La Concacaf acusa a Infantino de una grave deficiencia de gestión y exige una revisión exhaustiva de la dirección de la FIFA
Tras la retirada del proyecto FIFA Forward Enterprise, la Concacaf formuló una de las críticas públicas más duras contra el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, desde que asumió la dirección del organismo rector del fútbol mundial en 2016. La Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, que reúne a 41 federaciones nacionales, consideró que el plan para fundar una nueva empresa comercial e involucrar a inversores privados había avanzado al margen de los mecanismos de gestión establecidos, sin la transparencia, las consultas ni el procedimiento reglamentario necesarios. En un comunicado publicado el 1 de agosto de 2026, la Concacaf afirmó que un proyecto de tal magnitud no podía haber llegado accidentalmente a la fase final y que los acontecimientos indicaban la existencia de un problema más amplio en la manera de dirigir la FIFA. Por ello, la confederación exigió un examen integral de la responsabilidad, los procesos de gestión y la propia presidencia, y anunció que sus representantes plantearían estas cuestiones en el Consejo de la FIFA y en otros órganos previstos por los Estatutos. Al mismo tiempo, la UEFA anunció que la actual dirección de la FIFA había perdido su confianza y que no debía descartarse de antemano ninguna posibilidad al determinar los próximos pasos.
El conflicto estalló a causa de la propuesta de crear dentro de la FIFA la empresa FIFA Forward Enterprise, abreviada como FFE, que concentraría los derechos comerciales y la gestión operativa de las competiciones propiedad de la FIFA. Según la presentación oficial del organismo mundial, la nueva empresa abarcaría los derechos televisivos y de patrocinio, las licencias, la venta de entradas, los programas de hospitalidad y las tareas organizativas relacionadas con los Mundiales y otros torneos de la FIFA. El plan preveía captar hasta 4.200 millones de dólares estadounidenses mediante la venta de participaciones minoritarias sin poder de control, con una valoración inicial de la empresa de 20.000 millones de dólares. La FIFA sostenía que conservaría el control absoluto sobre las reglas del fútbol, el calendario, las competiciones y todas las decisiones regulatorias. Sin embargo, los opositores no aceptaron la garantía de que la conservación formal del control fuera suficiente para asegurar que el capital privado no influiría a largo plazo en las prioridades de las competiciones de fútbol más importantes del mundo.
El proyecto de 20.000 millones de dólares fue retirado después de solo unos días
La FIFA presentó públicamente la propuesta el 28 de julio de 2026, afirmando que FFE permitiría aumentar considerablemente la inversión en el desarrollo del fútbol. Según el comunicado publicado entonces por la organización, cada uno de sus 211 miembros podría recibir 20 millones de dólares a través del programa FIFA Forward entre 2027 y 2030, en lugar de los ocho millones previstos anteriormente, mientras que un programa separado, FIFA Fast Forward, contemplaba la posibilidad de otorgar 20 millones de dólares adicionales para proyectos especiales. La FIFA calculaba que la financiación total para el desarrollo a lo largo de varios ciclos podría superar los diez mil millones de dólares. Infantino describía el proyecto como una oportunidad para construir estadios y centros de entrenamiento, mejorar las infraestructuras, desarrollar el fútbol femenino y crear mayores oportunidades para los jugadores jóvenes. La organización también subrayaba que la propuesta no se aplicaría sin el apoyo de la mayoría de las federaciones nacionales y la aprobación del Consejo de la FIFA.
Esa explicación no tranquilizó a las confederaciones. Ya el 29 de julio, la Concacaf anunció que había conocido los detalles a través de informaciones de los medios de comunicación y de un comunicado posterior de la FIFA, algo que describió como motivo de profunda preocupación. Un día después, los presidentes de sus 41 federaciones, junto con la dirección de la confederación y los miembros del Consejo de la FIFA de esa región, rechazaron la propuesta. En una declaración conjunta, advirtieron de la ausencia del procedimiento reglamentario, de un plazo de decisión artificialmente reducido y del hecho de que los órganos de gestión pertinentes no habían realizado previamente ninguna revisión ni concedido su aprobación. También plantearon la pregunta de por qué era necesario el capital privado después de un Mundial extraordinariamente exitoso desde el punto de vista financiero y en un momento en que la FIFA disponía de grandes reservas.
La presión se extendió rápidamente más allá de la Concacaf. Las 55 federaciones nacionales de la UEFA rechazaron el proyecto por unanimidad, mientras que la Confederación Asiática de Fútbol advirtió que las decisiones con posibles consecuencias a largo plazo debían prepararse mediante consultas oportunas, transparentes y sustanciales. Según un informe de Associated Press, las federaciones europeas estaban dispuestas a boicotear las competiciones de la FIFA si el plan continuaba, lo que también amenazaba su viabilidad comercial. Dentro de la propia FIFA aparecieron graves fracturas: el asesor principal de Infantino, Carlos Cordeiro, presentó su dimisión, mientras que el director de operaciones Kevin Lamour afirmó públicamente que se trataba del proyecto de una sola persona e instó a los dirigentes del fútbol a tomar las decisiones correspondientes. En esas circunstancias, la FIFA anunció el 31 de julio que el proyecto no seguiría adelante.
En una declaración oficial, Infantino señaló que el objetivo había sido fortalecer a las federaciones nacionales y el desarrollo del fútbol, especialmente en los países que más necesitaban ayuda. Añadió que, después de considerar todas las posiciones, había quedado claro que la propuesta había provocado divisiones que ya no favorecían el objetivo original. Anunció una nueva reunión de las partes interesadas y la continuación de las conversaciones sobre el crecimiento del fútbol en todo el mundo. Esa decisión detuvo el proyecto, pero no puso fin a la crisis política, porque la UEFA y la Concacaf declararon inmediatamente que la mera retirada del plan no era suficiente y que debía determinarse cómo la propuesta había podido avanzar tanto.
La Concacaf exige responsabilidades, no solo la retirada de la propuesta
En un segundo comunicado, publicado después de que la FIFA abandonara el proyecto, la Concacaf celebró la retirada de FFE, pero destacó que los acontecimientos habían revelado un problema que ya no podía ignorarse. La confederación afirmó que el futuro del Mundial, que describe como el mayor activo del fútbol mundial, había sido examinado fuera del marco de gestión establecido. Según su valoración, se trató de un acto unilateral y extremadamente deficiente de gestión que encajaba en un patrón de errores anteriores. La Concacaf también subrayó que la FIFA no era una empresa privada, sino una institución confiada a sus dirigentes para ser gestionada en interés del fútbol y de sus miembros, por lo que la responsabilidad de las personas que ocupan cargos de dirección no podía ser opcional.
Es especialmente importante el anuncio de que los miembros del Consejo de la FIFA procedentes de la Concacaf actuarán directamente y a través de ese órgano para que las cuestiones de gestión, responsabilidad y dirección sean examinadas de conformidad con los Estatutos de la FIFA. El Consejo es el principal órgano de decisión entre las sesiones del Congreso y cuenta con 37 miembros, incluidos el presidente, ocho vicepresidentes y otros 28 representantes. La Concacaf no describió en el comunicado ninguna medida institucional predeterminada ni publicó una solicitud concreta de destitución, pero al utilizar la expresión «un ajuste de cuentas integral con esta presidencia» dejó claro que esperaba mucho más que un análisis técnico de un proyecto empresarial fallido. La confederación también anunció que buscaría una forma de dirigir una parte de las reservas de la FIFA a sus miembros a través del programa FIFA Forward existente, sin vender participaciones a inversores privados.
Esta posición vincula la cuestión de la gestión con el debate sobre la distribución del dinero. La UEFA afirma que la FIFA dispone de reservas superiores a cinco mil millones de dólares y que los fondos destinados al desarrollo no necesitan obtenerse mediante la venta de una parte de la estructura comercial. La confederación europea anunció que colaboraría con sus socios en un nuevo modelo de distribución a través del programa FIFA Forward ya existente. La Concacaf presentó una idea similar, exigiendo que el capital disponible se utilice para desarrollar el fútbol en sus federaciones miembros, pero sin crear obligaciones a largo plazo con inversores externos. De este modo, la disputa ya no se refiere únicamente a quién sabía de FFE y cuándo, sino también a la cuestión fundamental de si la FIFA debe financiar el desarrollo con sus propios ingresos y reservas o abrir parcialmente sus derechos comerciales al capital privado.
La UEFA anuncia que ha perdido la confianza en la actual dirección
El 1 de agosto, la UEFA celebró el abandono de la venta de participaciones en las competiciones de la FIFA, pero anunció que la confianza en la actual dirección se había visto gravemente dañada. En un comunicado oficial, declaró que el fútbol mundial no podía gestionarse mediante planes secretos, plazos acelerados y un círculo poco claro de personas implicadas en su preparación. Exigió la identificación de los responsables y una investigación exhaustiva de cómo se originó todo el caso, añadiendo que en esa revisión no debía excluirse ninguna posibilidad. La UEFA afirmó que la actual dirección de la FIFA había perdido no solo la confianza de la confederación europea, sino también la de numerosos miembros de la comunidad internacional del fútbol.
La organización europea recordó especialmente las promesas de Infantino de 2016, cuando durante su campaña a la presidencia hablaba de transparencia y destacaba que el dinero de la FIFA pertenecía a las federaciones nacionales. La UEFA sostiene ahora que esas promesas no se han cumplido. Describió el proyecto como un acuerdo opaco preparado a puerta cerrada y afirmó que su retirada representaba una victoria para el fútbol, pero no el final de la historia. Según su posición, la siguiente tarea consiste en recuperar la confianza en la FIFA y crear mecanismos que impidan que vuelva a repetirse un procedimiento similar.
También llegaron críticas desde algunas federaciones nacionales. Reuters informó de que la federación neerlandesa había hablado de un deterioro fundamental de la confianza, mientras que el presidente de la Federación Alemana de Fútbol, Bernd Neuendorf, acusó a Infantino de actuar de forma unilateral y poco transparente. El presidente de La Liga española, Javier Tebas, fue un paso más allá y exigió la dimisión de Infantino, afirmando que el problema no era únicamente una propuesta, sino un modelo de gestión que concentra el poder y debilita los mecanismos de control. Por otro lado, el apoyo al presidente de la FIFA no ha desaparecido por completo: según Reuters, dirigentes de Qatar y Marruecos celebraron la retirada del proyecto, pero volvieron a expresar su respaldo a Infantino. Por ello, todavía no es posible determinar hasta qué punto las críticas de las confederaciones pueden convertirse en la mayoría necesaria para un cambio político.
La crisis llega antes de las elecciones presidenciales de 2027
El momento en que ha estallado el conflicto es especialmente delicado porque la FIFA se está preparando para unas elecciones presidenciales. En el Congreso de Vancouver del 30 de abril de 2026, Infantino anunció oficialmente su candidatura a un nuevo mandato. Las elecciones se celebrarán el 18 de marzo de 2027 durante el 77.º Congreso de la FIFA en Rabat, y el plazo para presentar candidaturas vence el 18 de noviembre de 2026, exactamente cuatro meses antes de la votación. Cada uno de los 211 miembros de la FIFA dispone de un voto y, si hay varios candidatos, se necesitarían al menos 106 votos para obtener la mayoría. Tras su primera elección en 2016, Infantino fue reelegido sin rival en 2019 y 2023, por lo que hasta hace poco también se consideraba muy probable que lograra un nuevo mandato.
La crisis actual plantea por primera vez antes del plazo de presentación de candidaturas la cuestión de si aparecerá un rival creíble. La Concacaf no ha anunciado que su presidente Victor Montagliani ni ningún otro dirigente tenga la intención de participar en la contienda, por lo que esas posibilidades siguen siendo por ahora objeto de cálculos políticos y no candidaturas oficiales. Sin embargo, la oposición pública de la Concacaf y la UEFA modifica el equilibrio, porque ambas confederaciones reúnen conjuntamente a un gran número de federaciones y mercados influyentes. La crítica adquiere un peso adicional por el hecho de que también se haya sumado la confederación asiática, que anteriormente apoyaba con frecuencia las iniciativas de Infantino. Si la confianza no se recupera antes de noviembre, el proceso de presentación de candidaturas podría convertirse en la primera medida concreta de la profundidad de la rebelión dentro de la FIFA.
Al mismo tiempo, no es seguro que las federaciones voten como bloques continentales unificados. Las federaciones nacionales tienen sus propios intereses, necesidades de desarrollo y relaciones con la dirección de la FIFA, mientras que los fondos prometidos por el programa Forward han sido tradicionalmente una parte importante de la política mundial del fútbol. Infantino puede destacar el crecimiento de los ingresos y las mayores inversiones realizadas durante su mandato, mientras que sus opositores pondrán el acento en el proceso de toma de decisiones, la concentración de poder y la falta de supervisión. Precisamente por ello, el debate sobre cómo financiar el desarrollo del fútbol probablemente será tan importante como el conflicto personal en torno al presidente. Las promesas financieras ya no podrán separarse de las preguntas sobre quién toma las decisiones, bajo qué supervisión y después de qué consultas.
Qué ocurrirá después de la retirada de FIFA Forward Enterprise
En el periodo inmediato se espera un debate institucional en el Consejo de la FIFA, conversaciones entre las confederaciones y presión para que se publique información adicional sobre la preparación de FFE. Las cuestiones clave incluyen la identidad y el papel de los asesores y posibles inversores, el proceso de aprobación del proyecto, los análisis jurídicos y financieros que lo precedieron y las razones por las que las confederaciones afirman que no fueron involucradas a tiempo. Antes de la retirada, la FIFA sostenía que se trataba únicamente del inicio de un proceso de consultas y que las informaciones de los medios habían alterado la secuencia prevista de las conversaciones. La Concacaf y la UEFA, en cambio, consideran que el grado de elaboración y los plazos ofrecidos demuestran que el proyecto no era una simple idea preliminar.
Igualmente importante será la cuestión del desarrollo del fútbol tras el fracaso del plan. La FIFA presentaba FFE como una manera de aumentar considerablemente los fondos destinados a infraestructuras, selecciones nacionales, fútbol femenino y programas juveniles. Los opositores al proyecto deben demostrar ahora que puede garantizarse un nivel de apoyo comparable mediante las reservas, los ingresos ordinarios y un modelo modificado del programa FIFA Forward. La UEFA y la Concacaf ya han anunciado que trabajarán en ese enfoque, pero todavía no se han acordado cantidades, criterios ni plazos concretos. El futuro modelo deberá responder simultáneamente a las demandas de las federaciones más pobres de recibir mayores inversiones y a las exigencias de un control más estricto del uso del dinero común.
La retirada de FFE eliminó la posibilidad inmediata de vender una participación minoritaria, pero abrió una disputa más amplia sobre la legitimidad y los límites del poder presidencial dentro de la FIFA. La Concacaf afirmó en su comunicado que la responsabilidad debía abarcar a las personas, los procesos y la dirección, mientras que la UEFA exige una reforma profunda y la recuperación de la confianza. Infantino permanece en el cargo y continúa preparando las elecciones de 2027, pero el periodo en que su reelección parecía casi una formalidad ha terminado. Los próximos meses mostrarán si la rebelión concluye con normas más estrictas y un nuevo modelo de distribución de fondos o si se convierte en una lucha abierta por la dirección del fútbol mundial.
Fuentes:
- Concacaf – comunicado sobre la retirada del proyecto FIFA Forward Enterprise y la exigencia de examinar la gestión, la responsabilidad y la dirección (enlace)
- UEFA – comunicado oficial sobre la pérdida de confianza en la actual dirección de la FIFA y el anuncio de una revisión exhaustiva (enlace)
- FIFA – declaración de Gianni Infantino sobre la retirada de la propuesta tras las divisiones provocadas por el proyecto (enlace)
- FIFA – presentación oficial de la estructura financiera y organizativa de la propuesta FIFA Forward Enterprise (enlace)
- Associated Press – informe sobre las reacciones de las confederaciones, la oposición interna en la FIFA y el calendario electoral de 2027 (enlace)
- Reuters – resumen de las reacciones políticas, los apoyos y las críticas tras la retirada del proyecto (enlace)
- FIFA – confirmación de la fecha y el lugar del 77.º Congreso de la FIFA y de las elecciones presidenciales en Rabat el 18 de marzo de 2027 (enlace)