Por qué la gripe y la COVID-19 son tan peligrosas para las personas mayores
Una nueva investigación de la Universidad de California en San Francisco abre una pieza importante del rompecabezas que durante la pandemia y las temporadas de gripe fue confirmada repetidamente en los hospitales: las personas mayores desarrollan con mucha más frecuencia formas graves de infecciones respiratorias, pero la razón no radica solo en que su sistema inmunitario sea “más débil”. Según un trabajo publicado el 27 de marzo de 2026 en la prestigiosa revista
Immunity, el problema también puede estar en el propio tejido pulmonar, que con el envejecimiento cambia la manera en que se comunica con las células defensivas. Investigadores de UC San Francisco mostraron que los fibroblastos, células del tejido conectivo que mantienen la estructura y la estabilidad de los pulmones, en la vejez pueden desencadenar una cadena de acontecimientos que termina en una inflamación excesiva, potencialmente fatal para el paciente. Esto es especialmente importante porque precisamente una reacción inmunitaria excesiva de este tipo suele asociarse con cursos graves de gripe, COVID-19 y enfermedades virales similares del sistema respiratorio. El hallazgo no significa que se haya encontrado una cura ya lista, pero ofrece una explicación convincente de por qué, en una parte de los pacientes mayores, una infección se convierte en un colapso inflamatorio que requiere tratamiento hospitalario, oxígeno e incluso ventilación mecánica.
Qué descubrieron realmente los científicos
El centro de la historia no son los virus, sino células que normalmente tienen una función de apoyo. Los fibroblastos mantienen la estructura de los alvéolos pulmonares y de las vías respiratorias, ayudan en la reparación del tejido y participan en que los pulmones sigan siendo funcionales y elásticos. Sin embargo, el equipo del profesor Tien Peng determinó que los fibroblastos en el tejido pulmonar envejecido pueden activar la vía de señalización NF-kB, un mecanismo bien conocido asociado con la inflamación crónica y las enfermedades del envejecimiento. Cuando esa señal se intensifica, los fibroblastos dejan de ser solo células “de construcción” y se convierten en organizadores activos de la respuesta inflamatoria. En experimentos con ratones, los investigadores activaron artificialmente esa señal en pulmones jóvenes y con ello provocaron un estado similar al del tejido pulmonar de mayor edad. La consecuencia fue la formación de acumulaciones de células inmunitarias que se comportaban como si el organismo estuviera atravesando una grave crisis inflamatoria.
Es especialmente importante la aparición de células que llevan la marca GZMK. Se trata de un subconjunto de células inmunitarias que en investigaciones anteriores aparecía en formas graves de COVID-19, y ahora se ha demostrado que el entorno pulmonar envejecido puede atraerlas y mantenerlas activamente. Según la descripción del trabajo, esas células no actúan de forma eficaz contra la propia enfermedad, pero aun así pueden causar daño al tejido pulmonar. En otras palabras, el sistema de defensa llega al lugar de la infección, pero parte de sus actores no contribuye a calmar la enfermedad, sino que intensifica aún más el daño. En el modelo de laboratorio, cuando los investigadores eliminaron genéticamente esas células GZMK, los pulmones toleraron mejor la infección. Esto apunta a la conclusión de que el problema no está solo en el virus, sino también en cómo el envejecimiento remodela la respuesta local del tejido.
Por qué este hallazgo es importante para comprender las infecciones graves
Desde hace años se sabe que la edad aumenta fuertemente el riesgo de complicaciones por gripe y COVID-19. Los CDC de Estados Unidos señalan que las personas de 65 años o más soportan la mayor carga de gripe grave: en temporadas recientes, este grupo de edad representó entre el 70 y el 85 por ciento de las muertes relacionadas con la gripe y entre el 50 y el 70 por ciento de las hospitalizaciones. El departamento federal de salud de Estados Unidos también indica, en un material informativo para personas mayores, que las personas de 65 años o más constituyen aproximadamente tres cuartas partes de las muertes relacionadas con la gripe y casi nueve de cada diez muertes relacionadas con la COVID-19. Estos datos no demuestran por sí solos la causa, pero muestran claramente la magnitud del problema. La nueva investigación aporta ahora un mecanismo biológicamente convincente que puede explicar por qué las infecciones en la vejez se convierten con mayor frecuencia en situaciones que ponen en peligro la vida.
Hasta ahora, la vulnerabilidad de las personas mayores se explicaba con mayor frecuencia por un debilitamiento general de las defensas inmunitarias, un mayor número de enfermedades crónicas y una recuperación más lenta. Todo eso sigue siendo cierto, pero el nuevo estudio añade otra capa: el tejido pulmonar envejecido quizá no sea solo una víctima pasiva de la infección, sino un participante activo que impulsa una respuesta inflamatoria inapropiadamente intensa. En ese sentido, la investigación habla de “inflammaging”, un término con el que se describe una inflamación crónica de bajo grado asociada con el envejecimiento. Cuando sobre esa base se superpone una infección respiratoria, la consecuencia puede ser una escalada súbita y devastadora de la inflamación. Precisamente ese patrón era bien conocido por los médicos durante las olas más graves de la pandemia, cuando una parte de los pacientes mayores terminaba en unidades de cuidados intensivos aunque la propia replicación viral activa ya no fuera el problema dominante.
Cómo se realizó la investigación
Los autores no se detuvieron en el modelo animal. Después de provocar artificialmente en ratones jóvenes un comportamiento inflamatorio “viejo” de los pulmones, analizaron también tejido pulmonar de pacientes mayores hospitalizados por SDRA relacionado con la COVID-19, es decir, síndrome de dificultad respiratoria aguda. Se trata de una afección grave en la que los pulmones, debido a una intensa inflamación y a la acumulación de líquido, ya no pueden suministrar oxígeno al organismo con suficiente eficacia. El National Heart, Lung, and Blood Institute de Estados Unidos explica que el SDRA provoca una caída del nivel de oxígeno en la sangre, junto con acumulación de líquido en los pequeños sacos de aire de los pulmones, y que puede desarrollarse rápidamente y tener un curso potencialmente mortal. En las muestras de pacientes mayores enfermos, los investigadores encontraron agrupaciones celulares similares a las observadas en los modelos experimentales. Cuanto más grave era el estado clínico, más pronunciados eran los clústeres inflamatorios. En el tejido pulmonar sano de donantes no había hallazgos de este tipo.
Esa coincidencia entre el modelo experimental y el tejido humano es uno de los elementos más sólidos del trabajo. No demuestra automáticamente que todo el mecanismo esté ya preparado para la aplicación clínica, pero aumenta significativamente la solidez de la conclusión de que el tejido pulmonar envejecido realmente puede crear condiciones para una inflamación excesiva. La primera autora del trabajo, Nancy Allen, médica e investigadora clínica de la división de neumología y cuidados intensivos de UCSF, firma el estudio junto con un equipo más amplio de investigadores de varios laboratorios y programas clínicos. La financiación fue proporcionada, según la publicación de UCSF, por los National Institutes of Health de Estados Unidos y el Bakar Aging Research Institute, lo que además indica que se trata de una investigación integrada en un esfuerzo más amplio por comprender la biología del envejecimiento.
Qué significa el papel de los fibroblastos y qué significa el papel de las células inmunitarias
En el debate público, el papel del tejido conectivo en las infecciones rara vez se menciona, porque la atención casi siempre se dirige al virus, la bacteria o a las células inmunitarias clásicas como los linfocitos y los macrófagos. Pero los fibroblastos son mucho más que un apoyo pasivo. Determinan el entorno local del tejido, envían señales químicas, participan en la curación y pueden reclutar otras células cuando perciben peligro. Según la descripción de los investigadores, los fibroblastos activados en pulmones envejecidos alertan a los macrófagos, y luego llega desde el torrente sanguíneo una ola adicional de células inmunitarias, incluidas aquellas con la marca GZMK. De ese modo se crea un círculo vicioso en el que el tejido y el sistema inmunitario amplifican mutuamente la inflamación.
Es importante subrayar que una respuesta así no es lo mismo que una defensa antiviral eficaz. En la práctica clínica, los médicos distinguen desde hace tiempo entre situaciones en las que el organismo no puede suprimir al patógeno y aquellas en las que la propia reacción defensiva pasa a formar parte del problema. En las formas graves de COVID-19 y gripe, precisamente la inflamación excesiva es una de las razones del rápido empeoramiento, y en una parte de los pacientes los mayores daños se desarrollan en una fase en la que el virus ya no es el único o principal impulsor del cuadro clínico. El equipo de UCSF sugiere ahora que una parte de esa historia puede comenzar antes de lo que se pensaba, en la propia arquitectura y en la edad biológica del tejido pulmonar. Este es un giro importante, porque entonces la diana terapéutica no sería solo el virus, sino también la respuesta del huésped mal orientada.
¿Puede esto conducir a nuevas terapias?
La parte más cautelosa y más importante de publicaciones como esta es la cuestión de la aplicación. El estudio no afirma que exista un medicamento ya listo que vaya a proteger a las personas mayores de una COVID-19 o gripe graves, ni sugiere que la prevención clásica sea menos importante. Pero su valor reside en que muestra con mayor precisión dónde podrían intervenir las futuras terapias. Si se confirma además que las células positivas para GZMK y las vías de señalización que activan los fibroblastos tienen un papel clave en la espiral inflamatoria, es posible imaginar medicamentos que calmarían ese círculo antes de que el paciente desarrolle insuficiencia respiratoria. Precisamente por eso el profesor Peng habla en la publicación de UCSF de una nueva y prometedora diana terapéutica.
Esto es especialmente relevante para los pacientes mayores y crónicamente enfermos, en quienes la ventana de actuación suele ser corta. El tratamiento actual de las infecciones respiratorias virales graves ya combina varios enfoques: fármacos antivirales cuando se administran con suficiente antelación, apoyo respiratorio, vigilancia de complicaciones y, en determinadas situaciones, terapia antiinflamatoria. Aun así, la medicina todavía no dispone de herramientas suficientemente precisas para distinguir de antemano entre los pacientes en quienes la inflamación permanecerá bajo control y aquellos en quienes se convertirá en SDRA y en deterioro multisistémico. Si se confirma que el envejecimiento de los fibroblastos y la aparición de células GZMK sirven como indicadores biológicos tempranos, eso también podría ayudar a identificar antes a los pacientes en riesgo.
Contexto más amplio: por qué las personas mayores siguen siendo el grupo de mayor riesgo
Incluso al margen de los nuevos descubrimientos de laboratorio, la imagen epidemiológica sigue siendo clara. La edad avanzada por sí sola aumenta el riesgo de un curso grave de gripe y COVID-19, y ese riesgo aumenta aún más con enfermedades cardíacas, diabetes, obesidad, enfermedades pulmonares crónicas y un sistema inmunitario debilitado. El HHS estadounidense, en un material informativo actual para personas mayores, advierte expresamente que las personas de 65 años o más están en el grupo de alto riesgo de forma grave de gripe o COVID-19, mientras que el CDC, en el caso de la gripe, también subraya la importancia de iniciar rápidamente el tratamiento antiviral ante los síntomas en ese grupo de edad. Eso significa que la nueva investigación no cambia el mensaje básico de salud pública, sino que lo complementa con una explicación más profunda. Las vacunas, el reconocimiento temprano de los síntomas y la terapia oportuna siguen siendo la primera línea de defensa.
Del mismo modo, hay que ser cautelosos con la interpretación simplificada de que solo los pulmones viejos tienen la “culpa”. El envejecimiento es un proceso complejo que abarca a todo el organismo: desde cambios en el funcionamiento del sistema inmunitario hasta una regeneración tisular más débil, una mayor frecuencia de comorbilidades y una respuesta diferente a los medicamentos. Pero precisamente por eso trabajos como este son importantes. Ayudan a separar las afirmaciones generales de los mecanismos concretos. En lugar de la formulación abstracta de que “la inmunidad es más débil”, ahora se ve con más precisión cómo la comunicación local entre fibroblastos, macrófagos y células T específicas puede convertir una infección en una situación extremadamente peligrosa. Para los clínicos, esto es una pista potencialmente importante, y para el público, un recordatorio de que detrás del mayor riesgo en la vejez hay cambios biológicos muy reales y medibles.
Qué no está claro por ahora
Como ocurre con cualquier descubrimiento biomédico temprano, existe una serie de preguntas abiertas. Aún no se sabe en qué medida el mismo mecanismo aparece en todos los virus respiratorios, cuánto depende de enfermedades pulmonares previas y si puede bloquearse con suficiente seguridad sin perjudicar la defensa normal frente a la infección. Tampoco está claro si la futura terapia se dirigirá directamente a los fibroblastos, a la vía de señalización NF-kB o a las propias células positivas para GZMK. Las investigaciones adicionales también tendrán que mostrar si este patrón biológico puede reconocerse con suficiente antelación, antes de que se produzca una caída brusca de la oxigenación y la necesidad de tratamiento intensivo.
A pesar de estas limitaciones, el estudio publicado a finales de marzo de 2026 llega en un momento en que la necesidad de una comprensión más precisa del riesgo respiratorio en la vejez sigue siendo grande. La COVID-19 ya no está en la misma fase que en 2020, pero sigue representando un problema serio para los pacientes mayores y crónicamente enfermos, al igual que la gripe estacional y otras infecciones respiratorias. Por eso, cualquier hallazgo que pueda explicar por qué en algunos pacientes la enfermedad no se detiene en los síntomas habituales, sino que pasa a insuficiencia pulmonar, es importante tanto desde la perspectiva científica como desde la de la salud pública. La investigación de UCSF puede leerse, por tanto, como algo más que una curiosidad de laboratorio: ofrece un marco convincente para entender cómo el envejecimiento del propio tejido pulmonar puede convertir una infección en una peligrosa tormenta inmunitaria y por qué el tratamiento futuro quizá deba dirigirse no solo al agente causante de la enfermedad, sino también a la manera en que los pulmones envejecidos reaccionan al ataque.
Fuentes:- UC San Francisco – publicación sobre la investigación y las declaraciones de los autores: UCSF News- Immunity / Cell Press – resumen del trabajo sobre fibroblastos activados por NF-kB y células T GZMK+: Cell Press- CDC – datos oficiales sobre el riesgo y la carga de la gripe en el grupo de 65+: CDC- U.S. Department of Health and Human Services – hoja informativa para personas mayores sobre gripe, COVID-19 y RSV: HHS- NHLBI / NIH – explicación oficial del síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA): NHLBI- UCSF Department of Medicine – perfil del profesor Tien Peng y enfoque de investigación del laboratorio: UCSF Department of Medicine
Encuentra alojamiento cerca
Hora de creación: 2 horas antes