El fútbol asiático se alinea con la UEFA y rechaza el controvertido plan de la FIFA para la Copa del Mundo
La Confederación Asiática de Fútbol se ha opuesto abiertamente a la forma en que la FIFA presentó su proyecto para incorporar inversores privados a la gestión comercial de sus competiciones más importantes. La solicitud de la AFC de aplazar el proceso y realizar una revisión jurídica, financiera, ética y de gobernanza completa ha ampliado considerablemente el frente contrario a la propuesta del presidente de la FIFA, Gianni Infantino.
La Confederación Asiática de Fútbol, que reúne a 47 federaciones nacionales, se sumó el 30 de julio de 2026 a la firme oposición de la UEFA al plan para que la FIFA separe las actividades comerciales y las operaciones organizativas de sus competiciones y las transfiera a una nueva compañía abierta a inversiones privadas minoritarias. El presidente de la AFC, Salman bin Ebrahim Al-Khalifa, comunicó a las federaciones miembro en una carta que la confederación no había sido consultada a ningún nivel antes de la presentación pública del proyecto. Añadió que la AFC no había recibido ningún análisis detallado de gobernanza, financiero ni jurídico de la propuesta y de sus posibles consecuencias, algo que calificó de "completamente inaceptable". Ese tono resulta especialmente significativo porque Salman también es vicepresidente sénior de la FIFA, mientras que la AFC ha respaldado en general el liderazgo de Infantino durante los últimos años. Su distanciamiento demuestra que la disputa ya no es únicamente un conflicto entre la FIFA y el fútbol europeo.
En el centro de la controversia se encuentra el proyecto FIFA Forward Enterprise, abreviado como FFE, que la FIFA presentó oficialmente el 28 de julio. Según la explicación de la organización mundial, sería una compañía propiedad de la FIFA y controlada por esta, en la que se concentrarían en un único lugar las actividades comerciales relacionadas con los derechos televisivos y otros derechos de medios de comunicación, los patrocinios, la venta de entradas, las licencias y la ejecución operativa de los torneos. La FIFA prevé recaudar hasta 4.200 millones de dólares estadounidenses mediante la venta de participaciones minoritarias a inversores a largo plazo, con una valoración inicial de la compañía de 20.000 millones de dólares. Según la propuesta actual, el consorcio inversor estaría encabezado por Thrive Eternal, una compañía vinculada al inversor estadounidense Joshua Kushner, mientras que J.P. Morgan ha sido contratado como asesor financiero. La FIFA subraya que los socios privados solo tendrían participaciones minoritarias sin capacidad de control y que no participarían en las decisiones deportivas ni regulatorias.
La AFC exige el aplazamiento y la revisión de todo el proyecto
En su carta a las federaciones miembro, Salman bin Ebrahim Al-Khalifa no rechazó como tal la posibilidad de introducir nuevos modelos comerciales, pero cuestionó el procedimiento mediante el cual la propuesta llegó a la opinión pública y a las federaciones nacionales. Según sus palabras, una iniciativa de semejante alcance no puede aprobarse sin la participación de las confederaciones, cuyas estructuras han constituido durante décadas la base de la organización del fútbol internacional. Advirtió que las medidas unilaterales de la FIFA pueden socavar los principios de solidaridad, cooperación y transparencia sobre los que se sustenta el sistema continental. Por ello, la AFC exige que el proyecto sea examinado a través de los canales jurídicos y de gobernanza correspondientes y que todos los órganos competentes de la FIFA participen en el proceso. Se destacó especialmente la necesidad de realizar una evaluación exhaustiva de las consecuencias a largo plazo, incluida la relación entre la misión deportiva de la FIFA y los intereses de los futuros accionistas.
La confederación asiática también cuestionó el plazo concedido a las federaciones nacionales para pronunciarse. Según las cartas y los documentos sobre los que informaron los medios internacionales, las federaciones deberían decidir antes del 19 de septiembre de 2026 si desean participar en un modelo que les ofrece acceso a financiación adicional por una sola vez. La AFC considera que un período de varias semanas es demasiado breve para tomar una decisión que podría modificar a largo plazo la gestión de los derechos comerciales más valiosos del fútbol mundial. Salman solicitó por ello el aplazamiento del plazo y tiempo suficiente para efectuar un análisis jurídico exhaustivo, una revisión de la gobernanza corporativa, un debate entre las federaciones miembro y una evaluación de los posibles riesgos. En la carta también se destacó que todo el procedimiento debe desarrollarse de conformidad con los Estatutos de la FIFA y con los más altos estándares éticos. Actualmente no se ha confirmado oficialmente si la FIFA aceptará la solicitud de ampliación del plazo.
Lo que la FIFA ofrece a las federaciones nacionales
La FIFA presenta la propuesta como una forma de acelerar la inversión en el desarrollo del fútbol fuera de los mercados más ricos. Según el anuncio oficial, el presupuesto actual del programa FIFA Forward prevé ocho millones de dólares por federación nacional para el ciclo de 2027 a 2030, mientras que en el nuevo modelo esa cantidad aumentaría hasta los 20 millones de dólares. Para el ciclo de 2031 a 2034 se contemplan 22 millones de dólares, y para el período de 2035 a 2038, 24 millones de dólares por miembro. Además, el nuevo programa voluntario FIFA Fast Forward permitiría a cada una de las 211 federaciones acceder a hasta 20 millones de dólares de capital por una sola vez para proyectos especiales. Según la FIFA, los fondos podrían utilizarse para estadios, centros nacionales de entrenamiento, desarrollo de entrenadores, selecciones nacionales, competiciones nacionales, fútbol base y fútbol femenino.
En términos prácticos, una federación que participe en el programa adicional podría disponer de hasta 40 millones de dólares durante el ciclo 2027-2030: 20 millones procedentes del programa regular de desarrollo y hasta 20 millones de financiación por una sola vez. La FIFA calcula que FFE, junto con los programas existentes, permitiría invertir más de diez mil millones de dólares en el desarrollo del fútbol durante los próximos cuatro años. Gianni Infantino describe el proyecto como una democratización de la distribución mundial de los ingresos y afirma que incluso los miembros más pequeños y geográficamente más alejados obtendrían una mayor capacidad para construir infraestructuras y desarrollar el juego. La FIFA también señala que todos los beneficios netos de las operaciones de la nueva compañía se reinvertirían en el fútbol. Sin embargo, los críticos advierten que la magnitud de los fondos ofrecidos puede ejercer una fuerte presión sobre las federaciones más pequeñas para que respalden el modelo antes de recibir una visión completa de sus consecuencias jurídicas y económicas.
La UEFA advierte que el fútbol no es un activo en venta
La Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol reaccionó inmediatamente después del anuncio del proyecto y acusó a la FIFA de haber cruzado una línea que las instituciones rectoras no deberían cruzar. La UEFA declaró que "el fútbol no pertenece a la FIFA para que lo venda" y exigió total transparencia sobre quién obtendría beneficios económicos de la nueva estructura. La organización europea, que reúne a 55 federaciones nacionales, convocó una reunión de emergencia de sus miembros para coordinar su respuesta posterior. Según los informes de The Guardian, entre las posibilidades debatidas se encontraba un boicot a futuras competiciones de la FIFA, pero hasta el 30 de julio esa medida no había sido adoptada oficialmente. La mención de este tipo de acciones demuestra hasta qué punto se ha deteriorado la confianza entre ambas organizaciones.
Las críticas de la UEFA también se refieren al orden en que se tomaron las decisiones. Los responsables europeos sostienen que las confederaciones, las federaciones, los clubes, las ligas, los jugadores y las organizaciones de aficionados conocieron el proyecto demasiado tarde o a través de los medios de comunicación, mientras que consideran que el incentivo financiero vinculado a un plazo breve constituye un sustituto inaceptable del debate. La FIFA responde que no se están vendiendo las competiciones ni la autoridad de gobierno, sino una participación minoritaria en una filial comercial. Precisamente la credibilidad de esa separación se ha convertido en una de las cuestiones fundamentales de la disputa.
La oposición se ha extendido más allá de Europa
Antes de la contundente carta del presidente asiático, la Concacaf, confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, también había expresado su preocupación. En un comunicado oficial, la Concacaf señaló que había conocido el proyecto a través de informaciones de los medios y del posterior anuncio de la FIFA, a pesar de tratarse de una decisión que puede influir en el futuro del fútbol mundial. La organización destacó que cualquier cambio importante debe basarse en una buena gobernanza, procedimientos sólidos y una gestión a largo plazo en interés del deporte. Esa posición resulta especialmente importante después de la Copa del Mundo de 2026 celebrada en Canadá, México y Estados Unidos, dentro del territorio de la Concacaf. La adhesión de la AFC a esas críticas ha creado un bloque intercontinental que ya no puede describirse como una resistencia exclusivamente europea a las políticas de Infantino.
Sin embargo, las posiciones de las confederaciones no significan automáticamente que todas las federaciones nacionales vayan a votar de la misma manera. La FIFA funciona según el principio de que cada uno de sus 211 miembros dispone de un voto, independientemente del tamaño de su mercado, sus resultados deportivos o su fortaleza financiera. Según la explicación oficial, FFE solo puede ponerse en marcha con el respaldo de la mayoría de los miembros y con la posterior aprobación del Consejo de la FIFA de los cambios regulatorios necesarios. La UEFA, la AFC y la Concacaf reúnen conjuntamente a 143 federaciones, lo que les otorga un gran peso político, pero algunos miembros pueden adoptar una postura diferente de la de sus organismos continentales. Por ello será decisivo comprobar si las confederaciones logran mantener una línea común y si la FIFA ofrece documentos adicionales, mecanismos de protección y un plazo más largo para el análisis antes de la decisión definitiva.
El capital privado y la cuestión del control
La FIFA insiste en que mantendría el control total sobre FFE mediante una mayoría en su dirección y la competencia exclusiva sobre las reglas, el calendario, los formatos de competición y todas las decisiones deportivas. Según el plan oficial, los inversores privados no tendrían ninguna función operativa, ningún puesto en el Consejo de la FIFA ni derecho de voto en el Congreso. Su interés estaría vinculado al aumento del valor de sus participaciones en una compañía que gestiona los derechos comerciales de los acontecimientos futbolísticos más vistos. La FIFA considera que esa estructura separa las actividades empresariales de la función reguladora y permite una gestión más profesional de los ingresos. Como argumento adicional, señala que otras organizaciones deportivas también han creado filiales comerciales específicas o empresas conjuntas.
Los opositores responden que una posición minoritaria no elimina toda la influencia del capital. Los inversores que aportan miles de millones esperan un aumento del valor, por lo que los críticos temen que se ejerza presión para disputar más partidos, ofrecer paquetes comerciales más caros y orientar los acontecimientos hacia los mercados más rentables. La FIFA afirma expresamente que FFE no decidiría sobre los formatos deportivos, pero las confederaciones exigen garantías jurídicas firmes. Siguen abiertas las cuestiones relativas a la composición de la dirección, los derechos de los accionistas, la reventa de participaciones, los conflictos de intereses y la supervisión de la distribución de los ingresos.
Thrive Eternal, J.P. Morgan y un contexto político delicado
Según el anuncio de la FIFA, el grupo inversor estaría encabezado por Thrive Eternal, una compañía dirigida por Joshua Kushner. En la preparación del proyecto también participa Greg Maffei, antiguo director de Liberty Media, mientras que J.P. Morgan y OpenEconomics trabajan en la estructura financiera. La FIFA desea formar un grupo geográficamente diverso de socios a largo plazo, pero la composición definitiva del consorcio, los acuerdos de propiedad y los derechos de los inversores todavía no se han hecho públicos. La ausencia de esa documentación es una de las principales razones por las que la AFC exige un aplazamiento.
El apellido Kushner ha aumentado la sensibilidad política del proyecto porque Joshua Kushner es hermano de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump, con quien Infantino mantiene una relación muy visible. Ese vínculo familiar no constituye por sí mismo una prueba de irregularidades, ni se ha confirmado ninguna participación de la administración estadounidense en FFE. No obstante, los críticos exigen normas especialmente estrictas de transparencia y prevención de conflictos de intereses. La FIFA responde que los inversores no invertirían en el organismo regulador, sino en una filial independiente, y que serían seleccionados de acuerdo con criterios de largo plazo y de gobernanza.
El regreso de una disputa que estalló por primera vez en 2018
No es la primera vez que Infantino intenta abrir las mayores competiciones de la FIFA a grandes cantidades de capital externo. En 2018 se estudió un paquete valorado en unos 25.000 millones de dólares, vinculado a un consorcio encabezado por la compañía japonesa SoftBank, que incluía una Copa Mundial de Clubes ampliada y una nueva competición mundial de selecciones nacionales. El proyecto fracasó tras una fuerte oposición y preguntas sobre la transparencia, la propiedad de los inversores y el impacto en el calendario existente. La propuesta actual se diferencia en que la FIFA quiere crear una filial comercial permanente y promete expresamente conservar el control regulatorio. Sin embargo, sus opositores ven en ella una continuación de la misma estrategia: convertir los ingresos futuros de los mayores torneos en capital que pueda recaudarse y distribuirse inmediatamente.
El nuevo plan llega después de la Copa del Mundo de 2026, la primera con 48 selecciones nacionales. La FIFA describió el torneo como el más exitoso de la historia y afirmó que casi 16 millones de personas visitaron los estadios y los festivales de aficionados. Ese alcance aumenta el valor de los derechos que se agruparían en FFE. Para la FIFA representa una oportunidad de financiar un desarrollo más rápido, mientras que para los críticos es una razón adicional para no decidir apresuradamente sobre el futuro de esos derechos.
La AFC podría cambiar el equilibrio de poder en la FIFA
La importancia política de la iniciativa asiática es mayor que el número de sus federaciones miembro. La AFC abarca federaciones con niveles de poder económico muy diferentes, desde Asia Occidental y Oriental hasta Australia. Algunas podrían considerar los fondos adicionales como una oportunidad histórica, mientras que otras conceden prioridad al control de los ingresos futuros. Salman intenta unificar esos intereses exigiendo que no se adopte ninguna decisión antes de realizar un análisis completo. De ese modo, la AFC no cierra la puerta a las negociaciones, pero considera que el procedimiento actual carece de suficiente legitimidad.
Para Gianni Infantino, se trata de un duro golpe político antes de una nueva fase de toma de decisiones dentro de la FIFA. El respaldo de un gran número de federaciones pequeñas y medianas ha sido fundamental para su poder, y los programas de desarrollo constituyen uno de los principales elementos de su relación con los miembros. Si la AFC permanece unida a la UEFA y a la Concacaf, la FIFA difícilmente podrá continuar el proyecto sin realizar concesiones adicionales, publicar acuerdos más detallados e incluir formalmente a las confederaciones. Si los miembros asiáticos se dividen, la oferta financiera podría debilitar el frente común y permitir la aprobación del proyecto a pesar de la oposición pública de sus dirigentes. Por ello, los próximos pasos mostrarán si la carta de la AFC es el comienzo de un verdadero bloqueo institucional o una forma de presión destinada a conseguir un modelo más favorable y transparente.
Hasta el 30 de julio, la FIFA no había retirado la propuesta y continuaba describiéndola como un proceso de consulta, no como una decisión definitiva. La AFC pide más tiempo, la UEFA coordina la respuesta de sus miembros, la Concacaf insiste en que se respete el procedimiento, y las federaciones nacionales evalúan la relación entre las inversiones prometidas y los riesgos a largo plazo. El debate no se limitará a la cuestión de si el capital privado puede aumentar los ingresos. En su centro estará una pregunta más amplia: quién puede decidir sobre el futuro comercial de la Copa del Mundo y con qué reglas debe protegerse el interés de todo el fútbol.
Fuentes:
- FIFA - presentación oficial del proyecto FIFA Forward Enterprise, del modelo financiero, de las inversiones previstas y de la estructura de gobernanza (enlace)
- The Guardian - contenido de la carta del presidente de la AFC a los miembros, solicitud de aplazamiento y contexto político de la oposición (enlace)
- Reuters / Al Jazeera - confirmación de las declaraciones de Salman bin Ebrahim Al-Khalifa y datos sobre la postura de la Confederación Asiática de Fútbol (enlace)
- Concacaf - comunicado oficial sobre la falta de consultas, el procedimiento y los requisitos de buena gobernanza (enlace)
- Associated Press - detalles sobre el valor del proyecto, los inversores privados, la reacción de la UEFA y el procedimiento de aprobación (enlace)
- TIME - análisis de la estructura comercial de FFE, de las cantidades destinadas al desarrollo y del anterior intento de la FIFA de atraer capital privado en 2018 (enlace)