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Walter Mzembi abrió su defensa en el Tribunal Superior de Harare en el caso de las pantallas LED estatales tras meses de detención

Descubre de qué se acusa al exministro de Turismo de Zimbabue Walter Mzembi, cómo la Fiscalía y la ZACC interpretan la transferencia de pantallas LED estatales valoradas en unos 200.000 dólares y por qué la defensa sostiene que fue un préstamo y no una donación a iglesias. Te ofrecemos los momentos clave del juicio en el Tribunal Superior de Harare tras meses de detención.

Walter Mzembi abrió su defensa en el Tribunal Superior de Harare en el caso de las pantallas LED estatales tras meses de detención
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Juicio a Walter Mzembi: el exministro de Turismo abrió su defensa desde la cárcel en el caso de las “pantallas de TV”

El exministro zimbabuense de Turismo y Hostelería y antiguo jefe de la diplomacia Dr. Walter Mzembi presentó por primera vez formalmente su defensa ante el Tribunal Superior de Harare el 3 de marzo de 2026, tras meses de detención y un proceso que, ante la opinión pública, se prolongó durante casi nueve meses. El caso, que en los medios locales y en los expedientes judiciales se describe a menudo como el “caso de las pantallas de TV”, se ha convertido en uno de los juicios anticorrupción más seguidos del país porque reúne cuestiones de gestión de bienes del Estado, la relación entre la política y grandes comunidades religiosas, y un debate más amplio sobre cómo se imparte justicia en Zimbabue en asuntos que se remontan a la época del gobierno de Robert Mugabe.

De qué se acusa a Mzembi

El núcleo de las acusaciones se refiere a cuatro grandes sistemas LED para la visualización pública de eventos (Public Viewing Area – PVA), comprados con dinero público antes del Mundial de Fútbol de 2010, cuando Sudáfrica fue anfitriona del torneo. Según la Fiscalía, entre 2011 y 2014 Mzembi, utilizando su cargo de ministro, permitió que el equipo que debía servir al público y a programas estatales se transfiriera para su uso a organizaciones religiosas privadas sin los procedimientos necesarios y sin el consentimiento del Ministerio de Finanzas (Treasury). En informes de acceso público se indica que el valor de los cuatro sistemas en disputa es de alrededor de 200.000 dólares estadounidenses, mientras que en el trasfondo del caso se menciona un paquete de adquisiciones más amplio estimado en unos 2 millones de dólares para un total de 40 pantallas destinadas a fan-zones y a la promoción del turismo.

En la acusación se citan como receptores del equipo la United Family International Church en Harare, dirigida por el predicador Emmanuel Makandiwa; las Prophetic Healing and Deliverance (PHD) Ministries del predicador Walter Magaya; y la Zion Christian Church en Masvingo. La Fiscalía del Estado, con el apoyo de investigadores de la Comisión Anticorrupción de Zimbabue (ZACC), sostiene que los bienes del Estado no pueden “regalarse” ni cederse de forma permanente a entidades privadas sin un procedimiento adecuado, una decisión documentada y el consentimiento financiero, y que la actuación en este caso constituyó un abuso de cargo público y causó perjuicio a la cartera de turismo.

Disputa jurídica clave: “donación” o “préstamo”

Uno de los puntos más importantes del proceso – y una razón por la que los juicios en Zimbabue a menudo traspasan los límites de un proceso penal clásico – es la cuestión de cómo calificar jurídicamente la transferencia del equipo. En fases anteriores del proceso, parte de los testigos, incluidos altos funcionarios de la administración estatal, declararon que por lo general los ministros no son “personas responsables contablemente” de los bienes del ministerio, sino que esa función corresponde a los secretarios permanentes (Permanent Secretaries) como “accounting officers”. Según esa interpretación, un ministro puede dar directrices políticas, pero la responsabilidad formal de registrar, custodiar y disponer de los bienes, y de aplicar los procedimientos prescritos, recae en la función pública.

La defensa construye precisamente su argumento principal sobre esa línea divisoria: Mzembi sostiene que no se trató de una donación permanente, sino de un préstamo temporal en el marco de una política estatal de desarrollo del “turismo religioso”, y que el equipo, incluso después de la transferencia, siguió registrado como propiedad del Estado. En los informes de la vista se indica que se presentaron al tribunal registros de activos del Ministerio de Turismo de los que, según la defensa, se desprende que los sistemas PVA siguieron inscritos después de 2014 como propiedad del Estado, lo que podría respaldar la tesis de que no hubo “enajenación” de los bienes. La Fiscalía, por su parte, subraya que el mero hecho de que iglesias privadas recibieran y conservaran el equipo, sin el consentimiento correspondiente y sin un procedimiento documentado, es un indicio suficientemente fuerte de que se trató de una disposición indebida.

Cómo el tribunal llegó a la defensa: rechazada la solicitud de sobreseimiento

El momento decisivo se produjo a mediados de febrero de 2026, cuando el Tribunal Superior rechazó la solicitud de Mzembi de ser sobreseído al término de la prueba de la Fiscalía. El juez Benjamin Chikowero concluyó que la Fiscalía había presentado elementos suficientes para un caso “prima facie” y que el acusado debía responder por qué el equipo estatal terminó en manos de iglesias privadas y si se respetaron los procedimientos prescritos. En la fundamentación difundida por los medios se indica que “hay prueba en el expediente que exige una respuesta del acusado”, subrayando que se trata de bienes que no eran propiedad personal del acusado y cuya disposición requería seguir procedimientos.

Con la decisión del tribunal, se abrió la vía para que la defensa expusiera su versión de los hechos los días 3 y 4 de marzo de 2026. Precisamente el 3 de marzo Mzembi, según los informes de la vista, comenzó por primera vez a exponer directamente su defensa, y la continuación quedó programada para el día siguiente.

Defensa desde la cárcel: contexto político y versión de Mzembi

Mzembi regresó a la sala como detenido, después de haber sido arrestado en junio de 2025 a su regreso a Zimbabue desde el extranjero y tras varias solicitudes de fianza fallidas. Sus simpatizantes y parte de la comunidad turística internacional expresaron públicamente su apoyo, afirmando que el proceso se había convertido en un símbolo de un ajuste de cuentas político con figuras de la etapa anterior al cambio de poder de 2017. Los críticos, en cambio, señalan que se trata de una prueba de la credibilidad de las instituciones anticorrupción y que, en un país con dificultades económicas prolongadas, debe aclararse cómo se gestionaron el dinero público y los bienes.

En su defensa, Mzembi, según los informes, comenzó con una exposición más amplia del trabajo en el Ministerio de Turismo después de 2009, cuando la cartera se separó del Ministerio de Medio Ambiente y cuando, afirma, se “construyó desde cero”. Señaló que el ministerio entonces tenía muy pocos funcionarios y que su tarea era diseñar una estrategia de recuperación del turismo durante un período de crisis política y tras reformas agrarias controvertidas que empeoraron la percepción internacional del país. Destacó especialmente la actuación durante el Gobierno de Unidad Nacional (GNU), cuando ZANU-PF y el MDC compartían el poder y las políticas públicas a menudo pasaban por compromisos complejos.

En ese contexto, Mzembi afirma que el proyecto de fan-zones públicas y pantallas PVA formaba parte de una estrategia estatal más amplia de marca y promoción, originada en un organismo gubernamental conocido como Sports, Tourism, Image and Communications Task Force (STIC) y posteriormente confirmada por el gabinete. En su interpretación, la cartera de turismo recibió el papel de ministerio ejecutor para establecer fan-zones en todo el país, y la idea era vincular el deporte, las concentraciones públicas y la promoción turística.

Por qué las pantallas acabaron en iglesias

Según la defensa de Mzembi, parte del equipo llegó tarde y no se utilizó plenamente durante el Mundial de 2010, tras lo cual el gobierno buscó un plan para su uso posterior. Entonces, sostiene, surgió la idea de impulsar concentraciones masivas a través de un programa de “turismo religioso” que pudieran generar viajes, pernoctaciones y gasto, es decir, efectos turísticos clásicos. Mzembi supuestamente subraya en la sala que la diferencia entre donación y préstamo es decisiva: el préstamo implica que el bien permanece en los libros del Estado y que el usuario asume la obligación de custodiar y gestionar el equipo.

En ese mismo marco, la defensa sostiene que las tres comunidades religiosas fueron seleccionadas por el esperado gran número de participantes y el potencial de atraer visitantes del país y del extranjero. En los informes se menciona que Mzembi afirmó que las decisiones fueron “asunto del gabinete” y que algunas entregas de equipo también fueron realizadas por otros ministros, incluido el entonces ministro de Defensa Emmerson Mnangagwa (hoy presidente), así como el entonces ministro Ignatius Chombo, lo que, según la defensa, indicaría que no se trató de una iniciativa personal de un solo hombre.

Argumento sobre el procedimiento: dónde está la línea entre un error administrativo y un delito

Una de las partes más sensibles del proceso es la cuestión de si la eventual ausencia del consentimiento del Ministerio de Finanzas debe tratarse como un delito o como una falta administrativa dentro de la administración estatal. Mzembi sostiene que un ministro, cuando recibe una directriz política del presidente o del gabinete, puede poner en marcha un programa, mientras que las aprobaciones formales y la documentación se completan a través del aparato de la función pública, incluidos los secretarios permanentes, las auditorías internas y los mecanismos habituales de supervisión. Como circunstancia importante menciona el hecho de que, según sus afirmaciones, durante varios años las auditorías internas y externas no “marcaron” las transacciones controvertidas, lo que la defensa interpreta como un indicio de que el sistema administrativo de entonces actuó con consentimiento tácito o al menos sin una advertencia clara de que se trataba de una irregularidad.

La Fiscalía, sin embargo, sostiene lo contrario: los investigadores de la ZACC afirman que al revisar la documentación determinaron que para algunos otros préstamos o transferencias de equipo existían consentimientos y condiciones por escrito del Ministerio de Finanzas, mientras que en el caso de las tres iglesias no se encontró tal consentimiento. En algunos informes también se indica que representantes de las iglesias confirmaron que aún poseen el equipo, lo que para la Fiscalía es un elemento adicional para demostrar que el bien fue, en la práctica, sustraído del control estatal.

Cuestión constitucional y la ley de 2023: ¿puede aplicarse un estándar probatorio más estricto?

Además del debate sobre el procedimiento, el caso incluye una capa de argumentación constitucional. En análisis de acceso público se destaca que la defensa invoca el principio de prohibición de responsabilidad penal retroactiva: si la norma jurídica que define los elementos del delito se modificó en 2023, se plantea la cuestión de con qué estándar se evalúan las acciones del período 2011–2014. Parte de los comentaristas señala que aquí se abre la cuestión de la seguridad jurídica, porque las garantías constitucionales protegen el derecho de los ciudadanos a no ser condenados por actos que, en el momento de su comisión, no constituían un delito en la forma en que hoy se les imputa.

Por otro lado, el tribunal hasta ahora, al menos según los informes disponibles, ha tendido a permitir que estas cuestiones se debatan a través de un juicio completo, incluida la defensa, en lugar de detener el asunto por motivos procesales. Precisamente por eso los días de defensa son clave: deberían mostrar si la transferencia del equipo fue realmente parte de una política oficial y de una toma de decisiones colectiva, o si la Fiscalía tiene razón al sostener que el acusado debía saber que la propiedad estatal no puede entregarse a entidades privadas sin pasos estrictamente prescritos.

Panorama más amplio: turismo, reputación del país y confianza en las instituciones

El caso Mzembi ya no es solo una batalla legal personal; se ha trasladado a un debate sobre la reputación de Zimbabue como destino turístico y sobre la estabilidad del Estado de derecho. Mientras el país destaca la seguridad, los atractivos naturales y las oportunidades de inversión en campañas internacionales, el hecho de que un antiguo símbolo de la diplomacia turística permanezca detenido durante meses antes de presentar finalmente su defensa se convierte en un tema también fuera del país. En el sector turístico, esto a menudo se observa a través del prisma de la “percepción del riesgo”: los inversores y los viajeros observan no solo la belleza natural, sino también la estabilidad política, la previsibilidad de las instituciones y la manera en que se resuelven las disputas.

En la opinión pública interna, el caso pone de relieve la tensión entre la necesidad de perseguir penalmente los abusos y la cuestión de la selectividad. Tras 2017, Zimbabue ha anunciado en varias ocasiones el fortalecimiento de las medidas anticorrupción y la persecución de casos de periodos anteriores, pero la práctica suele ir acompañada de sospechas de motivación política. Un juicio en el que el acusado es una cara conocida del antiguo poder, y una parte clave de la historia incluye tres grandes iglesias carismáticas, aumenta aún más el interés y la sensibilidad.

Qué sigue tras el primer día de defensa

Después de que Mzembi comenzara a presentar su defensa el 3 de marzo de 2026, se espera la continuación del proceso ante el Tribunal Superior el 4 de marzo. En esa fase, será decisivo si la defensa logra respaldar las afirmaciones sobre una decisión del gabinete, una directriz presidencial y el estatus del equipo como bien “prestado” que permaneció en los registros estatales. La Fiscalía, por su parte, intentará demostrar que faltaron los procedimientos formales, que la ausencia del consentimiento del Ministerio de Finanzas era conocida o debía ser conocida por el acusado, y que con ello se produjo un daño o al menos un riesgo grave para la gestión legal de los recursos públicos.

Sea cual sea el desenlace, el proceso seguirá siendo un indicador importante: para parte de la opinión pública es una prueba de la independencia judicial y de la coherencia de la política anticorrupción, y para el sector turístico y los observadores internacionales, una medida de hasta qué punto Zimbabue es capaz de llevar procesos sensibles de forma transparente y predecible.

Fuentes:
- NewsDay Zimbabwe – informe sobre la decisión del tribunal de que Mzembi debe presentar su defensa y la continuación de la vista el 3–4 de marzo de 2026. (link)
- The Herald (Zimpapers) – informe sobre el inicio del juicio y las acusaciones relacionadas con cuatro pantallas LED y el procedimiento de aprobación (link)
- Africa Briefing – análisis de cuestiones jurídicas, incluidos los argumentos sobre la no retroactividad y el artículo constitucional que prohíbe el castigo retroactivo (link)
- Nehanda Radio – informe del juicio sobre testimonios de que los ministros no son responsables contables, el papel de los secretarios permanentes y el consentimiento del Ministerio de Finanzas (link)
- eTurboNews – informe del primer día de defensa el 3 de marzo de 2026, incluidos los señalamientos de Mzembi sobre STIC, fan-zones y la diferencia entre préstamo y donación (link)

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