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Los supermercados se están convirtiendo en una nueva atracción turística porque revelan la vida cotidiana, los precios y los sabores locales

Descubre por qué cada vez más viajeros durante sus vacaciones visitan supermercados locales, buscando aperitivos, especias, bebidas y productos que revelan los hábitos cotidianos del país. Las tiendas corrientes se convierten cada vez más en una guía accesible, divertida e inesperada de la cultura local.

Los supermercados se están convirtiendo en una nueva atracción turística porque revelan la vida cotidiana, los precios y los sabores locales
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Los turistas visitan cada vez más los supermercados: por qué una tienda corriente se ha convertido en una nueva atracción

El supermercado, entendido durante mucho tiempo como un lugar de compras rutinarias, aparece cada vez más como una parada turística inesperada. Los viajeros que antes buscaban imanes para la nevera, postales y recuerdos estandarizados hoy pasan cada vez más tiempo entre estantes con aperitivos locales, especias, bebidas, platos preparados, chocolates, salsas y productos que no pueden encontrar en su propia vida cotidiana. Lo que a primera vista parece la salida más común para comprar agua, desayuno o una pasta de dientes olvidada se ha convertido en un pequeño recorrido cultural: a través de los precios, los envases, los sabores y la distribución de la tienda, el viajero puede reconocer rápidamente qué se come en un país, cuánto se paga, qué productos se consideran cotidianos y qué hábitos moldean la vida local.

En los medios internacionales y en los análisis turísticos, la tendencia se describe cada vez más con expresiones como grocery store tourism, supermarket tourism o snack tourism. En la práctica, esto significa que la tienda ya no es solo una parada práctica entre el hotel y los lugares de interés, sino parte del itinerario. Una visita al supermercado ofrece un tipo de visión diferente al de un museo, un mirador panorámico o una visita guiada. En lugar de una historia oficialmente construida sobre el destino, allí se ve la vida cotidiana: qué compra la gente después del trabajo, qué tipo de productos se ofrecen a los niños, cuánto espacio ocupan los platos preparados, qué bebidas son más visibles, qué tan desarrollada está la oferta de productos vegetarianos, sin alcohol o producidos localmente, pero también cómo las cadenas comerciales se adaptan a los hábitos de la población.

Según los datos del informe Unpack ’25 de Expedia Group, el 39 por ciento de los viajeros encuestados visita tiendas locales o supermercados durante sus vacaciones, mientras que el 44 por ciento compra productos locales que no puede conseguir en casa. En el mismo informe, este patrón se relaciona con una tendencia más amplia de viajes motivados por bienes y experiencias vinculadas a productos locales, desde tés y café hasta dulces, cosméticos y delicatessen regionales. Estos datos muestran que no se trata solo de una broma pasajera de internet, sino de un cambio más amplio en la manera en que los viajeros experimentan un destino. Cada vez es menos importante llevar a casa un objeto que simbolice un lugar, y cada vez más importante llevarse un sabor, un aroma o un producto que pueda compartirse, fotografiarse, probarse y conectarse con una experiencia concreta de viaje.

De la compra de paso a la experiencia cultural

El atractivo del supermercado como atracción turística procede en parte de su universalidad. Todo el mundo entiende la lógica básica de una tienda: carros, estantes, cajas, neveras, ofertas, pan, leche, aperitivos y productos de consumo cotidiano. Precisamente por eso, las diferencias se vuelven visibles ya después de unos minutos. En un país, un espacio enorme puede estar ocupado por la oferta de comidas preparadas, en otro por estantes con tés, en un tercero por quesos locales, productos fermentados, arroz, pasta, especias o productos de panadería. El turista no tiene que conocer el idioma para notar la diferencia en los envases, precios, tamaños de los paquetes y selección de productos, y precisamente esas pequeñas diferencias son a menudo lo que queda en la memoria después de un viaje.

A diferencia de las atracciones turísticas clásicas, el supermercado no exige una preparación especial, una entrada cara ni un recorrido formal. Se puede entrar espontáneamente, sin reserva, y pasar allí diez minutos o una hora. Esto lo hace especialmente atractivo para los viajeros que quieren una experiencia que no parezca escenificada. La tienda es a la vez cotidiana e inusual: conocida por su función, pero nueva por su contenido. Precisamente esta combinación explica por qué los estantes con dulces, zumos locales, sopas instantáneas, especias, patatas fritas de sabores inusuales o untables regionales se han convertido en objeto de fotografías y publicaciones en redes sociales.

Una parte importante de la tendencia la constituye también el cambio en la forma de entender los recuerdos. Un recuerdo ya no tiene que ser un objeto duradero, sino que puede ser algo consumible: una chocolatina, una bolsa de café, té local, una botella de salsa, un sabor inusual de bebida gaseosa, un pequeño tarro de especias o un paquete de galletas. Estos productos suelen ser más baratos que los artículos de las tiendas de recuerdos, pero pueden transmitir una impresión más fuerte de autenticidad porque no necesariamente se producen para turistas. Su valor no está en el lujo, sino en la historia: dónde fueron comprados, cómo eran los estantes, qué resultaba inusual, qué sabor sorprendió y por qué algo parecía típico del país en el que se compró.

Las redes sociales han convertido los estantes en contenido

Las redes sociales, especialmente TikTok e Instagram, han desempeñado un papel importante en la difusión de este patrón de viaje. Los vídeos cortos desde tiendas encajan fácilmente en un formato que el público entiende rápidamente: el autor camina entre estantes, muestra productos inusuales, compara precios, prueba aperitivos locales o comenta envases que se diferencian de los de su país. Ese contenido no requiere un hotel de lujo ni una ubicación espectacular; basta con un producto que parezca diferente, un sabor que suene inesperado o una situación cotidiana que en otro contexto cultural resulte interesante.

El británico Evening Standard ya escribía en 2024 sobre la viralidad de las visitas a supermercados extranjeros, señalando que los usuarios de redes sociales habían empezado a tratar las tiendas como lugares imprescindibles para explorar productos locales. Con ello también cambió la percepción de lo que merece la pena mostrar en un viaje. En lugar de publicar solo monumentos conocidos, cada vez se publican más estantes con caramelos, neveras con platos preparados, panaderías locales dentro de tiendas o sabores inusuales de marcas conocidas adaptados a un mercado determinado. El supermercado se convierte así en un encuadre fácilmente reconocible, divertido y accesible de la vida cotidiana turística.

Esta tendencia no significa que los viajeros renuncien a museos, arquitectura, monumentos naturales o restaurantes. Más bien se trata de ampliar la idea de lo que puede ser viajar. La experiencia turística ya no está limitada a lugares formalmente señalados como atracciones. También puede convertirse en atracción aquello que la población local utiliza todos los días, pero que al viajero le parece nuevo. En ese sentido, el supermercado funciona como una guía no oficial de hábitos: muestra cuánto se come dulce, cuánto se valora la practicidad, cuál es la actitud hacia la salud, qué tan visibles son los productores locales y cómo las marcas globales se adaptan a distintos mercados.

Más barato que una tienda de recuerdos, más accesible que un restaurante

Una de las razones más importantes de la popularidad del turismo de supermercados es su precio. En un momento en que los viajes están cargados por el aumento de los costes de alojamiento, transporte, comida y entradas, la tienda ofrece una experiencia accesible para casi todos. El viajero puede comprar varios productos locales por una cantidad que a menudo es significativamente inferior al precio de una comida en un restaurante o de un recuerdo en una zona turística. Al mismo tiempo, obtiene también un beneficio práctico: desayuno para el día siguiente, aperitivos para una excursión, una bebida para un paseo o un producto que puede llevar a casa.

El supermercado es atractivo también porque reduce el riesgo de decepción. Un restaurante puede ser caro, estar lleno o adaptado a turistas, mientras que una tienda ofrece una sección más amplia del consumo local. Por supuesto, el supermercado tampoco es una representación completamente neutral de la sociedad: la selección de productos depende de la cadena, la ubicación, el poder adquisitivo del barrio y la estrategia del comerciante. Aun así, en él se puede ver algo que es difícil ver en una tienda de recuerdos: productos destinados a compradores cotidianos. Por eso muchos viajeros perciben las tiendas como una ventana más accesible y más directa a la vida del destino.

La tendencia también está relacionada con el creciente interés por el turismo gastronómico, pero de una manera menos formal. El gastro-turismo tradicional suele asociarse con restaurantes, mercados, rutas de vino, talleres de cocina o especialidades locales conocidas. El supermercado introduce otra dimensión: productos industriales, marcas cotidianas, platos preparados, ofertas de temporada y productos que la población local realmente compra cuando no tiene tiempo para un restaurante. Esto no tiene por qué ser una imagen romántica del destino, pero a menudo es muy informativa. Precisamente por eso, una tienda corriente puede mostrar más sobre el ritmo de la vida cotidiana que una oferta turística cuidadosamente diseñada.

Qué dicen los productos sobre un país

Los estantes de los supermercados pueden revelar una serie de detalles sociales y económicos. Los precios de los alimentos básicos hablan del poder adquisitivo y de los costes de vida, la variedad de platos preparados del ritmo de trabajo y de los hábitos alimentarios, la oferta de productos locales de la relación con la producción nacional, y la amplitud de las secciones de bebidas sin alcohol, café, tés o productos de panadería de los rituales cotidianos. En algunos destinos, los viajeros notarán de inmediato una fuerte cultura de los tentempiés, en otros la importancia de la comida fresca, en otros la dominancia de envases prácticos para personas solas, trabajadores de oficina o familias.

El envase también tiene su propia historia. El diseño del producto, el idioma en las etiquetas, las marcas de calidad, las afirmaciones de salud, el énfasis en el origen local y el tamaño de los envases muestran cómo el mercado se dirige al comprador. Para el viajero, esto puede ser tan interesante como el sabor mismo. Incluso los productos globales conocidos a menudo tienen variantes locales: sabores distintos de patatas fritas, chocolate, bebidas gaseosas, fideos instantáneos o galletas. Precisamente esos productos a menudo se vuelven virales porque unen lo conocido y lo desconocido. El comprador reconoce la marca, pero le sorprende la adaptación local.

Para las generaciones más nuevas de viajeros, también es importante la posibilidad de compartir la experiencia. Un producto del supermercado se fotografía fácilmente, se describe de forma sencilla y puede probarse ante la cámara. A diferencia de una postal, un recuerdo comestible permite una reacción: agrado, sorpresa, comparación, recomendación o broma. Es un contenido que encaja de forma natural en la cultura digital del viaje, en la que la experiencia personal a menudo se construye mediante pequeños detalles fáciles de transmitir. Por eso los aperitivos, las salsas y las bebidas cumplen cada vez más el papel que antes tenían los recuerdos clásicos.

La industria turística sigue el cambio de hábitos

Las empresas turísticas y los medios siguen cada vez con más atención este cambio porque muestra que los viajeros buscan experiencias accesibles, cotidianas y arraigadas localmente. Expedia Group, en el informe Unpack ’25, habla de viajeros que buscan deliberadamente bienes y productos que no pueden encontrar en casa, mientras que los medios turísticos internacionales relacionan cada vez más el turismo de supermercados con la búsqueda de autenticidad y recuerdos diferentes. Condé Nast Traveler, en su adelanto de tendencias de viaje para 2026, también incluye la visita a tiendas locales entre los patrones de viaje que encajan en la demanda más amplia de experiencias más personales y prácticas.

Esto también tiene consecuencias para los destinos. Las ciudades y regiones que quieren presentarse a través de la gastronomía ya no dependen solo de restaurantes y mercados. Los productos locales en tiendas, si están claramente destacados y disponibles, pueden convertirse en parte de la identidad turística. Pequeños productores, marcas regionales y sabores específicos pueden ganar visibilidad precisamente porque los viajeros los encuentran en un entorno cotidiano y luego hablan de ellos en redes sociales. En ese sentido, el supermercado puede convertirse en una exposición no planificada de la cultura alimentaria, pero también en un canal de promoción de productos locales.

Al mismo tiempo, existe también un lado más prudente de la historia. Cuando los lugares cotidianos se convierten en puntos turísticos, pueden aparecer aglomeraciones, fotografías sin consideración hacia otros clientes o la transformación superficial de la vida cotidiana local en un decorado para contenido. Un supermercado no es un museo, sino un espacio de trabajo de empleados y un lugar donde la gente realiza compras necesarias. Por eso esta forma de turismo se basa sobre todo en reglas simples de cortesía: no molestar a otros clientes, no grabar a personas sin permiso, no crear aglomeraciones en los pasillos y respetar el hecho de que para la población local se trata de una tienda corriente, no de un escenario.

Por qué una tienda corriente se ha convertido en símbolo del viaje moderno

La popularidad del turismo de supermercados muestra cómo ha cambiado la definición de un viaje interesante. Los viajeros ya no buscan solo lo monumental, oficial e histórico, sino también lo cotidiano, utilizable y comparable. El supermercado permite precisamente esa comparación. Allí se ve rápidamente qué es diferente, qué es más barato o más caro, qué es popular, qué es de temporada, qué se anuncia y qué se considera una parte normal de la alimentación. Esta experiencia puede ser breve, pero deja una impresión concreta porque está conectada con los sentidos: sabor, olor, color, textura y precio.

En el centro de la tendencia se encuentra también el deseo de un recuerdo menos previsible. Un imán con el nombre de la ciudad casi siempre transmite el mismo mensaje, mientras que una especia local, un caramelo o una bebida requieren una explicación. ¿Por qué precisamente ese producto? ¿Dónde fue comprado? ¿Era popular? ¿A qué sabe? Ese recuerdo no necesariamente permanece durante años en una estantería, pero puede abrir una conversación y transmitir parte de la atmósfera del viaje. Ahí está su fuerza: no representa el destino como símbolo, sino como experiencia.

Por eso el supermercado se ha convertido en una nueva atracción turística no porque de repente se haya vuelto espectacular, sino porque los viajeros han aprendido a mirar de otra manera los lugares corrientes. En la tienda se encuentran economía, cultura, marketing, hábitos, globalización e identidad local. Muestra cómo la gente compra realmente, qué considera sabroso, práctico o digno del dinero. Para el viajero que quiere entender un destino más allá de los motivos estándar de las postales, visitar una tienda local puede ser una de las formas más simples y baratas de acercarse a la vida cotidiana del lugar en el que se encuentra.

Fuentes:
- Expedia Group – informe Unpack ’25 sobre tendencias de viaje, incluidos datos sobre visitas a supermercados y compra de productos locales (link)
- Expedia – edición PDF del informe Unpack ’25 con datos sobre delicatessen locales, tiendas y la tendencia “Goods Getaways” (link)
- Condé Nast Traveler – resumen de tendencias de viaje para 2026, incluido grocery store tourism como forma de experiencia cultural accesible (link)
- Evening Standard – explicación de la tendencia viral de visitar supermercados durante los viajes y su difusión en redes sociales (link)
- Time Out – análisis del crecimiento de la popularidad de los supermercados como nuevos “it” destinations entre viajeros en redes sociales (link)
- Tasting Table – explicación de por qué visitar tiendas ofrece a los viajeros una visión de los hábitos alimentarios cotidianos y de los productos locales (link)

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Hora de creación: 3 horas antes

Redacción de turismo

Nuestra Redacción de Turismo nació de una larga pasión por los viajes, el descubrimiento de nuevos lugares y el periodismo serio. Detrás de cada texto hay personas que llevan décadas viviendo el turismo: como viajeros, profesionales del sector, guías, anfitriones, editores y reporteros. Durante más de treinta años se han seguido destinos, tendencias de temporada, desarrollo de infraestructuras, cambios en los hábitos de los viajeros y todo aquello que convierte un viaje en una experiencia, y no solo en un billete y una reserva de alojamiento. Esa experiencia se vuelca en textos concebidos como un compañero de viaje para el lector: sincero, bien informado y siempre del lado del viajero.

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