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El frente ucraniano vuelve a recrudecerse: nuevos ataques, afirmaciones opuestas desde el campo de batalla y estancamiento de la mediación estadounidense

Descubre qué hay detrás del nuevo recrudecimiento de la guerra en Ucrania. Ofrecemos un repaso de la situación en el campo de batalla, de las afirmaciones rusas y ucranianas sobre avances, de los nuevos ataques contra ciudades e infraestructuras y de las razones por las que las negociaciones con mediación estadounidense se han atascado en un momento delicado para Europa y la política mundial.

El frente ucraniano vuelve a recrudecerse: nuevos ataques, afirmaciones opuestas desde el campo de batalla y estancamiento de la mediación estadounidense
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

El frente ucraniano vuelve a recrudecerse mientras las negociaciones se atascan

La guerra en Ucrania en marzo de 2026 entra en una nueva fase de mayor presión militar e incertidumbre diplomática. En los últimos días, tanto Kyiv como Moscú publican afirmaciones mutuamente contradictorias sobre éxitos en el campo de batalla, mientras al mismo tiempo continúan los ataques contra ciudades, infraestructuras de transporte y objetivos industriales. En ese ambiente, la vía diplomática también se ralentiza aún más: una nueva ronda de conversaciones en el formato mediado en los últimos meses por Estados Unidos no se celebró según las expectativas previas, y el foco político de parte de los actores occidentales se desplazó hacia una nueva crisis de seguridad en Oriente Medio. De este modo, la guerra en Ucrania vuelve de nuevo al centro de la política global, no solo por la situación en el frente, sino también por la cuestión de cuánto margen queda realmente para un avance negociador serio.

Afirmaciones opuestas desde el campo de batalla y lucha por la iniciativa

En los últimos días, el liderazgo militar y político ucraniano afirma que sus fuerzas lograron recuperar parte del territorio en la parte sudoriental del campo de batalla, especialmente en dirección de las regiones de Dnipropetrovsk y Zaporiyia, y alterar los planes rusos para una ofensiva de primavera. Según evaluaciones recogidas por medios internacionales y centros analíticos, la presión ucraniana en determinados tramos sí obligó al mando ruso a reagrupar parte de sus unidades más selectas hacia el sector sur. Por otro lado, el Kremlin y la cúpula estatal rusa afirman que las fuerzas rusas siguen avanzando gradualmente en el Donbás, donde desde hace meses se libra una batalla agotadora por asentamientos, puntos logísticos y el control de fuego sobre las rutas de transporte. La verificación independiente de todas las afirmaciones territoriales sigue siendo limitada, algo que ya se ha convertido en la norma en una guerra en la que la dimensión informativa va de la mano con la artillería, los drones y los ataques con misiles.

Precisamente por eso, la situación actual en el frente habla más de una lucha por la iniciativa que de un giro estratégico claro. Rusia sigue disponiendo de una mayor masa de personal, equipo y munición, pero la parte ucraniana intenta anular esa relación mediante una combinación de elasticidad defensiva, ataques precisos en la retaguardia y un uso cada vez más intenso de sistemas no tripulados. El Institute for the Study of War estima que las acciones ucranianas en el sur y el sureste alteraron parte de los planes rusos para la campaña de 2026, pero al mismo tiempo advierte que Moscú continúa presionando en varios sectores y que no hay señales de que renuncie al desgaste de la defensa ucraniana. En otras palabras, por ahora ninguna de las partes ha logrado una ruptura decisiva, pero ambas intentan crear la impresión de que son ellas quienes dictan el ritmo de la guerra.

Las ciudades y la infraestructura siguen bajo ataque

Mientras en la línea terrestre del frente se libra una guerra de desgaste, los habitantes de las ciudades ucranianas siguen viviendo bajo la amenaza de ataques aéreos casi diarios. Según datos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el daño a los civiles en 2025 y a comienzos de 2026 volvió a aumentar, y los ataques de largo alcance con proyectiles y drones siguen siendo una de las principales fuentes de muertes y heridas lejos de la línea inmediata del frente. Las Naciones Unidas advierten que desde el inicio de la invasión a gran escala han muerto más de 15.000 civiles, más de 41.000 han resultado heridos, y las consecuencias no se miden solo en víctimas, sino también en la destrucción de sistemas energéticos, comunales y de transporte. Estos datos explican por qué cada nueva noticia sobre un ataque contra una ciudad, la red eléctrica, la infraestructura hídrica o las rutas ferroviarias en Ucrania tiene tanto un efecto militar como político.

En los últimos días, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski advirtió que Rusia se está preparando para una nueva serie de ataques contra infraestructuras críticas, incluidos los sistemas de abastecimiento de agua. Esos mensajes se suman a las evaluaciones según las cuales Moscú intentó durante el invierno agotar el sistema energético y la logística de Ucrania mediante oleadas reforzadas de ataques y ahora, según los análisis disponibles, busca nuevos puntos vulnerables que podrían debilitar el funcionamiento de la retaguardia y dificultar la defensa en el frente. Paralelamente, la parte ucraniana sigue llevando a cabo ataques contra objetivos dentro de Rusia, incluidos objetivos industriales y militares importantes para el suministro o la producción. Así, la guerra hace tiempo que no se libra solo en torno a la línea de contacto en las regiones de Donetsk o Zaporiyia, sino también mediante ataques en profundidad con los que ambas partes intentan perturbar la maquinaria bélica del adversario.

Por qué las negociaciones están estancadas y qué significa la mediación estadounidense

La dimensión diplomática del conflicto es actualmente tan incierta como la militar. Tras contactos anteriores en los que Estados Unidos intentó mantener un canal de conversaciones entre Kyiv y Moscú, la nueva ronda trilateral que se esperaba a comienzos de marzo no se celebró según el plan original. Según palabras de Volodímir Zelenski, Ucrania habló con Washington sobre la posibilidad de aplazar y eventualmente cambiar la ubicación de la reunión debido a los dramáticos acontecimientos en Oriente Medio. Este es un detalle importante porque muestra que la guerra en Ucrania, aunque sigue siendo una de las cuestiones de seguridad clave de Europa, ya no es la única gran crisis que consume la atención política y los recursos de las potencias occidentales.

El estancamiento de las negociaciones no significa que el canal diplomático se haya cerrado formalmente, pero muestra lo frágil que es. Las rondas anteriores de conversaciones ya no aportaron una solución decisiva sobre las cuestiones más difíciles, ante todo los territorios bajo ocupación rusa, las garantías de seguridad para Ucrania y un posible régimen de alto el fuego que ambas partes realmente respetaran. La parte ucraniana insiste en que la seguridad no puede construirse sobre concesiones unilaterales y en que cualquier acuerdo político sin garantías firmes solo abre espacio para una nueva ronda de agresión. Rusia, por su parte, sigue actuando desde una posición de fuerza y trata de convertir la presión militar en una ventaja negociadora. En esa correlación de fuerzas, el aplazamiento de las conversaciones no es un simple detalle técnico, sino un síntoma de un problema más amplio: la diplomacia no logra seguir el ritmo de la guerra, y la guerra, mientras tanto, crea nuevos hechos sobre el terreno.

Oriente Medio cambia el ritmo de la política internacional

Un problema adicional para Ucrania es que la ampliación del conflicto en Oriente Medio cambia las prioridades disponibles de las capitales occidentales. Parte del foco político y militar estadounidense está ahora dirigido hacia esa nueva crisis, lo que en Kyiv provoca comprensiblemente el temor de que Ucrania pueda quedar relegada precisamente en el momento en que necesita un apoyo estable en defensa antiaérea, munición, financiación y presión política sobre Moscú. Los analistas llevan semanas advirtiendo que cualquier gran desvío de atención y recursos favorece a Rusia, que cuenta con una guerra larga y con el cansancio de las sociedades occidentales. The Washington Post señala que en los círculos políticos y propagandísticos rusos la nueva escalada de Oriente Medio también se interpreta como una prueba de que las relaciones internacionales vuelven a configurarse cada vez más por la fuerza y menos por las negociaciones.

Sin embargo, eso no significa que Ucrania se haya quedado completamente sin apoyo. En las últimas semanas, el Kyiv oficial trabaja al mismo tiempo en reforzar el apoyo europeo, mantener la presión sancionadora y fortalecer su propia industria de defensa, especialmente en el ámbito de los drones. Zelenski afirma abiertamente que flexibilizar las sanciones a Rusia no traería paz, sino dinero adicional para continuar la ofensiva. En esa formulación también se contiene un mensaje político más amplio hacia los socios: la guerra no puede detenerse si se deja a Moscú espacio para recuperar ingresos clave y capacidades militar-industriales.

Las sanciones siguen siendo una de las principales armas políticas

Por eso, el debate sobre las sanciones ha vuelto a cobrar protagonismo. El Consejo de la Unión Europea señala que la Unión ha adoptado hasta ahora 19 paquetes de sanciones contra Rusia, mientras que la Comisión Europea presentó a comienzos de febrero un 20.º paquete de medidas adicionales. En Bruselas se subraya que el objetivo es limitar los ingresos de la economía de guerra rusa, especialmente en energía, finanzas y cadenas tecnológicas que apoyan la producción militar. Zelenski y el liderazgo ucraniano insisten en un endurecimiento adicional de esas medidas, incluido el cierre de las lagunas por las que empresas rusas e intermediarios acceden a bienes, componentes y servicios necesarios para continuar la guerra.

La importancia de las sanciones en este momento no es solo económica, sino también psicológica. Si en la escena internacional se crea la impresión de que la presión sobre Moscú disminuye justo en el momento en que el ejército ruso intenta mantener el impulso ofensivo, eso tendría consecuencias tanto para los cálculos políticos en el Kremlin como para el ánimo de los aliados de Ucrania. Por eso, la parte ucraniana interpreta cualquier debate sobre suavizar las sanciones como una señal que puede prolongar la guerra, y no acelerar su final. Dado que los precios de la energía y las perturbaciones de seguridad más amplias a causa de Oriente Medio han vuelto a convertirse en un tema importante, el debate sobre las sanciones podría volverse aún más sensible en las próximas semanas.

Guerra de desgaste sin una salida política rápida

Todo ello confirma que Ucrania ha entrado en un periodo en el que se libran simultáneamente tres batallas conectadas. La primera es la del propio campo de batalla, donde ambas partes intentan demostrar que pueden mantener o revertir el impulso antes de la campaña de primavera-verano. La segunda se libra en profundidad en la retaguardia, mediante ataques aéreos contra ciudades, logística, industria e infraestructura energética, mientras la población civil sigue permanentemente expuesta. La tercera es político-diplomática, quizá la más incierta, porque depende de la disposición de los socios occidentales a mantener la atención, la unidad y la capacidad para un apoyo a largo plazo a Kyiv junto a nuevas crisis globales.

En ese triángulo de presión militar, vulnerabilidad civil y bloqueo diplomático se esconde también la esencia de la fase actual de la guerra. No hay indicios de que Moscú vaya a abandonar pronto la estrategia de desgaste gradual y presión en múltiples direcciones, pero tampoco hay confirmación de que haya logrado una penetración decisiva que cambie la imagen general del conflicto. Ucrania, pese a la escasez de personal y los ataques constantes, intenta mostrar que aún puede imponer costes, recuperar terreno a nivel local y dificultar los planes rusos. Pero es igual de evidente que sin apoyo exterior continuo y un marco político estable cualquier éxito militar de ese tipo sigue siendo frágil.

Por eso, quizá la noticia más importante de estos días no sea solo quién ha ocupado unos kilómetros más o menos, sino el hecho de que la guerra vuelve a recrudecerse precisamente en el momento en que las negociaciones pierden impulso. Mientras se aplazan los contactos diplomáticos y la atención internacional se divide entre varias crisis, el margen para la improvisación es cada vez menor. Para Ucrania, eso significa la continuación de la lucha de desgaste bajo una presión reforzada; para Rusia, el intento de convertir la persistencia militar en una ventaja política; y para los aliados occidentales, una prueba de hasta qué punto están dispuestos a mantener a largo plazo el apoyo a un país cuya seguridad sigue directamente vinculada a la arquitectura de seguridad de Europa.

Fuentes:
- Associated Press – informe sobre las afirmaciones contrapuestas de Rusia y Ucrania sobre avances en el campo de batalla y el aplazamiento de las conversaciones con mediación estadounidense (enlace)
- Reuters / ThePrint – declaración de Volodímir Zelenski sobre la conversación con Washington acerca del aplazamiento y el posible cambio de ubicación de las conversaciones trilaterales a comienzos de marzo de 2026 (enlace)
- Institute for the Study of War – evaluaciones sobre la campaña de primavera rusa, la reagrupación de unidades y la situación en el frente sur y este a comienzos de marzo de 2026 (enlace)
- Institute for the Study of War – evaluación sobre una nueva ola de ataques rusos y la presión sobre la infraestructura ucraniana a comienzos de marzo de 2026 (enlace)
- Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos / Misión de Observación de los Derechos Humanos en Ucrania – datos sobre víctimas civiles y el empeoramiento de las consecuencias humanitarias tras cuatro años de invasión a gran escala (enlace)
- Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos – informe sobre víctimas civiles en enero de 2026 y la proporción de ataques de largo alcance en el sufrimiento de la población civil (enlace)
- Sitio oficial del presidente de Ucrania – intervenciones de Volodímir Zelenski de los días 3, 6 y 7 de marzo de 2026 sobre los planes rusos para una nueva ofensiva y los ataques contra infraestructuras críticas (enlace)
- Consejo de la Unión Europea – panorama general de los paquetes de sanciones y medidas de la UE contra Rusia por la guerra contra Ucrania (enlace)
- Comisión Europea – declaración sobre el 20.º paquete de sanciones y evaluación del avance militar de Rusia durante 2025 y comienzos de 2026 (enlace)
- The Washington Post – análisis del impacto de la escalada en Oriente Medio sobre la percepción de la mediación estadounidense y el marco diplomático más amplio de la guerra en Ucrania (enlace)

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Hora de creación: 3 horas antes

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