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La NASA publicó una foto desde la ISS: la Gran Nube de Magallanes sobre el borde de la Tierra y el resplandor atmosférico

Descubre cómo un astronauta de la Estación Espacial Internacional fotografió la Gran Nube de Magallanes y el borde de la Tierra con un resplandor multicolor (airglow). Aportamos contexto sobre el vecindario galáctico, la supernova 1987A y descubrimientos más recientes sobre el polvo y los agujeros negros. La vista desde la órbita muestra por qué la LMC es un laboratorio importante para la formación de estrellas.

La NASA publicó una foto desde la ISS: la Gran Nube de Magallanes sobre el borde de la Tierra y el resplandor atmosférico
Photo by: NASA/ nasa.gov

La NASA publicó una foto desde la ISS: la Gran Nube de Magallanes “sobre” el borde de la Tierra

El Earth Observatory de la NASA publicó el 1 de enero de 2026 una fotografía tomada desde la Estación Espacial Internacional (ISS) que, junto a la fina línea azul del horizonte terrestre, muestra también una de las galaxias más cercanas a la Vía Láctea: la Gran Nube de Magallanes. En la imagen, captada el 28 de noviembre de 2025, la galaxia se ve como una mancha brillante, ligeramente difuminada, sobre el fondo de un denso campo estelar, mientras que en la parte inferior del encuadre se extiende el borde de la Tierra con capas multicolores del resplandor atmosférico (airglow): tonos amarillentos, verdes y rojos difusos.

Aunque los astronautas en la ISS suelen fotografiar la Tierra, esta imagen recuerda una ventaja particular de orbitar: por encima de gran parte de la atmósfera, la vista del cielo nocturno es mucho más nítida, y las estrellas destacan con mayor contraste que desde el suelo. En un solo encuadre se encuentran dos “niveles” de la historia: nuestro planeta con la delgada capa de aire que permite la vida y el espacio profundo, donde, a una distancia de unas 160.000 años luz, se encuentra una galaxia que desde hace décadas es un laboratorio natural para estudiar el nacimiento y la muerte de las estrellas.

Hechos clave sobre la fotografía publicada

  • Fecha de publicación: 1 de enero de 2026, en la sección “Image of the Day” del NASA Earth Observatory
  • Fecha de captura: 28 de noviembre de 2025, desde la Estación Espacial Internacional (ISS)
  • Equipo: Nikon Z9, distancia focal 50 mm; la fotografía está marcada como ISS073-E-1198989
  • Objeto principal al fondo: la Gran Nube de Magallanes, una de las galaxias más cercanas a la Vía Láctea
  • Detalles atmosféricos visibles: el borde de la Tierra y capas del resplandor atmosférico (airglow)

Qué es la Gran Nube de Magallanes y por qué la llaman una galaxia “de al lado”

La Gran Nube de Magallanes (LMC) es una galaxia enana irregular compuesta por miles de millones de estrellas. El Observatorio Europeo Austral describe las Nubes de Magallanes como representantes típicos de galaxias enanas irregulares, cuya estructura “desordenada” refleja una historia compleja de interacciones gravitatorias y una intensa actividad estelar. Precisamente por eso, la LMC suele servir como puente entre galaxias espirales más “ordenadas” como la Vía Láctea y sistemas más pequeños y dinámicos.

La LMC pertenece al Grupo Local de galaxias — nuestro vecindario galáctico que, según explicaciones astronómicas que también transmite la NASA, abarca una región de unos 10 millones de años luz de ancho. En ese grupo están la Vía Láctea, Andrómeda y la Galaxia del Triángulo (Triangulum), además de decenas de galaxias enanas, entre las cuales la LMC es una de las más llamativas. A diferencia de la mayoría de galaxias lejanas que sin óptica se ven solo como puntos apenas perceptibles, la Gran Nube de Magallanes puede observarse a simple vista desde el hemisferio sur, e incluso desde algunas latitudes bajas del hemisferio norte.

Para los observadores croatas, también es un recordatorio de las limitaciones de la latitud: desde nuestras regiones la LMC no es una vista habitual, por lo que las fotos desde la órbita, así como las tomas desde observatorios del sur, se convierten en una “ventana” importante hacia esa galaxia. Por otro lado, su cercanía y sus brillantes campos estelares explican por qué en círculos astronómicos a menudo se la llama la galaxia “next door”: lo bastante cercana como para seguir procesos individuales, pero lo bastante distinta como para ofrecer comparaciones con la Vía Láctea.

Cómo se tomó la imagen: Nikon Z9, 50 mm y el equipo que se encarga de las fotos de astronautas

La NASA indica que la fotografía identificada como ISS073-E-1198989 fue tomada el 28 de noviembre de 2025 con una cámara digital Nikon Z9 y una distancia focal de 50 milímetros. La captó un miembro de la tripulación de la Expedition 73 y se publicó con el apoyo del ISS Crew Earth Observations Facility y de la Earth Science and Remote Sensing Unit del Johnson Space Center de la NASA.

Una parte importante de la historia no es solo el momento del disparo, sino también el procesamiento posterior. Según la NASA, la fotografía se recortó y se mejoró para resaltar el contraste, y también se eliminaron rastros de artefactos ópticos. Ese procedimiento en astrofotografía y visualización científica sirve para mostrar con mayor claridad señales de luz débiles: sin aumentar el contraste, el airglow y los objetos lejanos se “pierden” fácilmente en la oscuridad.

El programa de la Estación Espacial Internacional de la NASA, según se indica en la publicación, respalda el ISS National Lab y una base de imágenes de acceso público para que las fotos de los astronautas tengan el mayor valor posible para científicos y público. Se pueden ver más imágenes en el NASA/JSC Gateway to Astronaut Photography of Earth, que funciona como archivo y herramienta de búsqueda por motivos, ubicaciones y condiciones de captura.

Qué vemos en la parte inferior del encuadre: el borde de la Tierra y el airglow que a menudo se confunde con la aurora

En la fotografía, en la parte inferior del arco se ve el borde de la Tierra, es decir, la atmósfera observada “de lado”, a través de un recorrido de luz más largo que cuando se mira hacia el suelo. Precisamente por esa geometría, las capas de la atmósfera se vuelven más visibles y aparece un resplandor atmosférico más pronunciado: el brillo natural de las capas superiores de la atmósfera.

El airglow se produce cuando átomos y moléculas a grandes altitudes absorben energía y luego la reemiten como luz. Los colores en las fotografías pueden variar según el espectro de emisión, el instrumento y el procesamiento, pero en principio se trata de distintos procesos en el oxígeno y el nitrógeno. Para el observador, a menudo parece un velo luminoso silencioso y difuso. Aunque en descripciones populares a veces se mezcla con la aurora, es un fenómeno distinto: la aurora está vinculada al impacto de partículas cargadas y a condiciones geomagnéticas, mientras que el airglow está presente incluso sin esos desencadenantes “dramáticos”.

Es interesante que las mismas capas que desde el suelo pueden dificultar la observación de estrellas, desde la órbita se convierten en información visual: la fotografía no solo muestra “qué hay arriba”, sino también cómo la atmósfera se ve como un envoltorio planetario multicapa y dinámico.

Por qué la LMC es tan interesante para los astrónomos: una fábrica de estrellas a las puertas de la Vía Láctea

El NASA Earth Observatory describe la LMC como un foco de formación estelar, y un énfasis similar aparece en materiales de ESA/Hubble, que señalan que, aunque la LMC es mucho menos masiva que la Vía Láctea, contiene algunas de las regiones de formación estelar más impresionantes del universo cercano. Entre las más conocidas está la Nebulosa de la Tarántula (30 Doradus), una enorme región de gas ionizado y cúmulos estelares que los astrónomos suelen usar para comparar con intensos “viveros estelares” en galaxias más lejanas.

Para los investigadores, la LMC es especialmente valiosa porque está lo bastante cerca como para resolver estrellas individuales y nubes de gas con más detalle que en la mayoría de otras galaxias, y al mismo tiempo es un sistema galáctico separado con su propia historia química. En la práctica, eso significa que se pueden estudiar procesos de evolución estelar en condiciones que no son idénticas a las de la Vía Láctea. Las diferencias en composición química y distribución del gas pueden influir en cómo se enfrían las nubes, cómo se forman estrellas masivas y cuán rápido se genera nuevo polvo.

Precisamente a este nivel de galaxia “local” se puede seguir la historia más amplia de cómo las galaxias crecen y cambian. Los vientos estelares y las explosiones de supernova mezclan gas y polvo, enriquecen el entorno con elementos más pesados y, al mismo tiempo, pueden desencadenar una nueva ola de formación estelar. Por su cercanía, la LMC es un lugar adecuado para observar ese ciclo en detalle, en lugar de deducirlo solo a partir de promedios en galaxias lejanas.

Más longitudes de onda, más información: Hubble, Spitzer y una mirada de radio al polvo

Aunque la LMC puede verse sin equipo sofisticado, la NASA recuerda que precisamente los telescopios espaciales y terrestres han aportado imágenes extraordinarias de esta galaxia en distintas partes del espectro. La vista óptica y ultravioleta de Hubble resalta estrellas jóvenes y calientes y estructuras de gas ionizado, mientras que las observaciones infrarrojas “penetran” mejor el polvo y ayudan a seguir componentes más fríos del medio interestelar. Spitzer, el telescopio infrarrojo de la NASA cuyos datos de archivo aún se utilizan en análisis científicos, aportó mapas importantes de la emisión térmica del polvo y ayudó a entender dónde “se esconde” el material del que nacen nuevas estrellas.

En esta historia, el polvo no es un fenómeno secundario, sino un componente clave. El polvo cósmico — diminutas partículas de carbono, silicatos y otros compuestos — participa en el enfriamiento de nubes de gas, influye en la formación de estrellas y sistemas planetarios y “bloquea” y transforma la luz que miden los astrónomos. Por eso, instrumentos como la red internacional ALMA, que opera en el rango milimétrico y submilimétrico, son especialmente útiles: rastrean polvo y gas fríos allí donde los telescopios ópticos solo ven siluetas oscuras o luz dispersa a través del humo interestelar.

Al combinar datos de múltiples longitudes de onda se obtiene una imagen “en capas” de la galaxia: la óptica muestra dónde están las estrellas jóvenes y dónde brilla el gas, el infrarrojo revela lo que se oculta tras el polvo, y el radio y el submilímetro cartografían el material más frío del que aún deben nacer nuevas estrellas.

Supernova 1987A: una explosión que durante décadas cambió los libros de texto

Una de las razones por las que la LMC aparece con frecuencia en noticias científicas es la supernova 1987A. El equipo de Hubble de la NASA recuerda que fue la supernova más brillante vista en más de 400 años y que se descubrió el 23 de febrero de 1987. Según la descripción de la NASA, la explosión brilló durante meses con una potencia equivalente a unos 100 millones de Soles y, por su relativa cercanía, permitió un seguimiento único de la transición “de estrella a supernova y remanente de supernova”.

Un elemento especialmente llamativo de esa historia son los anillos de material alrededor del lugar de la explosión. La NASA indica que el anillo central fue iluminado por una ola de energía tras el estallido, y que con el tiempo también se observaron dos estructuras externas más débiles. Hubble siguió durante años los cambios de brillo y morfología del anillo, registrando cómo la onda de choque de la explosión golpea el gas circundante y lo modifica. Desde el punto de vista científico, es importante que se trate de un sistema que puede seguirse “en tiempo real” a escala astronómica: aunque los cambios son lentos, en unas pocas décadas se puede ver con claridad la evolución.

La NASA destaca también la amplitud de la campaña observacional: además de Hubble, SN 1987A ha sido seguida durante años por el observatorio de rayos X Chandra y por ALMA, de modo que en distintas energías y longitudes de onda se puede rastrear cómo se propaga el choque, dónde se forma nuevo polvo y cómo cambia el entorno que la estrella dejó antes de la explosión.

Una fábrica de polvo en el remanente de supernova: qué mostraron las mediciones de ALMA y las observaciones infrarrojas

Una de las preguntas clave de los últimos años es: ¿cuánto polvo producen realmente las supernovas y puede ese polvo sobrevivir a las condiciones violentas tras la explosión? La NASA señala que los astrónomos, начиная desde 2012, utilizaron ALMA para estudiar cómo el remanente de la supernova 1987A “forja” grandes cantidades de nuevo polvo a partir de elementos creados en la estrella progenitora. En comunicados oficiales de NRAO y ALMA, SN 1987A se describe como una especie de “fábrica de polvo”, con el énfasis en que el polvo se forma dentro del propio remanente y no solo como iluminación de material preexistente en el entorno.

Una imagen similar ofrecen investigaciones basadas en mediciones infrarrojas. La página de investigación de UCL dedicada al polvo en supernovas indica que, utilizando el Herschel de la ESA y otros instrumentos, los astrónomos detectaron una cantidad muy grande de polvo frío en la región de 1987A. En un sentido más amplio, se trata de material que — si se dispersa en el espacio interestelar — puede convertirse en “materia prima” para futuras estrellas y planetas en algún otro rincón de la galaxia.

Para la ciencia también es interesante que SN 1987A se utilice a menudo como analogía del universo temprano. Si las supernovas son eficientes produciendo polvo, eso ayuda a explicar cómo en galaxias jóvenes pudieron aparecer relativamente rápido nubes polvorientas de las que nacen nuevas generaciones de estrellas y, indirectamente, sistemas planetarios.

Nuevas pistas en una historia antigua: una estrella de neutrones y señales de un agujero negro en el centro de la galaxia

La cuestión de qué quedó tras la explosión de 1987A estuvo abierta durante décadas. La NASA ya en 2017 subrayaba que se esperaba la formación de un objeto compacto — una estrella de neutrones o un agujero negro — pero durante mucho tiempo faltó una prueba directa porque el centro del remanente estaba oculto por el polvo. Reuters informó en febrero de 2024 de que científicos, utilizando instrumentos infrarrojos del telescopio espacial James Webb, encontraron rastros químicos interpretados como consecuencia de la radiación de una joven estrella de neutrones. Según esa interpretación, los átomos ionizados del entorno requieren una fuente de energía compatible con el escenario de una estrella de neutrones recién nacida, aunque los detalles de su naturaleza siguen investigándose.

Mientras tanto, otra noticia interesante llega del contexto más amplio de la propia galaxia. Reuters en marzo de 2025 difundió resultados de investigación que apuntan a la existencia de un agujero negro supermasivo en el centro de la Gran Nube de Magallanes, deducidos del análisis de trayectorias de las llamadas estrellas hiperveloces. Se trata de una conclusión basada en la dinámica estelar: la idea es que interacciones con un objeto masivo pueden “expulsar” estrellas a grandes velocidades. Aunque estos resultados requieren confirmaciones adicionales mediante métodos independientes, la posible presencia de un agujero negro supermasivo en una galaxia enana sería un dato importante para comprender la evolución de los centros galácticos.

Esas dos “capas nuevas” — una posible aclaración del remanente de la supernova 1987A y un posible objeto masivo en el centro de la LMC — muestran hasta qué punto una galaxia cercana sigue siendo actual. En una galaxia “vecina” se unen historias sobre ciclos de vida estelar, la formación de elementos químicos y objetos gravitacionales extremos.

Qué significa esta foto para el público: cuando la ciencia y la experiencia visual trabajan juntas

Para el público general, fotografías como esta suelen ser el primer contacto con conceptos como el Grupo Local, las galaxias enanas o el polvo estelar. Pero el programa de fotografía de astronautas de la NASA también tiene una función científica concreta: las imágenes de la Tierra tomadas desde la ISS se usan en educación y divulgación, y también como material complementario para el seguimiento de fenómenos atmosféricos y fuentes de luz nocturna. En este caso, el valor añadido es que el mismo encuadre conecta atmósfera, órbita y espacio profundo en una narrativa visualmente legible.

Para los astrónomos, la Gran Nube de Magallanes sigue siendo “cercana, pero diferente”: lo bastante cercana para ver detalles, lo bastante distinta para comparar. Para los observadores desde tierra, especialmente en el hemisferio sur, sigue siendo un recordatorio de que en noches despejadas sobre el horizonte se puede ver algo que no forma parte de la Vía Láctea. Y para quienes ven la foto desde entornos urbanos y bajo contaminación lumínica, la toma desde la ISS ofrece una representación rara, casi didáctica, de lo que la atmósfera oculta y de lo que, pese a una distancia de 160.000 años luz, puede captarse con una cámara en manos de un astronauta.

Fuentes:
  • NASA Earth Observatory – artículo y fotografía “The Galaxy Next Door”, con datos sobre la fecha de toma, el equipo y la descripción de la LMC (enlace)
  • NASA/JSC – Gateway to Astronaut Photography of Earth, plataforma para ver fotografías de astronautas (enlace)
  • ESA/Hubble – materiales sobre la Gran Nube de Magallanes como región de intensa formación estelar (enlace)
  • NASA Science (Hubble Mission Team) – “The Dawn of a New Era for Supernova 1987A”, contexto y datos clave sobre 1987A (enlace)
  • NRAO/ALMA – “Supernova’s Super Dust Factory Imaged with ALMA”, sobre el polvo en el remanente de SN 1987A (enlace)
  • UCL (University College London) – resumen de investigaciones sobre un gran reservorio de polvo en SN 1987A basado en observaciones infrarrojas (enlace)
  • Reuters – informe sobre indicios de una estrella de neutrones en el remanente de SN 1987A a partir de observaciones del telescopio James Webb (22 de febrero de 2024) (enlace)
  • Reuters – informe sobre un posible agujero negro supermasivo en el centro de la LMC a partir de estrellas hiperveloces (6 de marzo de 2025) (enlace)

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Hora de creación: 07 enero, 2026

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