La tormenta Kona low golpeó Hawái: grandes inundaciones en Oʻahu y Maui alteraron los viajes, las evacuaciones y el ritmo turístico del archipiélago
Un potente sistema conocido como Kona low ha golpeado con fuerza a Hawái en los últimos días, y las consecuencias más marcadas las sintieron las comunidades de Oʻahu y Maui, donde la lluvia intensa, las inundaciones repentinas y los deslizamientos de tierra provocaron evacuaciones, interrupciones del tráfico y una fuerte presión sobre la infraestructura local. Según las advertencias oficiales y los informes de las autoridades hawaianas, se trata de otra ola de tiempo peligroso en un mes en el que el archipiélago ya ha sufrido una serie de impactos de tormentas, por lo que muchas localidades entraron en este nuevo episodio de mal tiempo con el suelo ya saturado, carreteras dañadas y sistemas de drenaje debilitados. Precisamente esa combinación, y no solo la cantidad de lluvia nueva, fue una de las principales razones por las que las autoridades reforzaron las advertencias y pidieron a residentes y visitantes que siguieran los avisos oficiales hora a hora. Para los turistas, esto significó retrasos, cambios de planes e incertidumbre respecto al transporte terrestre, las excursiones locales y los horarios de llegadas y salidas, mientras que para la población local las consecuencias fueron considerablemente más graves porque afectaban a la seguridad de las viviendas, el acceso a las carreteras y el riesgo de nuevos desbordamientos de agua en zonas ya afectadas.
Oʻahu en el centro de la crisis: rescates, evacuaciones y temor a una posible falla de la presa
Las escenas más dramáticas se registraron en Oʻahu, especialmente en la parte norte de la isla, donde las aguas torrenciales afectaron barrios, carreteras y estructuras situadas en zonas bajas. Según los datos difundidos por agencias de noticias estadounidenses citando a funcionarios hawaianos, durante el punto más intenso del temporal se rescató a más de 230 personas, y miles de residentes estuvieron sujetos a órdenes o advertencias de evacuación. Especial preocupación causó la situación en torno a la presa de Wahiawā, de más de un siglo de antigüedad, sobre la que los servicios municipales y estatales advirtieron que, en caso de empeorar la situación, podría representar un grave peligro para las zonas aguas abajo. En un momento dado, el sistema de alerta de Oʻahu pidió a las personas en las zonas amenazadas que abandonaran inmediatamente el área o buscaran terreno más elevado, lo que intensificó aún más la sensación de estado de emergencia entre los residentes y los visitantes de la costa norte.
Aunque posteriormente las autoridades anunciaron que los niveles de agua junto a la presa mostraban una tendencia descendente, el peligro no fue tratado como un incidente pasajero que hubiera quedado por completo atrás para el archipiélago. Los funcionarios subrayaron que los ciudadanos no debían regresar demasiado pronto a las zonas afectadas porque, además del agua en sí, también representaban un problema los accesos dañados, el terreno inestable, los desprendimientos y la posibilidad de nuevas lluvias intensas. Precisamente por eso el tono oficial de la comunicación siguió siendo muy cauteloso: incluso cuando la amenaza inmediata disminuye, las consecuencias de grandes inundaciones pueden permanecer durante días. Para los turistas alojados en zonas populares del norte de Oʻahu, esto significó que el viaje no se evaluaba solo según si estaba lloviendo en ese momento, sino también según si las carreteras eran transitables, si los servicios locales funcionaban y cuán seguras eran las excursiones fuera de las principales áreas urbanas.
Maui bajo nueva presión tras el temporal anterior
En Maui, el peligro tuvo un patrón algo diferente, pero en absoluto inofensivo. La Hawaiʻi Emergency Management Agency y la agencia local MEMA advirtieron el 20 de marzo de 2026 que partes del centro y del sur de Maui, incluido ʻĪao Valley y partes de Kīhei, habían sido elevadas a un nivel de alerta superior debido al posible peligro para la vida y la propiedad. Una sensibilidad adicional la generó el hecho de que muchas zonas ya habían sido afectadas anteriormente por inundaciones, por lo que incluso una menor cantidad de lluvia nueva podía causar problemas graves. En los comunicados oficiales se destacó que Lahaina, East Maui, partes de MolokaʻI y otras zonas vulnerables seguían bajo avisos de preparación precisamente porque el agua se acumula más rápido en ese tipo de terreno y la capacidad de drenaje vuelve más difícilmente a la normalidad.
Esa situación es especialmente importante para comprender el panorama más amplio en Hawái. Cuando se habla de alteraciones en el turismo, a menudo se piensa primero en vuelos cancelados o excursiones cerradas, pero en realidad el problema es más profundo. En islas que dependen en gran medida de la conectividad por carretera entre distintos asentamientos, de la estabilidad de los puertos locales y de las conexiones aéreas, así como del funcionamiento fiable de hoteles, restaurantes y servicios públicos, cada nueva tormenta llega a un terreno que aún se está recuperando de la anterior. Por eso las advertencias para Maui también se formularon de manera muy clara: incluso allí donde no existe una imagen directa de una embestida catastrófica de agua como en las partes más afectadas de Oʻahu, existe un peligro real de deterioro repentino, especialmente en zonas con sedimentos ya acumulados, carreteras dañadas y drenaje debilitado.
Tráfico y viajes: los aeropuertos funcionan, pero se aconseja a los pasajeros comprobar constantemente el estado
El impacto de la tormenta no detuvo los aeropuertos hawaianos en su conjunto, pero sí golpeó con fuerza el ritmo de los viajes. El Hawaiʻi Department of Transportation anunció que no había cierres de aeropuertos causados por el tiempo, pero al mismo tiempo recomendó expresamente a los pasajeros que comprobaran el estado de sus vuelos antes de dirigirse a las terminales durante la vigencia de las alertas por inundaciones. Esa formulación por sí sola dice bastante sobre la naturaleza del problema: la infraestructura puede estar formalmente abierta, pero eso no significa que el viaje transcurrirá con normalidad. En Hawái, incluso retrasos relativamente pequeños pueden provocar un efecto dominó, especialmente porque gran parte del tráfico está vinculado a la conectividad entre islas y con el territorio continental estadounidense, y las llegadas de viajeros a menudo también dependen del estado de las carreteras que conducen al aeropuerto.
En Oʻahu y Maui, un problema adicional lo constituyeron las carreteras locales afectadas por inundaciones, acumulaciones de lodo y cierres temporales. En Maui County se publicaron numerosas advertencias sobre carreteras cerradas o difíciles de transitar debido al agua, los deslizamientos y el colapso del pavimento, mientras que en Oʻahu el sistema de tráfico hawaiano advirtió en tiempo real sobre cierres de determinados tramos por inundaciones. Para los visitantes que suelen planificar el día con antelación, con traslados, alquiler de coches y visitas a varias ubicaciones, esa inestabilidad del horario significa que ni siquiera una reserva confirmada garantiza que la ruta prevista vaya a ser viable. Por eso, tanto a los turistas como a la población local se les aconsejó hacer trayectos más cortos, evitar conducir por el agua y posponer los viajes innecesarios hasta que la parte más crítica del sistema meteorológico se alejara más del archipiélago.
Turismo bajo presión: Hawái sigue abierto, pero la experiencia de viaje ya no es habitual
Hawái no está formalmente cerrado a los visitantes, pero eso no significa que la experiencia turística haya permanecido sin cambios. Se vieron afectadas las carreteras hacia playas y resorts, algunas zonas estaban bajo advertencias de evacuación, y los organizadores de excursiones y los servicios locales tuvieron que adaptarse hora a hora. En la práctica, esto significa que el turismo en estas circunstancias funciona solo de manera parcial: los hoteles pueden recibir huéspedes, los aeropuertos pueden operar, pero una gran cantidad de actividades que constituyen la mayor parte de unas vacaciones en Hawái dependen del tiempo, de la seguridad de las carreteras y de la evaluación de las autoridades locales. Cuando a eso se suman imágenes de calles inundadas, rescates en helicóptero y advertencias sobre un posible desbordamiento de la presa, queda claro que todo el destino entra en un modo de precaución reforzada.
Para la economía hawaiana, esto es una cuestión sensible porque el turismo en el archipiélago no es una actividad secundaria, sino una de las principales ramas de la economía. Cualquier alteración importante de los viajes, especialmente en periodos en los que las islas suelen estar muy visitadas, repercute en hoteles, hostelería, transporte, pequeños proveedores locales de servicios y trabajadores estacionales. Al mismo tiempo, precisamente acontecimientos como este muestran lo frágil que es el equilibrio entre la necesidad de mantener el flujo turístico y la obligación de las autoridades de dar prioridad a la seguridad. Las recomendaciones oficiales durante esta tormenta fueron muy claras: los visitantes deben seguir las instrucciones locales con la misma seriedad que los residentes, y no comportarse como si las advertencias solo se aplicaran a partes de las islas fuera de las zonas turísticas. En condiciones meteorológicas extraordinarias, la frontera entre el espacio turístico y el espacio de la vida cotidiana prácticamente desaparece.
Daños más amplios: carreteras, sistemas públicos y servicios públicos bajo presión
Las consecuencias de la tormenta no se detuvieron en las carreteras inundadas y las evacuaciones temporales. El gobernador Josh Green estimó que los daños totales por las inundaciones y el mal tiempo podrían superar los mil millones de dólares, y el problema no se limita solo a los daños directos en la propiedad privada. Entre los segmentos afectados se mencionan carreteras, escuelas, aeropuertos, infraestructura hospitalaria y diversos sistemas públicos. En Honolulu, durante la parte anterior del periodo de tormentas, también se registraron desbordamientos de aguas residuales en varios lugares, lo que abre además la cuestión de la salud pública, la calidad del agua y la seguridad de las zonas costeras tras lluvias intensas. En esas circunstancias, ni siquiera el fin de la lluvia significa que la situación vuelva automáticamente a la normalidad, porque después de una inundación llegan la reparación, la evaluación de la estabilidad del terreno, la inspección de puentes y carreteras, y la retirada de sedimentos y residuos.
Por eso esta tormenta también es importante como recordatorio de la vulnerabilidad de la infraestructura del archipiélago. Hawái está geográficamente alejado, es logísticamente sensible y depende en gran medida de que los sistemas clave funcionen sin interrupciones prolongadas. Cuando un tiempo extraordinario afecta simultáneamente a varias islas, la carga no recae solo sobre los servicios de emergencia, sino también sobre las empresas de servicios públicos, los operadores de transporte, las escuelas, los refugios y los presupuestos locales. En Oʻahu, un símbolo adicional de esa vulnerabilidad se convirtió precisamente en la presa de Wahiawā, que devolvió al centro de la atención pública la cuestión del envejecimiento de la infraestructura crítica y los riesgos que se registran desde hace años, pero que solo en un momento de crisis se hacen plenamente visibles para el gran público. En Maui, por otro lado, volvió a abrirse la cuestión de hasta qué punto determinadas zonas están preparadas para precipitaciones extremas consecutivas tras catástrofes anteriores y una recuperación que aún continúa.
Por qué Kona low es tan peligroso para Hawái
Kona low no es un episodio lluvioso habitual, sino un sistema meteorológico específico que puede traer precipitaciones prolongadas, tormentas eléctricas, viento fuerte y una distribución muy impredecible de los impactos más intensos. Los meteorólogos del National Weather Service en Honolulu advirtieron durante el fin de semana que dos sistemas ciclónicos de superficie se desplazan lentamente al norte del archipiélago y que precisamente ese desarrollo lento favorece la formación de nuevas franjas de lluvia intensa y procesos tormentosos. Traducido a la vida cotidiana, eso significa que el peligro no llega solo en una breve ola, sino que puede renovarse durante varias horas o días, con periodos de aparente calma seguidos de un nuevo empeoramiento. Esa es la razón por la que las autoridades advirtieron que residentes y visitantes no debían concluir demasiado pronto que lo peor había pasado solo porque en un momento dado las precipitaciones se debilitaran.
Precisamente esa evolución de los acontecimientos marcó también este caso. Después del primer impacto tormentoso muy fuerte a mediados de marzo, Hawái entró en una nueva ronda de tiempo inestable mientras el terreno seguía saturado de agua. Por eso, el riesgo de inundaciones repentinas siguió siendo elevado incluso allí donde la cantidad total de lluvia nueva no tenía que ser récord para producir un problema grave. Las previsiones oficiales indicaban que los riesgos más marcados se mantendrían durante el fin de semana del 21 y 22 de marzo de 2026, con una estabilización gradual al comienzo de la semana siguiente, pero manteniendo la cautela hasta que se estabilizaran las condiciones locales sobre el terreno. Esa es una diferencia importante: una mejora meteorológica no borra de inmediato las consecuencias operativas en las carreteras, en los asentamientos y en el tráfico turístico.
Qué sigue para residentes y visitantes
En esta fase de la crisis, la diferencia más importante es la que existe entre la apertura formal del destino y la seguridad real de los desplazamientos sobre el terreno. Para los residentes, lo más importante es regresar a sus hogares cuando los servicios lo permitan, evaluar los daños y restablecer el acceso a los servicios básicos. Para los visitantes, es clave entender que viajar a Hawái en los días posteriores a grandes inundaciones no se reduce solo a la cuestión de si el avión vuela a Honolulu o Kahului. Igual de importantes son el estado de las carreteras locales, las recomendaciones de las autoridades de los condados, las advertencias sobre aguas costeras tras la contaminación y la posibilidad de que determinadas atracciones, playas o lugares de excursión permanezcan cerrados incluso después de que el tiempo aparentemente mejore.
Por todo ello, las autoridades hawaianas y los servicios meteorológicos insisten en un mensaje sencillo pero decisivo: las advertencias oficiales deben seguirse hasta el final del evento, y no solo en su momento más dramático. Esta tormenta Kona low mostró cuán rápidamente un paraíso tropical puede convertirse en un espacio de crisis logística y de seguridad, especialmente cuando las precipitaciones extremas se encadenan unas tras otras. Mientras Oʻahu y Maui salen gradualmente de la fase más peligrosa, la historia ya no trata solo de cuándo dejará de llover, sino de cuánto durará la recuperación y de cuán seriamente tendrá que tomar Hawái las advertencias de que los patrones meteorológicos extremos cada vez más frecuentes ya no son una excepción, sino una nueva realidad con la que deben lidiar tanto las comunidades locales como millones de visitantes.
Fuentes:- Associated Press – informe sobre rescates, evacuaciones en Oʻahu, evaluación de daños y la amenaza en torno a la presa de Wahiawā (enlace)- Hawaiʻi Emergency Management Agency – resumen oficial de los acontecimientos y alertas de marzo de 2026, incluido Maui y el desarrollo de la segunda ola de tormenta (enlace)- National Weather Service Honolulu – pronóstico y debate técnico sobre el desarrollo del sistema Kona low, el riesgo de lluvia intensa, tormentas eléctricas e inundaciones repentinas durante el fin de semana (enlace)- Hawaiʻi Department of Transportation – avisos oficiales de tráfico y para viajeros, incluida la recomendación a los pasajeros de que comprueben el estado de los vuelos durante las alertas por inundaciones (enlace)- Office of the Governor of Hawaiʻi – proclamaciones de emergencia y evaluación estatal de los daños más amplios a la infraestructura tras la serie de tormentas de marzo de 2026 (enlace)- City and County of Honolulu – alertas oficiales de la ciudad y preparación de Oʻahu para el empeoramiento de las condiciones meteorológicas, así como información sobre cierres de servicios y evacuaciones (enlace)- Maui Emergency Management Agency / Maui County – alertas y consejos de preparación para ʻĪao Valley, Kīhei, Lahaina y otras zonas sensibles de Maui (enlace)
Encuentra alojamiento cerca
Hora de creación: 4 horas antes