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España endurece aún más su relación con Israel y rebaja los vínculos diplomáticos en medio de la crisis más amplia de Oriente Próximo

Descubre por qué Madrid formalizó la retirada de su embajadora de Israel, cómo se llegó al nuevo enfriamiento diplomático y qué significa este movimiento para la política europea respecto a la guerra en Gaza, Palestina y las relaciones con Jerusalén.

España endurece aún más su relación con Israel y rebaja los vínculos diplomáticos en medio de la crisis más amplia de Oriente Próximo
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

España endurece aún más su relación con Israel

En marzo de 2026, España dio un nuevo paso en el deterioro de sus relaciones con Israel, convirtiendo la retirada previa de su embajadora de Tel Aviv en una finalización formal de su mandato y rebajando la representación diplomática a un nivel inferior. Este movimiento no es solo un cambio protocolario ni un detalle administrativo de política exterior, sino una señal clara de que el Gobierno de Pedro Sánchez ya no quiere mantener la forma habitual de comunicación política con las autoridades israelíes en un momento en que la guerra en Gaza, la inestabilidad regional y las disputas internacionales sobre la responsabilidad por las víctimas civiles siguen desbordándose hacia las relaciones diplomáticas. Con ello, Madrid refuerza aún más su posición como una de las capitales europeas más contundentes que adoptan una postura más dura hacia Israel que la mayoría de los socios de la Unión Europea, y la cuestión que ahora se abre no es solo qué significa este movimiento para las relaciones bilaterales, sino también si una parte de Europa se quedará en las condenas políticas o avanzará hacia formas más concretas de presión.

De la retirada temporal a la rebaja permanente de las relaciones

Según la decisión publicada el 11 de marzo de 2026 en el boletín oficial español, el mandato de la embajadora Ana María Sálomon Pérez quedó oficialmente terminado, con lo que su retirada previa de Tel Aviv adquirió un carácter más permanente. En la práctica diplomática, un movimiento así significa que un Estado no rompe las relaciones formales, pero muestra claramente que en este momento no ve margen para volver al nivel anterior de diálogo político. En lugar de un embajador, la representación se dirige en un nivel inferior, a través de un encargado de negocios, lo que envía una señal de descontento sin derribar por completo el puente diplomático. En el caso de España, esa señal difícilmente puede leerse de forma aislada de todo lo que ha ocurrido desde 2023, porque la relación entre Madrid y Jerusalén lleva tiempo marcada por acusaciones públicas, llamadas a consultas de embajadores, declaraciones políticas duras y una divergencia cada vez mayor sobre la guerra en Gaza y la cuestión palestina.

Ya en septiembre de 2025, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España retiró a su embajadora de Israel para consultas tras una nueva ola de acusaciones mutuas. Aquel conflicto estalló después de que el Gobierno de Madrid presentara una serie de medidas adicionales dirigidas a Israel, mientras que la parte israelí respondió con acusaciones de antisemitismo y una mayor escalada política. La decisión actual, tomada medio año después, muestra que la retirada no se entendía como una respuesta táctica de corta duración, sino como un paso hacia un enfriamiento más duradero de las relaciones.

Cómo se llegó a la crisis actual

La base de la actual crisis diplomática se sentó ya durante la guerra en Gaza que siguió al ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023. Mientras una gran parte de los gobiernos europeos subrayaba en los primeros meses el derecho de Israel a defenderse junto con llamados al respeto del derecho internacional humanitario, España empezó gradualmente a adoptar un tono notablemente más duro. El Gobierno de Pedro Sánchez subrayó que la respuesta de Israel no podía contemplarse al margen de la magnitud de la catástrofe humanitaria en Gaza e insistió cada vez más en un alto el fuego, la protección de los civiles, un acceso más libre para la ayuda humanitaria y la reactivación de un proceso político que condujera a una solución de dos Estados.

El momento decisivo se produjo en mayo de 2024, cuando España, Noruega e Irlanda anunciaron, y después llevaron a cabo formalmente, el reconocimiento del Estado palestino. Madrid presentó este movimiento como una contribución a la paz y a la preservación de la solución de dos Estados, con el argumento de que la condición estatal palestina no puede aplazarse constantemente hasta un futuro momento ideal que nunca llega. Israel respondió con gran dureza, retirando a sus embajadores de esos países y acusándolos de premiar el terrorismo y socavar la posibilidad de negociaciones. Con ello, la disputa bilateral se transformó en una controversia europea e internacional más amplia sobre si el reconocimiento de Palestina ayuda a la paz o profundiza aún más las trincheras políticas.

Poco después, Madrid dio otro paso jurídica y políticamente sensible. A finales de junio de 2024, España presentó una declaración de intervención en el procedimiento ante la Corte Internacional de Justicia en el caso que Sudáfrica abrió contra Israel invocando la Convención sobre el Genocidio. El Gobierno español sostuvo que su objetivo era la defensa del derecho internacional y la protección de los civiles, mientras que la parte israelí rechazó tal decisión por considerarla políticamente motivada y hostil. Desde ese momento quedó claro que Madrid no quería quedarse solo en advertencias verbales, sino que intentaba intensificar la presión política y jurídica a través de las instituciones internacionales.

Las medidas de 2025 cambiaron aún más el tono

Una nueva gran escalada llegó en septiembre de 2025, cuando Pedro Sánchez anunció un paquete de nueve medidas que describió como respuesta a la situación en Gaza. Entre las medidas más importantes figuraban el refuerzo jurídico del embargo de armas contra Israel, la prohibición del paso por los puertos españoles a los buques que transportaran combustible destinado a las fuerzas armadas israelíes y la prohibición de entrada en el espacio aéreo español a determinadas aeronaves estatales que transportaran material de defensa para Israel. Además, Madrid anunció también prohibiciones de entrada a personas que, según afirma, están directamente vinculadas con graves violaciones de derechos y crímenes de guerra en Gaza, así como medidas humanitarias y políticas adicionales de apoyo a la población palestina.

Ese paquete fue importante por al menos dos razones. En primer lugar, mostró que España ya no quiere quedarse dentro del marco de las condenas simbólicas, sino que está dispuesta a utilizar instrumentos de política estatal que pueden tener consecuencias prácticas. En segundo lugar, Madrid intentó con ello establecer su propio patrón de respuesta europea: no romper las relaciones por completo, pero combinar presión diplomática, mecanismos jurídicos y medidas restrictivas. La reacción israelí fue intensa. Las declaraciones y actuaciones españolas fueron calificadas de inaceptables, siguieron acusaciones de antisemitismo, y un nuevo intercambio de insultos confirmó aún más que la relación bilateral había entrado en su peor fase del periodo reciente.

Qué quiere lograr realmente Madrid

El Gobierno español explica públicamente su política hacia Israel y Palestina a través de varios puntos constantes. El primero es la defensa del derecho internacional humanitario y la insistencia en que la guerra no puede librarse sin responsabilidad política y jurídica por las víctimas civiles. El segundo es la preservación de la solución de dos Estados, que Madrid considera cada vez más amenazada debido a la continuación de la guerra, la expansión de los asentamientos y el debilitamiento de todo proceso de paz serio. El tercero es el intento de mover dentro de la Unión Europea el límite del discurso político aceptable, es decir, que la crítica a la política militar y de ocupación israelí no quede limitada a frases diplomáticas sin consecuencias concretas.

Esa estrategia tiene al mismo tiempo una dimensión de política exterior y una dimensión de política interna. En el plano europeo, Sánchez se ha perfilado como uno de los líderes que quiere vincular con más fuerza la política exterior con el lenguaje de los derechos humanos y del derecho internacional. En el espacio político interno, su Gobierno también cuenta con el apoyo de una parte del electorado y de socios de coalición que esperan una posición más marcada a favor de Palestina y contraria a la ocupación. Sin embargo, reducir todo el giro solo a la política interna sería una simplificación. Las actuaciones oficiales disponibles de Madrid muestran que se trata de una política construida de forma sistemática que dura ya casi dos años y que se ha desarrollado paso a paso, desde condenas verbales más fuertes hasta medidas con efecto jurídico y diplomático.

La visión israelí: acusaciones, desconfianza y rechazo del enfoque español

Las autoridades israelíes llevan tiempo rechazando el enfoque español como unilateral, políticamente motivado y perjudicial para cualquier posibilidad de diálogo serio. Funcionarios israelíes han sostenido que Madrid ignora el contexto de seguridad tras el ataque de Hamás, subestima las amenazas de seguridad israelíes y utiliza calificaciones extremadamente duras que solo radicalizan aún más el debate. Una cuestión especialmente sensible para la parte israelí fue el uso español de términos como genocidio en el discurso político, así como su participación en procedimientos ante tribunales internacionales. Las instituciones y los políticos israelíes han subrayado en varias ocasiones que esa retórica no es una contribución a la paz, sino un intento de deslegitimación política de Israel.

Precisamente por eso, la actual rebaja del nivel diplomático probablemente no aportará a Madrid ningún avance bilateral rápido. Al contrario, es más realista esperar la continuación de relaciones frías, intercambios públicos duros ocasionales y el mantenimiento de una comunicación mínima de trabajo allí donde sea necesaria. La diplomacia en esos casos no desaparece, sino que se traslada a un formato más estrecho, técnico y de crisis. Eso significa que los canales permanecen abiertos para cuestiones consulares, situaciones de seguridad y coordinaciones internacionales, pero la confianza política sigue seriamente dañada.

¿Puede España arrastrar consigo a parte de Europa?

Una de las cuestiones clave es si el ejemplo español seguirá siendo una excepción o el anuncio de un cambio más amplio dentro de Europa. La Unión Europea, incluso después de meses de conflictos, advertencias humanitarias y divisiones políticas, no ha desarrollado un enfoque unificado e igualmente duro hacia Israel. Mientras algunos Estados miembros abogan abiertamente por el reconocimiento de Palestina, medidas más estrictas contra los asentamientos o pasos jurídicos más decididos, otros mantienen la postura de que la solución solo puede buscarse mediante negociaciones y de que las acciones unilaterales complican aún más una situación ya frágil. Precisamente por eso, Madrid actúa por ahora más como líder de un bloque más pequeño de Estados que como voz de todo el centro europeo.

Aun así, los movimientos españoles tienen peso político incluso cuando no producen una unidad inmediata. El reconocimiento de Palestina en 2024 ya abrió por sí solo espacio para que otros gobiernos europeos se enfrentaran a la cuestión de cuánto tiempo pueden seguir con una fórmula más cautelosa sin un mayor riesgo político. Eslovenia poco después también reconoció el Estado palestino, lo que mostró que el espacio europeo sí se está moviendo, aunque de forma desigual y sin un ritmo común. En ese sentido, la actual rebaja del nivel diplomático hacia Israel no es solo un mensaje bilateral, sino también una especie de prueba para el resto de Europa: si el descontento con la situación en Gaza se traducirá en decisiones estatales reales o si se quedará en el nivel de las declaraciones.

Una señal diplomática que va más allá de la disputa bilateral

El cese formal del mandato de la embajadora española en Israel no es lo mismo que una ruptura de relaciones, pero sí es un mensaje de que Madrid ha elegido conscientemente un enfriamiento más duradero como instrumento de presión política. En las relaciones internacionales, este tipo de movimientos se dosifican cuidadosamente precisamente porque tienen una fuerte carga simbólica: son lo bastante serios como para que la otra parte no pueda ignorarlos, y aun así dejan espacio para una futura recuperación de las relaciones si cambian las circunstancias políticas. España ha considerado evidentemente que, en el momento actual, el coste de mantener el formato diplomático habitual supera el beneficio que podría obtener de él.

Por eso este caso va más allá de la propia relación entre Madrid y Jerusalén. Habla de un cambio más profundo dentro de una parte de la política europea, en la que la cuestión de Gaza ya no es solo un tema humanitario o de seguridad, sino también una prueba de credibilidad de los gobiernos europeos en lo que respecta al derecho internacional, las sanciones, la exportación de armas, el reconocimiento de Palestina y los límites de la tolerancia política hacia los aliados. Con este movimiento, España ha transmitido que no quiere mantener el viejo patrón diplomático mientras dure la guerra y mientras se multiplican las acusaciones de graves violaciones de derechos. Si esa señal quedará como un gesto aislado o será el inicio de un cambio europeo más amplio, por ahora todavía no está claro, pero sí es seguro que Madrid ha elevado el listón de la presión política muy por encima del nivel de la crítica simbólica.

Fuentes:
- Boletín Oficial del Estado – publicación del 11 de marzo de 2026 sobre el cese del mandato de Ana María Sálomon Pérez como embajadora de España en Israel
- La Moncloa – anuncio de nueve medidas del Gobierno español contra Israel de septiembre de 2025, incluido un embargo de armas y restricciones adicionales
- La Moncloa – resumen de las decisiones del Consejo de Ministros sobre medidas contra Israel y apoyo a la población palestina
- La Moncloa – declaración institucional de Pedro Sánchez sobre el reconocimiento del Estado palestino el 28 de mayo de 2024
- La Moncloa – anuncio español sobre la intervención en el procedimiento ante la Corte Internacional de Justicia en el caso relacionado con Gaza
- Associated Press – repaso del significado del reconocimiento del Estado palestino por parte de España, Irlanda y Noruega y de las reacciones de Israel
- Associated Press – informe sobre la decisión de España de incorporarse al procedimiento ante la Corte Internacional de Justicia
- Gobierno de Eslovenia – confirmación del establecimiento de relaciones diplomáticas con el Estado de Palestina tras el reconocimiento esloveno
- Associated Press – informe sobre el nuevo conflicto diplomático hispano-israelí de septiembre de 2025

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Hora de creación: 1 horas antes

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