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ITB Berlín 2026 abrió cuestiones clave del turismo: clima, perturbaciones en el transporte aéreo y la presión del sobreturismo

Descubre por qué ITB Berlín 2026, además de confirmar la fuerte recuperación de los viajes globales, también abrió las preguntas más difíciles de la industria turística. Ofrecemos un repaso de las presiones climáticas, las perturbaciones en el transporte aéreo, los riesgos geopolíticos y la resistencia cada vez mayor al sobreturismo en los destinos europeos.

ITB Berlín 2026 abrió cuestiones clave del turismo: clima, perturbaciones en el transporte aéreo y la presión del sobreturismo
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

El turismo ha regresado por todo lo alto, pero Berlín también ha abierto preguntas incómodas

El sexagésimo aniversario de la feria ITB Berlín, celebrada del 3 al 5 de marzo de 2026, debía ser ante todo una confirmación de que el sector turístico mundial había regresado a niveles que hace solo unos años parecían difíciles de alcanzar. En Berlín se reunieron representantes de Estados, organismos turísticos, aerolíneas, grupos hoteleros, empresas tecnológicas e inversores, y la propia cita volvió a mostrar por qué se la considera el encuentro B2B más importante del mundo para la industria turística. Los organizadores señalan que en la feria participaron 5.601 expositores de 166 países y territorios, así como casi 97 mil participantes, mientras que el programa de la convención reunió a más de 24 mil visitantes. En términos empresariales, se trata de una reunión enorme en la que, según la estimación de los organizadores, se cierran negocios y decisiones de compra por valor de 47.000 millones de euros. Pero bajo la imagen optimista de la recuperación se deslizaba un debate mucho más serio: ¿puede el turismo seguir creciendo al ritmo actual sin consecuencias sociales, climáticas y logísticas más profundas?

Este año, ITB Berlín puso un énfasis especial en el tema del equilibrio, y la propia convención llevó el lema Leading Tourism into Balance. No se trata de un ingenio de marketing, sino de un resumen del estado de la industria. En un mismo lugar se encuentran dos hechos poderosos, pero mutuamente tensos. Por un lado, los viajes internacionales vuelven a crecer, y la demanda turística sigue siendo excepcionalmente fuerte. Por otro lado, la presión sobre la infraestructura, las comunidades locales, los objetivos climáticos y la seguridad de los viajes es cada vez más visible. Precisamente por eso, la feria de este año no se quedó en una celebración de la recuperación, sino que se convirtió en una especie de diagnóstico de un sector que es fuerte en términos económicos, pero al mismo tiempo está cada vez más expuesto a crisis que ya no son una excepción, sino el nuevo entorno de trabajo.

Las cifras confirman la recuperación, pero también el aumento de las expectativas sobre el sector

El contexto global dio un peso adicional al encuentro berlinés. Según UN Tourism, las llegadas turísticas internacionales en 2025 crecieron un 4 por ciento y alcanzaron alrededor de 1,52 mil millones de viajeros, lo que significa que el turismo mundial no solo compensó la caída provocada por la pandemia, sino que también volvió al patrón de crecimiento anterior a la pandemia. Los datos de 2024 ya mostraban una recuperación casi completa, hasta el 99 por ciento del nivel de 2019, y 2025 consolidó aún más ese regreso. En Berlín, por tanto, no se habló de si el turismo se recuperaría, sino de cómo gestionar un sector que vuelve a ser fuerte, pero que ya no puede contar con las antiguas suposiciones de estabilidad.

Eso mismo subrayaron también los organizadores de la feria. En el comunicado final destacaron que la ITB Berlín de este año transcurrió bajo el signo de la adaptación y la innovación en un mundo cada vez más incierto, marcado por tensiones geopolíticas, riesgos climáticos e incertidumbre económica. En el resumen de los mensajes clave de la convención se afirma que la resiliencia, la preparación ante crisis y los sistemas de alerta temprana se han convertido en temas centrales, mientras que al mismo tiempo se espera que los destinos y las empresas respondan a la expansión del sobreturismo, a la creciente brecha entre el mercado prémium y el masivo, y a los cambios que trae consigo la inteligencia artificial. En otras palabras, ya no basta con tener una demanda fuerte. Se exige la capacidad de gestionar las consecuencias del crecimiento.

Por eso, el Berlín de este año fue importante también como señal política. Al margen de la feria se celebró además una reunión de ministros de turismo, en la que se habló de crecimiento sostenible, gobernanza, desarrollo de capacidades y responsabilidad social. El mero hecho de que el debate sobre el turismo se traslade cada vez más del ámbito de la promoción al terreno de las políticas públicas demuestra que el sector está entrando en una nueva fase. Los viajes ya no son solo una cuestión de ocupación hotelera, capacidad aérea y ganancias estacionales, sino también una cuestión de planificación urbana, transición energética, equilibrio social y resiliencia ante perturbaciones.

La presión climática ya no es un tema abstracto, sino un problema empresarial

Una de las cuestiones más serias que acompañaron a la feria se refiere a la huella climática del turismo, especialmente de la aviación. La Agencia Internacional de la Energía indica que la aviación representó en 2023 el 2,5 por ciento de las emisiones mundiales de dióxido de carbono relacionadas con la energía y que las emisiones de ese sector alcanzaron casi 950 millones de toneladas de CO2, es decir, más del 90 por ciento del nivel prepandémico. Se trata de un dato importante porque muestra que el tráfico se está recuperando más rápido que la capacidad de la industria para reducir su propia huella de carbono. En la práctica, esto significa que el turismo se encuentra entre dos exigencias que no son fáciles de conciliar: la demanda de viajes crece, pero al mismo tiempo también crece la presión para que la movilidad sea más compatible con el clima.

Por ello, en la ITB no se habló solo de sostenibilidad como un añadido reputacional, sino como una condición para la sostenibilidad a largo plazo del modelo de negocio. En los materiales oficiales de la feria se puso el énfasis en modelos de negocio sostenibles, una gestión responsable de los destinos y la aplicación de tecnología que pueda mejorar la eficiencia. Sin embargo, el problema es más profundo que la mera optimización tecnológica. Los combustibles sostenibles para la aviación, los motores más eficientes, los mejores sistemas operativos y la planificación digital pueden aliviar parte de la presión, pero no pueden neutralizar de la noche a la mañana el hecho de que el número de vuelos está aumentando. Incluso cuando la industria avanza en eficiencia, las emisiones totales siguen siendo altas si el crecimiento del tráfico supera la velocidad de la transición.

Precisamente por eso, el debate climático en Berlín ya no estaba separado del debate sobre la resiliencia. Los destinos que se enfrentan a olas de calor, escasez de agua, erosión costera o fenómenos meteorológicos extremos no pueden contar con que la sostenibilidad se reduzca a un simple lema promocional. El riesgo climático determina cada vez más la temporada, el seguro, los costes de infraestructura y la propia atractivo de determinados destinos. Así, el turismo debe adaptarse al mismo tiempo tanto a su propia contribución al cambio climático como a las consecuencias que esos cambios ya están generando. Esa es una de las razones por las que en la feria se habla cada vez más de resiliencia y cada vez menos solo de crecimiento.

El sobreturismo pasa del descontento local a convertirse en una cuestión política europea

Si el clima es una presión a largo plazo, el sobreturismo es quizá un problema aún más visible a corto plazo. En Berlín, este tema estuvo presente incluso antes del inicio de los paneles principales, porque la opinión pública europea lleva meses enfrentándose a protestas y a debates políticos cada vez más intensos sobre hasta qué punto el turismo puede cargar a las ciudades y regiones. El comunicado final de la ITB afirma expresamente que el sobreturismo exige nuevas formas de gestión de destinos. Se trata de una formulación importante, porque procede del centro de una industria que durante décadas consideró casi automáticamente deseable el crecimiento del número de llegadas.

La razón del cambio de tono no es difícil de encontrar. Durante 2025, se celebraron protestas contra el turismo masivo en varias ciudades y regiones del sur de Europa, y las potentes imágenes de Barcelona y Mallorca resonaron mucho más allá de España. Associated Press informó de que los manifestantes en Barcelona y Mallorca, en junio de 2025, rociaron simbólicamente a los turistas con pistolas de agua para advertir sobre un modelo de desarrollo que, en su opinión, alimenta la crisis de la vivienda y borra la identidad de los barrios locales. Según el mismo informe, las protestas formaban parte de una ola coordinada de acciones de personas preocupadas por las consecuencias del sobreturismo en una serie de destinos del sur de Europa, y Barcelona había recibido 15,5 millones de visitantes el año anterior. En un entorno así, la cuestión ya no es si las protestas son un fenómeno marginal, sino si pueden convertirse en un factor político duradero.

Es importante observar que el descontento no se reduce solo al número de turistas. En el centro de la crítica están la vivienda, los precios del alquiler, la transformación de los barrios, la congestión del tráfico y la sensación de que la vida cotidiana se subordina a la economía de los visitantes. Cuando los residentes locales llegan a la conclusión de que ya no obtienen un beneficio proporcional del turismo, mientras al mismo tiempo soportan un coste cada vez mayor a través de la vivienda, la carga comunal y la pérdida del espacio público, entonces también empieza a erosionarse la legitimidad política del crecimiento turístico. Para el sector, esto significa que las viejas fórmulas sobre récords y crecimiento ya no son suficientes. Los destinos tendrán que demostrar cada vez más que el turismo no solo es rentable, sino también socialmente soportable.

Precisamente por eso, el debate en Berlín adquirió un significado más amplio. No se trata solo de cómo evitar la publicidad negativa, sino de la cuestión de si el turismo europeo puede conservar la licencia social para seguir creciendo. De lo contrario, cada vez más ciudades recurrirán a restricciones más severas, normas más estrictas para el alquiler de corta duración, mayores gravámenes, regulación de cruceros o cambios en la gestión del espacio público. La industria es obviamente consciente de ello, porque cada vez se habla más de gestionar los flujos de visitantes, dispersar la demanda a lo largo del año, reforzar las ubicaciones menos cargadas y hacer un seguimiento más preciso del efecto del turismo en la vida local.

La geopolítica volvió a mostrar lo sensibles que son los viajes a las perturbaciones

La inestabilidad en Oriente Medio dio también un peso especial a la ITB de este año. Ya en la apertura de la feria, representantes de los organizadores y de la industria expresaron su preocupación por la evolución de los acontecimientos en Irán y en el entorno más amplio. Esa preocupación no se quedó en el nivel de una observación política. Debido a las perturbaciones en la región, parte de los vuelos se vio restringida, y el comunicado final de la feria afirma directamente que las tensiones geopolíticas en Oriente Medio redujeron en algunos casos la disponibilidad de vuelos hacia Berlín. Con ello quedó demostrado hasta qué punto el turismo contemporáneo, pese a todo el discurso sobre digitalización y diversificación, sigue siendo extremadamente sensible a los corredores aéreos y a la seguridad política.

Un contexto adicional lo aporta un análisis del británico The Guardian, según el cual por tres grandes nodos del Golfo —Dubái, Abu Dabi y Doha— pasan diariamente casi 300 mil pasajeros, de los cuales alrededor de dos tercios son pasajeros en tránsito. Cuando se produce el cierre del espacio aéreo o perturbaciones mayores en esa zona, el efecto no se queda en la región, sino que se extiende a las conexiones entre Europa, Asia, África y Oceanía. Esto es especialmente importante en un momento en el que perturbaciones anteriores, incluido el cierre del espacio aéreo ruso y ucraniano para parte de los transportistas europeos, ya han redirigido gran parte del tráfico hacia los corredores del sur. Berlín fue así este año un recordatorio de que el turismo no depende solo del deseo de la gente de viajar, sino también de la muy frágil infraestructura de la conectividad global.

Para las empresas turísticas, esto tiene consecuencias muy concretas. Los choques geopolíticos aumentan los costes, complican la planificación de rutas, reducen la fiabilidad de los horarios de vuelo y generan presión sobre los precios del combustible. Para los viajeros, esto significa billetes más caros, viajes más largos, más escalas y menos previsibilidad. Para los destinos, especialmente aquellos que reciben gran parte de sus visitantes a través de conexiones de larga distancia, significa un mayor riesgo de una caída repentina de la accesibilidad. En ese contexto, la resiliencia ya no es un término abstracto de los escenarios de conferencias, sino una categoría operativa clave. Quien no tenga conexiones alternativas, protocolos de crisis y modelos de negocio flexibles es más vulnerable de lo que sugieren las buenas cifras de demanda.

La resiliencia se convierte en la nueva palabra central de la política turística

Quizá el cambio más importante visible en la ITB Berlín 2026 sea el hecho de que la resiliencia ya no se contempla como un tema adicional para tiempos de crisis, sino como un marco para la futura gestión del turismo. En las conclusiones finales de la convención se afirma expresamente que la preparación ante crisis, los sistemas de alerta temprana y la toma de decisiones basada en datos ocuparon el centro de atención. Un cambio así no es casual. Tras la pandemia, los extremos climáticos, las guerras, las perturbaciones en las cadenas de suministro y las tensiones sociales cada vez más marcadas en las ciudades turísticas, la industria acepta claramente que la estabilidad ya no es una condición dada.

Es interesante que este cambio también se vea en nuevas alianzas. ITB Berlín y la organización Green Destinations anunciaron una cooperación estratégica con el objetivo de reforzar la sostenibilidad, el turismo responsable y el desarrollo a largo plazo de los destinos. Según el comunicado de los organizadores, el objetivo de la cooperación es integrar con más fuerza los principios de sostenibilidad en los programas de la feria y en las iniciativas de los países anfitriones, así como apoyar a los destinos en la elaboración de estrategias creíbles y relevantes para el mercado. Esto no significa que todos los problemas estén resueltos, pero muestra que el foco se está desplazando del marketing a corto plazo hacia una gestión más duradera.

En la feria aparecieron también otros ejemplos de ese giro. En los informes públicos de la ITB también se destacó a Jamaica, que en Berlín promovió aún más su propia agenda de resiliencia turística mediante conversaciones sobre la recuperación tras desastres naturales, la sostenibilidad, las conexiones aéreas y la cooperación global. Aunque algunas de esas apariciones tienen también una fuerte dimensión promocional, es importante que el concepto de resiliencia en el turismo se asocie hoy cada vez más con cuestiones muy concretas: cómo reconstruir un destino tras un desastre natural, cómo mantener los puestos de trabajo, cómo garantizar la continuidad de las conexiones aéreas y cómo reducir la dependencia de un solo mercado, un solo transportista o una sola temporada.

Berlín mostró que el futuro del turismo ya no estará determinado solo por la demanda

La ITB Berlín de este año ofreció así dos verdades que son válidas al mismo tiempo. La primera es que el turismo sigue estando entre las ramas más resilientes de la economía global. Los viajes crecen, el interés empresarial es fuerte, la demanda internacional no muestra señales de debilitamiento serio y la industria sigue atrayendo inversiones, innovaciones tecnológicas y atención política. La segunda es que ese crecimiento ya no puede observarse aisladamente de las consecuencias que produce. El coste climático del tráfico aéreo, la presión social en los destinos sobrecargados, la sensibilidad de los corredores aéreos globales y la necesidad de una gestión de crisis forman ahora parte integrante de la misma historia.

Precisamente por eso, el mensaje principal desde Berlín no fue que el turismo hubiera regresado con éxito, sino que ha entrado en una fase de desarrollo más exigente. En esa fase ya no vencerán solo quienes atraigan al mayor número de visitantes, sino también quienes demuestren que saben armonizar el interés económico con la calidad de vida de la población local, los compromisos climáticos y la seguridad de los viajes. Una feria que antes medía sobre todo el pulso del mercado ahora mide cada vez más la capacidad del sector para enfrentarse a sus propios límites. Y ese es quizá el cambio más importante que el sexagésimo aniversario de ITB Berlín ha puesto al descubierto este año.

Fuentes:
  • ITB Berlín – comunicado final sobre el 60.º aniversario de la feria, el número de expositores, participantes, resultados empresariales y principales conclusiones de la convención (enlace)
  • ITB Berlín – comunicado introductorio sobre la feria de 2026, la representación internacional y el creciente interés por los temas de sostenibilidad, tecnología y tendencias del mercado (enlace)
  • ITB Berlin Convention – descripción oficial del programa bajo el lema “Leading Tourism into Balance”, con datos sobre más de 400 ponentes, 200 sesiones y 17 bloques temáticos (enlace)
  • ITB Berlín – texto de apertura de la feria sobre estabilidad, innovación, cooperación internacional y preocupación por la evolución de los acontecimientos en Oriente Medio (enlace)
  • UN Tourism – barómetro mundial del turismo con datos sobre el crecimiento de las llegadas internacionales en 2025 y el alcance de alrededor de 1,52 mil millones de viajeros (enlace)
  • Agencia Internacional de la Energía (AIE) – panorama de la situación en la aviación y datos sobre la cuota del transporte aéreo en las emisiones mundiales de CO2 relacionadas con la energía (enlace)
  • Associated Press – reportaje sobre las protestas contra el sobreturismo en Barcelona y Mallorca y sobre las presiones que el turismo genera sobre la vivienda y las comunidades locales (enlace)
  • The Guardian – análisis sobre las perturbaciones en los nodos aéreos del Golfo y las consecuencias del cierre del espacio aéreo para los flujos globales de pasajeros (enlace)
  • EU Tourism Platform – panorama del debate europeo sobre el sobreturismo y los nuevos enfoques para la gestión de destinos (enlace)

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