NISAR a través de las nubes: una nueva imagen radar revela detalles del delta del Misisipi que los satélites ópticos a menudo no ven
El 30 de enero de 2026, la NASA presentó una nueva imagen visualmente impactante generada con datos del satélite NISAR (NASA-ISRO Synthetic Aperture Radar), una misión conjunta estadounidense-india de observación de la Tierra. En el mapa del delta del río Misisipi, en el sureste de Luisiana, se distinguen claramente Nueva Orleans y Baton Rouge, el curso del Misisipi, el lago Pontchartrain y un mosaico de marismas, bosques, superficies agrícolas y áreas urbanas, en un momento en que los instrumentos ópticos clásicos, ese mismo día, registraron la zona mayormente cubierta por nubes. En la descripción de la publicación de la NASA se subraya precisamente esa diferencia: el radar opera en la parte de microondas del espectro y por eso “ve” lo que a menudo queda oculto para el ojo y los sensores ópticos.
La imagen se tomó el 29 de noviembre de 2025 y sirve como una demostración práctica de lo que el radar de apertura sintética (SAR) hace de manera distinta a las cámaras y sensores de luz visible: en lugar de “fotografiar” con luz reflejada, el radar emite microondas y mide la señal de retorno desde la superficie terrestre. Precisamente por eso NISAR puede “mirar” a través de las nubes y, en gran medida, también a través del humo o la niebla, y captar imágenes de noche. En la práctica, esa capacidad significa menos “huecos” en las series temporales de datos, lo cual es clave cuando se sigue el cambio de la costa, el estado de las marismas o los desplazamientos del terreno que ocurren gradualmente, pero tienen grandes consecuencias.
Una imagen como anticipo de una oleada mayor de datos
La publicación de la imagen llega en un momento en que la misión se prepara para una disponibilidad más amplia de datos. Según la información publicada por la NASA y la Alaska Satellite Facility (ASF), para finales de febrero de 2026 se espera un paquete considerablemente mayor de archivos de la misión, mientras que ya se han publicado muestras para que los usuarios se preparen para trabajar con los formatos y el procesamiento. La NASA destaca que el satélite, tras el lanzamiento, superó las comprobaciones del sistema, y que el equipo científico elaboró, a partir de mediciones tempranas en banda L, mapas como este para mostrar las capacidades del instrumento. Dicho de otro modo, se trata de un “prólogo” de lo que será más importante para investigadores y servicios sobre el terreno: mediciones regulares, ampliamente disponibles, que pueden convertirse en mapas operativos.
Por qué el delta del Misisipi es importante para la ciencia y las políticas públicas
El delta del Misisipi es uno de los sistemas costeros más dinámicos y vulnerables de Estados Unidos. La baja altitud, la compleja red de brazos y ecosistemas de marisma y la proximidad de grandes zonas urbanas significan que los cambios de relieve y vegetación tienen consecuencias directas para la población, la economía y la infraestructura. Precisamente por eso, los mapas satelitales, aunque se generan “desde la órbita”, acaban influyendo en decisiones muy terrenales: dónde reforzar diques, cómo planificar la restauración de la costa, qué zonas están expuestas a un mayor riesgo de inundación y cómo seguir la eficacia de costosos proyectos de protección y revitalización.
Según análisis de larga data del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), la Luisiana costera registra desde la década de 1930 una gran pérdida de tierra, principalmente de áreas de marismas. En los resúmenes del USGS, las causas suelen vincularse a una combinación de hundimiento del terreno (subsidence), erosión de los bordes de las marismas y cambios en el nivel relativo del mar, y es clave también la “falta de material” que renovaría naturalmente el delta. Al mismo tiempo, la institución estatal encargada de la protección y restauración de la costa de Luisiana (Coastal Protection and Restoration Authority, CPRA) habla de una “crisis de pérdida de tierras” y en sus escenarios estima que las pérdidas podrían continuar en las próximas décadas, con grandes diferencias según el alcance de las medidas que se implementen y las condiciones ambientales.
En ese contexto, las mediciones satelitales que pueden repetirse a intervalos regulares y que no están “atadas” a un cielo despejado se convierten en una herramienta de valor estratégico. Para las políticas públicas, esto significa la posibilidad de planificar con mayor precisión la restauración de marismas, evaluar la eficacia de proyectos de protección, vigilar el hundimiento del terreno y detectar antes cambios que pueden aumentar la vulnerabilidad de los asentamientos a inundaciones y marejadas ciclónicas. Para la ciencia, es una forma de comparar los mismos lugares a lo largo de los años y cuantificar los cambios, en lugar de solo describirlos. Y para las comunidades locales, puede significar información mejor, más rápida y más precisa sobre el riesgo, especialmente cuando las condiciones meteorológicas impiden las imágenes satelitales ópticas clásicas.
Cómo el radar “colorea” el paisaje: qué se ve en el mapa de NISAR
En representaciones como esta, los colores no son “naturales”, sino el resultado del procesamiento de la señal radar. Diferentes superficies —agua, vegetación baja, copas de bosque, estructuras de hormigón y metal— reflejan las microondas de maneras distintas, por lo que el procesamiento resalta contrastes que ayudan a reconocer tipos de cobertura del suelo. En la descripción de la NASA se destaca que el SAR en banda L puede diferenciar vegetación baja, árboles y estructuras humanas, lo cual es importante tanto para el seguimiento de ecosistemas como para la agricultura. En la práctica, tales mapas suelen ser el punto de partida para análisis más detallados: dónde la vegetación se ha debilitado, dónde ha cambiado la cobertura del suelo y dónde conviene enviar mediciones adicionales o equipos de campo.
En el área de Nueva Orleans, parte de las zonas urbanas destaca en tonos verdes, lo que el equipo científico de la misión interpreta como situaciones en las que la señal radar se dispersa en edificios orientados de forma distinta respecto a la trayectoria del satélite. En otros lugares aparecen matices magenta, especialmente a lo largo de calles aproximadamente paralelas a la dirección de vuelo: entonces la señal puede rebotar con más fuerza en los edificios y regresar al instrumento, creando valores de retorno muy “brillantes”. Estos detalles en las ciudades no son solo una curiosidad visual; también recuerdan que el radar no “mira” igual que una cámara. En lugar de colores de fachadas y sombras, registra geometría, rugosidad, humedad y estructura, lo cual es especialmente útil cuando se monitorea infraestructura o cambios en el tejido urbano.
Un puente visible desde el espacio
En el centro de la escena destaca especialmente el lago Pontchartrain y su conocida conexión vial: el Lake Pontchartrain Causeway, un sistema de dos puentes paralelos de casi 24 millas (unos 39 kilómetros). Fuentes enciclopédicas y de infraestructura señalan que se trata del puente continuo sobre el agua más largo, y en la imagen radar se reconoce precisamente por la fina resolución espacial y el contraste entre el agua y la estructura del puente. En la explicación de la NASA se subraya que objetos como estos pueden distinguirse con claridad, lo que es un mensaje importante para todas las aplicaciones que dependen de la supervisión de infraestructura: si se ve con tal nitidez una línea larga y delgada del puente sobre el agua, puede esperarse también un seguimiento muy detallado de cambios en zonas más amplias, incluidos diques y estructuras de protección costera.
Bosques, marismas y campos bajo la lupa del radar
Al oeste del cauce principal del Misisipi se observan grandes superficies verdes, que en la descripción de la NASA se mencionan como bosques sanos. En esas áreas, las copas y la vegetación estratificada provocan una dispersión múltiple de las microondas antes de que la señal regrese hacia el satélite, creando una “firma” radar característica. En cambio, los tonos amarillo-magenta en la zona de la marisma de Maurepas, al oeste del lago Pontchartrain, apuntan a un aclaramiento de la población forestal en ese ecosistema de marisma boscosa. El USGS destaca en sus materiales factográficos que las marismas boscosas costeras de Luisiana están bajo presión por varios factores, y en análisis especializados a menudo se mencionan inundaciones prolongadas, cambios en el aporte de agua dulce y sedimentos y, como consecuencia, el debilitamiento de los árboles. Para misiones como NISAR, esas áreas son “ideales” en el sentido científico: los cambios son medibles, extensos espacialmente y están directamente vinculados a temas importantes también fuera del ámbito académico, desde la conservación de la naturaleza hasta la gestión del riesgo de tormentas.
A lo largo de las orillas del Misisipi, en el mapa se ven “paquetes” agrícolas regulares e irregulares de distintos colores. Los tonos más oscuros suelen indicar barbecho o campos sin vegetación alta, mientras que un magenta intenso puede ser señal de plantas más altas o cultivos que reflejan con mayor fuerza la señal. Estos patrones no solo importan a los agrónomos; en regiones donde la agricultura se entrelaza con marismas, los cambios en el uso del suelo suelen estar vinculados también al régimen hídrico, el drenaje y el riesgo local de inundación. Cuando los datos pueden recopilarse independientemente de las nubes, se vuelve más fácil seguir esas relaciones en tiempo real, en lugar de que los análisis dependan de raras “ventanas” de tiempo despejado.
Banda L y banda S: por qué son importantes dos longitudes de onda
NISAR es la primera misión espacial “de vuelo libre” que combina en un solo satélite dos instrumentos SAR de diferentes longitudes de onda. La banda L de la NASA opera a una longitud de onda de alrededor de 24 centímetros, lo que, según la NASA, permite atravesar nubes y ofrece una buena visión de la estructura de la vegetación, la humedad del suelo y los desplazamientos de la superficie. La banda S de la ISRO opera aproximadamente entre 9 y 10 centímetros y, según la NASA, es especialmente útil para el seguimiento de la agricultura, los ecosistemas de pastizales y los desplazamientos de infraestructura. En la descripción oficial de la misión, la ISRO también destaca la técnica SweepSAR, con la que se busca lograr una combinación de una franja de observación amplia y una resolución lo suficientemente alta, lo cual es clave al cubrir gran parte del planeta en poco tiempo.
La combinación de ambas bandas aporta una “profundidad” adicional a las mediciones: distintas longitudes de onda reaccionan de manera diferente al tamaño de los objetos y a la estructura de la superficie, de modo que el mismo lugar puede describirse con más precisión que con un solo instrumento. En la práctica, esto significa una mejor diferenciación de tipos de vegetación, un seguimiento más fiable de los cambios a lo largo del tiempo y una mayor utilidad para usuarios muy diversos: desde científicos que siguen la dinámica de las capas de hielo hasta servicios que evalúan la estabilidad de diques, carreteras o puentes. NISAR, según el plan de misión de la NASA, debe observar casi todas las superficies terrestres y heladas dos veces cada 12 días, proporcionando un ritmo de mediciones importante para detectar tendencias, pero también para una respuesta rápida en situaciones de emergencia.
De terremotos a inundaciones: dónde NISAR puede cambiar el “ritmo” de la respuesta
En la descripción de la misión, la NASA subraya que NISAR puede detectar desplazamientos de la superficie del suelo y del hielo hasta el nivel de centímetros. Esa precisión es especialmente importante para entender procesos geológicos: movimientos antes, durante y después de terremotos, deformaciones en áreas volcánicas, deslizamientos de tierra y el hundimiento del terreno asociado al bombeo de aguas subterráneas o a la explotación de yacimientos de petróleo y gas. En zonas costeras, donde se superponen procesos subterráneos y superficiales, estos datos ayudan también a entender por qué algunos tramos pierden “altura” más rápido que otros. Precisamente en esos lugares, un pequeño cambio de elevación puede significar un gran cambio en la frecuencia de las inundaciones.
Pero son igual de importantes los cambios “silenciosos” que se acumulan durante meses y años. En el delta del Misisipi, esto incluye una pérdida más lenta de superficies de marisma, cambios en el estado de salud de las marismas boscosas y desplazamientos que pueden empeorar los efectos de las tormentas. El USGS y las instituciones estatales de Luisiana llevan años destacando que las marismas son una barrera natural que amortigua las marejadas y las olas, por lo que su estado afecta directamente a la seguridad de los asentamientos. En ese sentido, las mediciones radar no son solo una “imagen del estado”, sino también un dato de entrada para el modelado y la planificación. Si, por ejemplo, en grandes superficies se observa una tendencia al aclaramiento de las marismas boscosas o cambios en la estructura de la vegetación, esto puede indicar la necesidad de una intervención, de un régimen diferente de gestión del agua o de un refuerzo dirigido de las zonas de protección.
- Vigilancia de inundaciones y cambios de la línea de costa durante episodios de tormenta, cuando las imágenes ópticas suelen estar limitadas por la nubosidad.
- Seguimiento de deformaciones del terreno y de la infraestructura (p. ej., diques, puentes, carreteras) a partir de tomas repetidas e interferometría.
- Evaluación de cambios en bosques y marismas, incluida la obtención de señales de pérdida o recuperación de la vegetación.
- Seguimiento de ciclos agrícolas y humedad del suelo, con posibilidad de comparación de una temporada a otra.
En situaciones de crisis, la capacidad de NISAR para captar imágenes a través de las nubes se vuelve especialmente visible. Inundaciones y huracanes suelen llegar con nubosidad densa, y las imágenes ópticas pueden retrasarse o ser parciales. Los datos radar, por el contrario, pueden ofrecer más rápidamente información sobre la extensión de las zonas inundadas, cambios en las líneas costeras o posibles daños en infraestructura, acelerando la toma de decisiones en protección civil y logística. En la práctica, esto significa que tras un evento extremo pueden compararse imágenes de antes y después e identificarse zonas que requieren una intervención urgente o mediciones adicionales, al tiempo que se obtiene una base para la restauración a largo plazo.
Qué sigue: publicación pública de datos y preparación de los usuarios
El valor de medición del satélite no termina en mapas atractivos. El proyecto NISAR anunció que miles de archivos de datos de la misión estarán disponibles para los usuarios a finales de febrero de 2026, y que ya se ha publicado un conjunto menor de muestras para que la comunidad se prepare para trabajar con el portafolio completo de productos. Según el Alaska Satellite Facility (ASF) Distributed Active Archive Center, las primeras muestras abarcan productos en banda L del nivel 1 al nivel 3, lo que incluye distintos grados de procesamiento: desde imágenes radar hasta productos más útiles para comparaciones a lo largo del tiempo. Para muchos usuarios, este es un paso importante, porque los datos radar requieren métodos específicos de procesamiento e interpretación, y las diferencias entre los niveles de producto determinan qué puede “leerse” en los archivos sin pasos adicionales.
El ASF, con sede en Fairbanks, Alaska, forma parte del sistema de la NASA de archivo y distribución de datos de observación de la Tierra y está especializado en radar de apertura sintética. El acceso abierto significa que los datos de NISAR estarán disponibles para un amplio abanico de usuarios: universidades, institutos, agencias públicas, pero también el sector privado que desarrolla herramientas para la gestión de riesgos, la analítica agrícola o la supervisión de infraestructura. Dado el gran volumen de datos que generan estos sistemas, las muestras preparatorias son importantes también para la “logística” del procesamiento: cómo organizar los almacenes, qué herramientas utilizar, cómo automatizar la descarga y la conversión de datos en mapas e informes.
Para el público europeo, aunque la imagen se centra en Luisiana, el mensaje es más amplio: satélites como NISAR pasan a formar parte de la infraestructura global de conocimiento sobre la Tierra. Como, según el plan de misión, NISAR observará casi todas las superficies terrestres y heladas dos veces cada 12 días, podrá seguir cambios en bosques, marismas, áreas agrícolas y glaciares con un ritmo regular. Esto abre espacio para mediciones comparables entre continentes y una visión a más largo plazo de procesos compartidos: desde la erosión y el hundimiento de las costas hasta cambios en la humedad del suelo y en la dinámica de la vegetación. En un mundo donde los eventos meteorológicos extremos y las presiones sobre las zonas costeras se vuelven un factor político y económico cada vez más importante, un flujo estable de datos fiables se trata cada vez más como un requisito previo para la planificación, y no como un lujo.
La alianza NASA-ISRO y un “ojo radar” de 12 metros de diámetro
NISAR fue lanzado el 30 de julio de 2025 desde el centro de lanzamiento Satish Dhawan Space Centre en Sriharikota, India, y el cohete GSLV entró en una órbita polar sincrónica con el Sol. El Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA desarrolló el radar en banda L y parte del equipo clave, incluido el gran reflector de antena, mientras que la ISRO proporcionó la plataforma satelital y el radar en banda S. En la descripción oficial de la misión, la ISRO indica que NISAR utiliza la técnica avanzada SweepSAR para combinar alta resolución y una franja de observación amplia, y que abarcará con un ritmo regular las superficies terrestres y heladas globales. En la misma descripción se indica también que la misión está concebida como una plataforma con una vista radar “doble”, en la que los datos de ambas bandas desde una sola plataforma ofrecen una mejor base para comprender los cambios en la Tierra.
La “firma” central del satélite es el reflector de antena de 12 metros de diámetro, montado en una estructura desplegable (boom) para lograr la geometría de medición necesaria. En su comunicado sobre el lanzamiento, la NASA destacó que se trata de un sistema radar capaz de seguir cambios en la superficie terrestre con una precisión útil tanto para la ciencia como para la seguridad pública. Por eso, la nueva imagen del delta del Misisipi, publicada en enero de 2026, es más que un gráfico interesante: es un “ejemplo de prueba” del futuro flujo de datos que en los próximos meses y años debería convertirse en una herramienta estándar para observar las superficies cambiantes del planeta, desde marismas costeras hasta campos de hielo.
Fuentes:- NASA / Phys.org – presentación de la imagen radar de NISAR del delta del Misisipi (29 de noviembre de 2025) y explicación de los colores radar (enlace)
- NASA – comunicado oficial sobre el lanzamiento de NISAR (30 de julio de 2025) y descripción de los dos radares y los objetivos de la misión (enlace)
- ISRO – descripción oficial de NISAR, fases de la misión, radar de doble banda y reflector de 12 m de diámetro (enlace)
- Alaska Satellite Facility – anuncio sobre la disponibilidad de muestras de datos de NISAR y la expectativa de una publicación mayor a finales de febrero de 2026 (enlace)
- NASA Earthdata – descripción del ASF DAAC como centro de archivo y distribución de datos SAR (enlace)
- USGS – panorama de la pérdida de marismas costeras en Luisiana y el papel del hundimiento del terreno (enlace)
- CPRA Louisiana – “A Changing Landscape”: estimaciones y escenarios de pérdida de tierras costeras (enlace)
- Britannica – datos básicos sobre el Lake Pontchartrain Causeway y la longitud del puente (~38,42 km) (enlace)
Encuentra alojamiento cerca
Hora de creación: 2 horas antes