Europa frente a EE. UU. en 2026: por qué el «factor Trump» se está convirtiendo en una carga real para el turismo
Los viajes globales en 2026 no se detienen, pero se vuelven más sensibles a riesgos que los viajeros hace unos años a menudo no ponían en lo más alto de la lista. En un momento en que los precios y la disponibilidad de vuelos oscilan, y los presupuestos domésticos están bajo presión por el mayor coste de la vida, la política se convierte cada vez más en un elemento de la «ecuación» turística. Un número creciente de viajeros, especialmente quienes planifican itinerarios más caros, lejanos y más complejos, busca previsibilidad: reglas de entrada claras, un entorno de seguridad estable, infraestructura fiable y la sensación de que las reglas no cambian de la noche a la mañana. Precisamente en ese segmento, según una serie de indicadores actuales, se abre una línea divisoria cada vez más clara: Europa capitaliza la percepción de estabilidad, mientras que EE. UU. se enfrenta cada vez más a un «ruido» reputacional que afecta la confianza del viajero.
Una parte de la industria ve 2026 como un año de fuerte tráfico aéreo y volúmenes récord. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), en su panorama global para 2026, pronostica un mayor crecimiento del tráfico de pasajeros, con la nota de que la expansión ocurre bajo restricciones del lado de la oferta, incluidas la escasez de aeronaves y la falta de mano de obra. Tales restricciones pueden afectar la capacidad y la flexibilidad, por lo que en la práctica viajeros y aerolíneas buscan opciones «más seguras»: mercados y destinos que ofrezcan menos incógnitas y mayor posibilidad de ajustar el plan. En ese entorno todo gana importancia: desde el precio y la disponibilidad, hasta la reputación del país y la impresión general de viajar a un entorno predecible.
Aunque se viaja más a nivel global, la decisión del destino cada vez más no es solo cuestión de atracciones y fotos, sino también de confianza. Para una parte de los viajeros, especialmente europeos, EE. UU. en 2026 se convierte en un destino en el que es necesario sopesar con más cuidado el clima político, el tono del debate público y las posibles consecuencias para la experiencia del viaje. Al mismo tiempo, los países europeos venden con más fuerza la estabilidad y la organización como parte del producto turístico. En la competencia entre ambos lados del Atlántico, eso se convierte en una diferencia que se mide en reservas, planes y disposición del viajero a asumir riesgos.
Por qué la política pasa del fondo a las decisiones de viaje
El sector turístico tradicionalmente cuenta con que la mayoría de los viajeros eligen por precio, disponibilidad, clima y contenidos. Sin embargo, en los últimos años hay cada vez más ejemplos en los que choques reputacionales y mensajes políticos cruzan las fronteras de la política interna y se convierten en una señal internacional. A comienzos de febrero de 2026, en Europa occidental en particular, se sigue de cerca el deterioro del ánimo hacia EE. UU. The Guardian, citando una encuesta de YouGov, informó de una fuerte caída de la opinión favorable hacia EE. UU. en varios países europeos, con un aumento de las valoraciones desfavorables y un fortalecimiento de un sentimiento que subraya la autonomía europea. En la lógica turística, esas señales no significan que los viajes se detendrán, pero cambian el contexto emocional de la decisión.
Esa tendencia no significa que los viajes se detengan automáticamente, pero cambia el contexto emocional de la decisión. Los viajeros ya no ven la política como «ruido de fondo» que no les concierne, sino como un factor que puede influir en si se sentirán cómodos, si el viaje transcurrirá sin complicaciones innecesarias y si, en general, tendrán la sensación de ser bienvenidos. En la práctica, los viajeros se hacen preguntas muy concretas: ¿la entrada al país será rutinaria o se vivirá como un proceso estresante con controles adicionales? ¿el tono general del debate público fomentará la desconfianza hacia los extranjeros? ¿las reglas sobre visados, protocolos de seguridad o restricciones cambiarán sin un período de transición más largo?
En un año en el que la capacidad de vuelos es sensible y los precios están sujetos a cambios, aumenta la necesidad de control. El viajero que compra un viaje lejano también compra una sensación de seguridad en la decisión. Cuanto más caro es el viaje, menor es la tolerancia a la incertidumbre. Por eso la imagen política del destino se convierte cada vez más en parte del cálculo del consumidor, incluso cuando el viajero afirma que «no sigue la política». En un mercado en el que las decisiones se toman con meses de antelación, cualquier señal fuerte—tendencias de encuestas, tensiones diplomáticas o controversias visibles en los medios—puede inclinar la balanza.
Pronósticos oficiales para EE. UU.: crecen las llegadas, pero el mercado es sensible
Que se trata de un mercado que escucha señales se ve también en los pronósticos oficiales. U.S. Travel Association señala que las llegadas internacionales a EE. UU. deberían volver a crecer en 2026, tras una caída estimada en 2025, y destaca el papel de grandes eventos como la Copa Mundial de la FIFA 2026 como un impulso importante para las llegadas. Tales estimaciones confirman que EE. UU. sigue teniendo un fuerte atractivo, especialmente en años en los que está en el foco de grandes acontecimientos globales. Además, los pronósticos institucionales sirven como señal para la industria: aerolíneas, hoteleros y organizadores de eventos, que planifican capacidad, inversiones y campañas.
Pero ese mismo marco plantea la pregunta contraria: ¿cuán «frágil» es el mercado cuando el crecimiento de llegadas está ligado a megaeventos? Los grandes eventos elevan la demanda, pero también elevan las expectativas. Los viajeros que llegan por deporte y grandes manifestaciones suelen planificar con meses de antelación, compran paquetes más caros y esperan una logística que funcione sin sorpresas. Si, en paralelo, se consolida la impresión de incertidumbre política o reputacional, parte de los viajeros puede considerar que el riesgo es demasiado alto y optar por alternativas o acortar la estancia. El turismo se enfrenta entonces a una paradoja: el evento atrae atención, pero también intensifica la sensibilidad del mercado a la percepción.
El «factor Trump» como riesgo reputacional: de Washington a los Balcanes
El término «factor Trump» en el turismo no se refiere solo a la política diaria en Washington, sino a un paquete más amplio de asociaciones ligadas al nombre de Donald Trump. En ese paquete están anuncios y giros inesperados, retórica dura hacia aliados, fuerte polarización y un ciclo mediático en el que las controversias políticas se expanden rápidamente a nivel global. Para una parte de los viajeros, especialmente europeos, eso se traduce en la sensación de que en EE. UU. es más difícil planificar un viaje «tranquilo» porque los mensajes políticos se perciben como señal de posibles cambios de reglas o de atmósfera. El turismo no depende solo de hechos objetivos, sino también de la percepción, y la percepción en la era de las redes sociales y los medios globales se construye rápido.
Lo que hace que el «factor Trump» en 2026 sea especialmente tangible es el hecho de que el nombre de Trump aparece en los medios también fuera de EE. UU., a través de historias de negocios y marca que cruzan fronteras. El ejemplo más gráfico llega de Belgrado. La controversia en torno al proyecto de un complejo de lujo en el lugar del antiguo Generalštaba en Belgrado, que debía incluir un Trump International Hotel con marca, se convirtió en noticia internacional y en un tema en la intersección de turismo, política y protección del patrimonio cultural. En el contexto regional, se trata de una ubicación con una fuerte carga simbólica y un trasfondo histórico sensible, lo que dio al proyecto un peso adicional y polarizó a la opinión pública.
Associated Press informó de que en Belgrado comenzó un juicio contra el ministro serbio de Cultura Nikola Selaković y otros tres funcionarios por acusaciones de abuso de cargo y falsificación de documentación, relacionado con la eliminación del estatus de protección del lugar. Según ese reporte, se trata de un espacio con fuerte carga simbólica, incluida la circunstancia de que el complejo fue dañado durante los bombardeos de la OTAN en 1999, por lo que el plan de reconversión provocó una fuerte oposición de parte del público y de la profesión. The Art Newspaper informó después de que los planes de desarrollo del proyecto con el hotel de Trump fracasaron tras las acusaciones y la presión, mientras que Radio Free Europe/Radio Liberty publicó que una compañía de inversión vinculada a Jared Kushner abandonó el proyecto en medio de una controversia creciente.
Para el turismo, esta historia tiene un efecto doble. Primero, amplía la narrativa de que la marca Trump, incluso cuando está formalmente vinculada a proyectos privados, es difícil de separar de la política, de acusaciones de falta de transparencia y de cuestiones de conflicto de intereses. Segundo, muestra cómo el riesgo reputacional se derrama más allá de las fronteras: un viajero que piensa en EE. UU. al mismo tiempo lee titulares sobre un «hotel Trump» en Europa, procesos judiciales y debates políticos. En una época en la que los viajeros buscan calma y previsibilidad, esas señales pueden ser lo bastante fuertes como para desviar la decisión hacia una alternativa. No importa solo lo que ocurrió, sino cómo se percibe y cómo encaja en una imagen más amplia.
Es importante subrayar que el «factor Trump» no significa que EE. UU. sea un país inseguro o que los viajeros vayan a dejar de venir en masa. Pero sí significa que una parte del mercado entra de inicio con cautela adicional. En ese entorno, una gran controversia o varias episodios menores pueden ser suficientes para que un viajero indeciso elija una alternativa. Y en muchos casos la alternativa la ofrece precisamente Europa, que en 2026 se presenta con un mensaje de estabilidad y previsibilidad.
Europa como «puerto seguro»: la estabilidad como ventaja de mercado
Los destinos europeos en 2026 enfatizan cada vez más abiertamente la estabilidad, la previsibilidad normativa y la fiabilidad institucional. Esto no significa que Europa no tenga problemas, desde el sobreturismo hasta las tensiones por el alquiler de corta duración y la vivienda en grandes ciudades. Pero en la comunicación hacia el mercado suele prevalecer el mensaje de reglas claras, alto nivel de infraestructura y posibilidad de adaptar el plan sin consecuencias dramáticas. Un viajero que cambia su plan en Europa con más frecuencia puede encontrar una alternativa, ya sea mediante otras rutas, otras ciudades u otros tipos de transporte, sin sentir que está «atrapado» en una sola decisión.
La imagen europea también se apoya en resultados concretos. Associated Press informó de que España en 2025 estableció un nuevo récord con 96,8 millones de visitantes extranjeros, con aumento de ingresos turísticos y un debate sobre un modelo que debería ser más sostenible. Las cifras récord por sí solas no significan que no haya problemas, porque el crecimiento también trae resistencia de parte de comunidades locales y presión sobre la vivienda. Pero muestran que Europa entra en 2026 con un fuerte impulso, marcas de destinos reconocibles e infraestructura que muchos viajeros perciben como fiable. En la psicología del viaje, eso es capital importante: el viajero que cree que el sistema funcionará toma la decisión más fácilmente.
En paralelo, el mercado europeo aprovecha también las ventajas de la conectividad. La posibilidad de combinar varios países en un solo viaje aumenta la sensación de valor y reduce el riesgo de que el viaje fracase si un punto del plan cambia. En el turismo de 2026, el valor no es solo el precio, sino también la libertad de maniobra. Europa tiene una ventaja estructural: una densa red de ciudades, una oferta diversa en distancias relativamente cortas y un amplio rango de precios. En la práctica, eso significa que el viajero puede elegir entre distintos tipos de alojamiento, transporte e itinerarios, y adaptar el viaje sin sentir que debe cambiarlo todo.
EE. UU. y la paradoja de los grandes eventos: la Copa del Mundo como imán, pero también prueba de estrés
Estados Unidos en 2026 tiene un fuerte imán en forma de grandes eventos internacionales, ante todo la Copa Mundial de la FIFA 2026, que se celebra en EE. UU., Canadá y México. U.S. Travel Association subraya que las llegadas internacionales a EE. UU. deberían volver a crecer en 2026, y que una serie de megaeventos en los años siguientes puede llevar las visitas a nuevos máximos. Es una palanca fuerte para el turismo, pero también una vulnerabilidad potencial: si la percepción del destino empeora, el golpe es mayor precisamente porque se espera crecimiento. Además, los grandes eventos aumentan la visibilidad del país, y la visibilidad amplifica también el efecto de historias negativas.
Los grandes eventos deportivos implican complejidad: protocolos de seguridad reforzados, aglomeraciones en aeropuertos, presión sobre la capacidad de alojamiento y aumento de precios. En 2026 se añade el contexto más amplio del transporte aéreo. IATA advierte que el crecimiento de la demanda va acompañado de restricciones del lado de la oferta, lo que puede resultar en menor flexibilidad de itinerarios y mayor sensibilidad a perturbaciones. En ese entorno, los viajeros valoran aún más la previsibilidad y la sensación de que los procedimientos son estables. Si junto al estrés logístico aparece también la impresión de incertidumbre política, la decisión de viajar se vuelve más difícil, y el viajero es más propenso a elegir un destino que parezca «más tranquilo».
Aquí volvemos al «factor Trump». En el turismo no se manifiesta como una sola decisión, sino como una atmósfera en la que los viajeros temen sorpresas desagradables. Esto es especialmente importante en el segmento de familias, viajeros mayores y quienes viajan por primera vez a través del Atlántico, porque suelen buscar rutina y seguridad. Si EE. UU. quiere apoyarse en la ola de la Copa del Mundo, el sector turístico tendrá que promocionar atracciones y, al mismo tiempo, reducir la percepción de riesgo. En 2026 eso es una tarea más exigente que el marketing clásico, porque compite con la impresión de que otros destinos son más predecibles. En esa competencia, la confianza se vuelve tan importante como el contenido.
Cómo la incertidumbre se traduce en reservas y en la sensación de bienvenida
El mercado turístico rara vez reacciona a una sola declaración o a un solo incidente. Normalmente es un efecto acumulativo: varias señales que juntas crean una impresión. La controversia de Belgrado sobre un proyecto con el nombre de Trump no actúa de forma aislada, sino que se suma a relatos más amplios sobre la relación entre política y capital, y a la percepción europea de la política estadounidense. Cuando las encuestas muestran un deterioro del ánimo hacia EE. UU., eso puede influir en el turismo por varios canales: psicológico, práctico y empresarial. En cada uno de esos canales, la percepción tiene una consecuencia concreta en reservas, duración de estancia y gasto.
El canal psicológico es el más simple: parte de los viajeros no quiere gastar dinero en un país cuya política provoca incomodidad o un dilema moral. El canal práctico se refiere al miedo a cambios de reglas y a una experiencia fronteriza «más dura», por lo que el viajero elige un destino donde espera rutina y procedimientos estandarizados. El canal empresarial suele ser invisible para el público, pero es importante: congresos, ferias y viajes corporativos por lo general requieren seguridad reputacional, porque los organizadores no quieren arriesgarse a desistimientos o a historias mediáticas negativas. Cuando la confianza se daña, las consecuencias no necesariamente se ven de inmediato, pero aparecen en el siguiente ciclo de planificación.
En última instancia, vale la regla de que cuanto más caro y lejano es el viaje, mayor es la necesidad de seguridad en la decisión. Precisamente por eso el «factor Trump» en 2026 se vuelve más fuerte que en periodos en los que los precios eran más bajos y los viajeros estaban más dispuestos a improvisar. Si un viajero duda entre un destino europeo y uno estadounidense con un presupuesto similar, cualquier incógnita adicional puede ser decisiva. Europa gana ventaja en ese sentido no porque no tenga problemas, sino porque los problemas se perciben como conocidos y manejables, mientras que EE. UU. se percibe cada vez más como un destino con mayor riesgo reputacional. Esa percepción no tiene por qué ser universal, pero es lo bastante fuerte como para influir en una parte del mercado que en 2026 busca la máxima previsibilidad.
Lo que los viajeros más buscan en 2026: claridad, flexibilidad y sensación de control
En 2026 los viajeros están cada vez más centrados en el valor por el dinero, la flexibilidad y la reducción del riesgo. Eso incluye también el riesgo de que algo se salga de control, ya sea por el aumento de costes o por cambios de reglas. Europa, con una amplia gama de transportistas y una fuerte conectividad terrestre, a menudo ofrece más «planes de respaldo». Si un vuelo se retrasa o se cancela, el viajero con más frecuencia puede encontrar una alternativa sin un colapso total del itinerario. En EE. UU., donde las distancias son mayores y las opciones terrestres alternativas suelen ser más lentas, un error de planificación o una perturbación en un segmento del viaje puede tener un efecto mayor.
Todo esto no significa que EE. UU. se quede sin turistas. Al contrario, las previsiones de la industria hablan de crecimiento de llegadas internacionales en 2026, con el apoyo de grandes eventos y el esperado fortalecimiento de la demanda global. Pero la competencia entre Europa y EE. UU. en 2026 se libra cada vez más también a nivel de confianza. En ese pulso, el «factor Trump», como abreviatura de riesgo reputacional e incertidumbre política percibida, se convierte en un coste real para el turismo estadounidense que debe compensarse con esfuerzos adicionales de comunicación y organización. Europa, por su parte, convierte su estabilidad en una ventaja de mercado: no necesariamente porque ofrezca «menos riesgo» en términos absolutos, sino porque para los viajeros en 2026 parece más predecible, más comprensible y más fácil de controlar.
Fuentes:- IATA – Global Outlook for Air Transport (pronóstico de diciembre de 2025 para 2026, crecimiento del tráfico de pasajeros y restricciones de oferta) – enlace
- U.S. Travel Association – Travel Forecasts (proyecciones de llegadas internacionales 2025/2026 y el papel de los grandes eventos) – enlace
- Associated Press – juicio en Belgrado vinculado a la retirada de la protección del sitio y a un proyecto controvertido relacionado con Kushner – enlace
- The Art Newspaper – informe sobre el fracaso de los planes para un Trump International Hotel en Belgrado tras las acusaciones – enlace
- Radio Free Europe/Radio Liberty – contexto del abandono del proyecto y la controversia pública sobre el sitio del antiguo Generalštaba – enlace
- The Guardian – encuesta de YouGov sobre la caída de la opinión favorable hacia EE. UU. en Europa occidental tras la disputa por Groenlandia – enlace
- Associated Press – resultados turísticos récord de España en 2025 y debates sobre sostenibilidad – enlace
Encuentra alojamiento cerca
Hora de creación: 3 horas antes