Postavke privatnosti

China intensifica la presión sobre los peticionarios mientras Pekín habla de estabilidad, desarrollo y orden social

Descubre por qué el sistema chino de peticiones vuelve a abrir la cuestión de la desconfianza hacia las autoridades locales, el control político y las tensiones sociales. Ofrecemos un panorama de cómo Pekín defiende oficialmente el mecanismo de quejas, mientras los informes alertan sobre presiones, vigilancia y represión contra los ciudadanos que buscan justicia.

China intensifica la presión sobre los peticionarios mientras Pekín habla de estabilidad, desarrollo y orden social
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

China sigue presionando a sus propios peticionarios

Mientras la cúpula estatal china, también este año, durante las sesiones de los órganos políticos más importantes en Pekín, habla de estabilidad, modernización y desarrollo, un tema viejo e incómodo vuelve a pasar al primer plano: el destino de las personas que, a través del sistema oficial de peticiones, intentan obtener justicia al margen de las autoridades locales. Se trata del mecanismo conocido como xinfang, es decir, el sistema de “cartas y visitas”, mediante el cual los ciudadanos denuncian injusticias, abusos, fallos administrativos, disputas por tierras, salarios impagados, problemas de vivienda y otras disputas que consideran que el nivel local de poder no ha resuelto o ha agravado aún más. La propia existencia de ese sistema es presentada por las autoridades chinas como prueba de que el Estado escucha a los ciudadanos y corrige los errores. Sin embargo, numerosos testimonios, investigaciones e informes recientes muestran que ese mismo sistema funciona al mismo tiempo como instrumento de control, filtrado del descontento y presión política sobre quienes se niegan a guardar silencio.

En los días en que se celebran en Pekín las “dos sesiones” de este año – las reuniones anuales de la Asamblea Popular Nacional y de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, que en 2026 comenzaron los días 4 y 5 de marzo – la cuestión de los peticionarios adquiere un peso adicional. Precisamente en esos momentos políticamente sensibles, las autoridades intentan tradicionalmente impedir la llegada de ciudadanos descontentos a la capital, para que la imagen oficial de estabilidad social permanezca intacta. No se trata solo de una práctica de seguridad episódica, sino de un síntoma de un problema más profundo: bajo la narrativa de desarrollo armonioso y gestión eficaz siguen existiendo fuertes señales de desconfianza hacia las instituciones locales, así como la sensación de que la justicia a menudo solo puede buscarse fuera de los canales formales y regulares.

El marco oficial: un canal para las quejas, pero también para gestionar el descontento

En los últimos años, las autoridades chinas no han abolido el sistema de peticiones, sino que han intentado reforzarlo aún más a nivel institucional. En 2022, las autoridades centrales aprobaron una nueva normativa sobre la tramitación de quejas públicas y peticiones, con el mensaje de que se trata de una ventana importante a través de la cual se pueden comprender la sociedad y la opinión de los ciudadanos, así como resolver disputas a nivel local. Ya en 2023, la Administración Nacional de Quejas Públicas y Propuestas fue colocada directamente bajo el Consejo de Estado, con la explicación oficial de que eso fortalece la protección de los intereses de los ciudadanos y mejora la tramitación de las peticiones. En otras palabras, Pekín sigue sin renunciar a la idea de que precisamente el poder central sigue siendo la dirección última a la que un ciudadano común puede recurrir cuando fallan los niveles inferiores de la administración.

Sobre el papel, ese marco parece una válvula institucional. Los ciudadanos pueden enviar cartas, acudir personalmente, presentar denuncias por teléfono o mediante plataformas en internet. En febrero de 2025, la Fiscalía Popular Suprema reguló además su propio sistema de recepción de quejas, prescribiendo que, tras la aceptación del caso, se debe responder a los ciudadanos en un plazo de siete días laborables, y que la mayoría de esos casos, por regla general, se resuelven en un plazo de tres meses. Para las autoridades chinas, esas disposiciones tienen una doble función política: por un lado, muestran la disposición del Estado a formalizar y estandarizar el tratamiento de las quejas, y por otro, refuerzan la idea de que el descontento debe permanecer dentro de canales estrictamente controlados, jerárquicos y supervisados administrativamente.

El problema surge cuando ese modelo oficial choca con la práctica sobre el terreno. El sistema de peticiones en China no es un recurso jurídico independiente clásico, ni garantiza protección judicial en el sentido que cabría esperar en los ordenamientos jurídicos liberales. Para muchos ciudadanos, representa el último recurso precisamente porque los tribunales locales, la administración local o el aparato del partido ya han fallado, o ellos los perciben así. Cuando un ciudadano recurre a una instancia superior, al mismo tiempo evita a la autoridad local e implica que el problema es grave, no está resuelto y resulta políticamente incómodo. En un sistema en el que los cuadros locales siguen siendo valorados también según su capacidad para mantener el orden, una denuncia así a menudo no se percibe como una búsqueda legítima de justicia, sino como una amenaza para la estabilidad política.

Por qué las autoridades locales temen las peticiones

La presión sobre los peticionarios no es solo consecuencia de un reflejo autoritario, sino también de la lógica específica de la gobernanza china. Durante años, los funcionarios locales han vivido en un sistema en el que las quejas masivas, las protestas o el viaje de ciudadanos a Pekín pueden interpretarse como prueba de mala gestión. Formalmente, en los últimos años se ha subrayado que el trabajo sobre las peticiones no debería reducirse solo a cifras, pero la propia cultura política de “mantenimiento de la estabilidad” ha seguido siendo fuerte. Cuanto más sensible políticamente es el acontecimiento – un gran aniversario, un pleno del partido, el parlamento nacional o una conferencia consultiva – mayor es la probabilidad de que las estructuras locales recurran a medidas preventivas para que los ciudadanos descontentos no lleguen a Pekín, a los medios o al público en general.

Ahí se ve la paradoja del modelo chino. El poder central quiere conservar un canal mediante el cual los ciudadanos puedan señalar que el aparato local no funciona. Al mismo tiempo, ese mismo poder insiste en un alto grado de control político y disciplina pública. La consecuencia es un sistema en el que la petición existe formalmente como un derecho, pero el peticionario a menudo es tratado como un problema de seguridad. En la práctica, eso significa vigilancia, interceptación, devolución a las provincias de origen, detenciones breves y diversas formas de presión que no siempre tienen que registrarse formalmente como procedimientos penales, pero que tienen un claro efecto disuasorio.

Precisamente por eso, la cuestión de las peticiones es mucho más que una cuestión administrativa técnica. Muestra cómo el Estado chino intenta conciliar dos cosas que difícilmente van juntas: la necesidad de ofrecer a los ciudadanos al menos una vía simbólica hacia una “justicia superior” y la necesidad de mantener bajo control total toda movilización independiente, toda presión pública y toda forma de descontento organizado. Cuando un ciudadano permanece dentro del formulario y espera una respuesta, forma parte del sistema. Cuando empieza a viajar, a reunirse con otros o a atraer la atención mediática, ese mismo ciudadano pasa fácilmente de la categoría de “peticionario” a la categoría de “riesgo para la estabilidad”.

Informes recientes: redadas, interceptaciones y represión preventiva

Ese patrón también se observa en informes más recientes. Antes de las sesiones políticas de este año en Pekín, Radio Free Asia publicó a finales de febrero de 2025 testimonios según los cuales la policía, en los suburbios de la capital, llevaba a cabo redadas en barrios donde se alojaban peticionarios procedentes de otras partes de China. Según esas informaciones, precisamente las personas que utilizan el sistema oficial de quejas fueron identificadas como uno de los principales objetivos de las medidas de “mantenimiento de la estabilidad” antes del comienzo de importantes reuniones políticas. Ese tipo de información no sorprende por sí sola a quienes conocen el sistema chino, pero sí es importante porque confirma la continuidad del método: el Estado no suprime el canal para las quejas, sino que intensifica el control sobre quienes intentan utilizarlo cuando eso se vuelve políticamente sensible.

El contexto más amplio apunta en la misma dirección. En su informe para 2026, Human Rights Watch describe a China como un país en el que los defensores de los derechos humanos siguen expuestos al acoso, la presión, las detenciones y las penas de prisión. Aunque ese informe no se ocupa solo de los peticionarios, es importante porque muestra el marco institucional general: cualquiera que desafíe persistentemente la narrativa oficial o intente plantear la cuestión de la responsabilidad de las autoridades puede enfrentarse a una respuesta represiva. En ese entorno, los peticionarios no son un fenómeno aislado, sino parte de un grupo más amplio de ciudadanos que intentan obligar al sistema a escucharlos, mientras que el sistema, al mismo tiempo, intenta limitarles, fragmentarles y silenciarles.

También resulta especialmente significativo que la censura se dirija de forma muy visible precisamente a contenidos relacionados con las peticiones y las protestas. Freedom House advirtió en las ediciones más recientes de su China Dissent Monitor que entre las publicaciones más fuertemente censuradas en la plataforma china Douyin se encontraban precisamente aquellas relacionadas con protestas fuera de línea de peticionarios, publicaciones sobre protestas en Pekín y contenidos que muestran la detención o la violencia contra los manifestantes. En el periodo de junio a diciembre de 2025, dos tercios de las publicaciones analizadas sobre protestas fueron eliminadas. Eso significa que el control no se ejerce solo físicamente, en la calle y en las estaciones de tren, sino también digitalmente, mediante la rápida reducción del espacio en el que casos individuales podrían convertirse en un tema público más amplio.

La base social del descontento no desaparece

La razón por la que hoy vuelve a hablarse de este tema no es solo la represión, sino también el hecho de que las causas del descontento no han desaparecido. Freedom House señala que su monitor ha registrado más de 14 mil casos de disenso y protesta en China desde junio de 2022, y ya en agosto de 2025 destacaba que se habían documentado más de 10 mil protestas y otras formas de resistencia en todas las partes del país. En la primera mitad de 2025 se registró un fuerte aumento de las protestas laborales relacionadas con salarios impagados, así como la continuación de protestas vinculadas al sector de la vivienda, a proyectos inacabados y a problemas de los compradores de inmuebles. Esos datos no significan que China esté al borde de una crisis política general, pero muestran claramente que la presión social es amplia, diversa y persistente.

Es precisamente ahí donde el sistema de peticiones adquiere una importancia adicional. Se convierte en el canal a través del cual se vierten las consecuencias de la desaceleración económica, la crisis inmobiliaria, las deudas locales, las disputas por tierras, la inseguridad laboral y la sensación de que los ciudadanos comunes a menudo no tienen un acceso igualitario a la justicia. Cuando los medios oficiales hablan de mejorar la gestión de las quejas, en realidad están reconociendo de forma involuntaria que el problema existe y que es lo bastante grande como para requerir una atención institucional permanente. Cuando al mismo tiempo se intensifican las medidas de seguridad contra quienes intentan presentar personalmente esas quejas en Pekín, se envía otro mensaje: el Estado quiere oír el descontento, pero solo con la condición de que permanezca estrictamente administrado, atomizado y políticamente estéril.

También es importante que las peticiones no se refieran solo a casos clásicos de corrupción o abusos locales. A menudo son una combinación de problemas jurídicos, sociales y existenciales. Para una parte de los ciudadanos, se trata de tierras confiscadas o desalojos disputados; para otros, de salarios impagados, sentencias que consideran injustas, actuaciones policiales, decisiones administrativas locales o solicitudes ignoradas durante años. Por eso, el peticionario en China suele ser una figura que une varios niveles de crisis: al mismo tiempo es víctima de una disputa concreta, un ciudadano que ha perdido la confianza en las instituciones locales y un recordatorio político de que la narrativa oficial de armonía no es completa.

Por qué este tema es políticamente sensible precisamente ahora

La temporada política de este año en Pekín incrementa aún más la sensibilidad del tema. Las “dos sesiones” de 2026 no se desarrollan en una atmósfera rutinaria, sino en un momento en el que China abre un nuevo periodo de planificación y debate el borrador del XV Plan Quinquenal para el periodo 2026–2030. En un momento así, la dirección estatal quiere proyectar una imagen de capacidad, cohesión y rumbo a largo plazo. La historia de ciudadanos que viajan a la capital porque no confían en las autoridades locales socava directamente esa imagen, porque sugiere que entre la ambición central y la realidad local sigue existiendo una brecha seria.

Por eso los peticionarios resultan tan incómodos para el sistema político chino. No necesariamente cuestionan al Estado en su conjunto, al menos no al principio. A menudo ocurre precisamente lo contrario: se dirigen al poder superior con la suposición de que el centro corregirá la injusticia producida por la periferia. Pero la propia necesidad de una apelación así ya muestra que los mecanismos formales de rendición de cuentas no son suficientes. Cuando hay muchos casos de este tipo, surge un problema político que no puede resolverse por completo ni con nuevos reglamentos ni disciplinando a los funcionarios de nivel inferior. El sistema de peticiones deja entonces de ser solo un canal administrativo y se convierte en un barómetro del estado real de la confianza en el Estado.

Precisamente por eso, una cobertura amplia de este tema, a pesar de la censura y del espacio reducido para el debate público, dice más que el propio procedimiento. Apunta al hecho de que la tensión social, la desigualdad en el acceso a la justicia y la desconfianza hacia las instituciones locales no han desaparecido de la sociedad china. Mientras Pekín habla públicamente de desarrollo, eficacia y modernización de la gobernanza, la historia de los peticionarios recuerda que detrás de las formulaciones oficiales siguen habiendo personas que esperan una respuesta durante años, se trasladan de oficina en oficina y arriesgan presiones precisamente porque exigen al Estado que respete sus propias normas.

Fuentes:
  • - The State Council of the People's Republic of China – publicación sobre la normativa de 2022 para la tramitación de peticiones públicas (link)
  • - The State Council of the People's Republic of China – publicación sobre el hecho de que en 2023 la Administración Nacional de Quejas Públicas y Propuestas fue colocada directamente bajo el Consejo de Estado (link)
  • - Supreme People's Procuratorate – normativa de febrero de 2025 sobre la tramitación de quejas públicas, los plazos y la forma de recepción de peticiones (link)
  • - Freedom House, China Dissent Monitor – informe para octubre–diciembre de 2025 sobre la censura de publicaciones acerca de protestas y peticionarios (link)
  • - Freedom House – análisis de agosto de 2025 sobre el aumento de las protestas, los conflictos laborales y los problemas de vivienda en China (link)
  • - Human Rights Watch – World Report 2026, capítulo sobre China, para el contexto más amplio de la represión contra los defensores de derechos y las voces críticas (link)
  • - Radio Free Asia / mirror – informe sobre las presiones y detenciones de peticionarios antes de las sesiones políticas anuales en Pekín (link)
  • - State Council Information Office / Xinhua – publicación oficial sobre el desarrollo y el significado de las “dos sesiones” chinas de 2026 (link)

Encuentra alojamiento cerca

Hora de creación: 2 horas antes

Redacción política

La redacción política elabora sus contenidos con la convicción de que la escritura responsable y una buena comprensión de los procesos sociales tienen un valor fundamental en el espacio público. Desde hace años analizamos los acontecimientos políticos, seguimos los cambios que afectan a los ciudadanos y reflexionamos sobre las relaciones entre las instituciones, las personas y la comunidad internacional. Nuestro enfoque se basa en la experiencia adquirida a través de un largo trabajo periodístico y la observación directa de escenarios políticos en distintos países y sistemas.

En nuestro trabajo editorial damos prioridad al contexto, porque sabemos que la política nunca es solo la noticia del día. Detrás de cada movimiento, declaración o decisión existen circunstancias que definen su verdadero significado, y nuestra tarea consiste en acercar al lector los antecedentes y las intenciones que no se perciben a primera vista. En nuestros artículos intentamos construir una imagen viva de la sociedad: sus tensiones, ambiciones, problemas y los momentos en que se abren oportunidades de cambio.

Con los años hemos aprendido que informar sobre política no se reduce a repetir conferencias y comunicados de prensa. Requiere paciencia, observación y disposición para comparar diferentes fuentes, evaluar la credibilidad, reconocer patrones de comportamiento y encontrar sentido en acciones que a veces parecen contradictorias. Para ello, nos apoyamos en la experiencia adquirida mediante un largo trabajo con instituciones públicas, organizaciones de la sociedad civil, analistas y personas que, con su actividad, conforman la realidad política.

Nuestra escritura surge del trabajo de campo personal: de convenciones, protestas, sesiones parlamentarias, foros internacionales y conversaciones con personas que viven la política desde dentro. Estos encuentros moldean textos en los que procuramos ser claros, precisos y justos, sin dramatizar y sin alejarnos de los hechos. Queremos que el lector se sienta informado, no abrumado, y que reciba una visión que le permita evaluar por sí mismo qué significa una decisión para su vida cotidiana.

La redacción política cree en la importancia de un periodismo abierto y responsable. En un mundo lleno de reacciones rápidas y sensacionalismo, elegimos un trabajo minucioso y prolongado que ofrece una perspectiva más amplia. Es un camino más lento, pero el único que garantiza contenidos exhaustivos, creíbles y al servicio del lector. Nuestro enfoque nace de décadas de experiencia y de la convicción de que un ciudadano informado es el guardián más fuerte de los procesos democráticos.

Por eso nuestras publicaciones no siguen únicamente el ritmo diario de las noticias. Intentan comprender qué significan realmente los acontecimientos políticos, hacia dónde conducen y cómo encajan en un panorama internacional más amplio. Escribimos con respeto hacia el lector y con la conciencia de que la política no es un campo aislado, sino un espacio donde convergen economía, cultura, identidad, seguridad y la vida individual de cada persona.

AVISO PARA NUESTROS LECTORES
Karlobag.eu ofrece noticias, análisis e información sobre eventos globales y temas de interés para lectores de todo el mundo. Toda la información publicada se ofrece únicamente con fines informativos.
Destacamos que no somos expertos en los ámbitos científico, médico, financiero ni legal. Por lo tanto, antes de tomar decisiones basadas en la información de nuestro portal, le recomendamos que consulte a expertos cualificados.
Karlobag.eu puede contener enlaces a sitios externos de terceros, incluidos enlaces de afiliados y contenidos patrocinados. Si compra un producto o servicio a través de estos enlaces, podemos recibir una comisión. No tenemos control sobre el contenido o las políticas de dichos sitios y no asumimos responsabilidad alguna por su exactitud, disponibilidad o por cualquier transacción realizada a través de ellos.
Si publicamos información sobre eventos o venta de entradas, tenga en cuenta que no vendemos entradas ni directamente ni a través de intermediarios. Nuestro portal informa únicamente a los lectores sobre eventos y oportunidades de compra a través de plataformas de venta externas. Conectamos a los lectores con socios que ofrecen servicios de venta de entradas, pero no garantizamos su disponibilidad, precios o condiciones de compra. Toda la información sobre las entradas es obtenida de terceros y puede estar sujeta a cambios sin previo aviso. Le recomendamos que verifique detenidamente las condiciones de venta con el socio seleccionado antes de realizar cualquier compra.
Toda la información en nuestro portal está sujeta a cambios sin previo aviso. Al utilizar este portal, usted acepta leer el contenido bajo su propio riesgo.