Berlín introduce BerlinPay: los turistas podrían recibir beneficios por limpiar la ciudad y comportarse de forma más responsable
Este verano, Berlín planea poner en marcha BerlinPay, un proyecto piloto con el que quiere animar a los visitantes, pero también a los propios residentes, a implicarse más activamente en la preservación del espacio público y de las aguas urbanas. Se trata de una iniciativa dirigida por visitBerlin, la organización turística oficial de la ciudad, en cooperación con la Administración Senatorial de Economía, Energía y Empresas Públicas. A diferencia de los titulares que sugieren que la ciudad simplemente “pagará” a los turistas por limpiar, la información oficial disponible en este momento dice otra cosa: la recompensa no será un pago clásico en dinero, sino distintas pequeñas ventajas, descuentos o experiencias especiales que proporcionarán las organizaciones asociadas.
Según el anuncio de visitBerlin, BerlinPay debería ponerse en marcha en el verano de 2026 como piloto urbano dentro del año temático dedicado al turismo acuático. El primer enfoque no es todo Berlín en el sentido más amplio, sino el comportamiento en y junto a los ríos, canales y lagos urbanos. Los organizadores quieren que un comportamiento más responsable se convierta en una parte visible y recompensada de la experiencia turística, en lugar de que la sostenibilidad siga siendo solo un eslogan abstracto de las estrategias oficiales. En la práctica, esto significaría que las personas que recogen residuos, participan en el embellecimiento de barrios junto al agua o apoyan proyectos socialmente útiles en esos lugares podrían recibir beneficios simbólicos de los socios participantes de la hostelería, la hotelería, la cultura, la movilidad y el sector civil.
Del visitante pasivo al participante en la vida de la ciudad
La idea detrás de BerlinPay encaja en un giro más amplio de las ciudades europeas hacia un modelo de turismo que intenta reducir la brecha entre los intereses de los visitantes y la vida cotidiana de la comunidad local. En lugar del viejo patrón en el que el turista consume la ciudad y luego los servicios municipales y los residentes reparan las consecuencias para el espacio público, el transporte, el medio ambiente y la calidad de vida, el nuevo modelo intenta trasladar parte de la responsabilidad y de la motivación también a los propios huéspedes. Berlín no parte de cero en esto. La propia visitBerlin lleva años hablando en sus documentos estratégicos de una “ciudad habitable”, de un turismo sostenible y de calidad, y la estrategia oficial de desarrollo del destino subraya que el crecimiento del tráfico turístico debe ir de la mano de los intereses de los barrios, de la calidad de vida y del uso responsable de los recursos.
Esto es especialmente importante para Berlín porque se trata de uno de los destinos urbanos más visitados de Europa. Según el balance turístico oficial de 2025, la ciudad tuvo el año pasado 29,4 millones de pernoctaciones y alrededor de 12,4 millones de huéspedes. Alrededor del 41 por ciento de todas las pernoctaciones correspondieron a visitantes extranjeros y, según las estimaciones de visitBerlin, el turismo genera 15,1 mil millones de euros en gasto turístico y 8,4 mil millones de euros en valor añadido bruto, mientras que 224.800 personas viven directa o indirectamente de él. Estas cifras explican por qué Berlín ya no puede relacionarse con el turismo solo como una oportunidad de marketing, sino también como una cuestión de gestión de la ciudad, del espacio y de los bienes comunes.
Por qué el primer énfasis se ha puesto precisamente en las aguas de Berlín
BerlinPay no está vinculado al turismo acuático por casualidad. Ya en noviembre de 2024, el Senado de Berlín adoptó una nueva base conceptual para el desarrollo del turismo acuático, bajo el lema “coexistencia compatible, equilibrio y sostenibilidad”. En ese documento se destacó que Berlín y Brandeburgo, con casi 34.800 kilómetros de cursos de agua y 3.200 lagos, forman parte de la mayor zona interior europea para los deportes acuáticos y el turismo acuático. Al mismo tiempo, la ciudad advirtió que el uso de las aguas berlinesas se ha intensificado constantemente en los últimos años y que es necesario armonizar las actividades turísticas con los intereses de la población local, de los distintos grupos de usuarios y de la protección del medio ambiente.
En otras palabras, BerlinPay no es solo una acción promocional para una ciudad más limpia, sino también un instrumento que se apoya en una política pública ya existente. Cuando visitBerlin dice que quiere fomentar un comportamiento responsable “en y junto a las aguas de Berlín”, detrás de ello hay un debate mucho más amplio sobre riberas saturadas, residuos, presión sobre zonas naturales sensibles, accesibilidad de embarcaderos, calidad de estancia para los residentes y la necesidad de que el turismo no entre en conflicto con la vida urbana. En esa lógica, recoger residuos o participar en pequeñas acciones locales tiene una función tanto simbólica como práctica: la ciudad quiere mostrar que una visita no tiene por qué ser necesariamente un consumo unidireccional del espacio, sino que también puede incluir una contribución visible al lugar que se visita.
Cómo debería funcionar BerlinPay en la práctica
Las publicaciones oficiales todavía no aportan un reglamento operativo completo, pero el modelo básico ya está claro. Los socios incluidos en el proyecto deberían ofrecer una determinada “recompensa” por un comportamiento responsable reconocido. Puede tratarse de un pequeño descuento, un vale, un regalo simbólico, acceso a contenido especial o alguna experiencia especial en Berlín. visitBerlin subraya además que el proyecto todavía está en fase de búsqueda de socios y que los detalles se presentarán adicionalmente el 13 de mayo de 2026 junto con la senadora de la ciudad Franziska Giffey. Eso significa que en este momento no está del todo claro cómo se acreditará la participación, qué socios participarán exactamente desde el primer día, si se utilizará una confirmación digital o un sistema de confianza, ni cuál será el valor de los beneficios.
También es importante aclarar una interpretación errónea frecuente. Los textos oficiales disponibles no hablan de un pago directo en dinero a los turistas por limpiar la ciudad. Hablan de “reconocimientos”, “pequeñas ventajas” y “experiencias berlinesas especiales”. Esa es una diferencia importante porque muestra que BerlinPay no está concebido como un trabajo municipal que la ciudad traslada a los huéspedes a cambio de una paga diaria, sino como un incentivo conductual. Ese enfoque se basa en la psicología de la participación: se ofrece a la gente la sensación de haber hecho algo útil, y la ciudad y los socios lo valoran simbólicamente mediante una experiencia que encaja en la visita al destino.
La inspiración viene de Copenhague, pero Berlín intenta desarrollar su propia versión
El modelo directo de BerlinPay es el danés CopenPay, un proyecto que Copenhague puso en marcha por primera vez en 2024 y que después amplió en 2025. CopenPay se basa en la misma idea básica: el comportamiento positivo se convierte en una especie de moneda para contenidos culturales y turísticos. Los visitantes pueden “pagar” llegando en tren, yendo en bicicleta en lugar de en coche, utilizando el transporte público, quedándose más tiempo, participando en huertos urbanos o recogiendo residuos, y a cambio obtienen contenidos gratuitos o con descuento, como alquiler de bicicletas, visitas, comidas o beneficios en museos.
Los datos oficiales de Wonderful Copenhagen muestran que en 2025 CopenPay creció hasta 100 atracciones participantes y duró nueve semanas, mientras que el interés de otros destinos superó el centenar de ciudades y regiones. Esa organización danesa también indica que desde su puesta en marcha se han sumado más de 30.000 participantes, que durante la iniciativa se registró un aumento del 59 por ciento en el alquiler de bicicletas y que siete de cada diez participantes afirmaron que la experiencia les animó a cambiar sus hábitos incluso después de volver a casa. Precisamente sobre la base de ese eco, Copenhague puso en marcha a finales de 2025 también el modelo más amplio DestinationPay, concebido como un marco para otras ciudades que quieren adoptar el mismo principio. En ese contexto, Berlín fue citado como la primera ciudad que desarrolla su propia versión con el nombre de BerlinPay.
Sin embargo, Berlín no copia Copenhague de forma mecánica. Sabine Wendt, de visitBerlin, señaló que la ciudad está desarrollando un concepto comparable, pero adaptado localmente, en cooperación con socios de la economía del visitante. Esa es una observación importante porque Berlín tiene una estructura urbana distinta, flujos turísticos distintos y distintos tipos de presión sobre el espacio público. Copenhague es desde hace años un ejemplo global de ciudad que construye la sostenibilidad también a través de la infraestructura, la cultura ciclista y su relación con las aguas públicas. Berlín, por su parte, tiene una fuerte imagen de libertad, creatividad e informalidad, pero al mismo tiempo también un problema crónico con la limpieza de ciertos parques, riberas y espacios públicos. Por eso BerlinPay tiene para la capital alemana también una dimensión reputacional adicional: no se trata solo de turismo verde, sino también de un intento de convertir un comportamiento más responsable en parte de la identidad de la ciudad.
¿Puede realmente un modelo así cambiar la ciudad?
La respuesta más realista es: por sí solo no, pero puede tener un efecto medible si está bien diseñado. El problema de los residuos en las grandes ciudades no se puede resolver con una campaña que se apoye en la buena voluntad de los visitantes. La limpieza del espacio urbano y la protección de las aguas dependen ante todo de los sistemas municipales, de la gestión urbanística, de las inspecciones, de la política de transporte, de la infraestructura de residuos, de la educación de los residentes y de normas claras de uso de los espacios públicos. Por eso, BerlinPay no debe verse como un sustituto de los servicios públicos, sino como una herramienta adicional que puede mejorar el comportamiento de una parte de los visitantes y crear pequeños efectos visibles en las ubicaciones sometidas a mayor presión.
Por otra parte, precisamente el nivel simbólico de este tipo de proyectos suele ser decisivo. Si un turista percibe que la ciudad valora el comportamiento responsable y no solo el consumo, es más probable que adapte también su propia estancia a esa expectativa. Igual de importante es que con este enfoque cambia también el mensaje que el destino envía sobre sí mismo: en lugar de invitar al consumo ilimitado de atracciones, la ciudad promueve la participación, la atención al espacio y una relación de colaboración con la comunidad local. En un momento en que muchas ciudades europeas luchan con las consecuencias del sobreturismo, ese cambio de narrativa se vuelve cada vez más importante.
Un cambio más amplio en el turismo europeo
BerlinPay llega en un momento en que el turismo también se está recuperando con fuerza a escala global, pero al mismo tiempo crece la presión para que esa recuperación sea más sostenible que antes. UN Tourism publicó que en 2025 se registraron alrededor de 1,52 mil millones de llegadas turísticas internacionales, y las proyecciones a largo plazo siguen apuntando a la posibilidad de alcanzar 1,8 mil millones para 2030. Para las ciudades, eso significa cada vez más oportunidades económicas, pero también cada vez más preguntas sobre quién asume el coste de las aglomeraciones, los residuos, las emisiones y la sobrecarga de la infraestructura. En ese marco, BerlinPay resulta interesante porque no parte de la prohibición y la restricción, sino del incentivo.
Eso, por supuesto, no significa que el modelo esté exento de limitaciones. Los críticos advierten con razón que los mayores efectos climáticos del turismo no se producen al nivel de una recogida puntual de residuos, sino ante todo a través del transporte, especialmente el aéreo. Por eso Copenhague incluyó en CopenPay también la recompensa por llegar en tren y por estancias más largas en lugar de visitas cortas e intensas. Aún no se ha confirmado si Berlín avanzará en una dirección similar en fases posteriores. Pero ya ahora está claro que las autoridades turísticas de la ciudad quieren abrir espacio para un tipo distinto de relación con los huéspedes: menos turismo pasivo y más actividades útiles a nivel local.
Qué puede ganar Berlín y qué sigue siendo una pregunta abierta
Si el proyecto logra reunir suficientes socios y si las reglas son sencillas, Berlín podría obtener varias cosas al mismo tiempo. Primero, aunque sea limitado, un aporte a unas riberas y espacios públicos más limpios en zonas de presión turística intensificada. Segundo, una herramienta de comunicación adicional con la que Berlín se posiciona internacionalmente como una ciudad que intenta desarrollar el turismo de una manera aceptable para los residentes. Tercero, datos útiles sobre qué tipos de incentivos motivan realmente a los visitantes y hasta qué punto están dispuestos a participar en actividades sostenibles si a cambio reciben una recompensa reconocible, pero no necesariamente costosa.
Sin embargo, siguen abiertas muchas cuestiones. Aún no se sabe cuál será el alcance real del proyecto, cómo será la verificación de la participación, si las recompensas serán lo bastante atractivas como para motivar a un número más amplio de huéspedes y si el modelo puede mantenerse también más allá del inicio promocional. Igual de importante es si participarán en él los propios berlineses, porque el anuncio oficial no se limita solo a los turistas, sino que también habla de activar a los residentes. Precisamente la combinación de participación local y motivación de los visitantes podría decidir si BerlinPay se queda en una simpática campaña estacional o si se convierte en una herramienta más duradera de la política turística urbana.
Por ahora, la forma más exacta de decirlo es que Berlín no está introduciendo el pago a los turistas por limpiar la ciudad en sentido literal, sino que está probando un sistema de recompensa del comportamiento responsable. En una ciudad que sigue buscando el equilibrio entre un enorme interés turístico, la calidad de vida de los residentes y la protección de sus espacios públicos, un experimento así tiene un peso tanto práctico como político. Si BerlinPay consigue transformar al menos a una parte de los visitantes de observadores en participantes, Berlín podría obtener un modelo más importante que una sola acción de verano: la prueba de que el turismo no tiene por qué dejar necesariamente a la ciudad más agotada de lo que la encontró.
Fuentes:- visitBerlin – anuncio oficial del proyecto BerlinPay, proyecto piloto para el verano de 2026 con foco en el comportamiento responsable en y junto a las aguas urbanas (link)- visitBerlin – resumen oficial de la estrategia de turismo sostenible de Berlín y su base en Tourism Plan 2018+ (link)- visitBerlin – balance turístico de 2025 con datos sobre pernoctaciones, huéspedes e impacto económico del turismo en Berlín (link)- Berlin.de – comunicado sobre la adopción del concepto de turismo acuático y datos sobre la extensión de cursos de agua y lagos en la región Berlín-Brandeburgo (link)- Visit Copenhagen – descripción oficial del programa CopenPay y de la manera en que se recompensan las decisiones sostenibles de los visitantes (link)- Wonderful Copenhagen – resumen oficial del desarrollo de CopenPay, número de socios, participantes y efectos del programa (link)- Wonderful Copenhagen – presentación del modelo global DestinationPay y confirmación de que Berlín está desarrollando su propia versión, BerlinPay (link)- UN Tourism – panorama más reciente de la recuperación turística global y de las llegadas internacionales en 2025 (link)
Encuentra alojamiento cerca
Hora de creación: 4 horas antes