Hubble ofrece la visión más clara del “Huevo” en el Cisne: los haces de luz revelan las últimas etapas de una estrella similar al Sol
El telescopio espacial Hubble, un proyecto conjunto de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), publicó el 10 de febrero de 2026 una nueva imagen extremadamente detallada de la llamada Nebulosa del Huevo (Egg Nebula, CRL 2688) en la constelación del Cisne, y la NASA emitió su propio comunicado esa misma semana. Se trata de una etapa de transición rara y de corta duración en la muerte de una estrella similar al Sol, en la que las capas de gas y polvo expulsadas apenas comienzan a organizarse en una estructura que más tarde se convertirá en una nebulosa planetaria. En este momento, la Nebulosa del Huevo no brilla por su propia emisión de gas ionizado como muchas nebulosas planetarias conocidas, sino que se “ve” principalmente gracias a la luz reflejada de la estrella central que se abre paso a través de aberturas en el denso polvo.
La nueva composición del Hubble, obtenida mediante la combinación de datos de un programa de imágenes de 2012 con observaciones adicionales del mismo programa, muestra un sutil juego de luces y sombras en la envoltura polvorienta y destaca patrones de arcos y chorros ordenados y casi simétricos. Precisamente esa regularidad, según las explicaciones de la NASA y del equipo ESA/Hubble, sugiere que no se trata de un evento explosivo como una supernova, sino de una serie de expulsiones coordinadas de material desde el interior de la estrella enriquecido con carbono, cuyos mecanismos aún no se han esclarecido por completo.
Dónde se encuentra la Nebulosa del Huevo y por qué es especial
La Nebulosa del Huevo se encuentra aproximadamente a 1.000 años luz de la Tierra en la constelación del Cisne, y en los catálogos figura también como CRL 2688. En la imagen del Hubble, el centro del objeto está ocupado por un “capullo” de polvo ovalado, más oscuro y opaco, que oculta a la propia estrella, creando una asociación visual con una yema oculta en la “clara”. Sin embargo, la luz encuentra su camino hacia fuera: a través de una abertura polar —que en las descripciones oficiales se compara con un “ojo”— parte de la radiación escapa de la envoltura cerrada e ilumina las capas exteriores.
La Nebulosa del Huevo tiene un peso adicional en la astronomía porque, según la ESA, fue la primera, la más joven y la más cercana nebulosa preplanetaria (protoplanetaria) jamás descubierta. Una nebulosa preplanetaria es una etapa de transición entre la fase tardía de una gigante roja y la formación de una nebulosa planetaria: la estrella expulsa las capas exteriores y el núcleo expuesto se calienta gradualmente. Solo cuando el núcleo se calienta lo suficiente como para ionizar el gas circundante surgen las brillantes capas de “neón” que se ven en ejemplos famosos de nebulosas planetarias. En la Nebulosa del Huevo, ese momento aún no ha llegado, por lo que las observaciones ofrecen una oportunidad única para estudiar el proceso de expulsión de material mientras las huellas están “frescas”.
“Focos” de luz y rastros de compañeros ocultos
Uno de los elementos más impactantes de la nueva imagen del Hubble son los dos potentes y estrechos haces de luz que brotan de ambos lados del disco de polvo y se abren paso hacia el exterior, como focos cósmicos. Estos haces iluminan lóbulos polares más rápidos que “penetran” a través de una serie de arcos concéntricos más lentos y antiguos, similares a los anillos de crecimiento en el corte de un árbol, solo que aquí las capas representan episodios de expulsión de gas y polvo.
La NASA y ESA/Hubble destacan que las formas y movimientos de las estructuras sugieren una posible interacción gravitatoria con una o más estrellas compañeras invisibles. Tales compañeras podrían estar enterradas profundamente en el denso disco de polvo, por lo que la observación directa no es posible, pero su influencia puede “leerse” a partir de la geometría de los chorros, los ejes de simetría y la distribución del material. En otras palabras: en el orden que ve el Hubble podría esconderse la firma de una “danza” dinámica de varios cuerpos.
Cómo se forman las nebulosas planetarias y dónde encaja la Nebulosa del Huevo
Las estrellas de masa similar al Sol pasan la mayor parte de su vida convirtiendo hidrógeno en helio en su núcleo. Cuando esa “reserva” se agota, la estrella experimenta cambios complejos: se expande hasta convertirse en una gigante roja y más tarde, en fases con pulsos y fuertes vientos estelares, comienza a expulsar sus capas exteriores. Ese material expulsado forma una envoltura de gas y polvo alrededor de la estrella. Al final, el núcleo queda al desnudo y continúa calentándose. Cuando se calienta lo suficiente, su radiación ultravioleta ioniza el gas expulsado, que entonces brilla, y nace una nebulosa planetaria.
Las nebulosas planetarias, a pesar de su nombre, no tienen nada que ver con los planetas: el nombre histórico proviene de la época de los telescopios, cuando a través del ocular parecían objetos diminutos con forma de disco. Hoy en día son importantes porque devuelven al espacio interestelar elementos y polvo creados en los interiores estelares, “alimentando” así a futuras generaciones de estrellas y sistemas planetarios. En este contexto, la Nebulosa del Huevo representa una “ventana de tiempo” especialmente corta —una fase preplanetaria que dura apenas unos pocos miles de años— en la que se puede seguir exactamente cómo el material abandona la estrella, cómo se organiza en discos, arcos y chorros, y cómo lo moldean la gravedad y los campos magnéticos.
Por qué la simetría no es casual: arcos ordenados en lugar de una explosión caótica
Cuando los astrónomos observan restos de supernovas, a menudo encuentran estructuras irregulares y dispersas: la explosión es violenta y asimétrica, y las ondas de choque moldean el entorno de forma caótica. Con la Nebulosa del Huevo, la imagen es diferente. Se observan arcos concéntricos recurrentes y eyecciones polares relativamente regulares, lo que, según la NASA y el equipo ESA/Hubble, hace poco probable el escenario de una explosión. En su lugar, el énfasis se pone en eventos de “pulverización” (sputtering): una serie de expulsiones de material menos comprendidas, probablemente relacionadas con procesos en el núcleo rico en carbono y la dinámica de la envoltura.
Tales descargas cíclicas pueden crear “anillos” y arcos, mientras que los chorros dirigidos pueden perforar agujeros en el polvo y crear canales a través de los cuales sale la luz. La alta resolución del Hubble es crucial aquí: los pequeños detalles en la capa de polvo, visibles como ligeras ondulaciones y diferencias de brillo, pueden compararse con imágenes anteriores para medir los cambios a lo largo del tiempo.
El “seguimiento” de décadas del Hubble a la Nebulosa del Huevo
Aunque la nueva imagen se presenta como la visión más clara hasta la fecha, el Hubble lleva décadas regresando a la Nebulosa del Huevo, construyendo una especie de serie temporal. Según las descripciones oficiales, la primera imagen visible se tomó con el instrumento WFPC2, y en 1997 se complementó con observaciones en el infrarrojo cercano con la cámara NICMOS, lo que ayudó a “mirar” a través de parte del polvo y comprender mejor la distribución de la luz. En 2003, el instrumento ACS ofreció una visión más amplia de las estructuras onduladas de polvo alrededor del centro, mientras que en 2012 la WFC3 hizo un “zoom” en la parte central, destacando las dramáticas eyecciones de gas y polvo.
La composición más reciente utiliza los datos con los que se elaboró la imagen de 2012, pero los complementa con observaciones adicionales del mismo programa. Con ello, como señala ESA/Hubble, se obtiene material que puede compararse directamente con imágenes anteriores, de modo que los cambios en las pequeñas estructuras pueden seguirse en una escala de tiempo de décadas. Este enfoque aumenta el valor científico: no solo se ve una “imagen bonita”, sino que se obtiene una herramienta para verificar modelos sobre cómo se forman las nebulosas planetarias y cómo evolucionan las eyecciones de materia estelar.
Qué dice la Nebulosa del Huevo sobre el origen del polvo cósmico y el “material para planetas”
En las representaciones populares del universo, a menudo se destaca que “todos los elementos pesados se crearon en las estrellas”. En el caso de las estrellas similares al Sol, una parte importante de la historia no es la explosión, sino un enriquecimiento gradual y duradero del entorno con polvo y gas. La NASA, en la descripción de la nueva imagen, recuerda que las estrellas viejas como esta crearon y expulsaron el polvo que más tarde participó en la formación de nuevos sistemas estelares, incluido el nuestro. El sistema solar se formó, según las estimaciones geológicas y planetológicas estándar, hace unos 4.500 millones de años, y el material de las generaciones anteriores de estrellas formaba parte de esa mezcla.
La Nebulosa del Huevo es, por tanto, más que un “objeto exótico”: es un laboratorio para comprender cómo el polvo, crucial para la formación de planetas rocosos, se expulsa de la estrella y cómo se mezcla con el medio interestelar. En ella se ven al mismo tiempo huellas de expulsiones más lentas y antiguas (arcos concéntricos) y de eyecciones más rápidas y recientes (lóbulos polares). Ese “registro por capas” ayuda a reconstruir la historia de las pulsaciones y cambios estelares.
Un proyecto internacional que dura décadas
El Hubble lleva funcionando más de tres décadas, y ESA/Hubble cita más de 35 años de operaciones, lo que lo hace único entre los observatorios por su continuidad y calidad de datos. La misión está marcada por la cooperación internacional entre la NASA y la ESA: el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA gestiona el telescopio y las operaciones de la misión, con el apoyo de la empresa Lockheed Martin Space, mientras que el Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial en Baltimore dirige las operaciones científicas para la NASA.
Es precisamente este sistema, con un archivo a largo plazo y la capacidad de regresar a los mismos objetivos, lo que permite historias como esta: un objeto que cambia en una escala de cientos o miles de años puede, gracias a décadas de observaciones consistentes, observarse en “cámara lenta”. La Nebulosa del Huevo sigue siendo una de las escenas más ilustrativas de esa transición: un momento en el que una estrella similar al Sol, oculta en su propio polvo, todavía ilumina el entorno con luz reflejada mientras se prepara lentamente para el siguiente acto: la ionización y la formación de una nebulosa planetaria completa.
Fuentes:- NASA Science (Hubble) – comunicado oficial y descripción de la nueva composición de la Nebulosa del Huevo, incluyendo el contexto de la fase preplanetaria y datos de la misión (link)- ESA/Hubble – publicación heic2604 con explicación de estructuras, posibles compañeros y comparación con observaciones anteriores (link)- Agencia Espacial Europea (ESA) – página multimedia con datos de la imagen, descripción del objeto y créditos (link)
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