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Inundaciones en Córdoba en temporada seca: Sinú y Lorica bajo el agua, la NASA registra la magnitud a comienzos de febrero de 2026

Descubre cómo las lluvias inusuales a comienzos de febrero de 2026 transformaron la temporada seca en Córdoba, al norte de Colombia, en grandes inundaciones a lo largo del Sinú y alrededor de Lorica. Te contamos qué revelan las imágenes de Landsat 9, las estimaciones de la UNGRD sobre familias afectadas y agricultura, y por qué el Estado declaró el estado de emergencia.

Inundaciones en Córdoba en temporada seca: Sinú y Lorica bajo el agua, la NASA registra la magnitud a comienzos de febrero de 2026
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

La temporada seca que se volvió inundable: Córdoba bajo el agua a comienzos de febrero de 2026.

El norte del departamento colombiano de Córdoba suele llegar a febrero con la expectativa de un tiempo más estable. En esa parte del país, en el borde caribeño de Colombia, febrero suele contarse entre los meses más secos del año: los agricultores preparan las parcelas para la siembra y los ganaderos desplazan los hatos hacia las llanuras de inundación y los pastizales ribereños que se van secando. Este año ese ritmo se interrumpió de golpe. Tras un enero ya húmedo, los primeros días de febrero de 2026 trajeron precipitaciones inusualmente abundantes que elevaron los niveles del agua, desbordaron los cauces y convirtieron campos, pastizales y pueblos en una sola superficie de agua.
Las inundaciones en Córdoba no fueron un incidente breve de “dos días de lluvia”. Según imágenes satelitales e informes de campo, el agua se mantuvo durante semanas, y en algunas zonas la crecida pasó de municipio en municipio siguiendo la red fluvial, los canales y las áreas pantanosas. En el centro de la historia estuvo el río Sinú, clave para el riego y la vida económica de la región, pero también para entender por qué una inundación en temporada seca puede desarrollarse más rápido de lo que los sistemas locales de protección pueden soportar.

Lo que muestran los satélites: Sinú, Lorica y campos inundados

El Earth Observatory de la NASA publicó el 26 de febrero de 2026 un análisis del suceso basado en datos de Landsat 9, un satélite que, en cooperación entre la NASA y el USGS estadounidense, registra de forma continua las superficies terrestres. El sensor operativo OLI (Operational Land Imager) captó el 9 de febrero de 2026 una imagen en falso color (combinación de bandas 7-5-4) en la que las aguas oscuras de la inundación se distinguen claramente de la vegetación y del suelo. En comparación con la imagen del 23 de enero, cuando la mayor parte de las tierras junto al Sinú parecía seca, en la vista de febrero el agua cubre grandes extensiones de cultivos y pastizales y entra en áreas pobladas, especialmente al oeste del cauce. Al este del río, un complejo de humedales y hábitats húmedos registra niveles de agua inusualmente altos, lo que sugiere desbordamientos y retención de agua en depresiones naturales.
En las imágenes también se ve Lorica, una ciudad de unos 90.000 habitantes, situada en una zona donde la dinámica fluvial y la urbanización a menudo se encuentran en el punto más sensible: donde las aguas de lluvia, el nivel del río y el drenaje local “se encuentran” en poco tiempo. Por eso la imagen satelital no es solo una escena dramática; es una prueba técnica de la extensión de la inundación, útil para estimar superficies afectadas, planificar ayuda y confirmar avisos de campo desde zonas rurales remotas que a menudo quedan aisladas.

Desencadenante meteorológico: un frente frío del Caribe y días de lluvia extrema

Según el repaso del evento de la NASA, las lluvias se intensificaron el 1 y el 2 de febrero cuando un frente frío inusual sobre el Caribe avanzó hacia el sur y “empujó” aire saturado de humedad hacia el norte de Colombia y los Andes. Esa configuración incrementa el aporte de humedad y favorece el desarrollo de sistemas convectivos intensos, y la orografía andina además refuerza el ascenso del aire y los procesos de precipitación. En algunas zonas de Córdoba se registraron varios días de lluvias abundantes, con estimaciones de que localmente caían más de 4 a 7 centímetros de lluvia por día. El sistema IMERG de la NASA, que integra mediciones de varios satélites dentro de la misión Global Precipitation Measurement, estimó que en el entorno de Lorica el 1 de febrero —el día de las lluvias más intensas— la intensidad de la precipitación alcanzó alrededor de 1,7 centímetros por hora.
Analistas de la plataforma ClimaMeter, que realiza una evaluación científica rápida de eventos extremos, describen el periodo del 1 al 3 de febrero como un episodio de “condiciones meteorológicas excepcionales” en varios departamentos caribeños de Colombia, incluida Córdoba. Su evaluación apunta a un mayor transporte de humedad desde el mar Caribe y a una configuración inusualmente persistente que favoreció precipitaciones más prolongadas. Al mismo tiempo subrayan que la variabilidad natural por sí sola difícilmente explica el aumento observado de los acumulados de lluvia y que probablemente se trató de un evento ocurrido en una atmósfera más cálida y húmeda, lo que puede aumentar la “eficiencia” de las precipitaciones bajo condiciones sinópticas similares. Estas atribuciones exigen cautela en la interpretación, pero en este caso los científicos destacan explícitamente una señal de intensificación de las lluvias en el periodo climático contemporáneo en comparación con analogías históricas.

Dimensión de la crisis: las cifras cambian, pero la tendencia es clara

En los primeros días de febrero, cuando muchos municipios apenas entraban en estado de emergencia, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) de Colombia habló públicamente de una operación humanitaria dirigida a por lo menos 13.000 familias en 17 municipios, con énfasis en daños a hogares, cultivos, ganadería e infraestructura local. A medida que los niveles de agua siguieron persistiendo, las cifras se revisaron rápidamente. El gobernador de Córdoba, Erasmo Zuleta, según informes de varios medios, habló el 9 de febrero de más de 120.000 personas afectadas, y en poco tiempo la estimación subió a unas 140.000, con la afirmación de que 24 de 30 municipios y aproximadamente el 80% del territorio departamental resultaron afectados.
En paralelo a las evaluaciones de campo, la UNGRD inició un mapeo sistemático de las áreas inundadas utilizando servicios internacionales de observación de la Tierra. Según comunicados oficiales, la UNGRD activó el mecanismo International Charter: Space and Major Disasters y el sistema europeo Copernicus de cartografía de emergencias. Con base en productos satelitales de distintas resoluciones, con corte al 9 de febrero, se estimó que en la región caribeña en total se vieron afectadas unas 236.442 hectáreas, mientras que en Córdoba se identificaron aproximadamente 113.641 hectáreas impactadas por la inundación. En el mismo periodo, el director de la UNGRD, Carlos Carrillo, señaló en entrevistas que en Córdoba se trataba de un evento de crisis fuera de los escenarios típicos: mencionó más de 150.000 hectáreas de áreas afectadas, de las cuales unas 40.000 hectáreas “bajo el agua”, y el dato de que las lluvias en la zona de acumulación del embalse hidroeléctrico de Urrá alcanzaron valores que superaron varias veces los promedios mensuales habituales.
Estas diferencias en las cifras no significan que alguien “se haya equivocado”, sino que las estimaciones se elaboran en momentos distintos y con bases distintas: unas se refieren a población y familias afectadas por la pérdida de vivienda, bienes o ingresos, y otras a superficies bajo el agua o a daños agrícolas. Pero el denominador común es claro: la inundación se desarrolló a un nivel que normalmente no se espera en temporada seca, y su impacto económico golpea precisamente los sectores en los que se sostiene Córdoba: la ganadería y la agricultura.

Agricultura y ganadería bajo presión: de los pastos a los refugios

En el contexto colombiano, Córdoba suele describirse como una región de “alimentos y ganado”, con un mosaico de pequeñas explotaciones agrícolas, grandes hatos y una logística asociada que conecta zonas rurales con centros urbanos como Montería y Lorica. Cuando el agua entra en los campos en el momento de la preparación del suelo y se desplaza a los pastizales, el daño no es solo inmediato. Los cultivos inundados en la práctica significan inversiones perdidas en semillas, fertilizante y trabajo, pero también retrasos en el siguiente ciclo de siembra, porque el suelo debe secarse y, a veces, rehabilitarse. En el frente ganadero, la inundación obliga a los dueños a mover los animales a zonas más altas; donde eso no es posible, aumenta el riesgo de mortandad, enfermedades y pérdida de alimento para el ganado.
En los comunicados oficiales de la UNGRD aparece también una dimensión que a menudo queda en segundo plano: el bienestar y la protección de los animales. El 17 de febrero, la UNGRD informó de la llegada de 14 toneladas de alimento y suministros veterinarios para animales de compañía, de producción y silvestres, con una estimación preliminar de que la inundación afectó a más de 6.000 animales. La ayuda, según se indicó, fue llevada a un centro de acopio en Montería y debía distribuirse según las prioridades reportadas por los municipios. Estos detalles muestran aún más lo multilayered que es la crisis: las familias que perdieron su hogar a menudo intentan al mismo tiempo salvar su única fuente de ingresos —ganado, aves o equipos— y la respuesta institucional debe cubrir tanto el componente humanitario como el económico.

Urrá, diques y el viejo debate sobre la gestión del agua

Las inundaciones a lo largo del Sinú también reabrieron un tema políticamente sensible: el papel de los sistemas hidroenergéticos e hídricos en la región. En el debate público se menciona especialmente la hidroeléctrica de Urrá, cuyo sistema de embalse está aguas arriba de las áreas afectadas. En uno de los primeros comunicados sobre el “frente frío atípico”, la UNGRD indicó que el nivel del embalse Urrá I superó valores históricos y alcanzó alrededor del 102% de su capacidad, lo que incrementó aún más la presión sobre las decisiones operativas de descarga y los planes de contingencia. Al mismo tiempo, el director de la UNGRD advirtió en apariciones mediáticas que en un momento de crisis hay que centrarse en rescatar y atender a las personas, no en debates políticos sobre la historia de grandes proyectos de infraestructura.
Por otro lado, desde círculos políticos locales y nacionales llegaron mensajes de que, junto con las lluvias extremas, hay que plantear la cuestión de cómo se planificaron y mantuvieron los diques de protección, canales, “jarillones” y otras intervenciones que modifican la dinámica natural de ríos y humedales. En la práctica, tales intervenciones pueden proteger una zona y aumentar el riesgo en otra, especialmente cuando la crecida supera los escenarios de diseño. En Córdoba vuelve así la pregunta de largo recorrido sobre la prevención: cuánto se invirtió en regulación, drenaje y conservación de áreas naturales de retención, y cuánto se confió en medidas ad hoc cuando el agua ya entra en las casas. La Defensoría del Pueblo de Colombia, en su comunicado desde Montería a mediados de febrero, subrayó que la gestión del riesgo debe tratarse como una estrategia de desarrollo y una cuestión de protección de derechos, porque las comunidades más pobres a menudo se ven obligadas a vivir en zonas naturalmente expuestas a inundaciones.

Medidas extraordinarias del Estado: decisiones más rápidas por decreto

A medida que crecían los daños, la crisis también adquirió un marco institucional a nivel estatal. La Presidencia de Colombia publicó el Decreto 0150 del 11 de febrero de 2026, por el que se declara el estado de emergencia —económica, social y ecológica— por 30 días en ocho departamentos: Córdoba, Antioquia, La Guajira, Sucre, Bolívar, Cesar, Magdalena y Chocó. Ese régimen permite al poder ejecutivo adoptar medidas extraordinarias y reasignar recursos más rápido que en el procedimiento legislativo ordinario, con controles posteriores previstos en el marco constitucional colombiano. En comunicados posteriores, la Presidencia señala que las medidas se vinculan a la reparación de daños y la aceleración de la ayuda, con énfasis en la coordinación de los sectores afectados, desde infraestructura hasta agricultura.
Para los habitantes de Córdoba, estas decisiones solo tienen sentido si se “traducen” en intervenciones tangibles: refugios temporales seguros, reconstrucción de carreteras y puentes locales, suministro de agua potable, protección sanitaria y un plan realista para la recuperación económica. Un desafío adicional es que, según estimaciones de los servicios meteorológicos y advertencias de instituciones, el riesgo no se agota en la primera mitad de febrero: incluso cuando las lluvias disminuyen temporalmente, el agua retrocede lentamente, y nuevas precipitaciones caen sobre zonas ya saturadas e inundadas.

Qué sigue: la inundación como prueba de resiliencia, no solo de ayuda de emergencia

Los análisis de la NASA señalan que el 25 de febrero, según imágenes del satélite Terra, la inundación seguía siendo extensa, lo que confirma lo prolongado del evento. En estas condiciones, la recuperación no se mide solo en días, sino en meses: hay que restaurar la producción agrícola, devolver el ganado y asegurar que viviendas y escuelas puedan usarse sin riesgos sanitarios asociados a la humedad y al agua contaminada. Al mismo tiempo, la experiencia de una “inundación en temporada seca” en febrero de 2026 abre un debate más amplio sobre la adaptación a eventos extremos. Si episodios de lluvias inusualmente abundantes siguen apareciendo en periodos tradicionalmente secos, entonces la planificación productiva, el diseño de protección contra inundaciones y los sistemas de alerta temprana deberán adaptarse a una nueva realidad.
Los satélites demostraron su valor práctico en esta crisis: desde Landsat 9, que documenta visualmente la expansión del agua a lo largo del Sinú, hasta sistemas internacionales que ayudan a la UNGRD a cartografiar la “mancha” de la inundación y orientar a los equipos de campo. Pero, al final, la clave sigue estando en el terreno: si la ayuda de emergencia se convertirá en reconstrucción, y la reconstrucción en una política preventiva que reduzca el riesgo antes de que el próximo frente “atípico” vuelva a convertir la temporada seca en catástrofe.

Fuentes:
- NASA Earth Observatory – imágenes satelitales Landsat 9 (OLI) y descripción del evento ( enlace )
- UNGRD – mapeo satelital de superficies inundadas (236.442 ha en la región caribeña; 113.641 ha en Córdoba) ( enlace )
- UNGRD – panorama de la respuesta al frente frío atípico y datos sobre incidentes y niveles del embalse Urrá I ( enlace )
- UNGRD – logística de ayuda para animales afectados por las inundaciones en Córdoba ( enlace )
- Presidencia de Colombia – Decreto 0150 del 11 de febrero de 2026 sobre la declaración del estado de emergencia en ocho departamentos (PDF) ( enlace )
- Presidencia de Colombia – medidas del Gobierno vinculadas al Decreto 150/2026 ( enlace )
- EL PAÍS (América Colombia) – reportajes sobre el número de afectados y reacciones políticas en Córdoba ( enlace ; enlace )
- Caracol Radio – informe inicial sobre la distribución de ayuda y el listado de municipios afectados ( enlace )
- ClimaMeter – evaluación científica del evento del 1 al 3 de febrero de 2026 y análisis de la contribución del cambio climático ( enlace )
- Defensoría del Pueblo (Colombia) – advertencia sobre la necesidad de fortalecer la gestión del riesgo y proteger los derechos humanos ( enlace )

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