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San Francisco junto al Bay Bridge: Waterbar y EPIC Steak y el regreso de las luces The Bay Lights el 20 de marzo de 2026

Presentamos una guía para una noche en el Embarcadero de San Francisco: Waterbar y EPIC Steak combinan ostras, pescado fresco y steaks añejados con vistas al Bay Bridge y a Rincon Park. Descubre qué significa el regreso de la instalación The Bay Lights el 20 de marzo de 2026, quién está detrás del proyecto (Illuminate) y cómo coordinar paseo, happy hour y reservas.

San Francisco junto al Bay Bridge: Waterbar y EPIC Steak y el regreso de las luces The Bay Lights el 20 de marzo de 2026
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Nunca igual, siempre San Francisco: Waterbar y EPIC Steak bajo las luces del Bay Bridge

San Francisco es una ciudad que se lee mejor junto al agua: al ritmo de las mareas, con el sonido del tranvía que se desliza por la costa y un viento que, en un momento, trae el olor del océano y, al siguiente, el aroma de la parrilla desde la terraza. En el tramo sur del Embarcadero, donde el panorama del Bay Bridge se abre como un gran plano cinematográfico, dos direcciones comparten desde hace años el mismo telón de fondo, pero interpretan dos papeles distintos. Waterbar y EPIC Steak, ubicados justo al lado de Rincon Park, ofrecen una lectura “mar y tierra” de San Francisco: desde ostras y mariscos hasta steaks añejados y preparados al máximo nivel — todo con una vista que, literalmente, forma parte de la identidad de la ciudad. Esa escena es reconocible de día y de noche, porque en el mismo encuadre se encuentran la infraestructura, la bahía y la vida urbana cotidiana. Si estás planeando un viaje, revisa alojamiento en San Francisco para que puedas encajar una noche junto a la bahía sin prisas.

Dos restaurantes, el mismo horizonte: Rincon Park como escenario

Según los datos del Port of San Francisco, Rincon Park se encuentra en el Embarcadero entre las calles Howard y Harrison y fue concebido como una “ventana” abierta hacia la bahía, con césped y paseos que ofrecen una vista despejada del skyline y del Bay Bridge. En esa misma descripción, el Port también destaca la escultura Cupid’s Span de los artistas Claes Oldenburg y Coosje van Bruggen como un lugar popular para reunirse, hacer fotos y celebrar eventos al aire libre. El texto también indica que un pequeño césped, junto con bancos y mesas públicas, está justo al lado de los propios restaurantes Waterbar y EPIC Steak, un detalle que explica por qué aquí se mezclan a menudo turistas, gente de negocios y locales al salir del trabajo. El contexto es importante: esto no es un punto gastronómico aislado, sino parte del paseo marítimo de la ciudad, donde una caminata se convierte de forma natural en “una copa más” o en una cena planificada alrededor del atardecer. Precisamente por ese ritmo, muchos visitantes eligen alojamiento cerca del Embarcadero para llegar a pie a los restaurantes y evitar la logística en una ciudad conocida por el tráfico y las calles empinadas.
Según las páginas oficiales de los restaurantes, Waterbar está en 399 The Embarcadero, mientras que EPIC Steak está en 369 The Embarcadero, prácticamente puerta con puerta junto al borde del parque.

En los materiales oficiales, ambos locales subrayan que comparten la misma ventaja de ubicación: el agua literalmente al alcance de la mano y una vista que abarca el Bay Bridge, Treasure Island y parte de la silueta de la ciudad. Esa “primera fila” no es solo romanticismo; también es parte de una experiencia que cambia hora a hora, según el clima, la visibilidad y la afluencia en la orilla. De día domina el azul de la bahía y el tráfico sobre el puente; al atardecer se van encendiendo las luces de la ciudad; y por la noche todo el encuadre adquiere una nueva dimensión cuando se activan las instalaciones luminosas del puente o cuando los reflejos urbanos se derraman sobre el agua. Justo en esas transiciones — entre la jornada laboral y la noche, entre el paseo turístico y la salida local — el Embarcadero muestra esa energía “nunca igual” que San Francisco suele atribuirse a sí misma. En ese ambiente, elegir entre ostras crudas y un steak a la parrilla pasa a ser menos una cuestión de preferencia y más una cuestión de estado de ánimo.

Waterbar: las ostras como ritual y foco en el abastecimiento sostenible

Según la página oficial de Waterbar, el restaurante se posiciona como una de las direcciones destacadas de cocina marina en el litoral de San Francisco, con un menú diario de pescado y marisco “recién capturados” y de abastecimiento sostenible. La misma página destaca la “selección de ostras más amplia de la Costa Oeste”, una afirmación fuerte en el contexto californiano, formulada como parte de la propia descripción del restaurante. Para los comensales eso suele significar dos cosas: primero, que la oferta cambia y que la visita se convierte en exploración (qué hay hoy en la pizarra, de dónde viene, cómo está preparado); segundo, que la experiencia está diseñada alrededor del raw bar como escenario central, donde la gastronomía se combina con observar la ciudad a través de grandes cristaleras. En la práctica, ese concepto impulsa preguntas sobre origen y estacionalidad, y eso es precisamente parte del encanto de un lugar que no intenta ser “igual” día tras día.

En los mismos materiales, Waterbar también destaca su capacidad para encuentros privados, indicando que dispone de espacios interiores y exteriores y que puede organizar recepciones de hasta 400 invitados. Ese dato no es solo para la industria de eventos: habla de la escala del lugar y de que el restaurante se utiliza a menudo como “escenografía” para celebraciones, reuniones corporativas o encuentros familiares en una ciudad que es un imán para conferencias y eventos tecnológicos. En esas ocasiones, la vista de la bahía pasa a ser parte de la puesta en escena, y el espacio puede adaptarse de una cena íntima a una recepción mayor. Eso también significa que la reserva — especialmente para mesas junto a la ventana o la terraza — suele ser crucial si quieres una experiencia concreta. En otras palabras, Waterbar es a la vez íntimo (cuando te sientas junto a la ventana) y grande (cuando el espacio se convierte en evento), una contradicción típicamente sanfranciscana — y una de las razones por las que el concepto encaja fácilmente con la identidad de la ciudad.

Cuando se habla de sostenibilidad, en la práctica lo más honesto es ceñirse a lo que comunica el propio restaurante: Waterbar se presenta como una casa que elige pescado y marisco de abastecimiento sostenible. Para el lector, eso es una señal de que en el menú y en las cadenas de suministro se intenta seguir la presión sobre los recursos oceánicos, un tema presente en California tanto en el debate público como en restaurantes de alta gama. Aunque los detalles de los estándares de suministro dependen de cada proveedor y de la oferta diaria, el hecho de que la sostenibilidad se destaque como parte de la identidad sugiere que el restaurante cuenta con un público que pregunta “de dónde viene” y “cómo se capturó”. Si tu plan incluye varios días explorando la ciudad y la costa, es práctico asegurar ofertas de alojamiento en San Francisco que permitan volver por la noche sin estrés, porque la mejor parte de lugares así a menudo llega cuando la ciudad “se calma”.

EPIC Steak: un steakhouse contemporáneo con un mensaje claro de “tierra”

La página oficial de EPIC Steak describe el restaurante como un steakhouse estadounidense contemporáneo en el frente marítimo del Embarcadero, con énfasis en cortes “prime” y carne añejada preparada por expertos, carta de vinos y cócteles, con el añadido de opciones marinas recién capturadas. Es un matiz importante: aunque EPIC es principalmente una “casa de carne”, en su propia descripción deja espacio para quienes quieren un compromiso: el steak como protagonista, pero mariscos como alternativa o complemento. Ese perfil ayuda a explicar por qué el público de EPIC no se limita a los amantes clásicos del steakhouse, sino también a comensales que buscan “un lugar para todo” en una noche de gustos variados. Esa mezcla suele ser típica de San Francisco, una ciudad donde la tradición de fine dining se entrelaza constantemente con la cocina del Pacífico y con mercados de ingredientes frescos.

EPIC también publica en esa misma fuente información práctica: indica el horario por días y destaca un “happy hour” de lunes a viernes, de 16:00 a 18:00. Esos detalles suelen ser menos una “postal turística” y más una señal de cómo el restaurante quiere vivir más allá del fin de semana: como un lugar que capta el pulso de la parte empresarial de la ciudad, especialmente a última hora de la tarde, cuando el Embarcadero se convierte en paseo tras las reuniones. En secciones de la web también se menciona el brunch como opción los fines de semana, con énfasis en la vista del puente, un formato que en San Francisco en los últimos años se ha consolidado aún más como ritual social. Para los comensales, eso abre otro escenario de visita: en lugar de una cena clásica, la llegada puede encajar en una caminata diurna y una visita posterior a otros puntos del litoral.

También es interesante que EPIC, en su propia descripción, vincule directamente su identidad con Waterbar, señalando que el restaurante hermano está “justo al lado”, que comparten al chef ejecutivo Parke Ulrich y que ambos lugares abrieron en 2008. En ese mismo contexto aparece la metáfora “yin y yang” — mar y tierra — que en este caso no es solo un adorno de marketing, sino una descripción bastante precisa de cómo ambos locales comparten su público. Unos vienen por las ostras y el raw bar, otros por la carne a la parrilla, y muchos vuelven porque pueden obtener ambas experiencias en el mismo paseo. Ese “dúo” funciona también como ventaja práctica para grupos: en el mismo barrio, sin largos traslados, es posible satisfacer hábitos y presupuestos distintos. Para quienes quieren una ruta nocturna “sin transbordos”, elegir alojamiento para visitantes del Embarcadero suele ser más práctico que barrios más alejados, especialmente si planeas volver después de medianoche.

El Bay Bridge como escenario público: las luces regresan el 20 de marzo de 2026

En un comunicado publicado el 19 de febrero de 2026, la organización artística sin ánimo de lucro Illuminate, de San Francisco, anunció el regreso de la conocida instalación luminosa “The Bay Lights” en el tramo occidental del puente San Francisco–Oakland, con un evento de “Grand Lighting” el viernes 20 de marzo de 2026. En el mismo documento, Illuminate indica que la ceremonia se transmitirá en directo en redes sociales. Illuminate recuerda además que la instalación original brilló durante una década y fue retirada en 2023, y que ahora regresa como una nueva infraestructura LED diseñada desde cero para el exigente entorno marino del puente. El texto señala que el sistema está construido como una solución “purpose-built” para viento, sal, humedad y vibraciones, y que en el proyecto se instalaron en total 48.000 LED personalizados, con ingeniería y fabricación de Musco Lighting. Illuminate subraya que no se trata de reparar el sistema antiguo, sino de una reconstrucción completa, para que la instalación resista a largo plazo las condiciones del puente. Para los visitantes, eso también explica por qué anuncios previos han podido moverse: cuando se trata de infraestructura, la estética debe pasar por el filtro de la seguridad y la fiabilidad.

El comunicado aporta también un marco político-cultural: el fundador de Illuminate, Ben Davis, llama a la instalación parte de la identidad de la ciudad, y se incluye una declaración del alcalde Daniel Lurie que describe el regreso de las luces como un símbolo para toda el Área de la Bahía. Además, Illuminate indica que la fecha del 20 de marzo se eligió también para conmemorar el 92.º cumpleaños de Willie L. Brown, exalcalde de San Francisco y apoyo de larga data del proyecto, cuyo nombre lleva el tramo occidental del puente. En el mismo documento se cita al artista Leo Villareal, autor de la instalación, quien describe las luces como una forma de hacer visibles los “sistemas invisibles” de la ciudad a través del ritmo, el patrón y la abstracción. En esa lógica, el Bay Bridge se convierte en algo más que una vía: se convierte en un lienzo que responde al “pulso” del lugar. Para el lector que planea un viaje, esto es información concreta: si estás en la ciudad después del 20 de marzo, hay una alta probabilidad de que la vista nocturna desde el Embarcadero gane esa dimensión de “luz y vida” de la que en San Francisco se habla a menudo como de algo que no se puede replicar con una fotografía.

Illuminate también indica que el nuevo ciclo del proyecto se financia con apoyo privado, con una red de donantes y más de 1.300 contribuyentes individuales, para un presupuesto total de 11 millones de dólares. El organizador responde además a una pregunta frecuente de los visitantes: el objetivo es que la instalación brille cada noche desde el anochecer hasta el amanecer, y que una segunda fase — ampliar la visibilidad a perspectivas adicionales de la región — siga tras completar las pruebas de seguridad y la aprobación institucional. El comunicado explica también que el 20 de marzo se muestra principalmente el lado “norte” de la instalación, el de la perspectiva clásica sanfranciscana, y que la ampliación de visibilidad se introduce solo después de la revisión final. En la práctica, eso significa que las “Bay Bridge lights” no son solo decoración, sino un proyecto que debe cumplir criterios técnicos y de seguridad de infraestructura muy estrictos, lo que también explica por qué el regreso de las luces se ha desplazado varias veces en anuncios públicos en los últimos años. Para muchos comensales en el Embarcadero, ese es precisamente el detalle que explica por qué la ciudad trata sus propios iconos de forma a la vez emocional y rigurosamente ingenieril.

Por qué esta combinación funciona: gastronomía, arte público e identidad urbana

San Francisco suele describirse a través de la tecnología, el mercado inmobiliario y debates políticos sobre el espacio urbano, pero hay momentos en los que la identidad de la ciudad se lee de forma más simple: a través de un paseo público, a través de la vista de la infraestructura y a través de lugares lo bastante estables para sobrevivir a los cambios y lo bastante flexibles para acompañarlos. En ese sentido, Waterbar y EPIC Steak no funcionan solo como “restaurantes con vistas”, sino como puntos que conectan tres temas importantes para la ciudad: turismo, gastronomía local y cultura pública. Cuando las luces del puente funcionan, es arte público visto gratis y de forma masiva; cuando están apagadas, el Embarcadero sigue vivo, pero sin una capa importante de la imagen nocturna de la ciudad. Por eso, el regreso de la instalación no es solo estética, sino también una especie de “señal” de que la ciudad vuelve a sus rituales y a sus encuadres públicos.

Eater SF describe el Embarcadero como uno de los corredores clave de gastronomía y bebida junto al agua, con una serie de ubicaciones a lo largo de tres millas de paseo y con el Ferry Building como uno de los principales puntos de atracción. Ese marco explica por qué lugares como Waterbar y EPIC tienen público más allá de las “ocasiones especiales”: están en un eje de la ciudad concurrido pero caminable, que conecta de manera natural el turismo, las reuniones de negocios y la salida nocturna. El Port of San Francisco añade que Rincon Park fue concebido como un espacio público con vista abierta, y el hecho de que el césped y el mobiliario público estén junto a los restaurantes crea una mezcla típicamente sanfranciscana de público y privado: puedes sentarte en un banco con vista, y puedes “continuar” el mismo encuadre con un plato y una copa de vino. Esa es también la razón por la que esta parte de la costa se vive como una “escena” que funciona incluso sin un motivo especial, simplemente porque aquí la vida urbana es más visible.

En esa mezcla también importa la capa cultural: The Bay Lights no son solo un “bonito fondo”, sino un proyecto que, según Illuminate, quiere recordar que la infraestructura puede vivirse también como un lienzo artístico. Cuando esa capa se combina con una gastronomía que enfatiza la frescura y el origen de los ingredientes, se obtiene una historia a la vez local y reconocible a nivel global. En otras palabras: al visitante se le ofrece una experiencia que se percibe como “solo aquí”, y a la ciudad se le devuelve una imagen que durante años fue una de las más fotografiadas. Por eso, los lugares del Embarcadero, al menos en la percepción de los visitantes, suelen ser más que restaurantes: son parte de cómo San Francisco se “muestra” al mundo. Y a medida que la ciudad cambia, también cambia el público — pero la vista de la bahía y el puente permanece como constante a la que todos regresan.

Cómo planificar una noche “bajo el puente”: ritmo, reservas y paseo

Si quieres sacar el máximo partido de esta zona de San Francisco, la táctica más simple es pensar en bloques de tiempo. Primero, un paseo por el Embarcadero antes de cenar ayuda a “captar” el cambio de luz: al atardecer la ciudad se ve distinta que en plena noche, y la vista del Bay Bridge cambia minuto a minuto. Segundo, según la información oficial de EPIC Steak, el happy hour es por la tarde, lo que abre la posibilidad de empezar antes y luego pasar a un ritmo más tranquilo de cena o copas. Tercero, dado que Waterbar destaca el cambio diario de la oferta, conviene contar con que la experiencia no es idéntica día a día — y que “repetir” a menudo compensa. Cuarto, cuando The Bay Lights entran en juego, el ritmo se ajusta de manera natural al anochecer: muchos querrán estar junto al agua justo en el momento en que la ciudad cambia al modo nocturno. Quinto, incluso algo tan simple como el tiempo puede ser decisivo en una ciudad donde el microclima cambia rápido, por lo que vestirse por capas suele ser la mejor “reserva” para la mesa.

La logística también la marca el alojamiento: el Embarcadero está muy bien conectado, pero después de una cena tardía cualquier transbordo extra se vuelve cansado. Por eso, parte de los visitantes opta por alojamiento cerca del Bay Bridge, para que el paseo de vuelta sea parte de la experiencia y no una tarea. Tampoco hay que olvidar el espacio público: Rincon Park, según el Port of San Francisco, tiene céspedes y paseos abiertos, lo que significa que la noche puede “estirarse” antes y después del restaurante — con una vista que no cuesta nada, pero que a menudo queda como el recuerdo más potente. Para quienes llegan a San Francisco por trabajo, esta zona tiene otra ventaja: es lo bastante representativa para reuniones, pero lo bastante “urbana” para no parecer un set turístico. Y para quienes vienen por la ciudad, la combinación de ostras crudas, carne añejada y arte luminoso público suele ser lo más cercano a lo que los clichés llaman el “alma de San Francisco”, solo que aquí llega sin patetismo — a través del plato, la copa y la vista de un puente que, según los anuncios, vuelve a su máximo brillo ya el 20 de marzo de 2026.

Fuentes:
- Waterbar (sitio oficial) – descripción del concepto, abastecimiento sostenible, selección de ostras e información sobre eventos privados (waterbarsf.com)
- EPIC Steak (sitio oficial) – descripción del steakhouse, horarios, happy hour y relación con Waterbar (epicsteak.com)
- Port of San Francisco – información sobre Rincon Park y su ubicación junto a Waterbar y EPIC Steak (sfport.com)
- Illuminate (comunicado, 19 de febrero de 2026) – anuncio del regreso de The Bay Lights y fecha del Grand Lighting el 20 de marzo de 2026 (illuminate.org)
- Eater SF – contexto del Embarcadero como zona clave de gastronomía junto al agua (sf.eater.com)

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Hora de creación: 4 horas antes

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