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ARPA-H y UC San Diego invierten 25,8 millones de dólares en bioimpresión 3D de hígado en EE. UU. para reducir las listas de espera

Explicamos qué significa el apoyo de ARPA-H de 25,8 millones de dólares a UC San Diego: el equipo del profesor Shaochen Chen, dentro del programa PRINT, quiere combinar bioimpresión 3D, diseño vascular con IA y células iPSC para fabricar un hígado compatible con el paciente y reducir listas de espera, dependencia de donantes e inmunosupresión de por vida en EE. UU.

ARPA-H y UC San Diego invierten 25,8 millones de dólares en bioimpresión 3D de hígado en EE. UU. para reducir las listas de espera
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

ARPA-H invirtió hasta 25,8 millones de dólares en UC San Diego: el objetivo es fabricar un hígado a medida del paciente mediante bioimpresión 3D y aliviar la escasez crónica de trasplantes

En Estados Unidos, la insuficiencia hepática sigue estando entre las afecciones más graves y de mayor riesgo en la medicina: cuando la enfermedad pasa a fase terminal, el trasplante es, para parte de los pacientes, la única terapia que salva la vida a largo plazo. En la práctica, sin embargo, la disponibilidad de órganos de donante lleva años sin seguir el ritmo de las necesidades, de modo que los pacientes entran en una incertidumbre en la que el desenlace lo deciden la urgencia médica, la compatibilidad, la logística y el tiempo. En ese contexto, la Advanced Research Projects Agency for Health (ARPA-H), una agencia dentro del Departamento de Salud de EE. UU. (HHS), a mediados de enero pone en marcha una nueva fase de inversión en el desarrollo de órganos bioimpresos. El 12 de enero de 2026, ARPA-H anunció que otorga premios a equipos en el marco del programa PRINT, una iniciativa orientada a fabricar órganos personalizados e inmunológicamente compatibles “bajo demanda”, con la ambición de reducir a largo plazo la dependencia de la donación y de las listas de espera.
Uno de los proyectos que encajan en esa estrategia lo lidera la Universidad de California en San Diego (UC San Diego), y el valor del apoyo, según datos publicados, asciende hasta 25.771.771 dólares, con una duración prevista de 60 meses. El apoyo está vinculado al ARPA-H Award Number D25AC00432-00 y se dirige al desarrollo de un hígado bioimpreso en 3D, totalmente funcional y adaptado al paciente. El concepto central es un “órgano por encargo” cultivado a partir de las células del paciente, lo que—según la visión del proyecto—reduciría la necesidad de donantes y, al mismo tiempo, podría disminuir la necesidad de fármacos inmunosupresores de por vida tras el trasplante. En las descripciones públicas del proyecto se subraya especialmente que este enfoque, si tiene éxito, podría cambiar la lógica fundamental de la medicina de trasplantes: en lugar de depender de un recurso escaso, el órgano se fabricaría de forma dirigida para un paciente concreto, con mayor control de la compatibilidad.

PRINT: un intento de cambiar el paradigma del trasplante

ARPA-H describe el programa PRINT (Personalized Regenerative Immunocompetent Nanotechnology Tissue) como un intento de resolver la escasez crónica de órganos combinando bioimpresión, medicina regenerativa y producción masiva de células, y no basándose exclusivamente en donantes. En el comunicado del 12 de enero de 2026, ARPA-H señala que quiere permitir la fabricación de órganos de sustitución que sean compatibles inmunológicamente y por grupo sanguíneo con el receptor, y destaca la ambición de que, en el futuro, la producción se mida en horas. En ese texto, la agencia subraya varios problemas del sistema actual: esperas prolongadas, el hecho de que algunos pacientes no llegan a recibir un trasplante, y que incluso después del trasplante sigue una terapia de por vida con fármacos que previenen el rechazo pero tienen efectos secundarios graves y costes elevados. ARPA-H también enfatiza que los injertos suelen tener una vida útil limitada y que las complicaciones son frecuentes, lo que significa que la cuestión de un “nuevo hígado” no termina con la intervención quirúrgica.
PRINT está concebido como un portafolio de múltiples equipos, y ARPA-H indica que el valor total del programa asciende hasta 176,8 millones de dólares en un periodo de cinco años. Se destaca especialmente que se trata de los llamados “performer awards”, y no de subvenciones clásicas, y que los importes por equipo están condicionados a la consecución de hitos de desarrollo “agresivos y acelerados”. A nivel de programa, ARPA-H explica en su página de PRINT tres áreas técnicas clave: la generación de los tipos celulares necesarios (a partir de una muestra de sangre, una biopsia o un biobanco), después su producción en grandes cantidades, y la propia biofabricación de los órganos con pruebas de seguridad y eficacia. Esta estructura es importante porque sugiere claramente que el problema de la bioimpresión de órganos no es solo la “impresora”, sino toda una cadena que incluye biología celular, fabricación, ingeniería y validación regulatoria.

Por qué el hígado sigue siendo prioritario: la enfermedad es frecuente y las opciones terapéuticas son limitadas

El hígado es un órgano con gran capacidad regenerativa, pero cuando una enfermedad crónica dura años, puede llegar a un punto en el que la función se colapsa de forma irreversible. En ese momento, el paciente entra en una zona de alto riesgo, con complicaciones como hemorragias, infecciones graves, encefalopatía y otras afecciones que pueden terminar rápidamente de forma fatal. En las estadísticas de síntesis de los CDC se indica que en EE. UU. millones de adultos tienen una enfermedad hepática diagnosticada, lo que explica aún más por qué el problema del trasplante de hígado es estructuralmente grande. Los informes de los CDC sobre causas de muerte también sitúan la enfermedad hepática crónica y la cirrosis entre las principales causas de muerte a nivel nacional, lo que muestra que se trata de una carga seria de salud pública y no de un problema marginal. Para parte de los pacientes, los tratamientos pueden ralentizar la progresión de la enfermedad, pero no pueden sustituir la función de un órgano dañado en fase terminal. En esos casos, el trasplante se convierte en la única opción que cambia el pronóstico a largo plazo.
El problema del trasplante no es solo médico, sino también sistémico. Los datos sobre listas de espera y trasplantes en EE. UU. se recopilan en el marco del sistema OPTN/UNOS, y la plataforma organdonor.gov de la HRSA destaca en sus resúmenes que el número de personas en lista de espera para un trasplante de órgano es muy alto. El OPTN/SRTR Annual Data Report, que analiza tendencias nacionales, subraya la entrada continua de nuevos candidatos en las listas de espera, lo que muestra que la demanda persiste incluso en años en los que aumenta el número de trasplantes. ARPA-H, en sus materiales, también enfatiza que “miles de pacientes” en EE. UU. mueren cada año esperando un órgano y que las escaseces son el resultado de una combinación de factores: distancia geográfica, necesidad de compatibilidad de grupo sanguíneo y características tisulares, y bajas tasas de donación. En el contexto del hígado, el problema es especialmente difícil porque para este órgano no existe un “sustituto” mecánico permanente comparable a la diálisis en la insuficiencia renal. Por eso, una solución que promete una fuente estable de tejido hepático funcional no se ve solo como una innovación científica, sino también como un posible instrumento de política pública: reducir la mortalidad en las listas de espera y reducir la presión sobre el sistema de donación.

Proyecto de UC San Diego: un equipo interdisciplinar y el objetivo de un “órgano por encargo”

El responsable del proyecto en UC San Diego es el profesor Shaochen Chen, del Aiiso Yufeng Li Family Department of Chemical and Nano Engineering de la Jacobs School of Engineering. En los perfiles universitarios se le describe como un investigador centrado en biomateriales, ingeniería de tejidos, bioimpresión 3D y medicina regenerativa, con énfasis en técnicas avanzadas de fabricación rápida de estructuras biológicas. Según la descripción pública del proyecto, el objetivo es fabricar un hígado de tamaño completo que sea trasplantable y se adapte a la anatomía del paciente, construyendo el órgano a partir de las propias células del paciente para reducir el riesgo de rechazo inmunológico. En las descripciones del proyecto también se destaca la idea de que este enfoque podría reducir la necesidad de inmunosupresión de por vida, que hoy conlleva riesgos y costes significativos. El proyecto se describe públicamente como la culminación de décadas de trabajo en bioimpresión en el laboratorio de Chen, con énfasis en la velocidad y la resolución de la fabricación de tejidos.
El proyecto es marcadamente interdisciplinar y combina competencias de ingeniería y clínicas. En la descripción de la colaboración se citan expertos en biología hepática, imagen médica, cirugía hepática y trasplantes, e inteligencia artificial, y entre los coinvestigadores destacan David Berry, Ahmed El Kaffas, Padmini Rangamani, Bernd Schnabl y Claude Sirlin de la UC San Diego School of Medicine, así como Rose Yu de la Jacobs School of Engineering. En la parte clínica del proyecto se menciona también al profesor Gabriel Schnickel, jefe de trasplantes y cirugía hepatobiliar en UC San Diego Health, quien habla públicamente del potencial de acercar a la realidad una visión de largo recorrido de la comunidad trasplantadora. En el equipo—según la información disponible—se unen también disciplinas “duras” como la ingeniería y los métodos computacionales con necesidades clínicas “blandas”, donde al final debe demostrarse que el órgano puede funcionar de forma segura en el cuerpo. Precisamente por ello, la imagen médica y el modelado desempeñan un papel importante, porque para el hígado no basta con tener la “forma” correcta, sino también una arquitectura interna funcional.

Cómo se bioimprime un hígado vivo: biotinta, luz y el problema de los vasos sanguíneos

La bioimpresión difiere de manera sustancial de la impresión 3D clásica de plástico o metal. En lugar de materiales duros, se utilizan biotintas, biomateriales capaces de transportar células vivas y, al mismo tiempo, permitir su supervivencia, crecimiento y organización en tejido. En el enfoque asociado al laboratorio de Chen, desempeñan un papel clave patrones de luz controlados digitalmente que solidifican el material celular capa por capa. Este principio de “proyección” permite fabricar con precisión una microarquitectura fina, y precisamente la microarquitectura es lo que separa un “trozo de tejido” de un órgano con función fisiológica. En descripciones públicas de la tecnología se subraya que estructuras complejas pueden fabricarse muy rápido en comparación con métodos más lentos, lo cual es importante cuando se intenta escalar hacia un órgano de tamaño completo. Pero la rapidez por sí sola no basta: el órgano debe ser biológicamente viable, lo que significa que materiales y procedimientos deben ser compatibles con las células y permitirles formar un tejido estable.
El mayor obstáculo en la bioimpresión de un órgano completo casi siempre se reduce a la misma cuestión: cómo construir una red vascular que pueda suministrar oxígeno y nutrientes al tejido. Sin ello, los fragmentos de tejido más gruesos mueren desde el interior, de modo que un órgano puede parecer convincente pero no puede funcionar como injerto. UC San Diego indica en la descripción del proyecto que el equipo incorporó inteligencia artificial al proceso de diseño y fabricación para construir, desde la ingeniería, redes vasculares sofisticadas, uno de los desafíos clave al pasar de muestras pequeñas a un órgano de tamaño completo. En la práctica, esto significa que debe diseñarse una “tubería” por la que la sangre pueda fluir sin obstrucciones y el tejido reciba lo que necesita para sobrevivir. Este problema es médico y de ingeniería: hay que pensar en diámetros de canales, ramificaciones, presiones, flujo y compatibilidad con la circulación natural. Precisamente por eso, incorporar métodos computacionales e IA al diseño se vuelve crucial cuando el objetivo se sitúa al nivel de un órgano trasplantable.
Al mismo tiempo, proyectos así abren preguntas adicionales: cómo garantizar la estabilidad mecánica del tejido, cómo controlar la maduración celular tras la bioimpresión, y cómo estandarizar pruebas de función y seguridad antes de siquiera pensar en un trasplante. Por ello, el programa PRINT, a nivel de ARPA-H, enfatiza las pruebas de seguridad y eficacia como parte integral de la biofabricación, no como un paso posterior. En otras palabras, el objetivo no es solo “hacer un órgano”, sino demostrar que funciona de manera predecible, que es seguro y que puede producirse en condiciones controladas. Sin tales pruebas, la bioimpresión sigue siendo una demostración de laboratorio y no una terapia. Por eso, el éxito del proyecto también se mide por la capacidad de estandarizar el proceso, y no solo por lograr un prototipo “impresionante”.

De 2016 a hoy: de modelos de tejido para el laboratorio a la ambición de trasplante

UC San Diego se menciona en el ámbito de la bioimpresión de tejido hepático desde hace casi una década. En 2016, la University of California informó de que un equipo de San Diego fabricó una muestra de tejido hepático bioimpresa en 3D que, aunque pequeña, imitaba estructuras y funciones clave del hígado y estaba destinada a pruebas personalizadas de fármacos y al estudio de enfermedades. Estos modelos no son órganos trasplantables, pero fueron una demostración importante de que el tejido hepático complejo puede moldearse y mantenerse funcional en condiciones controladas. En ese periodo, el foco estaba en proporcionar al laboratorio un “trozo” realista de tejido humano con el que pudiera predecirse mejor el efecto de las terapias y comprenderse mejor la enfermedad. Ya entonces tenía un gran valor, porque la personalización de pruebas de fármacos y el modelado de enfermedades se consideran áreas con alto potencial clínico. Pero el paso hacia el trasplante es cualitativamente distinto, porque implica integrar el órgano en un organismo vivo, su función a largo plazo y la seguridad.
Hoy el objetivo se desplaza a un nuevo nivel: un hígado de tamaño completo debe sobrevivir en el cuerpo humano, conectarse a los vasos sanguíneos y asumir a largo plazo funciones metabólicas sin las cuales la vida no es posible. En esa transición también es importante la capa “traslacional”, es decir, llevar la tecnología del laboratorio hacia sistemas industriales. En ese sentido, en comunicados corporativos públicos se menciona que la startup Allegro 3D, asociada al enfoque DLP de bioimpresión, fue adquirida por BICO, un grupo que en el segmento de bioimpresión gestiona la marca CELLINK. Además, en 2023 CELLINK anunció una asociación con UC San Diego para establecer un centro de excelencia en bioimpresión 3D, lo que indica que existen infraestructura e interés industrial. Para un proyecto que apunta al uso clínico, esa infraestructura es importante porque permite escalado, estandarización y reproducibilidad, sin las cuales no hay vía regulatoria. A la vez, muestra que la bioimpresión ya no se contempla solo como una rareza académica, sino como una tecnología que intenta arraigarse en procesos industriales.

Allele Biotech y la producción de iPSC: una “fábrica celular” sin la cual no hay órgano

Para la bioimpresión de hígado es clave la disponibilidad de varios tipos celulares en grandes cantidades y con una calidad que pueda cumplir estándares clínicos. Ahí entra Allele Biotechnology & Pharmaceuticals, una empresa que el 13 de enero de 2026 anunció que se incorpora como socio industrial del proyecto de UC San Diego. En ese anuncio se indica que Allele generará líneas de iPSC en condiciones acordes con estándares GMP y desarrollará la diferenciación hacia múltiples tipos celulares necesarios para el hígado, incluidos hepatocitos, colangiocitos, precursores endoteliales y otras poblaciones celulares. La empresa también destaca que cuenta con capacidades de fabricación especializadas e instalaciones conformes con la normativa, lo cual es clave para pasar de calidad “de laboratorio” a calidad “clínica”. Según el anuncio, el objetivo es desarrollar la producción celular con altos rendimientos y menores costes, un requisito importante si la tecnología alguna vez quiere aplicarse de forma más amplia. De lo contrario, incluso un prototipo exitoso seguiría siendo una terapia доступна solo para unos pocos.
En la misma descripción pública, Allele enfatiza el uso de reprogramación con mRNA y recuerda el trasfondo científico de la tecnología iPSC, que en el contexto más amplio de la medicina regenerativa recibió un fuerte impulso tras el Premio Nobel de 2012 por trabajos sobre reprogramación celular. La esencia de este enfoque es que, a partir de una muestra inicial, mediante procedimientos controlados, se obtiene una “fuente” de células que luego pueden dirigirse hacia los tipos específicos necesarios para el órgano. Para la bioimpresión de hígado esto es crítico porque el hígado no es un tejido homogéneo: para funcionar, necesita múltiples poblaciones celulares que colaboren en una organización espacial precisa. Por eso, en la descripción del proyecto se enfatiza la producción de diferentes tipos celulares y planes de que, cuando se llegue a la fase de órgano de tamaño completo, se hable de cantidades que se miden en decenas de miles de millones de células por órgano. Esas cifras, aunque suenen abstractas, ilustran la diferencia entre una muestra de laboratorio y un órgano trasplantable: la escala de producción en sí misma se convierte en uno de los mayores desafíos.

Qué podría cambiar el éxito y cuáles son las principales preguntas abiertas

Si dentro del proyecto de cinco años realmente se demostrara que es posible producir un hígado funcional, trasplantable y a medida del paciente, las consecuencias serían de gran alcance. En teoría, se reduciría la dependencia de donantes, listas de espera y limitaciones geográficas, y parte de los pacientes podría recibir un órgano cuando aún esté lo bastante estable para la cirugía y la recuperación. Otra ganancia potencial sería inmunológica: un órgano fabricado a partir de las células del paciente podría reducir la necesidad de inmunosupresión de por vida, lo que en la práctica significaría menos infecciones, menos efectos secundarios y una mejor calidad de vida a largo plazo. ARPA-H subraya precisamente ese objetivo en la descripción de PRINT: un órgano que no requiera fármacos anti-rechazo de por vida. En descripciones públicas del proyecto también se menciona el potencial de reducir costes de tratamiento de pacientes crónicos, aunque tales afirmaciones deberán confirmarse mediante pruebas y estudios clínicos. A nivel del sistema sanitario, una tecnología así podría a largo plazo significar una disponibilidad más estable de trasplantes, menos dependiente de oscilaciones en la donación y la logística.
Pero precisamente porque el potencial es grande, el estándar de demostración será excepcionalmente alto. Las preguntas abiertas incluyen la funcionalidad a largo plazo del hígado bioimpreso, la estabilidad del sistema vascular y la perfusión, riesgos como trombosis, y la estandarización de la producción para que cada órgano sea reproducible y comparable. La regulación complica aún más la ruta: será necesario definir claramente criterios de calidad, seguridad y seguimiento, y los ensayos clínicos deberán demostrar beneficio frente a las opciones existentes. ARPA-H ya desde el inicio, en el programa PRINT, enfatiza que los hitos son agresivos y acelerados, pero eso no cambia el hecho de que, para un órgano trasplantado, los criterios de seguridad estarán entre los más estrictos de la medicina. Además, hay que considerar cuestiones éticas y logísticas: desde el acceso a capacidades de fabricación hasta la distribución justa de la tecnología cuando salga del laboratorio. Por ello, es realista esperar que, incluso con financiación sustancial, el camino hacia un trasplante clínico rutinario sea multifásico.
Y aunque la bioimpresión de órganos a menudo se percibe como un futuro lejano, con este programa ARPA-H envía el mensaje de que quiere acelerar la transición de una “ciencia prometedora” a una tecnología verificable. El proyecto de UC San Diego, que combina plataformas de ingeniería, experiencia clínica y fabricación industrial de células, entra ahora en un ciclo de cinco años en el que cada fase tendrá que demostrar que el órgano no solo es posible “construirlo”, sino también mantenerlo funcional, seguro y reproducible. Para los pacientes que hoy esperan un trasplante, esto no significa una solución inmediata, pero sí significa que, a nivel nacional, se está invirtiendo en una tecnología que ataca directamente el núcleo del problema: la dependencia de donantes escasos y las limitaciones de compatibilidad inmunológica. Si parte de esas promesas se confirma en la práctica, la medicina de trasplantes podría entrar en un periodo en el que el concepto de “lista de espera” cambie gradualmente, y un órgano se convierta en una terapia que se puede planificar, y no solo esperar.

Fuentes:
  • ARPA-H – comunicado oficial sobre la concesión de premios a equipos en el programa PRINT (12 de enero de 2026) (enlace)
  • ARPA-H – descripción del programa PRINT, objetivos y ejes técnicos (bioimpresión de órganos personalizados sin inmunosupresión) (enlace)
  • Business Wire – Allele Biotech sobre la asociación con UC San Diego, el proyecto de hasta 25,8 millones de dólares y el papel de la producción iPSC/GMP (13 de enero de 2026) (enlace)
  • CDC (NCHS) – FastStats: enfermedad hepática crónica y cirrosis (indicadores de síntesis) (enlace)
  • CDC (NCHS) – National Vital Statistics Reports: principales causas de muerte en EE. UU. (contexto para enfermedad hepática crónica y cirrosis) (enlace)
  • organdonor.gov (HRSA) – estadísticas sobre donación de órganos y listas de espera en EE. UU. (enlace)
  • SRTR – OPTN/SRTR Annual Data Report: tendencias nacionales de trasplantes y listas de espera (enlace)
  • University of California – informe sobre tejido hepático funcional bioimpreso en 3D (2016, hito de investigación) (enlace)
  • Jacobs School of Engineering (UC San Diego) – perfil del profesor Shaochen Chen y áreas de investigación (enlace)
  • BICO – anuncio de la adquisición de Allegro 3D y del enfoque DLP/Digital Light en bioimpresión (contexto de traslación tecnológica) (enlace)
  • CELLINK – asociación con UC San Diego para un centro de excelencia en bioimpresión 3D (2023) (enlace)

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