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Los hoteles con robots y los aeropuertos sin mostradores cambian la forma en que empieza el viaje moderno

Descubre cómo los robots en recepción, los asistentes holográficos, la entrega automatizada y los controles biométricos cambian hoteles, aeropuertos y parques temáticos. Traemos un resumen de la tecnología que hace el viaje más rápido y más inusual, pero que a veces confunde y frustra a los huéspedes.

Los hoteles con robots y los aeropuertos sin mostradores cambian la forma en que empieza el viaje moderno
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Hoteles con robots, recepciones holográficas y aeropuertos sin mostradores: el turismo cada vez parece más una escena del futuro

Robots en la recepción, asistentes digitales en las habitaciones de hotel, entrega automatizada de toallas, control biométrico de pasajeros en aeropuertos y parques temáticos en los que personajes de películas animadas se mueven casi como seres vivos ya no son solo escenas de ciencia ficción. La industria turística, presionada por la falta de mano de obra, el aumento de los costes, los cambios en los hábitos de los viajeros y la creciente expectativa de un servicio rápido, en los últimos años introduce aceleradamente tecnologías que cambian la forma en que los huéspedes llegan a un hotel, pasan por un aeropuerto, solicitan un servicio o viven las atracciones. Tales experiencias atraen atención al mismo tiempo, crean un efecto de marketing y plantean preguntas serias sobre lo que ocurre cuando un huésped, en lugar de una persona en recepción, se encuentra con un robot, un holograma o una pantalla que no entiende el matiz de una solicitud humana.

Uno de los ejemplos más conocidos de este giro sigue siendo la cadena japonesa Henn na Hotel, que desde hace años se presenta como un concepto hotelero en el que parte de las tareas las realizan robots, incluidos recepcionistas robóticos, dinosaurios animatrónicos y sistemas holográficos para el registro de huéspedes. La información oficial de la cadena destaca el check-in con contacto y sin contacto, una experiencia de llegada inusual y el estatus de primer hotel con robots reconocido en los Guinness World Records. Para muchos huéspedes, precisamente esa rareza es el motivo de la reserva: la llegada al hotel se convierte en un acontecimiento en sí mismo, y no solo en un paso administrativo antes de entrar en la habitación. En tales establecimientos, la recepción ya no funciona solo como lugar para recoger la llave, sino como un escenario en el que la tecnología debe entretener, impresionar y convencer al huésped de que ha llegado a algo diferente de un hotel clásico.

Pero la misma tecnología que atrae curiosidad también puede causar incomodidad. Los robots humanoides, los dinosaurios robóticos o los personajes digitales que hablan con una voz programada de antemano resultan divertidos para algunos huéspedes, mientras que en otros generan una sensación de frialdad, inseguridad o leve incomodidad. La diferencia suele estar en las expectativas: el huésped que reservó la habitación precisamente por la experiencia inusual probablemente vivirá la recepción robótica como una atracción, mientras que el huésped que solo quiere completar el registro rápidamente puede frustrarse si el sistema no reconoce un documento, no entiende una pregunta o no ofrece un camino sencillo hacia un empleado humano. En la hotelería, donde los pequeños gestos y el tono de la conversación a menudo determinan la impresión del servicio, un robot debe ser algo más que un truco técnico para que la experiencia sea realmente mejor.

De la recepción a la entrega de toallas: dónde encajan mejor los robots

Los robots hoteleros más fácilmente aceptados por lo general no son los que intentan reemplazar por completo al recepcionista, sino los que asumen tareas simples, repetitivas y logísticas. Los robots de entrega que llevan a los huéspedes toallas, cosméticos, pedidos del restaurante, documentos o paquetes pequeños encajan bien en los pasillos de los hoteles porque resuelven un problema concreto: ahorran tiempo a los empleados y aceleran el servicio. Las empresas especializadas en tales sistemas subrayan que los robots pueden navegar de forma autónoma por el espacio, usar ascensores y entregar objetos hasta la puerta de la habitación, mientras el personal queda más disponible para solicitudes más complejas de los huéspedes. En la práctica, esto significa que el robot no es necesariamente un sustituto del ser humano, sino un carrito hotelero móvil con navegación, sensores y suficiente personalidad para sacar una sonrisa al huésped.

Este enfoque muestra por qué la automatización en el turismo tiene más éxito cuando no se impone como espectáculo, sino como ayuda práctica. Para un huésped que pide una toalla adicional tarde por la noche, probablemente no sea decisivo si la trae una persona o un robot, siempre que el servicio llegue rápido, en silencio y sin complicaciones. El problema surge cuando la tecnología se coloca entre el huésped y la solución. Si un robot no puede responder a una pregunta sobre equipaje perdido, si una aplicación no permite una excepción o si un sistema de autorregistro no prevé una situación inusual, el huésped no vive una innovación, sino un obstáculo. Por eso en la hotelería se habla cada vez más de un modelo híbrido: la tecnología asume la rutina y las personas siguen siendo clave allí donde se necesita criterio, empatía e improvisación.

En Nueva York, YOTEL se cita a menudo como ejemplo reconocible de hotel tecnológico, cuyo YOBOT, un brazo robótico para el almacenamiento de equipaje, se ha convertido en parte de la identidad del hotel cerca de Times Square. Para los huéspedes que llegan antes de la hora de check-in o se marchan después del check-out, el almacenamiento automatizado de equipaje convierte un procedimiento hotelero normalmente aburrido en una atracción que muchos fotografían. Al mismo tiempo, tales sistemas también muestran la limitación de la robótica hotelera: YOBOT no conversa, no resuelve disputas y no explica el transporte local, sino que realiza una tarea con mucha precisión. Precisamente por eso un robot así resulta más convincente que intentos más ambiciosos, pero más frágiles, de que una máquina asuma todo el papel del recepcionista.

Los hologramas y los asistentes digitales cambian la primera impresión del hotel

Las recepciones holográficas y los asistentes digitales crean un tipo diferente de experiencia. En lugar de un robot físico, el huésped ve frente a sí una proyección, una pantalla o un personaje virtual que lo guía por el proceso de registro, da instrucciones y responde preguntas básicas. Estas soluciones permiten a los hoteles hacer que la recepción parezca futurista, reducir la espera y estandarizar parte de la comunicación en varios idiomas. En destinos turísticos a los que llega un gran número de huéspedes extranjeros, un sistema digital multilingüe puede ser útil, especialmente cuando se trata de información simple como la hora del desayuno, la contraseña de internet, instrucciones para el ascensor o reglas de salida.

Aun así, un holograma no elimina la necesidad de contacto humano. Si un huésped llega después de un vuelo cancelado, si tiene un problema de salud, si viaja con un niño pequeño o si su tarjeta fue cargada dos veces, una sonrisa virtual no significa mucho si detrás no existe un apoyo real. En tales situaciones, el huésped espera que alguien lo escuche, entienda el contexto y asuma la responsabilidad. Por eso las mejores soluciones tecnológicas en el turismo no se miden solo por lo atractivas que son en una fotografía, sino por la rapidez con que permiten pasar de un procedimiento automatizado a una conversación con una persona cuando la automatización falla.

Para los destinos en los que los hoteles con robots forman parte de la oferta turística, la tecnología inusual se convierte en un motivo adicional de viaje. Los visitantes que planifican una estancia en ciudades tecnológicamente reconocibles a menudo comparan no solo precios y ubicaciones, sino también las experiencias que el hotel puede ofrecer. Por eso en los textos sobre tales viajes aparecen cada vez más enlaces prácticos a alojamiento cerca de atracciones hoteleras futuristas, especialmente cuando el hotel robotizado está situado en un barrio que también forma parte del recorrido turístico. Pero la singularidad tecnológica no debería sustituir los criterios básicos: limpieza, seguridad, conexión de transporte, precios transparentes y disponibilidad de ayuda cuando algo sale mal.

Los aeropuertos impulsan la automatización aún con más fuerza que los hoteles

Si los hoteles son un campo de pruebas para el lado divertido de la robótica, los aeropuertos muestran su aplicación más seria y masiva. Las tarjetas de embarque digitales, la entrega autónoma de equipaje, la verificación biométrica de identidad, los controles automáticos de pasaportes y las aplicaciones que guían al pasajero desde la entrada hasta la salida se están convirtiendo en una parte estándar del transporte aéreo. Según investigaciones de organizaciones aeronáuticas internacionales y proveedores tecnológicos, los pasajeros esperan cada vez más rapidez, previsibilidad y la posibilidad de completar parte del proceso antes de llegar al aeropuerto. Esto no significa que todos deseen por igual la biometría o un viaje completamente digital, pero muestra que la industria avanza hacia un modelo en el que documentos, identidad, equipaje y embarque se conectan en un único flujo digital.

La razón es sencilla: los aeropuertos deben procesar a un gran número de pasajeros en un espacio limitado y en intervalos cortos de tiempo. La automatización promete menos colas, controles más rápidos, menos documentos en papel y una mejor gestión de las aglomeraciones. En el escenario ideal, el pasajero llega a la terminal, entrega el equipaje en un quiosco automático, pasa el control de seguridad y fronterizo con verificación biométrica, y la aplicación móvil le informa sobre la puerta, el retraso o el cambio de embarque. En la realidad, un sistema así funciona solo si los datos son exactos, si el equipo no se avería, si existe un procedimiento claro para los pasajeros que no quieren o no pueden usar biometría y si el personal sigue disponible para las excepciones.

La biometría es un ámbito especialmente sensible porque une practicidad y privacidad. Los pasajeros pueden valorar un paso más rápido por el control, pero al mismo tiempo quieren saber quién recopila sus datos, cuánto tiempo se conservan, a quién se transmiten y si existe la posibilidad de rechazar ese procedimiento. Por eso la confianza es tan importante como la rapidez. Un aeropuerto que introduce reconocimiento facial sin una comunicación clara arriesga resistencia de los pasajeros, mientras que un sistema que explica de forma transparente la finalidad, los plazos de conservación de datos y los procedimientos alternativos tiene más posibilidades de ser aceptado como ayuda práctica y no como vigilancia impuesta.

Los parques temáticos convierten a los robots en actores

En los parques temáticos la robótica tiene otro papel: allí las máquinas no solo deben realizar una tarea, sino que deben actuar de manera convincente. La tradición de figuras Audio-Animatronics de Disney, las atracciones inmersivas de Universal, proyecciones, drones, realidad aumentada y sistemas avanzados de control del movimiento muestran que la industria del entretenimiento avanza hacia una unión cada vez más compleja de mecánica, software y narración. Cuando un visitante en un parque ve a un personaje que camina, gira la cabeza, reacciona al público o participa en una escena, el objetivo no es solo demostrar tecnología, sino crear la impresión de que el mundo ficticio se ha vuelto real por un momento.

Disney ha mostrado públicamente en los últimos años nuevas generaciones de personajes robóticos y animatrónica avanzada, incluidas tecnologías destinadas a un movimiento, una expresión facial y una interacción más convincentes. Tales sistemas no son robots comunes en el pasillo de un hotel; son parte de la escenografía, la dramaturgia y la experiencia emocional. Una dirección similar se ve también en grandes parques temáticos que invierten en zonas inmersivas, atracciones con realidad aumentada, efectos sincronizados, drones y personajes animatrónicos. El visitante no viene solo a una atracción mecánica, sino que entra en un espacio que intenta reaccionar ante él, rodearlo de una historia y mantener la impresión de que se encuentra en un mundo cinematográfico.

Sin embargo, cuanto más compleja es la ilusión, más vulnerable es. Si un robot no se mueve a tiempo, si una proyección se retrasa, si una aplicación se bloquea o si una atracción anunciada se pospone por problemas técnicos, la decepción puede ser mayor que en una atracción clásica. Los turistas están dispuestos a pagar más por una experiencia que parece única, pero a cambio esperan fiabilidad. En los parques temáticos la tecnología debe funcionar casi de manera invisible: el público puede ver la magia, pero no debe notar constantemente el sistema que la produce.

Por qué los robots divierten y molestan a los huéspedes al mismo tiempo

Las reacciones de los huéspedes a los robots hoteleros y turísticos suelen estar divididas porque chocan dos necesidades: el deseo de una nueva experiencia y la necesidad de un servicio sencillo. Un dinosaurio robot en recepción puede ser una imagen fantástica para redes sociales, pero si el registro dura más que con una persona, la diversión pasa rápidamente a nerviosismo. Un quiosco digital puede reducir las colas, pero si no acepta un documento de un determinado país o no ofrece instrucciones suficientemente claras, el pasajero se siente abandonado a la máquina. Un robot de entrega puede ser simpático, pero si bloquea el pasillo o no sabe qué hacer ante puertas cerradas, la tecnología se convierte en una molestia.

Las investigaciones sobre robots de servicio en hoteles indican que la experiencia de los huéspedes no depende solo de la eficiencia técnica, sino también de la percepción de utilidad, sencillez, aceptabilidad social y confianza. En otras palabras, el huésped no evalúa al robot solo según si se movió sin choques, sino según si realmente le ayudó. Si el robot parece moderno, pero no resuelve el problema del huésped, la impresión puede ser peor que con un servicio más modesto, pero funcional. Es especialmente sensible cuando los hoteles utilizan robots como reemplazo de la falta de personal, y no como complemento de una mejor organización. Entonces el huésped puede tener la impresión de que paga por un servicio en el que la disponibilidad humana se ha reducido bajo el pretexto de la innovación.

Por otro lado, hay situaciones en las que los viajeros valoran precisamente el menor contacto. Después de la pandemia aumentó la aceptación de registros sin contacto, llaves digitales, pagos automáticos y aplicaciones que permiten al huésped gestionar por sí mismo su estancia. Una parte de los huéspedes no quiere esperar en recepción, no quiere llamar por teléfono por cada detalle y prefiere hacer clic en una aplicación antes que explicar una solicitud. Para ellos, la automatización es una señal de control sobre el viaje. Pero el turismo no es un mercado uniforme: un viajero de negocios que llega tarde a una reunión, una familia con niños, una persona mayor que usa peor las aplicaciones y un turista que llega a una ciudad por primera vez no tienen las mismas necesidades. Por eso un sistema que para uno es práctico para otro puede ser una fuente de estrés.

La tecnología no elimina la hospitalidad, sino que la pone a prueba

La mayor idea equivocada en los debates sobre robots en el turismo es la idea de que la cuestión es solo si las máquinas reemplazarán a las personas. En realidad, los ejemplos exitosos muestran que la tecnología funciona mejor cuando libera a las personas de tareas rutinarias, y no cuando intenta borrar la dimensión humana del servicio. Un empleado de hotel que no tiene que llevar diez veces en una hora el mismo pedido a un piso puede dedicarse más a un huésped con un problema serio. El personal aeroportuario que no tiene que revisar manualmente cada documento puede centrarse en los pasajeros que necesitan ayuda. En un parque temático, un robot avanzado puede potenciar la experiencia, pero sigue siendo necesario un equipo de personas que diseñe, mantenga y supervise todo el sistema.

La hospitalidad en ese entorno no se mide solo por la sonrisa en recepción, sino por la calidad de toda la experiencia. Si el sistema digital funciona rápido, si las instrucciones son claras, si los datos se procesan de forma responsable y si la ayuda humana está disponible sin una humillante deriva por menús, el huésped puede vivir la automatización como una mejora. Si, en cambio, la tecnología se usa como decoración detrás de la cual se esconde una falta de servicio, el resultado es el contrario. Entonces el viaje empieza a parecerse a la ciencia ficción, pero no a la emocionante, sino a aquella en la que el ser humano intenta explicar un problema a una máquina que no lo entiende.

Los destinos obtienen un nuevo tipo de atracción

Los hoteles con robots y los parques tecnológicamente avanzados se convierten cada vez más en parte de la propia historia del destino. Tokio, Nueva York, Orlando, París, Hong Kong y otros grandes centros turísticos atraen a visitantes no solo con museos, restaurantes y monumentos, sino también con la promesa de una experiencia que no se puede repetir fácilmente en casa. En tal contexto, el hotel, el aeropuerto o el parque de atracciones dejan de ser infraestructura neutral y se convierten en parte de la experiencia del viaje. Los visitantes que planifican ir a zonas turísticas tecnológicamente desarrolladas a menudo buscan de antemano alojamiento conectado con las principales atracciones, especialmente cuando se trata de parques y barrios hoteleros en los que la distancia, el transporte y el tiempo de espera influyen fuertemente en la impresión general.

Para la industria turística, esto abre una nueva posibilidad de diferenciación. Un hotel que tiene un robot no vende solo una cama, sino una historia. Un aeropuerto que introduce un paso digital más rápido no vende solo infraestructura, sino la promesa de menos estrés. Un parque temático que usa animatrónica avanzada y personajes interactivos no vende solo una entrada, sino la sensación de entrar en un mundo que se mueve, habla y reacciona. Pero precisamente por eso las expectativas crecen. El añadido tecnológico debe ser fiable, significativo y estar bien integrado en el conjunto, porque el huésped reconoce muy rápidamente la diferencia entre la innovación real y un adorno caro.

En ciudades en las que tales experiencias están concentradas, la organización práctica del viaje sigue siendo tan importante como la atracción misma. Los visitantes que quieren recorrer un hotel robotizado, un gran parque o un aeropuerto conocido por sus sistemas digitales a menudo calculan tiempos de traslado, espera y descanso entre actividades. Por eso junto a tales temas se menciona de manera natural alojamiento para visitantes de atracciones tecnológicas, pero la elección final sigue dependiendo del precio, la conexión de transporte y de cuán importante sea para el viajero la cercanía al propio lugar del evento.

El futuro de los viajes será híbrido

Todas las señales disponibles muestran que la industria turística no volverá a un modelo completamente analógico. Los registros digitales, las habitaciones inteligentes, las aplicaciones, los robots de servicio, la biometría y los controles automatizados continuarán expandiéndose, especialmente allí donde aportan un ahorro medible de tiempo y costes. Al mismo tiempo, es poco probable que los viajeros acepten por completo un turismo sin personas. Viajar es a menudo una experiencia emocional, imprevisible y sensible: las personas llegan tarde, pierden documentos, cambian planes, se enferman, viajan por trabajo, vacaciones, familia o acontecimientos importantes de la vida. En tales circunstancias la tecnología puede ayudar, pero no siempre puede reemplazar a una persona que entiende el contexto.

El turismo más convincente del futuro no será, por tanto, aquel en el que las recepciones se queden sin personas a cualquier precio, sino aquel en el que se sepa claramente qué hace mejor la máquina y qué debe conservar el ser humano. Un robot puede llevar una toalla, un holograma puede explicar el procedimiento de check-in, un sistema biométrico puede acelerar el paso por el control y un personaje animatrónico puede dar vida a una escena de película. Pero cuando el huésped plantea una pregunta inesperada, cuando el sistema se equivoca o cuando el viaje se complica, la presencia humana sigue convirtiéndose en la tecnología más importante que tiene el turismo.

Fuentes:
- Henn na Hotel – información oficial sobre hoteles con robots, registro holográfico y concepto de check-in sin contacto (enlace)
- SITA – Air Transport IT Insights 2024 sobre la digitalización del transporte aéreo, inversiones de aeropuertos y compañías aéreas en TI, inteligencia artificial y automatización (enlace)
- IATA – Global Passenger Survey 2024 sobre expectativas de los pasajeros, rapidez, practicidad, procesos digitales y biometría en el transporte aéreo (enlace)
- YOTEL New York – información oficial sobre servicios hoteleros y almacenamiento robótico de equipaje YOBOT (enlace)
- Relay Robotics – información oficial sobre robots de entrega para hoteles y el papel de la entrega automatizada en las operaciones hoteleras (enlace)
- IBM / Hilton – comunicado sobre el proyecto piloto del concierge hotelero robótico Connie, desarrollado con IBM Watson (enlace)
- Walt Disney Imagineering – información oficial sobre A-1000 y nuevas generaciones de tecnología Audio-Animatronics (enlace)
- The Walt Disney Company – comunicado sobre el avanzado personaje robótico Olaf y el desarrollo de personajes robóticos interactivos para los parques de Disney (enlace)
- Universal Orlando Resort – información oficial sobre Epic Universe como nuevo parque temático inmersivo y contenidos hoteleros relacionados (enlace)
- Taylor & Francis / Journal of Hospitality Marketing & Management – revisión científica de experiencias de usuarios con robots de servicio en hoteles (enlace)

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Hora de creación: 2 horas antes

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