Vientos en Marte como “chorro de arena cósmico”: Mars Express captó surcos y crestas formados por la erosión de arena
Los fuertes vientos cargados de arena en Marte no solo modelan dunas y velos de polvo en la atmósfera: literalmente lijan las rocas. La Agencia Espacial Europea (ESA) y las instituciones asociadas que procesan los datos del orbitador Mars Express han publicado imágenes que muestran con claridad cómo los granos de arena, elevados a la atmósfera tenue, se convierten en una “herramienta” natural para trabajar el terreno. Cuando la arena entra en movimiento, golpea el sustrato, se cuela en grietas existentes y, con el tiempo, graba surcos largos y regularmente orientados en las capas sedimentarias. Lo que en la imagen se lee como una serie de líneas ordenadas es, en realidad, el resultado de una erosión lenta y prolongada que “extrae” sin descanso las partes más blandas del relieve.
En el centro de la historia están los llamados
yardangs —crestas, montículos o pilares alargados que permanecen “en pie” cuando el material circundante se ha lijado y transportado. Estas estructuras no son raras en Marte: el planeta no tiene cursos de agua superficiales estables como la Tierra, no tiene vegetación y el suelo está ampliamente expuesto a procesos atmosféricos. Por ello, a lo largo de enormes escalas temporales, el viento se convierte en una de las fuerzas más persistentes que remodelan el paisaje. Los
yardangs son, simplificando, la imagen negativa de la erosión: lo que vemos como cresta es lo que sobrevivió, mientras que todo a su alrededor fue eliminado de forma gradual. Cuando la arena se eleva lo suficiente y permanece en movimiento durante el tiempo necesario, actúa como un “arenado” en un laboratorio natural, y Marte, sin lluvia ni vegetación, es el escenario ideal para ese proceso.
Las crestas las “firma” la dirección dominante del viento
En las vistas de la zona de Eumenides Dorsum, dentro de la enorme Medusae Fossae Formation, los
yardangs aparecen inclinados y orientados en la misma dirección, y en algunos renderizados se curvan ligeramente al entrar desde el sureste. Esa orientación consistente no es casualidad, sino un registro geológico de los vientos dominantes durante largos periodos: un viento que sopla de forma persistente desde una dirección similar intensifica la abrasión en un lado de la cresta y la alarga gradualmente. Cuando el mismo proceso se repite durante miles o millones de años, el resultado son campos de surcos paralelos que pueden extenderse decenas de kilómetros. En capas sedimentarias blandas, el viento “encuentra” con más facilidad debilidades preexistentes, como grietas o fallas, y las ensancha mientras el terreno circundante se adelgaza y desaparece. La consecuencia es un paisaje que parece casi diseñado, aunque se formó exclusivamente por fuerzas naturales.
Según la descripción de la escena, el campo de
yardangs se sitúa en el borde norte de la cadena montañosa Eumenides Dorsum, mientras que el macizo se prolonga más hacia el oeste fuera de cuadro.
En las descripciones de este lugar, la ESA indica que Eumenides Dorsum está al oeste de la región volcánica de Tharsis y que pertenece al área de Medusae Fossae, cerca del ecuador marciano. Las vistas realizadas con la cámara HRSC cubren miles de kilómetros cuadrados y ofrecen una resolución del orden de decenas de metros por píxel, suficiente para distinguir crestas individuales, cárcavas y transiciones entre tipos de material. En esas transiciones, donde los depósitos sedimentarios más blandos se apoyan en capas más resistentes (a menudo interpretadas como material volcánico), el viento tiene el “material” para construir formas de gran contraste. Por un lado se forman surcos profundamente incisos y canales desnudos, y por otro quedan “huesos” del relieve, alargados y más duros, que definen la firma visual de toda el área.
Medusae Fossae: una enorme formación polvorienta con preguntas abiertas
La Medusae Fossae Formation (MFF) es una de las formaciones más grandes y enigmáticas a lo largo del ecuador de Marte. Según análisis publicados por el DLR alemán y sus socios, la MFF se extiende más de 5000 kilómetros entre centros volcánicos alrededor de Tharsis y Elysium, a lo largo del límite entre las tierras altas y las tierras bajas de Marte, y su superficie total es comparable al tamaño de la India. Las interpretaciones disponibles destacan que se trata de un material que se erosiona con facilidad, lo que explica por qué el viento puede construir aquí complejos masivos de
yardangs, canales y mesetas “mordisqueadas”. La MFF también se describe a menudo como una de las principales fuentes de polvo en Marte, lo que conecta aún más la geología del terreno con la atmósfera y el clima. En otras palabras, no es solo un “paisaje”, sino un sistema que produce y transporta material y luego vuelve a modelarse con ese mismo material.
El origen de la MFF sigue en debate, pero parte de las interpretaciones especializadas lo vinculan con depósitos piroclásticos volcánicos: una mezcla de ceniza y fragmentos de roca depositada por erupciones potentes en un pasado remoto. El DLR señala que esos depósitos podrían relacionarse con erupciones de la región más amplia de Tharsis o del Olympus Mons, hace varios miles de millones de años, tras lo cual los vientos continuaron durante siglos y milenios “afinando” el relieve. Por otro lado, la ESA, en análisis más recientes del subsuelo de la MFF basados en datos radar del instrumento MARSIS, abrió una pregunta adicional sobre la composición: según esos resultados, parte de los depósitos podría contener cantidades significativas de hielo en capas bajo la superficie. Esa conclusión, si se confirma más, cambia la perspectiva de la MFF: la región sería a la vez un enorme reservorio de polvo y, potencialmente, un gran almacén de agua en estado “bloqueado”. Precisamente por eso Eumenides Dorsum y el área más amplia de Medusae Fossae siguen entre los lugares considerados prioritarios para entender la historia de Marte.
Tres procesos en el mismo lugar: impacto, lava y viento
Un elemento especialmente interesante de las vistas de esta zona es el encuentro de varios procesos en un espacio relativamente pequeño. Junto a los campos de
yardangs se ve un cráter de impacto que, por la conservación del borde y las estructuras circundantes, parece relativamente “reciente” en términos geológicos. Alrededor del cráter se distingue una amplia “manta” lobulada de material expulsado —
ejecta— formada en el instante del impacto, cuando el material del punto de choque fue arrojado hacia fuera y luego se asentó alrededor del cráter. Ese borde, con contornos irregulares, sugiere que el material expulsado no cayó como “polvo”, sino que se comportó de forma dinámica, extendiéndose sobre el terreno circundante. Para los geólogos esto es importante, porque ese patrón puede aportar información sobre las propiedades del sustrato en el momento del impacto, incluido el contenido de polvo o hielo.
El
ejecta también puede tener un papel “secundario” en el modelado del terreno. La NASA/JPL explica en descripciones de estructuras relacionadas que el material expulsado a veces actúa como una armadura protectora que ralentiza la erosión bajo él, de modo que parte del terreno queda elevada respecto a su entorno. Estos ejemplos ayudan a entender cómo el viento en Marte elimina selectivamente capas blandas, mientras que las partes “protegidas” conservan su forma durante más tiempo. En regiones donde se superponen la erosión eólica y los cráteres, los geólogos obtienen “marcadores” adicionales para leer edades relativas: lo cubierto y preservado puede mantener su forma más tiempo, mientras que las partes sin protección se “desgastan” más rápido. En el caso de Eumenides Dorsum, el cráter y su manta de material actúan como un “sello temporal” natural en un paisaje que cambia constantemente.
El tercer elemento de este rompecabezas local es el llamado
platy flow, un “flujo en placas” que en imágenes satelitales puede recordar a placas de hielo flotantes. El mecanismo que suele describirse para estas superficies parte del movimiento de lava: la capa superficial se enfría y se endurece formando una costra, mientras que la lava debajo sigue fluyendo. A medida que la masa inferior se mueve, la costra sólida se estira, se rompe en grandes placas y esas placas pueden desplazarse, girar y “apilarse”, dejando la impresión de balsas o placas que se deslizaron sobre el sustrato. En trabajos sobre superficies
platy en Marte se destaca que las interpretaciones han variado históricamente —de lava a hielo y a flujos “fangosos”—, pero se repite como rasgo clave el motivo de grandes placas separadas por bordes y depresiones. En el contexto de las vistas cerca de Eumenides Dorsum, ese terreno sugiere que aquí hubo en el pasado flujos activos de material viscoso, y que procesos posteriores lo cubrieron, lo cortaron o lo expusieron de nuevo.
La secuencia de los estratos y las huellas del tiempo
Cuando en el mismo lugar se ven superficies
platy y
yardangs, surge una pregunta clave: ¿qué se formó primero? Si los
yardangs cortan el flujo en placas, o parece claramente que se desarrollaron sobre su superficie, eso sugiere que la erosión impulsada por el viento ocurrió después de que la lava se enfriara y se estabilizara. En otras palabras, el
platy flow sería más antiguo en esa cronología local, y los
yardangs más jóvenes: producto de una fase posterior, cuando arena y polvo “atraparon” de nuevo las capas sedimentarias blandas y empezaron a lijarlas. Esta conclusión es importante, porque Marte a menudo exige leer el tiempo a través de relaciones entre formas: sin muestreo “de campo” in situ, la historia geológica se arma a partir de lo que cubre, corta o deforma otra cosa. En esa metodología, cada borde, cada límite y cada “solape” adquieren peso probatorio.
Por eso las vistas de Eumenides Dorsum no son solo visualmente atractivas, sino también útiles para el análisis. En una sola escena es posible seguir al menos tres “episodios” geológicos: depósitos que dieron un sustrato blando para la erosión eólica, luego un evento volcánico que dejó un flujo en placas y, por último, un impacto que creó el cráter y la manta de
ejecta. Después llega una fase prolongada de viento, que reorganiza una y otra vez todo lo que quedó en la superficie. Esa superposición de procesos ayuda también a comprender mejor la MFF: la región no es solo “desértica”, sino a la vez un archivo de volcanismo, impactos y procesos atmosféricos. Y cuando en un mismo lugar “se encuentran” cráter, flujos y
yardangs, se obtiene un raro corte claro de acontecimientos que en Marte suelen dispersarse en el espacio y el tiempo.
El polvo como factor climático y operativo
La atmósfera marciana es tenue en comparación con la terrestre, pero puede ser extremadamente dinámica. En análisis más recientes del seguimiento de
dust devils —columnas arremolinadas de polvo— la ESA señaló que los vientos fuertes cerca del suelo están muy extendidos y que estos remolinos desempeñan un papel importante al levantar polvo de la superficie. Ese polvo afecta después a la visibilidad, la temperatura y el balance energético de la atmósfera, y en casos extremos puede contribuir al desarrollo de tormentas de polvo regionales o globales. Para las misiones robóticas, el polvo también es un problema operativo: puede cubrir instrumentos, reducir la eficacia de los paneles solares y dificultar mediciones ópticas, y los cambios en la transparencia de la atmósfera influyen en la planificación de observaciones. En ese sentido, los relieves que crea el viento, como los
yardangs, se convierten en “indicadores” indirectos de dónde el viento se “alimenta” con más frecuencia de material.
Por eso los
yardangs y estructuras eólicas relacionadas no son solo una curiosidad geológica, sino un indicador de dónde el viento es más activo, dónde la arena se levanta con más facilidad y en qué direcciones se mueve a largo plazo. Al planificar futuros aterrizajes, la elección de lugares y los modos de operación del equipo, comprender la “economía del polvo” de Marte se vuelve tan importante como elegir un objetivo geológicamente interesante. En ese contexto, las misiones de larga duración como Mars Express tienen un valor especial: ofrecen un marco continuo de observación, comparable a lo largo de años y décadas, de modo que los patrones pueden analizarse sin depender de momentos aislados “captados por suerte”. Los datos de largo plazo, combinados con misiones más recientes de otras agencias, construyen la imagen de Marte como un planeta donde el viento no es un fenómeno secundario, sino una fuerza duradera que define tanto el paisaje como la atmósfera.
Mars Express y HRSC: un mapa 3D del planeta que sigue ampliándose
Un papel clave en estas vistas corresponde a los instrumentos del orbitador, ante todo a la High Resolution Stereo Camera (HRSC), desarrollada en el DLR. Según los datos de la misión, la HRSC lleva mapeando Marte desde 2004 a alta resolución, en color y en 3D, lo que permite crear modelos digitales del relieve y vistas en perspectiva. Esta estereoscopía no es solo un añadido visual: ayuda a distinguir crestas y depresiones, medir pendientes, estimar alturas y detectar detalles como los bordes de cráteres o las “placas” en terrenos
platy. El DLR subraya que la continuidad del mapeo es importante para comprender la imagen global de Marte, porque con un conjunto de datos único y coherente se pueden comparar distintas regiones y distintos tipos de procesos. Cuando esos modelos de relieve se combinan con interpretaciones de geólogos, se obtiene un “relato” de la superficie que va más allá de una fotografía aislada.
Según el DLR y la ESA, Mars Express fue lanzada el 2 de junio de 2003 y, en términos científicos, representa una de las misiones europeas más longevas en órbita alrededor de otro planeta. El CNES indica en sus datos de proyecto que la vida operativa de la misión se ha ampliado hasta finales de 2026, lo que significa que todavía se recopilan nuevos datos sobre la atmósfera, la superficie y el subsuelo. En combinación con el radar MARSIS, que también se ha utilizado para estimar la estructura de los depósitos en la Medusae Fossae Formation, surge una imagen cada vez más completa de la región: desde la erosión superficial y la orientación de los
yardangs hasta capas ocultas kilómetros bajo la superficie. Cada nuevo mosaico, cada detalle del relieve y cada “irregularidad” medible se convierten en piezas adicionales del rompecabezas de cómo Marte, de un planeta antaño activo con volcanismo y un clima cambiante, se convirtió en el mundo actual de polvo, viento y procesos lentos pero implacables.
Fuentes:- ESA – “Yardangs on Mars”: explicación del mecanismo de erosión por arena transportada por el viento y del contexto de la imagen HRSC ( enlace )
- ESA Multimedia – “Euminedes Dorsum”: ubicación de Eumenides Dorsum, resolución y cobertura del área en imágenes HRSC ( enlace )
- DLR – “Blown by the wind: The Medusae Fossae Formation on Mars”: magnitud de la MFF, posición de Eumenides Dorsum, hipótesis sobre el origen de los depósitos y ejemplos de yardangs ( enlace )
- NASA Science Photojournal – “Medusae Fossae Yardangs”: descripción de la formación y del origen de yardangs por la acción de arena transportada por el viento ( enlace )
- ESA – “Dancing dust devils trace raging winds on Mars”: catálogo de remolinos de polvo y conclusiones sobre vientos cerca del suelo ( enlace )
- ESA – “Buried water ice at Mars's equator?”: análisis radar de MARSIS y debate sobre la composición de los depósitos en la MFF ( enlace )
- DLR – “Mars Express”: datos sobre la cámara HRSC y el mapeo a largo plazo de Marte en color y en 3D ( enlace )
- NASA/JPL – “Pedestal Crater and Yardangs”: contexto sobre el papel de los depósitos de ejecta y la erosión impulsada por el viento en la preservación del relieve ( enlace )
- Lunar and Planetary Science Conference (2007) – Sakimoto, Gregg, Fagan: trabajo sobre superficies “platy” y el debate sobre posibles orígenes (lava/hielo/barro) ( enlace )
- CNES – “Mars Express” (página del proyecto): datos básicos de la misión y ampliación de operaciones ( enlace )
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Hora de creación: 07 enero, 2026