La ESA sienta las bases de una economía circular en el espacio: de la reparación de satélites al reciclaje de residuos en órbita
En los últimos dos años, la Agencia Espacial Europea (ESA) ha intensificado su trabajo en el concepto de economía circular en el espacio: un modelo en el que los satélites, los subsistemas y los materiales en órbita dejan de ser “consumibles” y pasan a ser un recurso que se puede reparar, actualizar, reutilizar y, al final, reciclar. El cambio clave es sencillo: en lugar de empujar las naves defectuosas u obsoletas a órbitas “cementerio” o dejarlas a una desintegración incontrolada, la idea es establecer todo un ecosistema de servicios en órbita que prolongue la vida útil del equipo y reduzca la cantidad de residuos.
Este cambio no es solo un mensaje ambiental, sino también un cálculo económico. El número de satélites en órbita baja terrestre (LEO) y en órbita geoestacionaria (GEO) sigue creciendo, y con él crecen los riesgos de colisión, los costes de seguros y la presión sobre recursos limitados de “tráfico” y de frecuencias. La ESA habla abiertamente de la necesidad de tratar el espacio orbital como un recurso finito, y no como un vertedero infinito. En ese marco, la economía circular en el espacio representa el siguiente paso después de las medidas clásicas de mitigación de residuos: por un lado, estándares más estrictos para evitar la generación de fragmentos, y por otro, el desarrollo de tecnologías que permitirán reparaciones, sustituciones y reutilización en órbita.
De los objetivos “Zero Debris” a la órbita circular
En los últimos años, la ESA ha enfatizado con fuerza el enfoque “Zero Debris”, con el que quiere limitar de manera significativa la creación de basura espacial en órbitas valiosas y, para 2030, alcanzar el objetivo “debris-neutral” para sus futuras misiones y actividades. Esa política, respaldada por requisitos internos y por el marco más amplio de la “Zero Debris Charter”, fija una ambición: cada nueva misión debe diseñarse de modo que no deje un problema a las generaciones futuras.
Sin embargo, incluso con los estándares más estrictos, ya existe en órbita una gran cantidad de satélites inactivos y etapas de cohetes, y el crecimiento previsto de las constelaciones implica que el ritmo de lanzamientos difícilmente se desacelerará en un futuro previsible. Por ello, en la ESA se subraya cada vez más que la sostenibilidad a largo plazo es imposible sin pasar del modelo lineal “lanzar–usar–desechar” a un modelo circular en el que las partes valiosas se conservan en órbita. En la práctica, eso significa desarrollar servicios de mantenimiento en órbita, luego ensamblaje y fabricación en órbita y, por último, reciclaje, para que la menor cantidad posible de material regrese como residuo y la mayor cantidad posible se convierta en materia prima para nuevas estructuras.
Campaña SysNova: seis meses para misiones de la futura economía circular
Una base concreta para ese giro la aportó la campaña de la ESA “System Studies for the Circular Economy in Space”, realizada a través de la Open Space Innovation Platform (OSIP) dentro del programa SysNova, que se apoya en “retos tecnológicos” competitivos y estudios de sistemas para cartografiar opciones realistas para futuras misiones. A través de la campaña, se invitó a la industria y a la comunidad académica a proponer conceptos y sistemas que puedan aportar tres capacidades clave: la rehabilitación y actualización de satélites existentes, la fabricación y el ensamblaje de grandes estructuras en órbita y el reciclaje de residuos en materiales útiles.
El resultado fueron cuatro estudios pre-Phase A, realizados en un ciclo de seis meses, que cubrieron distintos “puntos” de la economía orbital: desde la órbita baja, pasando por la geoestacionaria, hasta órbitas especializadas adecuadas para el reciclaje. Los equipos presentaron sus resultados el 27 de febrero de 2025 en el centro de investigación de la ESA ESTEC en Noordwijk, en los Países Bajos, en un formato que fomentaba el intercambio de hallazgos y el establecimiento de futuras asociaciones.
En la ESA resumieron el mensaje sin superlativos innecesarios: los estudios mostraron que el mantenimiento, la fabricación y el reciclaje en órbita ya no son solo experimentos de laboratorio, sino conceptos que pueden constituir la base de una futura economía circular en el espacio, siempre que se desarrollen estándares, arquitecturas compatibles y modelos de negocio.
IRUS: una nave de servicio que cambia las “reglas del juego” en LEO
El avance más concreto a corto plazo de la campaña es IRUS (In-orbit Refurbishment and Upgrading Service): un concepto de misión liderado por Astroscale, con socios como BAE Systems y DHV Technology. La idea es desarrollar una nave de servicio (“servicer”) capaz de aproximarse de forma autónoma a un satélite cliente en órbita baja, acoplarse con seguridad y, después, sustituir componentes críticos mediante brazos robóticos.
Según resúmenes de estudio disponibles públicamente, la nave de servicio se apoya en la “herencia” tecnológica de las plataformas de Astroscale y en su experiencia en mantenimiento en órbita, y prevé contenedores modulares con componentes que se pueden extraer y sustituir. Como componentes objetivo típicos se mencionan los ordenadores a bordo, las ruedas de reacción, las baterías y los paneles solares: piezas cuyo fallo a menudo supone el final prematuro de una misión, aunque el resto del sistema pueda ser funcional.
La suposición clave, sin embargo, es que los satélites se diseñen pensando en un mantenimiento futuro. Eso incluye interfaces estandarizadas, puntos de acceso, capacidad para manejar herramientas en microgravedad y arquitecturas que soporten una sustitución parcial sin “derribar” todo el sistema. De lo contrario, una misión de servicio se convierte en una improvisación costosa. Por eso el estudio IRUS, junto con el diseño técnico, subrayó con fuerza el caso comercial: según estimaciones del consorcio, el mercado de rehabilitación y actualización de satélites en el periodo 2030–2040 podría ser lo bastante grande como para justificar el desarrollo, pero principalmente para satélites diseñados desde el principio como “serviceable”.
En enero de 2026, Astroscale UK anunció que había recibido un contrato Phase A de la ESA por valor de 399 mil euros para el desarrollo adicional del concepto IRUS. En el comunicado se indica que el objetivo es elaborar un diseño más detallado y verificar aún más la viabilidad técnica y la lógica comercial de la misión. En la misma publicación se cita a Ross Findlay, de la ESA, quien destacó que la demostración de la rehabilitación en órbita representa un paso clave hacia la economía circular en el espacio, con énfasis en reducir residuos y prolongar la vida útil de los satélites.
La GEO como “zona estratégica”: LOOP y la cuestión de los estándares
El segundo concepto de la campaña, LOOP (“Preparing the foundations of circular on-orbit economy”), se centra en la órbita geoestacionaria: una zona donde operan satélites de comunicaciones de alto valor y larga vida útil, pero donde cada maniobra y cada servicio es logísticamente complejo y caro. El proyecto fue coordinado por Growbotics Space con socios industriales, y el foco estuvo en desarrollar “kits” de servicio y soluciones modulares para reparar y rehabilitar subsistemas clave, incluyendo la propulsión eléctrica, las unidades de procesamiento de potencia y el equipamiento de los propulsores eléctricos.
La GEO es específica por al menos dos razones. En primer lugar, es una órbita económicamente muy importante por la cobertura constante de zonas en la Tierra. En segundo lugar, el recurso espacial es limitado: las posiciones en GEO y las frecuencias asociadas forman parte de un marco regulatorio y de mercado complejo. En ese contexto, el servicio y la actualización en órbita no son solo un proyecto técnico, sino también una cuestión de estandarización de interfaces y acuerdos comerciales entre operadores, fabricantes y proveedores de servicios.
LOOP, según las descripciones disponibles, intentó precisamente eso: definir principios y arquitecturas que permitan diseñar satélites en GEO como plataformas reparables y rehabilitables, en lugar de “migrarlos” a la órbita cementerio tras perder funcionalidad. Ese enfoque podría reducir la necesidad de lanzamientos de reemplazo, pero también abrir un mercado para nuevos servicios, desde el suministro de repuestos hasta intervenciones robóticas precisas en subsistemas.
ROBOFAB: la fabricación de grandes estructuras en órbita como requisito de una nueva infraestructura
El tercer proyecto, ROBOFAB (Robotic Fabrication for Space Applications) de la empresa KINETIK Space, apunta a un problema conocido por todos los diseñadores de misiones espaciales: los sistemas más grandes a menudo están limitados por las dimensiones del lanzador. Grandes antenas, “granjas” solares, velas, reflectores de telescopios o estructuras masivas para futuras plataformas comerciales y científicas hoy deben lanzarse plegadas y después desplegarse tras el lanzamiento, con riesgos de fallos mecánicos y con estrictas limitaciones de masa y volumen.
ROBOFAB propone un camino distinto: un satélite equipado con brazos robóticos y herramientas para dar forma a tubos de carbono, además de impresión 3D, capaz de “imprimir” y ensamblar en órbita estructuras cuyo lanzamiento desde la Tierra sería poco práctico. En la práctica, eso podría significar lanzar a órbita una “fábrica” que, a partir de materias primas estandarizadas, produzca piezas y las ensamble en objetos funcionales, desde grandes antenas hasta estructuras energéticas.
Aunque aquí suele hablarse de un salto tecnológico, en la lógica de la ESA ROBOFAB encaja en la economía circular: si en órbita se puede fabricar y reparar, se reduce la necesidad de lanzar constantemente componentes terminados. A largo plazo, esa capacidad también abre el camino hacia el reciclaje, porque las materias primas podrían proceder no solo de la industria terrestre, sino también de residuos orbitales procesados.
Recycling Space Plant: un horno solar como respuesta al creciente residuo orbital
El concepto a largo plazo más ambicioso de la campaña es Recycling Space Plant, liderado por Thales Alenia Space con el apoyo del laboratorio PROMES del CNRS. En el centro de la idea hay “plantas” de reciclaje dedicadas en órbita, equipadas con un horno solar para fundir materiales. El concepto está vinculado a la órbita heliosíncrona, donde se encuentra un gran número de satélites de observación y donde la logística de recoger objetos desechados es una de las principales cuestiones abiertas.
El estudio parte de una realidad: ya existe en órbita mucho material (aluminio, titanio, compuestos, módulos electrónicos y estructuras) cuyo diseño y lanzamiento son caros en energía y finanzas, y que tras el final de la misión a menudo se convierten en un riesgo pasivo. Recycling Space Plant intenta cerrar ese ciclo: en lugar de limitarse a retirar los residuos, los convierte en materia prima para una nueva fabricación en órbita.
Los resúmenes ejecutivos publicados muestran que el equipo analizó varios retos fundamentales: cómo seleccionar y preparar materiales para su fusión en vacío, cómo gestionar la energía y el calor del sistema, qué procesos elegir para distintas aleaciones y compuestos y cómo diseñar futuros satélites para que sean “recyclable”, es decir, que sus materiales puedan separarse y reutilizarse. En esos documentos también se menciona un horizonte de largo plazo: el desarrollo podría realizarse mediante estudios de consolidación y después actividades Phase A, con la visión de cerrar más completamente el ciclo de materiales en el espacio en el periodo posterior a los años 2040.
Selección de la ESA: combinación de demostración a corto plazo y efecto sistémico a largo plazo
Tras evaluar los resultados, la ESA seleccionó dos líneas para su desarrollo posterior en sus sesiones del Concurrent Design Facility (CDF): IRUS como concepto con potencial para una demostración relativamente rápida de la rehabilitación y actualización en órbita, y Recycling Space Plant como innovación a largo plazo que podría cambiar la manera en que se usa la órbita como “espacio industrial”.
Esa combinación refleja una estrategia cada vez más visible en los programas europeos: primero demostrar que el servicio puede hacerse de forma fiable y comercialmente sostenible, y luego construir capacidades para intervenciones más complejas (fabricación, ensamblaje y reciclaje). Dicho de otro modo, sin un servicio fiable es difícil imaginar fábricas autónomas o plantas de reciclaje en órbita, porque todas esas estructuras requieren mantenimiento, sustituciones y flexibilidad.
Qué significa la economía circular en el espacio para la industria y las políticas públicas
Para la industria europea, la economía circular en el espacio abre varios niveles de competitividad. El primero es técnico: el desarrollo de servicio robótico, interfaces estandarizadas y satélites modulares podría convertirse en la “firma” de mercado de Europa, de forma similar a como lo fueron en su día ciertos nichos en telecomunicaciones u observación de la Tierra. El segundo es regulatorio: si los estándares de capacidad de servicio y reciclabilidad se incorporan a licitaciones y programas públicos, los fabricantes tendrán incentivos para cambiar el diseño de los satélites. El tercero es geopolítico: en condiciones de creciente comercialización, la órbita se define cada vez más por reglas de acceso y responsabilidad, por lo que la capacidad de mantener infraestructura en órbita se convierte en un elemento de autonomía estratégica.
Desde el punto de vista de las políticas públicas, aquí se entrelazan tres temas. Primero, la gestión del tráfico espacial y la seguridad: menos residuos significa menos riesgos y menos necesidad de maniobras de evitación que consumen combustible. Segundo, el aspecto ambiental en la Tierra: si se prolonga la vida de los satélites y se reduce el número de lanzamientos, también se reduce la necesidad de fabricación y de cadenas logísticas asociadas a los lanzamientos. Tercero, la política de innovación: la economía circular en el espacio exige un desarrollo interdisciplinario: robótica, materiales, sistemas térmicos, autonomía e incluso marcos legales para la responsabilidad y la propiedad de las “materias primas secundarias” en órbita.
Próximos pasos: contratos, nuevas campañas y colaboraciones europeas
Tras la campaña, la ESA anunció la continuación mediante contratos de consolidación y la preparación de propuestas de misión. La información pública muestra que, tras завершar el ciclo SysNova, se adjudicaron contratos Phase A para misiones de rehabilitación en órbita (ORUM), y la agencia también considera la posibilidad de una nueva campaña que siga el interés de la industria y el progreso tecnológico. Al mismo tiempo, se mencionan posibles colaboraciones con la Comisión Europea, que a través de sus propios programas sigue el desarrollo de operaciones y servicios in-space.
En ese sentido, la economía circular en el espacio ya no es un proyecto aislado de un departamento, sino parte de un cambio más amplio hacia una infraestructura sostenible en órbita. Si en la próxima década se logra demostrar que los subsistemas críticos pueden sustituirse de forma fiable en LEO y que los estándares de capacidad de servicio se vuelven habituales, entonces ideas como plantas orbitales de reciclaje y fabricación robótica de grandes estructuras pasarán de los estudios a los planes de ingeniería. La mayor incógnita sigue siendo el ritmo: los pasos tecnológicos son grandes y los modelos de negocio apenas están naciendo. Pero la dirección es clara: la órbita se observa cada vez menos como un lugar de consumo de un solo uso y cada vez más como un espacio en el que los recursos se conservan, se rehabilitan y se reutilizan.
Fuentes:- Agencia Espacial Europea (ESA) – OSIP y convocatoria para la campaña de economía circular en el espacio ( enlace )- Blog ESA Clean Space – visión “Space Circular Economy” y explicación del ecosistema de servicios in-orbit ( enlace )- ESA Clean Space – panorama de actividades y estudios hacia una economía circular en el espacio ( enlace )- ESA Nebula / Activities Portal – IRUS (In-orbit Refurbishment and Upgrading Service) resumen del estudio ( enlace )- ESA Nebula – resumen ejecutivo del estudio IRUS (PDF) ( enlace )- ESA Nebula / Activities Portal – Recycling Space Plant resumen del estudio ( enlace )- ESA Nebula – resumen ejecutivo Recycling Space Plant (PDF) ( enlace )- Astroscale – publicación sobre el contrato Phase A de la ESA para IRUS (13 de enero de 2026) ( enlace )- Agencia Espacial Europea (ESA) – “Zero Debris Charter” y objetivo debris-neutral para 2030 ( enlace )
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