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Turismo sin efectivo en Europa: crece la comodidad de las tarjetas, pero también las barreras para los visitantes y las pequeñas empresas

Descubre por qué cada vez más aeropuertos, estadios y festivales imponen la regla de “solo tarjetas” y qué significa para tu presupuesto y tu sensación de bienvenida. Ofrecemos un resumen de costes, posibles bloqueos y comisiones ocultas, y del debate sobre el derecho al efectivo en la zona euro que siguen el BCE y la UE. Especialmente para familias, personas mayores y viajeros de países donde el efectivo es dominante.

Turismo sin efectivo en Europa: crece la comodidad de las tarjetas, pero también las barreras para los visitantes y las pequeñas empresas
Photo by: Domagoj Skledar - illustration/ arhiva (vlastita)

Turismo sin efectivo: cuando la comodidad decide quién puede viajar — y quién queda excluido

Mientras las recepciones de hoteles, los aeropuertos, los estadios y los festivales de verano se pasan cada vez más rápido a las tarjetas y a los monederos móviles, lo “cashless” ya no es solo una tendencia tecnológica, sino también una cuestión de acceso. Para una parte de los visitantes, el pago digital significa colas más cortas, menos preocupaciones con las casas de cambio y transacciones más seguras. Para otros, se convierte en un obstáculo que da forma al itinerario, el presupuesto y la impresión del destino: desde el primer contacto en el aeropuerto hasta el último café en el centro de la ciudad. Cada vez ocurre más que el viajero se entera solo en el lugar de que en determinadas ubicaciones no se acepta efectivo en absoluto o de que lo aceptan solo “de forma excepcional”, con pasos adicionales y espera.

El cambio suele justificarse por un servicio más rápido, un menor riesgo de robo y una gestión más sencilla del volumen de ventas y la contabilidad. Pero las consecuencias son más amplias: comisiones adicionales, peores tipos de cambio, exposición a bloqueos de tarjetas y pérdida de flexibilidad para familias, personas mayores y visitantes de países donde el efectivo sigue siendo dominante. En el turismo, donde cada pequeña transacción forma parte de la experiencia, una barrera “invisible” puede decidir si el visitante gastará más o si renunciará y buscará una alternativa. Cuando pagar se convierte en un problema, deja de ser un detalle técnico y pasa a formar parte de la imagen de si el destino es acogedor… o si parece que introduce filtros.

Qué significa “cashless” en el turismo y por qué se está extendiendo

En su forma más simple, “cashless” significa que un servicio en un lugar determinado no acepta dinero físico. En el turismo, este modelo aparece en varias variantes, y cada una conlleva consecuencias diferentes para el consumidor:
  • Totalmente sin efectivo – taquillas, quioscos, establecimientos de hostelería o transportistas aceptan solo tarjetas y monederos digitales, sin posibilidad de pagar con billetes y monedas.
  • Modelo híbrido – el efectivo se acepta formalmente, pero es “indeseable”: menos cajas, horario limitado, servicio más lento o menor disponibilidad de cambio, por lo que en la práctica se orienta al cliente hacia la tarjeta.
  • Sistemas cerrados – en festivales y eventos el consumo se realiza mediante tarjetas o pulseras precargadas, a veces con conversión a una “moneda virtual” y reglas de reembolso que no siempre son intuitivas.
Las razones por las que la industria se orienta a los pagos digitales son claras: acelerar el servicio, facilitar la gestión de inventario, reducir los costes de manejo de efectivo y mejorar el control de ingresos en condiciones de un gran número de compras. En la industria de eventos y en instalaciones deportivas, un motivo adicional es la fluidez: colas más rápidas significan más ventas en poco tiempo, lo que se traduce directamente en mayores ingresos para organizadores y concesionarios. En aeropuertos y transporte, los argumentos suelen vincularse a la seguridad y a la estandarización de procesos, y en hostelería a un cierre de caja más simple y menos errores operativos. El problema surge cuando se ignora que el turismo, por definición, reúne a personas con hábitos distintos, servicios bancarios distintos y niveles distintos de alfabetización digital.

Europa paga cada vez más en digital, pero el efectivo sigue estando muy presente

La tendencia de digitalización es evidente, pero las estadísticas europeas muestran que el efectivo sigue siendo parte de la vida cotidiana. El Banco Central Europeo, en su estudio sobre las actitudes de pago de los consumidores (SPACE 2024), registra la continuidad del cambio hacia pagos digitales, especialmente en el entorno online. Aun así, en los puntos de venta de la zona euro, el efectivo en 2024 seguía siendo el método de pago más utilizado: se usó en el 52% de las transacciones POS, una caída frente al 59% en 2022. En el valor de las transacciones, las tarjetas tienen un papel más importante, lo que apunta a un patrón sencillo: los importes más altos se pagan más a menudo en digital, mientras que las cantidades pequeñas aún se cierran con frecuencia en efectivo.

Una imagen similar la ofrece la investigación sobre la aceptación del efectivo entre empresas de la zona euro. El BCE indica que la aceptación de efectivo entre 2021 y 2024 cayó del 96% al 88%, explicando que los consumidores pagan en efectivo con menos frecuencia y que parte del negocio adapta sus procesos a esa tendencia. Al mismo tiempo, la gran mayoría de las empresas que aún aceptan efectivo pretende continuar con esa práctica, lo que muestra que el efectivo sigue cumpliendo la función de “red de seguridad” en las transacciones diarias. En zonas turísticas, esto puede generar tensión: el visitante espera poder pagar como en casa, mientras que en el lugar se le comunica que las “reglas del juego” ya no incluyen billetes y monedas.

Quién siente más la regla de “solo tarjetas”

En el turismo, la desigualdad rara vez se ve a primera vista, pero se siente rápido en la caja. Lo “cashless” suele afectar a varios grupos, y no solo a los viajeros, sino también a parte de la población local que depende de la infraestructura turística:
  • Viajeros de países “cash-based” – visitantes que llegan con efectivo o con tarjetas que no funcionan de manera fiable en el extranjero, así como quienes no tienen acceso a transacciones internacionales económicas.
  • Familias y viajeros con presupuesto fijo – el efectivo suele ser una herramienta de control del gasto; en un entorno digital de microcompras constantes es más fácil “perder la cuenta” de cuánto dinero ya se ha ido.
  • Personas mayores y quienes tienen menor alfabetización digital – parte de ellas viaja, parte vive en zonas turísticas y depende de tiendas, transporte y servicios que se digitalizan.
  • Pequeños empresarios – negocios estacionales y arrendadores que deben invertir en terminales y pagar comisiones, o arriesgarse a perder parte de los clientes que prefieren la tarjeta.
  • Viajeros sin internet estable o con la batería agotada – el monedero digital y las aplicaciones dependen del dispositivo, la energía y la red, y las aglomeraciones y los viajes a menudo significan justamente lo contrario.
El problema también es operativo, no solo una cuestión de hábito. Las tarjetas pueden bloquearse por normas de seguridad del banco, las transacciones pueden marcarse como sospechosas, y los pagos móviles dependen de la autenticación y a veces de verificaciones adicionales. En esas situaciones, el efectivo es el plan de respaldo más simple: funciona cuando la señal es débil, cuando el dispositivo está con poca batería o cuando el sistema no responde temporalmente. Cuando un destino elimina por completo ese plan de respaldo, el viajero puede quedarse sin forma de pagar justo en el momento en que más la necesita: en el transporte público, al entrar a un evento, en un restaurante después de un viaje largo o al comprar suministros básicos.

Del aeropuerto al festival: dónde se ve más rápido el cambio

Aeropuertos y aerolíneas

Para el viajero, el primer contacto con el destino es clave: el aeropuerto y el sistema de transporte. Si allí no se puede pagar en efectivo —por ejemplo, una tasa, un servicio o equipaje adicional— el visitante debe apoyarse de inmediato en la tarjeta. Delta Air Lines señala en un aviso oficial que, a partir del 19 de mayo de 2025, más ubicaciones en mercados internacionales se vuelven “cashless” y dejan de aceptar efectivo. El viajero que no conoce las normas puede encontrarse con un problema muy práctico: no se trata de si quiere pagar en digital, sino de si puede completar la transacción en el momento en que necesita el servicio.

Estadios, pabellones y grandes eventos

Los recintos deportivos y de conciertos pasan cada vez más a ventas “cashless” de comida y bebida, con el argumento de que se reducen las colas y aumenta la eficiencia. Algunos recintos intentan mitigar el problema introduciendo dispositivos “reverse ATM”, donde el efectivo se convierte en una tarjeta prepago válida dentro del recinto. Aunque esto permite formalmente gastar, expone al visitante a pasos adicionales y hace el gasto menos transparente, porque el dinero primero cambia de forma y solo después se gasta. En la multitud antes de que empiece el partido o el concierto, ese “paso extra” a menudo significa renunciar a la compra, lo contrario del argumento oficial de una “mejor experiencia”.

Festivales y “monedas” cerradas en pulseras

Una historia aparte son los festivales que, junto con lo “cashless”, introducen sus propios sistemas de cobro: tokens, monedas digitales y pulseras. The Brussels Times, en una revisión de la escena festivalera belga, describe cómo esos sistemas pueden ser complejos para los usuarios y recoge advertencias de actores de consumo sobre transparencia, normas de reembolso y posibles pérdidas por redondeos o comisiones. Para los turistas, esto significa una capa adicional de incertidumbre: ya no pagan en euros ni con una transacción estándar con tarjeta, sino en un sistema que deben aprender en el lugar, a menudo bajo la presión de las aglomeraciones. En la práctica, el visitante puede darse cuenta solo después del evento de que le quedó un saldo sin usar o de que el reembolso es complicado.

Si el efectivo es un derecho y dónde entra la política

El debate sobre el efectivo en Europa supera el marco de los hábitos de consumo y entra en la regulación. La Comisión Europea presentó en 2023 una propuesta de reglamento para reforzar el estatus del euro en efectivo como medio de pago de curso legal. El documento señala que el concepto de curso legal, tal como lo interpreta el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, incluye una norma general según la cual el efectivo en euros debería aceptarse, con excepciones limitadas y justificadas. El BCE, dentro de su estrategia de efectivo, subraya el objetivo de que el acceso al efectivo y la aceptación del efectivo en euros estén garantizados legalmente en toda la zona euro, precisamente porque la infraestructura de efectivo puede ir reduciéndose en silencio.

Noruega, aunque fuera de la UE, ofreció un ejemplo claro de cómo un Estado puede intervenir. Norges Bank indica que en junio de 2024 se aprobó una modificación legal que aclara el derecho del consumidor: en los locales de venta donde una empresa vende de forma regular bienes o servicios a consumidores, se debe ofrecer al consumidor la posibilidad de pagar con un medio de pago de curso legal si es posible pagar también con otras soluciones en o en conexión inmediata con el local de venta. Esta norma intenta evitar que lo digital se convierta en la única puerta de entrada al mercado, y al mismo tiempo no prohíbe los métodos digitales, sino que introduce la obligación de elección.

Al mismo tiempo, el debate también se da en países que durante mucho tiempo fueron vistos como laboratorios de una sociedad sin efectivo. The Guardian, en un análisis del caso sueco, describió cómo, junto con una digitalización casi total de los pagos, se destacan cada vez más argumentos de seguridad y resiliencia, incluida la necesidad de que el efectivo siga disponible como reserva en crisis y cortes de los sistemas digitales. En esas circunstancias, el efectivo adquiere una nueva función: no es solo un medio de pago, sino también parte de una infraestructura que permite la continuidad de la vida y de la economía.

El coste de la comodidad: comisiones, tipos de cambio y pérdidas ocultas

Para el consumidor, lo “cashless” a menudo no es gratis, incluso cuando se presenta como estándar. Si el viajero tiene que retirar efectivo y luego convertirlo en una tarjeta prepago o tokens de festival, pierde en varios niveles: comisión por retirada, conversión de divisa, posible comisión del sistema, además de redondeos y un importe no utilizado que es difícil de recuperar. En los pagos con tarjeta, un coste adicional puede ser la conversión dinámica de divisa (DCC) o las comisiones bancarias por transacciones en el extranjero, algo que el viajero a menudo no ve de inmediato, sino solo en el extracto. Es especialmente sensible cuando el turista es dirigido a la fuerza a un método de pago determinado, sin una alternativa real.

Para los pequeños empresarios turísticos, el cobro digital es un arma de doble filo. Las tarjetas aportan seguridad y reducen el riesgo de manejo de efectivo, pero implican comisiones y costes de equipamiento y, a veces, la obligación de contratar con intermediarios. En entornos estacionales y micronegocios, una diferencia de unos pocos puntos porcentuales puede notarse, especialmente cuando se trata de importes pequeños que son la base del gasto local. El resultado es segmentación: parte de la oferta sigue orientada al efectivo, parte se vuelve exclusivamente con tarjeta, y el turista elige lo que tiene disponible, no necesariamente la mejor oferta o la experiencia más auténtica.

Destinos que parecen abiertos y los que parecen cerrados

La sensación de bienvenida suele surgir de pequeños detalles: si puedes pagar agua en un quiosco, un billete de autobús, una entrada a un museo o una comida en un restaurante sin logística adicional. Cuando la respuesta es “no”, el destino puede percibirse como menos accesible, sobre todo para viajeros acostumbrados al efectivo o que viajan con un presupuesto limitado. El turismo no es solo alojamiento, sino una cadena de microtransacciones, y cada punto de esa cadena puede convertirse en un cuello de botella. Si un festival tiene un sistema cerrado de tokens, un estadio no acepta efectivo y el transporte exige una aplicación, el viajero tiene la impresión de que debe estar “equipado digitalmente” para poder participar en la oferta.

En ese sentido, lo “cashless” también es un riesgo reputacional. Un destino que quiere atraer a un público más amplio debe contar con distintos hábitos de pago y distintas posibilidades financieras. Eso no significa volver exclusivamente al efectivo, sino comprender cómo las reglas de cobro afectan a la percepción de accesibilidad. En un momento en que los destinos compiten por distintos perfiles de turistas, la inclusión financiera se convierte en parte de la competitividad al igual que la conectividad del transporte, la calidad del alojamiento o la oferta cultural. El pago es parte de la infraestructura de la hospitalidad: cuanto más simple y predecible sea, mayores son las probabilidades de que el visitante se sienta seguro y bienvenido.

Cómo reducir la exclusión sin renunciar a lo digital

La práctica muestra que parte de los problemas puede mitigarse sin renunciar a las tarjetas. La clave está en el diseño del sistema y en informar con claridad a los visitantes:
  • Reglas claras antes de la llegada – los métodos de pago deben destacarse en los sitios oficiales, en las aplicaciones y en la entrada, para que el viajero pueda planificar y preparar una alternativa.
  • Alternativa sin smartphone – tarjetas prepago que se puedan comprar con efectivo sin procedimientos complejos, con comisiones claramente indicadas y mínimas.
  • Transparencia de conversiones y reembolsos – especialmente en sistemas cerrados de festivales, donde el consumidor debe conocer de antemano las condiciones de reembolso de fondos no utilizados.
  • Conservar el efectivo al menos para servicios básicos – el transporte público y el abastecimiento básico son puntos en los que la disponibilidad de métodos de pago puede decidir si el visitante se las arregla.
  • Planes para caídas del sistema – escenarios offline en caso de caída de red o de electricidad, en los que el efectivo es la válvula de seguridad más simple.
Las instituciones de la zona euro hablan cada vez más abiertamente de la importancia del efectivo como opción, incluso mientras se expanden los pagos digitales. El BCE subraya la necesidad de que el acceso y la aceptación del efectivo en euros estén garantizados en toda la zona euro, y el ejemplo noruego muestra cómo el derecho del consumidor puede reforzarse directamente por ley. En el turismo, donde las diferencias de hábitos chocan en el mismo mostrador y la misma caja, ese enfoque puede ser un compromiso práctico: la tecnología puede acelerar el servicio, pero solo si deja espacio también para quienes el efectivo sigue siendo la forma de pago más fiable.

Fuentes:
  • European Central Bank – Study on the payment attitudes of consumers in the euro area (SPACE) 2024, datos sobre la cuota de efectivo y las tendencias de pago (link)
  • European Central Bank – Use of cash by companies in the euro area (survey 2024), tendencias de aceptación de efectivo en las empresas (link)
  • European Central Bank – Access to and acceptance of cash, contexto de la estrategia de efectivo y de la propuesta legislativa de la UE (link)
  • EUR-Lex – Propuesta de reglamento sobre el curso legal de los billetes y monedas en euros (COM/2023/364), interpretación del concepto de curso legal (link)
  • Norges Bank – “The right to pay cash”, aclaración del derecho del consumidor a pagar en efectivo (cambio de 2024) (link)
  • Delta Air Lines – aviso oficial sobre ubicaciones “cashless” y reglas de cobro en aeropuertos (link)
  • The Brussels Times – revisión de los sistemas “cashless” de festivales en Bélgica y cuestiones de transparencia para el consumidor (link)
  • The Guardian – análisis del replanteamiento sueco de un modelo casi sin efectivo y del argumento de resiliencia del sistema (link)

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Hora de creación: 3 horas antes

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