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Cómo Cartagena pasó de ser una ciudad de pasado pesado a la nueva capital caribeña del lujo y el turismo cultural

Descubre cómo Cartagena se ha transformado en los últimos años de una ciudad cargada por un pasado pesado en uno de los destinos más buscados del Caribe. Ofrecemos un repaso del crecimiento del turismo, la conservación del patrimonio, la llegada de Four Seasons y los desafíos que trae el desarrollo de lujo del núcleo histórico.

Cómo Cartagena pasó de ser una ciudad de pasado pesado a la nueva capital caribeña del lujo y el turismo cultural
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Cartagena de una ciudad de pasado pesado a la capital caribeña del lujo

Cartagena de Indias ocupa desde hace mucho tiempo un lugar especial en el mapa de América Latina. Pocas ciudades de la región combinan con tanta fuerza la arquitectura colonial, la energía caribeña, la importante historia del comercio atlántico y una industria turística contemporánea. Pero la Cartagena de hoy ya no es solo una postal pintoresca de murallas, balcones repletos de flores y estrechas calles de piedra. También se ha convertido en uno de los ejemplos más ambiciosos de transformación turística urbana en el amplio espacio caribeño, una ciudad que ha construido una nueva identidad de destino global de alto valor a partir de un pasado complejo y a menudo oscuro.

Ese cambio no surgió de la noche a la mañana. Durante décadas, Cartagena cargó con el peso de estereotipos que vinculaban a Colombia con la violencia, el contrabando y la inseguridad. Al mismo tiempo, sin embargo, conservó uno de los conjuntos urbanos históricos más valiosos del continente, desarrolló la vida cultural y fue ampliando gradualmente su oferta turística más allá de la postal clásica del casco antiguo. Hoy se habla de Cartagena como de un lugar donde se encuentran el patrimonio, la gastronomía, el turismo cultural, la industria de cruceros, los hoteles de lujo y segmentos cada vez más importantes de los viajes de eventos y de experiencias.

El símbolo más reciente de esa transformación llegó el 2 de abril de 2026, cuando se inauguró oficialmente el Four Seasons Hotel and Residences Cartagena, un proyecto que en la industria turística internacional ya se describe como una confirmación de que la ciudad quiere posicionarse entre las direcciones más prestigiosas del Caribe. La apertura de un hotel así no es solo una noticia del mundo de la hospitalidad. Es la señal de que Cartagena ha entrado en una nueva fase de desarrollo, aquella en la que ya no vende solo historia y clima, sino también la experiencia del lujo, el diseño, la escena gastronómica y la autenticidad cultural.

Una ciudad cuyo núcleo no está moldeado solo por la belleza, sino también por el peso histórico

Para entender por qué Cartagena es hoy tan importante, hay que partir de su núcleo histórico. Ya en 1984, la UNESCO inscribió “El puerto, las fortificaciones y el conjunto monumental de Cartagena” en la Lista del Patrimonio Mundial, destacando que la ciudad posee el sistema de fortificaciones más completo de Sudamérica. El conjunto histórico se formó a través de varias zonas urbanas, entre las que destacan especialmente San Pedro, San Diego y Getsemaní, barrios que todavía hoy permiten leer las distintas capas sociales de la antigua Cartagena colonial.

Pero detrás de la fachada de postal también se esconde una historia compleja. Cartagena no fue solo un puerto comercial y una fortaleza militar, sino también uno de los lugares clave del orden colonial en el imperio español. Fue un importante punto de tránsito del comercio de esclavos, un centro marítimo estratégico y una ciudad construida sobre grandes riquezas, pero también sobre profundas desigualdades. Precisamente por eso, la restauración y valorización turística actuales de Cartagena conllevan también una responsabilidad adicional: la historia no puede reducirse solo a decoración, sino que debe seguir siendo visible también como espacio de memoria, identidad y autorreflexión social.

Esa capa es especialmente importante en el barrio de Getsemaní, que en los últimos años se ha perfilado como el centro cultural y artístico de la ciudad. Antes una zona urbana periférica y popular, hoy Getsemaní es un lugar de murales, música, pequeñas galerías, bares y vida callejera que atrae tanto a viajeros como a inversores. Precisamente allí se encuentra el nuevo Four Seasons, en la dirección Media Luna, justo al lado del núcleo histórico. De este modo, una de las partes más vivas y auténticas de la ciudad ha entrado en el centro de la escena internacional del lujo, lo que abre tanto una nueva oportunidad de desarrollo como una serie de preguntas sobre el coste de esa transformación para la comunidad local.

Para los visitantes que desean alojarse en el núcleo histórico o justo junto a él, también es importante el aspecto práctico de la estancia, por lo que no sorprende que, junto con itinerarios culturales y de lujo cada vez más frecuentes, aumente el interés por el alojamiento en Cartagena, especialmente en la zona del casco antiguo y de Getsemaní. En una ciudad que vive cada vez más de estancias de varios días, y no solo de visitas breves, la cuestión de dónde alojarse pasa a formar parte de la propia experiencia turística.

Las cifras muestran que Cartagena está en el centro del impulso turístico colombiano

El panorama nacional más amplio favorece a Cartagena. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de Colombia anunció que el país registró 6.696.835 visitantes no residentes en 2024, lo que supone un 8,5 por ciento más que en 2023 y un nuevo récord para el turismo colombiano. Ese crecimiento no significa automáticamente que toda la ganancia termine en Cartagena, pero confirma que Colombia ha entrado en un periodo de mayor visibilidad internacional, y Cartagena es precisamente una de las principales beneficiarias de esa tendencia.

Las cifras locales refuerzan aún más esa imagen. En diciembre de 2025, Corpoturismo anunció que Cartagena, hasta noviembre inclusive, había recibido 5,5 millones de viajeros llegados por vía aérea, terrestre y de cruceros. Según el mismo informe, durante 2025 la ciudad amplió su presencia en los mercados internacionales, promovió ocho segmentos turísticos y reforzó aún más el análisis del mercado, con foco en mercados emisores como Estados Unidos, Perú, Ecuador, México y Chile.

El comienzo de 2026 trajo la continuación de ese ritmo. A comienzos de enero, las autoridades municipales proyectaron una ocupación hotelera del 78 por ciento durante una intensa serie de eventos, mientras que para el periodo del 18 de diciembre de 2025 al 18 de enero de 2026 se estimó una movilidad de aproximadamente 1,6 millones de viajeros. Además, las instituciones municipales presentaron a finales de 2025 un calendario con más de 40 eventos turísticos para 2026, con el anuncio de que la cifra final podría incluso superar el centenar cuando se sumen los segmentos de bodas, industria de congresos y cruceros.

Eso habla de algo más importante que las propias cifras: Cartagena ya no es solo un destino de “temporada alta”, sino una ciudad que busca distribuir la demanda a lo largo de todo el año y reforzar distintos motivos de llegada. El visitante ya no llega solo por una única imagen fotográfica en las murallas, sino por festivales, gastronomía, rutas culturales, excursiones marítimas, eventos de negocios y cada vez más por el descanso urbano de lujo. Por eso, el interés por las ofertas de alojamiento en Cartagena ya no se limita solo a los picos festivos, sino que se extiende a todo el calendario.

Four Seasons como símbolo de una nueva fase: el lujo ya no es un añadido, sino una estrategia

La apertura del Four Seasons Hotel and Residences Cartagena tiene un peso que va más allá de la industria hotelera. Según la información oficial de la empresa, el hotel se encuentra en un complejo restaurado de edificios históricos en el corazón de Getsemaní, a solo unos pasos de la antigua ciudad amurallada. El proyecto combina edificios históricos y diseño contemporáneo, y la compañía destaca especialmente 131 habitaciones y suites, parte de las cuales se encuentra en espacios de inspiración colonial, mientras que otra parte se apoya en una expresión más moderna. El proyecto incluye también 15 residencias privadas de lujo.

A nivel simbólico, es todavía más importante el hecho de que el hotel se presente como una “revitalización” de importantes edificios urbanos. Four Seasons subraya que el proyecto incluye la restauración de inmuebles emblemáticos, entre ellos el histórico Club Cartagena y edificios vinculados a la historia religiosa y social de la ciudad. De este modo, el lujo no se construye sobre un terreno vacío y sin contexto, sino sobre la idea de que el patrimonio puede convertirse en un producto atractivo para el mercado. Es un modelo que puede ser potente en términos de desarrollo, pero también políticamente sensible, porque cada proyecto de este tipo plantea la pregunta de para quién se está restaurando realmente la ciudad.

La cadena hotelera destaca expresamente en su comunicación que quiere unir historia, cultura local y confort contemporáneo. En la práctica, eso significa que el nuevo complejo no ofrece solo alojamiento, sino también ocho conceptos gastronómicos, espacios de bienestar, piscinas en la azotea, espacios para eventos y experiencias urbanas curadas, desde recorridos artísticos por Getsemaní hasta excursiones a las islas cercanas. Cartagena se posiciona así en la misma categoría de viaje en la que el destino no es solo un decorado, sino un producto de lujo integral.

Para la ciudad, eso tiene un doble efecto. Por un lado, la presencia de una marca reconocible a escala mundial aumenta la visibilidad internacional y puede elevar el gasto medio de los huéspedes. Por otro lado, eleva las expectativas en todo el sector, desde el servicio y el diseño hasta la gestión del espacio público. Cuando Four Seasons llega a una ciudad, ya no se trata solo de una nueva dirección, sino de un mensaje de que Cartagena quiere jugar en una liga más alta del turismo caribeño.

Patrimonio, eventos e identidad: por qué Cartagena no es solo un destino de resort

Una de las razones por las que Cartagena logra atraer tanto al segmento de lujo como al cultural es el hecho de que la ciudad tiene una identidad fuerte más allá de los muros de los hoteles. El núcleo histórico, las fortalezas, las plazas, las iglesias y el espacio público no son un añadido al paquete turístico, sino su base. Además, la ciudad desarrolla cada vez con más fuerza un calendario de eventos con el que intenta conectar cultura, religión, deporte, gastronomía y costa.

A lo largo de 2026, las autoridades municipales y las instituciones turísticas subrayan especialmente la diversidad de los eventos, desde los culturales y musicales hasta los náuticos y gastronómicos. Ese enfoque es importante porque alarga la temporada, diversifica al público y reduce la dependencia de un solo tipo de huésped. Un visitante que llega para un festival o un congreso se comporta de manera distinta a un excursionista de crucero de un solo día, del mismo modo que un viajero que busca un ambiente histórico elige un ritmo diferente de la ciudad que un huésped que llega exclusivamente por la playa.

Precisamente por eso, Cartagena construye cada vez más la imagen de una ciudad en la que se permanece varios días y no solo se pasa de largo. En ese marco también crece la necesidad de alojamiento cerca de los lugares de eventos, especialmente en los periodos en los que el calendario cultural y los viajes de negocios llenan simultáneamente el corazón de la ciudad. Eso cambia aún más la economía del centro y de barrios como Getsemaní, donde la vida cotidiana se entrelaza cada vez más con la demanda turística.

La transformación no está exenta de tensiones: seguridad, explotación y presión sobre la comunidad

Aunque Cartagena hoy disfruta sin duda de la reputación de ser una de las direcciones turísticas más fuertes de Colombia, la historia no es unilateral. En las recomendaciones internacionales de viaje siguen existiendo advertencias sobre la criminalidad y la necesidad de prudencia al viajar a Colombia, y el Departamento de Estado de Estados Unidos también llama en sus directrices actuales a una atención adicional debido a la criminalidad, el terrorismo, los disturbios civiles, los secuestros y los peligros naturales en el país. Eso no significa que Cartagena sea una ciudad que los turistas eviten, pero sí significa que la imagen de seguridad no puede reducirse a un eslogan de marketing.

También es importante que, con el crecimiento del turismo, se intensifican los debates sobre las consecuencias sociales de ese desarrollo. Cartagena sigue siendo una ciudad de grandes diferencias sociales, y el auge turístico no se distribuye de forma uniforme entre los habitantes. El problema de la explotación, incluida la explotación sexual de menores, sigue siendo un tema serio en las advertencias públicas y en las directrices internacionales. Precisamente por eso, toda historia sobre el “lujo caribeño” que quiera ser seria debe reconocer también la otra cara del crecimiento: la presión sobre la vivienda, el riesgo de expulsar a la población local de los barrios atractivos y la responsabilidad moral y de seguridad de la industria turística.

Getsemaní es quizá el mejor ejemplo de esa ambigüedad. Su autenticidad y su vida callejera son hoy elementos clave de la marca de la ciudad, pero precisamente el éxito del barrio aumenta la presión de las inversiones y los precios. Lo que los viajeros ven como “encanto” puede significar para los residentes locales también alquileres caros, un cambio en la estructura del comercio y el debilitamiento de la vida cotidiana del vecindario. Por eso, el futuro de Cartagena dependerá también de si la ciudad puede preservar las comunidades que crearon la atmósfera gracias a la cual el destino llegó a ser deseable.

Una ciudad entre la tradición y el giro tecnológico

Es interesante que Cartagena no cambie solo a través de grandes hoteles y estadísticas de llegadas, sino también mediante intervenciones simbólicas en el espacio público. A comienzos de 2026, la ciudad empezó a sustituir los tradicionales coches de caballos por coches eléctricos, tras prolongadas críticas de activistas por los derechos de los animales. La administración municipal presentó entonces una nueva flota de vehículos que recuerda en su aspecto a los antiguos coches, pero funciona con baterías.

Ese movimiento puede leerse en varios niveles. Por un lado, es una respuesta a las objeciones sobre el bienestar animal y las condiciones de trabajo inapropiadas para los caballos en un espacio urbano caluroso y congestionado. Por otro lado, es un intento de conservar el imaginario turístico, pero adaptarlo a nuevos estándares. Cartagena muestra así que no está dispuesta a renunciar a la imagen romantizada de ciudad histórica, pero sí está dispuesta a cambiar la forma en que esa imagen se produce.

Al mismo tiempo, la transición no pasó sin resistencia. Los propietarios de los coches tradicionales advirtieron sobre las consecuencias económicas y pidieron compensación, lo que recuerda que toda modernización urbana tiene también un coste social. Ese ejemplo resume bien el dilema más amplio de Cartagena: cómo seguir siendo fiel a su propia identidad sin que la ciudad se convierta en una decoración de museo para huéspedes e inversores más ricos.

¿Puede Cartagena seguir siendo ella misma mientras se vuelve cada vez más lujosa?

En el mejor de los escenarios, Cartagena podría convertirse en un modelo de ciudad que combine con éxito patrimonio, cultura local y turismo de alto valor. Para ello ya existen bases serias: la protección de la UNESCO, un fuerte interés internacional, cifras nacionales récord de turismo, crecimiento de la escena de eventos y la llegada de marcas premium globales. Al mismo tiempo, la ciudad intenta construir también elementos de sostenibilidad, incluida la promoción de rutas turísticas compartidas y locales, así como una coordinación institucional más fuerte de la política turística.

Pero es igualmente claro que el éxito no dependerá solo del número de visitantes o de habitaciones de lujo. Dependerá de si Cartagena logra conservar su propio nervio social y cultural, proteger el espacio público, controlar los fenómenos negativos relacionados con el turismo de masas y mantener el equilibrio entre el capital inversor y los intereses de los residentes. Una ciudad que durante siglos fue cruce de poder, comercio y migraciones vive hoy de nuevo un periodo de gran cambio. La diferencia es que ahora ya no compite solo por la importancia geopolítica, sino también por el estatus de uno de los destinos urbanos más deseables del Caribe.

Por eso, Cartagena es hoy más que un bello decorado y más que una historia sobre el lujo. Es un ejemplo modelo de cómo una ciudad puede salir de la sombra de una historia pesada como una dirección globalmente atractiva, mientras sigue librando la lucha por su propia medida, autenticidad y una distribución más justa de los beneficios del crecimiento turístico. En eso reside su mayor fortaleza, pero también su mayor prueba.

Fuentes:
- UNESCO World Heritage Centre – descripción oficial del núcleo histórico, las fortificaciones y los conjuntos urbanos de Cartagena (enlace)
- Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de Colombia – datos oficiales sobre 6.696.835 visitantes no residentes en Colombia durante 2024 (enlace)
- Alcaldía Mayor de Cartagena / Corpoturismo – informe sobre 5,5 millones de viajeros que llegaron a Cartagena hasta noviembre de 2025 por vía aérea, terrestre y de crucero (enlace)
- Alcaldía Mayor de Cartagena – proyección oficial del calendario turístico para 2026 con más de 40 eventos y estimaciones de fortalecimiento del sector (enlace)
- Alcaldía Mayor de Cartagena – datos sobre la ocupación hotelera prevista del 78 por ciento a comienzos de 2026 y el impacto de los eventos en la economía local (enlace)
- Alcaldía Mayor de Cartagena – proyección de aproximadamente 1,6 millones de viajeros en la temporada del 18 de diciembre de 2025 al 18 de enero de 2026 (enlace)
- Four Seasons – anuncio oficial sobre la apertura de Four Seasons Hotel and Residences Cartagena el 2 de abril de 2026 y datos sobre el concepto, la ubicación y los servicios (enlace)
- Four Seasons Cartagena – presentación oficial del hotel en Getsemaní, justo al lado de la antigua ciudad amurallada, con descripción de los servicios y del posicionamiento del destino (enlace)
- U.S. Department of State – directrices de viaje actuales para Colombia, incluidas advertencias de seguridad y notas legales para viajeros (enlace)
- Associated Press – informe sobre el paso de Cartagena de los tradicionales coches de caballos a coches eléctricos y las reacciones sociales a ese cambio (enlace)

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Hora de creación: 2 horas antes

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