fase muy inestable en la que varios años de nevadas más abundantes pueden cambiar temporalmente la estadística general, pero no eliminar las causas fundamentales del riesgo a largo plazo para el nivel global del mar.
Qué muestra exactamente la nueva investigación
El estudio fue realizado por investigadores del Instituto Meteorológico Danés, el Instituto Meteorológico Real de los Países Bajos, la Universidad de Columbia Británica y la Universidad de Canterbury, y el trabajo se desarrolló en el marco de proyectos vinculados al programa de la Agencia Espacial Europea para el seguimiento del cambio climático. El equipo analizó los cambios de masa de la capa de hielo antártica desde 2002 hasta finales de 2024, combinando gravimetría satelital, reanálisis atmosféricos y modelos climáticos regionales de alta resolución.
Según los resultados del trabajo, la Antártida perdió principalmente entre 90 y 142 gigatoneladas de hielo al año desde comienzos de siglo hasta 2020. Después de 2016 se observó una desaceleración de esa tendencia negativa, y desde 2020 en adelante se registra una ganancia neta de masa. Los autores señalan que en el periodo 2020–2024 se trata de un crecimiento medio de alrededor de 67,5 gigatoneladas al año. Pero el mismo trabajo registra al mismo tiempo casi 100 gigatoneladas al año más de pérdida de hielo por drenaje dinámico desde tierra hacia el océano en comparación con el periodo de 2003 a 2019. En otras palabras, la capa de hielo no se “calmó”; simplemente, la entrada de nieve nueva en los años observados fue aún mayor que la pérdida más elevada.
Esta es una de las conclusiones más importantes del nuevo trabajo, porque cambia la percepción simplificada de que el crecimiento de la masa total significa automáticamente la estabilización del sistema. Los científicos advierten con mucha claridad que aquí no se trata de una reducción del peligro, sino de una reversión temporal del balance de masa. Si el régimen de nieve vuelve a valores más cercanos a los anteriores y el flujo acelerado de hielo hacia el océano permanece en un nivel elevado, el balance total podría volver a situarse en negativo.
Por qué ahora cae más nieve
La explicación clave se encuentra en la atmósfera. La investigación muestra que desde 2020 han llegado a la Antártida con mayor frecuencia e intensidad las llamadas ríos atmosféricos, franjas estrechas y largas de aire llenas de grandes cantidades de vapor de agua. Estos sistemas pueden transportar enormes cantidades de humedad a miles de kilómetros de distancia. Cuando llegan al entorno antártico extremadamente frío, esa humedad puede convertirse en abundantes nevadas.
Los autores determinaron que, en el periodo más reciente, los ríos atmosféricos fueron especialmente marcados sobre la Península Antártica, la Tierra de la Reina Maud y la Tierra de Wilkes en la Antártida Oriental. Precisamente esas son las zonas donde los datos satelitales mostraron las ganancias regionales de masa más fuertes. Junto con la mayor actividad de esos ríos atmosféricos, también desempeñaron un papel importante unos vientos del oeste más fuertes, que ayudaron aún más al transporte de humedad hacia el continente.
La física detrás de ello es bien conocida. El aire más cálido puede contener más vapor de agua, por lo que, a medida que aumenta la temperatura, también aumenta el potencial de precipitaciones intensas. En climatología, esto suele resumirse mediante la relación de Clausius-Clapeyron, según la cual la atmósfera puede retener alrededor de un siete por ciento más de humedad por cada grado Celsius de calentamiento. En las regiones polares frías, esto no significa necesariamente más lluvia, sino muy a menudo más nieve, especialmente cuando el aire procedente del océano llega sobre el continente helado en condiciones favorables para las precipitaciones.
Qué importancia tiene en esta historia la desaparición del hielo marino
Una cuestión adicional era si la reducción del hielo marino alrededor de la Antártida contribuye a una mayor evaporación y, por tanto, a mayores nevadas sobre tierra firme. Los investigadores lo probaron con un modelo climático regional impulsado por el reanálisis ERA5 y por registros satelitales de la concentración de hielo marino. La conclusión es matizada: la pérdida de hielo marino efectivamente aumenta la disponibilidad de humedad, pero su contribución no es la principal explicación del reciente giro en el balance de masa.
Según las estimaciones del trabajo, la reducción del hielo marino puede explicar aproximadamente el 11 por ciento del aumento invernal de las nevadas y alrededor del 3 por ciento del aumento estival. Eso significa que este factor es real, pero limitado. Los científicos relacionan la mayor parte del cambio con grandes patrones atmosféricos, sobre todo con ríos atmosféricos más frecuentes y más intensos, así como con cambios en la circulación del aire. En otras palabras, un mar más abierto alrededor del continente puede ayudar a que haya más humedad en la atmósfera, pero el mecanismo principal que lleva esa humedad muy adentro de la Antártida sigue siendo los cambios en el comportamiento de la atmósfera a una escala más amplia.
Esa es una diferencia importante también para comprender las proyecciones futuras. Si el público se quedara solo con la afirmación de que “menos hielo marino significa más nieve, así que eso es bueno”, se pasaría por alto el problema clave: el mismo sistema climático que intensifica ocasionalmente las nevadas está calentando al mismo tiempo el océano, debilitando las plataformas de hielo y acelerando las pérdidas en los bordes de la capa de hielo.
Por qué el crecimiento de la masa no significa que el peligro haya pasado
La capa de hielo antártica es la mayor reserva de agua dulce de la Tierra. Según datos del National Snow and Ice Data Center, si se derritiera todo el hielo de la Antártida, el nivel global del mar subiría alrededor de 58 metros. Ese escenario no es probable a corto plazo, pero incluso cambios mucho menores en el balance de la capa de hielo tienen enormes consecuencias para las ciudades costeras, la infraestructura, la agricultura, los puertos y los ecosistemas naturales de todo el mundo.
Precisamente por eso a los científicos no les interesa solo una cifra de un año, sino la relación entre la acumulación superficial y la pérdida dinámica. La acumulación superficial aumenta la masa cuando cae más nieve de la que se pierde por evaporación, sublimación y deshielo superficial. La pérdida dinámica, por otro lado, se refiere al hielo que los glaciares y las plataformas de hielo entregan al océano. En el nuevo estudio, la señal más importante es que este segundo proceso sigue aumentando. Eso significa que el actual crecimiento neto de masa se apoya en un exceso de nieve condicionado por el tiempo atmosférico, y no en un fortalecimiento de la estabilidad de la capa de hielo.
Los investigadores advierten que la Antártida está ahora “finamente equilibrada”. Unos pocos años con menos ríos atmosféricos podrían devolver fácilmente el balance total al lado negativo. Aún más importante, si las plataformas de hielo flotantes siguen adelgazando y desintegrándose, los glaciares que ahora frenan podrían acelerarse aún más. En ese caso, el aumento de las nevadas ya no bastaría para compensar el creciente flujo de hielo hacia el océano.
Qué miden realmente los satélites cuando hablan de masa de hielo
Una de las razones por las que hoy son posibles investigaciones de este tipo es el desarrollo de la gravimetría satelital. Las misiones GRACE y GRACE Follow-On, dirigidas conjuntamente por la NASA y por instituciones alemanas, miden los cambios en el campo gravitatorio de la Tierra. Dos satélites vuelan uno detrás del otro y miden con enorme precisión los cambios en la distancia entre ellos. Cuando sobrevuelan una zona en la que la masa en la Tierra ha cambiado, por ejemplo debido a una pérdida o ganancia de hielo, también cambia la atracción gravitatoria y, con ello, su separación.
La NASA señala que GRACE medía las distancias entre los satélites mediante un sistema de microondas de banda K, mientras que el instrumento de la misión GRACE-FO puede registrar cambios de distancia del orden de una micra. Esos cambios aparentemente insignificantes, combinados con otros datos, permiten a los científicos reconstruir cómo cambia con el tiempo la masa de agua y de hielo. Eso no significa que el satélite “vea” cada iceberg individual, sino que, a partir de los cambios de la gravedad, puede calcular dónde aumenta la masa en la superficie del planeta y dónde disminuye.
Estos datos tienen un enorme valor precisamente porque la Antártida abarca regiones inmensas y de difícil acceso. Sin largas series satelitales, sería casi imposible seguir el continente en su conjunto y distinguir las anomalías de corta duración de cambios más serios que duran años.
La imagen climática más amplia: más nieve y más riesgo al mismo tiempo
En la Antártida están ocurriendo hoy simultáneamente varios procesos que a primera vista pueden parecer contradictorios. Una atmósfera más cálida, por lo general, puede contener más humedad, lo que puede aumentar la cantidad de nevadas sobre las partes frías del continente. Al mismo tiempo, un océano más cálido puede erosionar con más fuerza las plataformas de hielo desde abajo, y su debilitamiento abre el camino a un drenaje más rápido del hielo terrestre hacia el mar. En otras palabras, el cambio climático no actúa solo en una dirección ni produce el mismo efecto en todas las partes del sistema.
Precisamente esa combinación de procesos explica por qué en los últimos años puede producirse un crecimiento neto temporal de la masa aunque los riesgos a largo plazo no estén disminuyendo. La visualización de la NASA de los cambios en la masa de hielo muestra que la Antártida, en promedio, entre 2002 y 2025 aun así perdió alrededor de 135 gigatoneladas de hielo al año, contribuyendo al aumento del nivel global del mar. El nuevo estudio no desmiente esa imagen más amplia, sino que reconoce dentro de ella un giro más reciente, de cinco años, provocado por una acumulación de nieve extraordinariamente grande.
Esa es también la razón por la que los científicos evitan formulaciones simples sobre la “recuperación” de la Antártida. Se trata más bien de una superposición meteorológico-climática a corto plazo en la que un mecanismo es temporalmente más fuerte que el otro. Todavía no está claro si esa relación durará. La respuesta dependerá de la frecuencia futura de los ríos atmosféricos, de la evolución del hielo marino, de la temperatura del océano y de los cambios en la dinámica de los glaciares y las plataformas de hielo.
Por qué este tema es importante también fuera de la ciencia polar
Los cambios en la Antártida no son una curiosidad científica lejana sin consecuencias para el resto del mundo. El balance del hielo antártico está directamente relacionado con la futura subida del nivel del mar, pero también con procesos oceanográficos que influyen en la distribución del calor, la salinidad y los nutrientes en los mares del mundo. El agua dulce que entra en el océano desde la capa de hielo puede cambiar la densidad del agua marina y, con ello, los patrones de circulación que tienen consecuencias climáticas muy lejos del polo sur.
Además, el nuevo estudio recuerda que el sistema climático a menudo responde de formas no lineales y aparentemente paradójicas. En el debate público, el cambio climático suele simplificarse en unas pocas imágenes reconocibles: aire más cálido, menos hielo, más deshielo. En realidad, un aire más cálido y húmedo sobre regiones muy frías puede significar al mismo tiempo más nieve. Pero precisamente por eso es importante observar el balance completo del sistema, y no un síntoma aislado. Más nieve sobre la Antártida no refuta el calentamiento global; al contrario, puede ser una de sus expresiones en las condiciones del sistema polar del sur.
Por ahora, la forma más precisa de decirlo es que la Antártida ha entrado en un periodo de oscilaciones intensificadas y de equilibrio muy delicado. El crecimiento neto de la masa desde 2020 no es prueba de que el problema haya desaparecido, sino una señal de que en el continente helado se encuentran dos fuerzas opuestas: una mayor acumulación de nieve y una pérdida acelerada de hielo hacia el océano. Mientras la segunda fuerza siga fortaleciéndose, cualquier valoración de una “recuperación” debe seguir siendo muy cautelosa. Por eso, los datos actuales hablan más de un respiro temporal en el balance global que de una inversión duradera de la dirección climática sobre la Antártida.
Fuentes:- Nature Communications Earth & Environment – trabajo científico sobre la reciente inversión en el balance de masa de la capa de hielo antártica, el papel de los ríos atmosféricos, los vientos del oeste y el hielo marino (enlace)- NASA Goddard Space Flight Center – resumen de los cambios en la masa del hielo antártico de 2002 a 2025 sobre la base de las misiones GRACE y GRACE-FO (enlace)- NASA Earth – descripción oficial de la misión GRACE y de la forma en que los satélites miden los cambios en el campo gravitatorio de la Tierra (enlace)- JPL / GRACE-FO – explicación del instrumento de microondas que mide con precisión cambios en la distancia entre satélites del orden de micras (enlace)- National Snow and Ice Data Center – datos básicos sobre la capa de hielo antártica, incluida una estimación de un posible aumento del nivel del mar de unos 58 metros en caso de deshielo total (enlace)- NASA Science – resumen de la base física según la cual una atmósfera más cálida puede contener aproximadamente un 7 por ciento más de vapor de agua por cada grado Celsius de calentamiento (enlace)
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