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La UEFA pierde la confianza en Infantino y exige una investigación independiente sobre la dirección de la FIFA

Descubre cómo la retirada de un plan de inversión de 20.000 millones de dólares abrió una grave crisis entre la UEFA y la FIFA, por qué las federaciones europeas exigen una investigación independiente y cómo la disputa podría afectar la gobernanza del fútbol mundial antes de las elecciones de 2027

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La UEFA pierde la confianza en Infantino y exige una investigación exhaustiva sobre la dirección de la FIFA

La UEFA anunció el 1 de agosto de 2026 que la actual dirección de la FIFA, encabezada por su presidente Gianni Infantino, había perdido su confianza, con lo que el conflicto en torno al fallido plan de inversión privada en los derechos comerciales de la organización mundial del fútbol se convirtió en una crisis abierta de gobernanza. La Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol celebró la decisión de la FIFA de retirar el proyecto FIFA Forward Enterprise, pero subrayó que el simple abandono de la propuesta no era suficiente. En un comunicado de tono extraordinariamente duro, la UEFA describió el proceso como opaco, acelerado y gestionado a puerta cerrada, y exigió que se determinara la responsabilidad de todas las personas que participaron en su elaboración y en el intento de aplicarlo. Según la UEFA, es necesario realizar un análisis exhaustivo de cómo surgió el plan, quién lo aprobó y cómo pudo llegar a una fase en la que se solicitó el apoyo de las federaciones nacionales sin concederles tiempo ni información suficientes para llevar a cabo una evaluación seria. La organización europea afirmó que la retirada del proyecto era solo el comienzo del proceso de recuperación de la confianza en la FIFA.

En el centro de la disputa se encontraba la propuesta de crear una empresa comercial especial, FIFA Forward Enterprise, que concentraría los derechos comerciales y la organización operativa de las competiciones de la FIFA. Según el comunicado oficial de la FIFA del 28 de julio de 2026, la nueva empresa debía gestionar los derechos relacionados con las retransmisiones televisivas, los patrocinios, la venta de entradas, las licencias y otras actividades empresariales. El proyecto se basaba en una valoración inicial de 20.000 millones de dólares estadounidenses, mientras que la FIFA planeaba obtener hasta 4.200 millones de dólares mediante la venta de participaciones minoritarias sin capacidad de control a inversores privados a largo plazo. La FIFA afirmaba que conservaría la propiedad y el control, pero sus opositores advertían de un conflicto entre la función deportiva de interés público de la organización y los intereses del capital privado. Las críticas también se centraron en el secretismo de las negociaciones, los breves plazos y el hecho de que importantes instituciones futbolísticas conocieran la propuesta a través de los medios de comunicación.

Retirado un plan valorado en 20.000 millones de dólares

La FIFA presentaba el proyecto como una forma de aumentar los fondos destinados al desarrollo del fútbol en sus 211 federaciones miembro. Según la propuesta oficial, las asignaciones periódicas realizadas a través del programa FIFA Forward debían aumentar de ocho millones de dólares por federación nacional durante el ciclo 2023-2026 a 20 millones de dólares en el periodo 2027-2030. Además, se ofreció a las federaciones la posibilidad de acceder a fondos adicionales mediante el programa FIFA Fast Forward, con lo que el importe potencial total para cada miembro podía alcanzar los 40 millones de dólares. Infantino describía el proyecto como una oportunidad para construir campos y centros de entrenamiento, fortalecer las selecciones nacionales, desarrollar el fútbol femenino y crear nuevas oportunidades para los jugadores jóvenes. La FIFA afirmaba además que todos los beneficios netos se reinvertirían en el fútbol y que los inversores externos no obtendrían el control de las reglas deportivas ni de las decisiones regulatorias.

Los opositores al plan consideraban que esas promesas no resolvían la cuestión fundamental: por qué una organización deportiva mundial sin ánimo de lucro vendería una participación en una actividad basada en sus competiciones más valiosas. La UEFA destacaba que los derechos comerciales y de gestión de la Copa del Mundo no eran activos ordinarios de los que la actual dirección pudiera disponer a largo plazo sin un amplio consenso de la comunidad futbolística. Generaba especial preocupación la posibilidad de que los inversores, incluso sin un control formal, pudieran influir, mediante sus expectativas de rentabilidad, en el número de partidos, el formato de las competiciones, el calendario y la venta de los derechos audiovisuales. Por ello, la UEFA insistió en que el debate no debía limitarse a la cantidad que recibiría la FIFA, sino que también tenía que abordar las obligaciones a largo plazo de futuras administraciones.

El 31 de julio, la FIFA publicó inicialmente aclaraciones adicionales, afirmando que respetaba las preocupaciones de las confederaciones y que el proceso se había concebido como una consulta abierta y democrática. La organización sostuvo entonces que informaciones incorrectas difundidas por los medios habían alterado el desarrollo previsto de las consultas y reiteró que el fútbol no estaba en venta. Solo unas horas más tarde, Infantino confirmó que la propuesta no seguiría adelante. En una declaración oficial, reconoció que el proyecto había provocado divisiones que ya no favorecían el objetivo para el que había sido puesto en marcha. Anunció conversaciones con las partes interesadas y un intento de volver a reunir a las instituciones futbolísticas en torno a intereses comunes, pero no anunció dimisiones, procedimientos disciplinarios ni una investigación independiente del proceso que había causado la crisis.

UEFA: La retirada de la propuesta no cierra el caso

La UEFA respondió que volver a la situación anterior a la propuesta no era suficiente. En un comunicado difundido por medios internacionales, la organización europea afirmó que el fútbol no podía gobernarse mediante proyectos secretos, plazos acelerados y acuerdos cuyo beneficio para el juego no estuviera claramente demostrado. Exigió que se identificara a las personas responsables de la creación y promoción del proyecto y que estas asumieran sus responsabilidades de acuerdo con las normas de la FIFA y los principios de buena gobernanza. La UEFA pretende analizar, junto con sus 55 federaciones nacionales y otras confederaciones continentales, cómo se preparó la propuesta y qué mecanismos institucionales de protección fallaron. En ese proceso, afirmó, no debería descartarse de antemano ninguna posibilidad.

El mensaje político más importante de la UEFA fue la afirmación directa de que la actual dirección de la FIFA ya no contaba con su confianza, ni con la de otros miembros de la comunidad futbolística internacional. Esta formulación es considerablemente más contundente que la crítica habitual a una decisión concreta, porque cuestiona la capacidad de la dirección para gestionar la organización de forma transparente y responsable. La UEFA recordó además las promesas que Infantino hizo antes de ser elegido por primera vez presidente de la FIFA en 2016, especialmente su compromiso con la transparencia y su afirmación de que el dinero de la FIFA pertenecía a las federaciones nacionales y debía servir al desarrollo del fútbol. Según la organización europea, la forma en que se preparó FIFA Forward Enterprise contradecía esas promesas. Las críticas se intensificaron aún más con la afirmación de que la FIFA dispone de reservas superiores a los 5.000 millones de dólares, por lo que la UEFA cuestiona la necesidad de vender participaciones a inversores privados para financiar programas de desarrollo.

La Federación Inglesa de Fútbol se posicionó junto a la UEFA y apoyó la postura europea común. También pidió una revisión completa e independiente de la dirección de la FIFA y de su sistema de gobernanza. Según una declaración difundida por los medios británicos, la federación se opone al plan porque la Copa del Mundo pertenece al fútbol y no debe convertirse en objeto de una venta privada. Otras federaciones nacionales también expresaron su apoyo a las críticas. La KNVB neerlandesa anunció que la retirada del proyecto no significaba para ella que el caso estuviera cerrado y que la forma en que se había gestionado el proceso había provocado una pérdida fundamental de confianza en el liderazgo de Infantino. También se registró oposición fuera de Europa, incluidas las reacciones de la Confederación Asiática de Fútbol y la Concacaf, lo que redujo la posibilidad de que la propuesta obtuviera la mayoría necesaria.

Por qué el proceso de toma de decisiones provocó tanta oposición

La mayor parte de la resistencia institucional no se debía únicamente a la idea de una inversión privada, sino a la impresión de que el proyecto se había preparado sin los mecanismos habituales de supervisión. La Federación Inglesa de Fútbol anunció el 29 de julio que, antes de la publicación de las informaciones en los medios, no tenía conocimiento de la propuesta ni disponía de información básica sobre sus condiciones y obligaciones. Ese mismo día, la UEFA comunicó que la FIFA había fijado a las federaciones nacionales un plazo para apoyar la propuesta, con la posibilidad de retirar una oferta financiera única si no se pronunciaban a tiempo. Los críticos interpretaron este enfoque como una forma de presión sobre los miembros que dependen de los fondos de desarrollo de la FIFA. Las federaciones pequeñas y económicamente más débiles eran especialmente vulnerables, ya que las cantidades prometidas podían modificar de forma sustancial sus presupuestos, infraestructuras y programas de selecciones nacionales.

Cada una de las 211 federaciones nacionales dispone de un voto en el Congreso de la FIFA, independientemente del tamaño de su mercado o de sus resultados deportivos. Este modelo garantiza la representación mundial, pero concede una gran importancia política a la distribución de fondos. Los críticos advierten de que las asignaciones elevadas e iguales pueden consolidar el apoyo a la dirección actual, mientras que la FIFA sostiene que las inversiones son necesarias en países sin grandes ingresos procedentes de los derechos televisivos y los patrocinios. Por tanto, la controversia en torno a FFE vinculó una política legítima de desarrollo con la cuestión de cómo se solicita el apoyo político de las federaciones miembro.

Otro problema era el alcance de los derechos concentrados en la nueva empresa. Según los documentos de la FIFA, FFE agruparía los derechos de las competiciones masculinas, femeninas y juveniles, así como la ejecución operativa de los acontecimientos, incluidos los ingresos procedentes de las retransmisiones, los patrocinios, las licencias, las entradas y los paquetes de hospitalidad. Los críticos exigieron respuestas sobre los derechos de los inversores, las cláusulas de salida, la duración de las obligaciones y la protección frente a la futura venta de participaciones adicionales. Según la información disponible, estos detalles no se habían presentado públicamente con la amplitud necesaria para permitir una evaluación independiente completa.

Crisis de liderazgo ante las elecciones de 2027

La pérdida abierta de confianza de la UEFA llega en un momento políticamente delicado para Infantino. Las elecciones presidenciales de la FIFA deberían celebrarse en el Congreso de Rabat en marzo de 2027 y, antes de que estallara el escándalo, Infantino parecía encaminarse hacia otro mandato sin un rival serio. Según un informe de The Guardian, ya había reunido más de 200 cartas de apoyo de federaciones nacionales, aunque esos respaldos pueden retirarse antes de que finalice el plazo de presentación de candidaturas en noviembre de 2026. La UEFA no ha exigido formalmente su dimisión inmediata, pero el mensaje de que la dirección ha perdido su confianza abre espacio para un candidato rival y para una actuación coordinada de las confederaciones descontentas. Por ahora no está claro si la oposición se convertirá en una verdadera mayoría electoral, porque Infantino todavía cuenta con una sólida red de apoyo entre las federaciones que durante su mandato recibieron fondos de desarrollo considerablemente mayores.

Infantino dirige la FIFA desde febrero de 2016, cuando fue elegido después de la mayor crisis de corrupción de la historia de la organización. Su mandato se ha caracterizado por el crecimiento de los ingresos, el aumento de las asignaciones para el desarrollo y la expansión de las principales competiciones, incluida una Copa del Mundo con 48 selecciones nacionales. Al mismo tiempo, se han repetido las críticas por la centralización de la toma de decisiones, las estrechas relaciones con dirigentes políticos y la insuficiente participación de confederaciones, ligas, clubes y jugadores en las decisiones que modifican el calendario mundial. La crisis actual demuestra que las normas formales por sí solas no pueden eliminar un problema político si miembros clave consideran que fueron apartados de las decisiones relativas a los activos más valiosos de la organización.

También es importante que el conflicto se produjera inmediatamente después de la Copa del Mundo de 2026 celebrada en Estados Unidos, Canadá y México, un torneo que la FIFA presentó como un éxito comercial y organizativo. En lugar de que el final de la competición reforzara la posición de Infantino, la propuesta de FFE planteó la cuestión de si el crecimiento de los ingresos se había vuelto más importante que el consenso institucional. La UEFA y las federaciones que se están sumando a ella quieren ahora un debate sobre cómo deberían distribuirse los fondos de la FIFA sin ceder una parte de los ingresos futuros a inversores privados. La organización europea anunció que trabajaría con sus socios en un nuevo modelo de distribución a través del programa FIFA Forward ya existente. Su argumento es que una parte de las grandes reservas financieras puede destinarse inmediatamente a infraestructuras, fútbol femenino, desarrollo juvenil, entrenadores y competiciones sin crear una estructura comercial que vincule a la FIFA con inversores durante décadas.

Qué debería abarcar la revisión anunciada

Para recuperar la confianza de manera creíble no bastará con determinar quién presentó públicamente la propuesta. Una revisión independiente debería aclarar quién encargó la valoración financiera, cuándo comenzaron las conversaciones con posibles inversores, qué órganos de la FIFA recibieron informes y si se respetaron las normas sobre conflictos de intereses y confidencialidad. También debería examinar el papel del presidente, la secretaria general, los miembros del Consejo de la FIFA, los asesores externos y las instituciones financieras que participaron en la preparación del proyecto. Asimismo, es importante determinar si las federaciones recibieron información completa y si la vinculación de la financiación para el desarrollo con un breve plazo para prestar apoyo era compatible con los principios de una toma de decisiones justa. Sin la publicación de los documentos clave, una revisión interna podría parecer un intento de calmar la crisis en lugar de una verdadera determinación de responsabilidades.

Por el momento, la FIFA no ha anunciado que vaya a iniciar una investigación externa. En su declaración sobre la retirada del proyecto, Infantino destacó la necesidad de unidad y de continuar invirtiendo en los países donde más se necesita la ayuda, pero no respondió a las exigencias de responsabilidad personal e institucional. La UEFA, por su parte, afirma que cooperará con las federaciones nacionales y otras confederaciones para impedir que un proceso similar pueda repetirse. Esto podría conducir a propuestas de normas más estrictas para la venta o transferencia de derechos comerciales, la publicación previa obligatoria de los documentos de inversión, plazos de consulta más largos y evaluaciones independientes de las grandes transacciones. Estas reformas tendrían consecuencias mucho más allá de este caso, porque definirían los límites entre la gobernanza deportiva y el capital privado durante un periodo de rápido crecimiento del valor de los derechos audiovisuales.

La retirada de FIFA Forward Enterprise evitó la posibilidad inmediata de un boicot y de un grave conflicto institucional en torno a las futuras competiciones de la FIFA. Sin embargo, el daño político no desapareció junto con la propuesta. Por primera vez, la UEFA cuestionó de forma tan directa la confianza en la dirección de Infantino, mientras que el apoyo de la Federación Inglesa, la KNVB y otras organizaciones demuestra que el debate ya no se limita a una única idea financiera. En el centro del conflicto se encuentran ahora la forma en que se gobierna la FIFA, la transparencia de las decisiones y la responsabilidad ante las federaciones, los jugadores, los clubes y los aficionados. Los próximos pasos - una revisión independiente, una posible modificación de las normas y el posicionamiento político ante las elecciones de 2027 - mostrarán si la retirada del plan fue el verdadero comienzo de una reforma o únicamente una respuesta temporal a la presión.

Fuentes:
- FIFA - declaración oficial de Gianni Infantino sobre la retirada de la propuesta FIFA Forward Enterprise (enlace)
- FIFA - presentación oficial de la estructura financiera, la valoración y la financiación prevista para el desarrollo (enlace)
- FIFA - aclaraciones sobre la propiedad, el control y las consultas relativas al proyecto FFE (enlace)
- UEFA - comunicado oficial sobre la oposición al plan y el plazo impuesto a las federaciones nacionales (enlace)
- UEFA - reacción inicial a la propuesta de vender una participación en los derechos comerciales de la FIFA (enlace)
- The Football Association - declaración de que la federación no había sido informada de la propuesta antes de la publicación de las informaciones en los medios (enlace)
- The Guardian - informe sobre la pérdida de confianza de la UEFA, las reacciones de las federaciones y las consecuencias políticas para la FIFA (enlace)
- talkSPORT - informe sobre el apoyo de la Federación Inglesa de Fútbol a la petición de revisar la dirección y la gobernanza de la FIFA (enlace)
- Reuters - informe sobre la retirada del plan, la oposición de las confederaciones y las exigencias de transparencia (enlace)

Nota: En la elaboración de este contenido se han utilizado herramientas de inteligencia artificial. El contenido ha sido revisado editorialmente antes de su publicación.

Etiquetas UEFA FIFA Gianni Infantino investigación gobernanza del fútbol FIFA Forward Enterprise política deportiva

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