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Webb reveló la Nebulosa de la Hélice en la vista infrarroja más clara hasta la fecha y mostró cómo mueren las estrellas como el Sol

Descubre por qué la nueva imagen del telescopio James Webb convirtió a la Nebulosa de la Hélice en un laboratorio de final estelar: en el infrarrojo se ven miles de pilares “cometarios”, transiciones entre gas caliente y frío y rastros de material del que surgen nuevos mundos. La nebulosa está a unos 650 años luz de distancia en la constelación de Acuario, y en el centro hay una enana blanca.

Webb reveló la Nebulosa de la Hélice en la vista infrarroja más clara hasta la fecha y mostró cómo mueren las estrellas como el Sol
Photo by: ESA/ArianeGroup/ ESA/ArianeGroup

Webb trajo la vista infrarroja más detallada de la Nebulosa de la Hélice: el “último aliento” de una estrella y material para nuevos mundos

El telescopio espacial James Webb de la NASA/ESA/CSA ha vuelto a hacer “zoom” en uno de los objetos más famosos del cielo nocturno – la Nebulosa de la Hélice (NGC 7293) – y proporcionó la visión infrarroja más clara hasta la fecha sobre la manera en que una estrella similar al Sol termina su vida. La nueva imagen fue publicada el 20 de enero de 2026, y la NASA destaca que se trata de la vista en infrarrojo cercano más pura hasta ahora de las diminutas estructuras de gas y polvo formadas mientras la estrella desecha las capas externas y se convierte en una enana blanca. En primer plano no hay solo una “imagen” atractiva, sino una serie de procesos físicos que se pueden seguir casi en detalle: colisiones de corrientes calientes y capas más frías, enfriamiento gradual del material, y zonas donde se crean las condiciones previas para una química más compleja. La NASA destaca que tales escenas ayudan a comprender cómo las estrellas devuelven material al universo y así “alimentan” a las futuras generaciones de estrellas y planetas.

La Nebulosa de la Hélice está entre las nebulosas planetarias brillantes más cercanas a la Tierra: según la NASA, está a unos 650 años luz de distancia y se encuentra en la constelación de Acuario. Debido a esa cercanía y a su marcada estructura, ya es desde hace décadas un objetivo favorito tanto de observatorios profesionales como de astrofotógrafos. Sin embargo, la fuerza de Webb está en la combinación de sensibilidad y resolución, por lo que en el mismo encuadre puede destacar finas diferencias entre el gas más caliente, ionizado, y las zonas moleculares más frías. La NASA subraya al respecto que la vista de Webb de la Nebulosa de la Hélice da también una visión “cercana” de estructuras que en observaciones anteriores estaban apenas indicadas o borrosas. Tal precisión es importante porque influye directamente en cuán confiablemente los científicos pueden conectar la forma de la nebulosa con los procesos que la crean.

Qué es una nebulosa planetaria y por qué la Hélice se conecta con el futuro del Sol

La Nebulosa de la Hélice pertenece al grupo de las nebulosas planetarias – un nombre que surgió históricamente debido a la apariencia en pequeños telescopios, aunque esas nebulosas no tienen relación con los planetas. Se trata de una fase relativamente corta en la evolución de las estrellas de masa media: cuando en el núcleo se agota el combustible, la estrella cambia, las capas externas se inflan y son expulsadas gradualmente al espacio circundante. El núcleo permanece como una enana blanca muy caliente y compacta, mientras que el gas y el polvo expulsados, iluminados por una potente radiación, forman capas estratificadas y anillos. En la Nebulosa de la Hélice esa impresión de “ojo” es tan llamativa que el objeto a menudo se menciona incluso fuera de la comunidad experta. Pero detrás de la apariencia reconocible se esconde una física que es clave para la comprensión de la vida estelar y la evolución química de la galaxia.

La NASA, en el anuncio junto a la imagen de Webb, destaca directamente que esta escena da una visión de un posible, lejano desenlace para nuestro Sol y el Sistema Solar. Eso no significa que el Sol terminará idénticamente como la estrella que creó la Nebulosa de la Hélice, pero el mecanismo básico es similar: la estrella devuelve al universo capas que construyó durante miles de millones de años, mientras el núcleo permanece como una enana blanca. Ese material expulsado no es solo gas, sino una mezcla de elementos y polvo que se mezclan con el medio interestelar. Con el tiempo, ese medio se convierte en un “depósito” del cual surgen nuevas nubes, nuevas estrellas y, con suficiente tiempo, nuevos sistemas planetarios. En ese sentido, una nebulosa planetaria no es solo un signo de finalización, sino también parte de un ciclo más amplio de nacimiento y renovación.

NIRCam y nudos “cometarios”: donde colisionan corrientes calientes y capas frías

La imagen fue realizada por el instrumento de Webb NIRCam (Near-Infrared Camera), y la NASA describe que en el encuadre se ven pilares que parecen cometas con colas alargadas. Esos pilares siguen el perímetro de la región interna de la capa de gas y polvo en expansión, como si delinearan el borde interno del anillo. En esa zona, según la explicación de la NASA, rápidos vientos calientes de gas desde la dirección de la estrella moribunda golpean capas más lentas y frías de polvo y gas que fueron expulsadas anteriormente durante su vida. El resultado son estructuras pronunciadas, y la resolución de Webb permite ver la densidad, la disposición y las “colas” que se extienden en la dirección opuesta al centro. Tal “microarquitectura” de la nebulosa es importante porque muestra dónde las colisiones son más fuertes y cómo la energía se transfiere a través de las capas.

La NASA describe la dinámica de formación de estas estructuras como una situación en la que material más ligero y rápido “empuja” hacia uno más pesado y lento, similar a cuando el aceite intenta penetrar a través del agua. Tales interacciones crean inestabilidades y protuberancias que, con el tiempo, se convierten en nudos y pilares densamente empaquetados. Precisamente por eso la Nebulosa de la Hélice sirve como un laboratorio natural: en un objeto relativamente cercano es posible estudiar la física del impacto, el enfriamiento y la ionización, pero también seguir cómo el material se reorganiza con el tiempo. El encuadre de Webb, aunque es un recorte de la nebulosa, “captura” justamente el área donde el modelado ocurre más intensamente. Los científicos pueden a partir de tales observaciones construir modelos más precisos sobre cómo surgen y cuánto tiempo perduran los nudos cometarios en las nebulosas planetarias.

Comparación con Hubble y Spitzer: misma nebulosa, diferente información

La Nebulosa de la Hélice ha sido fotografiada por muchos observatorios en casi dos siglos desde su descubrimiento, y cada generación de instrumentos revelaba una capa diferente de la historia. La diferencia entre las longitudes de onda es aquí decisiva: lo que en el área visible es etéreo y difuso, en el infrarrojo puede volverse nítido y estructuralmente rico. La NASA destaca que la vista en infrarrojo cercano de Webb pone en primer plano los nudos en comparación con las imágenes clásicas del telescopio espacial Hubble, mientras que la resolución adicional agudiza el enfoque en comparación con las imágenes infrarrojas del telescopio retirado de la NASA, Spitzer. En otras palabras, Webb no “reemplaza” a los predecesores, sino que complementa la imagen: la luz visible destaca componentes diferentes que la infrarroja, por lo que mediante la comparación se puede comprender mejor qué es caliente, qué es frío, dónde está el polvo y cómo cambia todo eso mientras la capa se expande.

Hubble, que trabaja en el visible y una parte del espectro ultravioleta, muestra particularmente bien el gas ionizado y estructuras más amplias, “nebulosas”, por lo cual sus imágenes de la Nebulosa de la Hélice se volvieron iconográficas. Spitzer dio una importante visión del polvo más cálido y los componentes moleculares en el infrarrojo, pero con una resolución más limitada en comparación con Webb. Webb ahora une sensibilidad y nitidez de modo que es más claro ver cómo las diferentes fases del material se superponen e influyen mutuamente, y cómo se forman los detalles diminutos en los bordes. La NASA destaca al respecto especialmente que en la vista en infrarrojo cercano de Webb se ve una transición “nítida” entre el gas más caliente y el más frío mientras la capa se expande desde la enana blanca central. Tales transiciones son importantes para comprender cómo la nebulosa envejece, cómo se enfría y cómo se “reorganiza” químicamente.

Colores como “leyenda” de la física: desde gas ionizado hasta hidrógeno molecular y polvo

Las imágenes de Webb a menudo usan “colores falsos”, y en este caso la NASA explica que los colores representan temperatura y química. Los tonos azulados marcan el gas más caliente en el campo visible, energizado por una intensa radiación ultravioleta que proviene del centro del sistema. Más lejos del centro, a medida que el gas se enfría, aparecen zonas amarillas en las que los átomos de hidrógeno se unen en moléculas, por lo que domina el hidrógeno molecular. En los bordes destacan tonos rojizos, que siguen el material más frío, allí donde el gas se adelgaza y donde el polvo puede comenzar a “tomar forma”. Tal distribución de colores permite reconocer en un solo vistazo tanto el gradiente térmico como el cambio en la química.

La enana blanca central – el resto del núcleo de la estrella moribunda – se encuentra en el corazón de la nebulosa, pero está fuera del encuadre de la imagen principal de Webb. Sin embargo, su influencia es visible en todas partes: la radiación ilumina el gas circundante y crea una estructura estratificada en la cual, junto a las partes ionizadas calientes, aparecen capas moleculares más frías. La NASA destaca especialmente “bolsillos protegidos” en los que, dentro de las nubes de polvo, pueden comenzar a formarse moléculas más complejas. En ese sentido, la Nebulosa de la Hélice no es solo una historia sobre desintegración, sino también sobre condiciones previas para la futura química en el universo. El material que hoy se “dispersa” alrededor de la enana blanca puede, en largas escalas de tiempo, convertirse en parte de nuevas nubes de las que alguna vez nacerán nuevas estrellas y sistemas planetarios.

Por qué la Nebulosa de la Hélice sigue siendo un objetivo favorito de la astronomía

La Nebulosa de la Hélice se encuentra en la constelación de Acuario y, según la NASA, está a unos 650 años luz de distancia, lo que la hace relativamente “vecina” en escalas galácticas. Por eso es adecuada también para la observación amateur, pero también para campañas profesionales que combinan diferentes instrumentos y longitudes de onda. Desde la perspectiva científica el valor reside en la combinación de cercanía, tamaño y estructuras claras: los observadores pueden comparar diferentes fases del material, seguir la expansión de la capa, analizar la distribución del polvo y estimar cómo la radiación de la enana blanca cambia el entorno. La NASA indica que la vista de Webb abre la posibilidad de un seguimiento más preciso de las transiciones entre zonas calientes y frías, lo que es importante tanto para la física como para la química en la nebulosa. En otras palabras, la Nebulosa de la Hélice es un objeto que ya es conocido, pero aún trae nuevos datos cuando se observa con “nuevos ojos”.

NIRCam, el instrumento con el que se capturó el encuadre, está diseñado para captar luz aproximadamente de 0,6 a 5 micrómetros, y la NASA lo describe como una de las herramientas clave de Webb para una amplia gama de temas – desde las galaxias más tempranas hasta procesos de creación de estrellas y detalles en nubes de polvo. En el caso de la Nebulosa de la Hélice, esa combinación de rango de ondas y resolución ayuda a separar estructuras diminutas y conectarlas con la temperatura y la química, lo que es difícil de lograr en el área visible o con menor resolución. El resultado no es solo una “imagen más nítida”, sino también una visión más precisa de dónde el material se enfría, dónde se comprime y dónde pueden crearse condiciones para moléculas más complejas. Precisamente esa unión de estética y datos medibles es la razón por la que las representaciones de Webb a menudo se convierten en material de referencia en discusiones sobre la evolución de las estrellas.

Después del “último aliento”: cómo el material regresa al ciclo galáctico

Cuando una estrella desecha las capas externas y queda una enana blanca, la historia no termina – solo cambia el nivel y los actores. El gas y el polvo expulsados continúan expandiéndose, se mezclan con el medio interestelar y gradualmente se diluyen, pero los rastros químicos permanecen. Elementos como el carbono, el nitrógeno y el oxígeno, junto con moléculas que surgen en bolsillos resguardados, se convierten en parte del “depósito” galáctico del que surgen nuevas nubes. En escalas de tiempo suficientemente largas esas nubes colapsan nuevamente, dan a luz estrellas y forman discos en los que pueden formarse planetas. La imagen de Webb de la Nebulosa de la Hélice por eso se puede leer también como una representación del fin y el comienzo en el mismo proceso: una estrella termina su vida, pero el material que deja atrás se convierte en materia prima para nuevos mundos.

Fuentes:
  • NASA Science – artículo oficial “Intricacies of Helix Nebula Revealed With NASA’s Webb” con descripción de la imagen, interpretación de colores y datos clave (enlace)
  • NASA Science – tarjeta de datos de la imagen “Helix Nebula (NIRCam)” con descripción de estructuras y créditos (enlace)
  • ESA/Webb – página de la imagen “Helix Nebula (NIRCam image)” con detalles técnicos, filtros y metadatos (enlace)
  • NASA Science – NIRCam: descripción del instrumento y del rango de ondas de observación (enlace)
  • NASA Science – Caldwell 63 / Helix Nebula: contexto astronómico básico y distancia (enlace)

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Hora de creación: 7 horas antes

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