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Diez años de seguimiento radar de las capas de hielo polares: qué revelan los datos Sentinel-1 sobre Groenlandia y la Antártida

Descubre cómo la misión Copernicus Sentinel-1, durante una década de mediciones radar continuas, transformó la comprensión del movimiento del hielo en Groenlandia y la Antártida, por qué las velocidades de los glaciares son clave para proyectar el aumento global del nivel del mar y cómo los nuevos satélites y ROSE-L amplían las capacidades de seguimiento.

Diez años de seguimiento radar de las capas de hielo polares: qué revelan los datos Sentinel-1 sobre Groenlandia y la Antártida
Photo by: ESA/ArianeGroup/ ESA/ArianeGroup

Una década de visión radar del hielo polar: qué aporta Copernicus Sentinel-1

Diez años de mediciones continuas con los satélites Copernicus Sentinel-1 han aportado lo que a los glaciólogos les faltaba desde hacía años: una “película” estable, comparable y lo bastante detallada, y no solo una serie de fotografías inconexas, sobre cómo el hielo de Groenlandia y la Antártida se desplaza hacia el mar. Precisamente ese flujo de hielo –la velocidad a la que los glaciares y las capas de hielo “drenan” de la tierra al océano– es decisivo para comprender el futuro aumento del nivel del mar y para comprobar los modelos climáticos. En un estudio científico publicado en la revista Remote Sensing of Environment, los autores demostraron que los datos de Sentinel-1 hicieron posible el primer registro continuo, de alta resolución, de las velocidades del hielo en toda la extensión de las capas de hielo entre 2014 y 2024. Una serie así ayuda a separar las oscilaciones estacionales de corta duración de las tendencias a largo plazo, y a estimar con mayor precisión cuánto hielo se “entrega” al mar mediante la dinámica de los glaciares.

El trabajo se basa en un procesamiento avanzado de mediciones radar y se publicó como parte de una colección más amplia de artículos científicos dedicada al décimo aniversario de la misión Sentinel-1. El hecho de que se trate de una colección temática subraya el mensaje que los investigadores repiten desde hace años: sin series largas y homogéneas de datos, es difícil construir evidencias climáticas fiables. Cuando las mediciones se interrumpen o deben combinarse distintos sensores, aumenta el riesgo de que un cambio de método se interprete erróneamente como un cambio en la naturaleza. Por eso, una década de mediciones Sentinel-1 se trata cada vez más como una “infraestructura básica” para los análisis climáticos, tan importante como las redes de observación oceánica o las reanálisis meteorológicas. En regiones polares, donde las mediciones de campo no siempre son posibles, los satélites suelen seguir siendo el único modo sistemático de vigilar el territorio a gran escala.

Los satélites Sentinel-1 utilizan radar de apertura sintética (SAR) en banda C, lo que significa que “ven” a través de nubes, humo y la noche polar. Esto es una ventaja particular en áreas donde la observación óptica suele estar limitada por nubosidad persistente y falta de luz. Las imágenes SAR permiten repeticiones frecuentes de observación, y a partir de pares de imágenes se puede calcular cuánto se ha desplazado el hielo entre dos pasadas del satélite. En la práctica, esto abre la posibilidad de seguir con precisión aceleraciones y desaceleraciones de los flujos, así como cambios asociados a fracturación, desprendimiento de icebergs o daños en plataformas de hielo flotantes. La ESA, en sus panoramas de aplicaciones de Sentinel-1, destaca que el instrumento se ha convertido en un estándar también fuera de la ciencia, desde el seguimiento de inundaciones hasta la vigilancia marítima, pero en la criosfera su ventaja se hace especialmente evidente.

El primer registro continuo de velocidades del hielo a escala de continentes enteros

La novedad clave del trabajo publicado no es solo la longitud de la serie temporal, sino también la precisión espacial y la sistematicidad de la producción. Los mapas anuales operativos de velocidad del hielo, producidos en el marco del Copernicus Climate Change Service (C3S), se basan en adquisiciones repetidas de Sentinel-1 con intervalos de seis y 12 días. Los productos se entregan en una malla de unos 250 metros para Groenlandia y 200 metros para la Antártida, con componentes de velocidad por dirección, estimaciones de incertidumbre y el número de píxeles válidos en el cálculo. En la descripción del conjunto de datos se subraya que se trata de un producto europeo “state-of-the-art” para velocidades del hielo, destinado a series climatológicas de largo plazo. Esta resolución permite identificar tanto grandes corrientes de hielo como focos locales de aceleración que en mapas más gruesos permanecerían invisibles.

También es importante el marco temporal de los productos operativos. Para Groenlandia, en el Climate Data Store está disponible una serie anual desde 2014 en adelante, mientras que para la Antártida en el mismo conjunto de datos operativo se destaca la disponibilidad desde 2021 en adelante, con limitaciones de cobertura en áreas marginales donde existen adquisiciones repetidas. El estudio, sin embargo, muestra el potencial más amplio del archivo y la metodología: mediante procesamiento avanzado y el uso de un gran archivo radar, es posible construir mapas comparables para periodos más largos y analizar cambios a lo largo de la década. Esto es relevante porque la dinámica de las capas de hielo suele “romperse” precisamente en las zonas marginales, donde las interacciones con el océano y la topografía son más intensas. En esas zonas los cambios pueden ser rápidos, pero también muy heterogéneos espacialmente, por lo que un muestreo “denso” desde el aire o el espacio es clave para comprender los procesos.

Para la ciencia es crucial que se trate de un producto producido de forma sistemática: el mismo tipo de sensor, una geometría de adquisición similar y procedimientos de procesamiento estandarizados permiten que las tendencias no se estimen “a ojo”, sino que se confirmen estadísticamente. En el estudio se indica que se desarrollaron cadenas de procesamiento avanzadas que combinan dos técnicas radar –seguimiento de características (offset tracking) e interferometría (InSAR)– para obtener velocidades fiables tanto en partes más lentas como más rápidas de las capas de hielo. Los autores (Jan Wuite, Thomas Nagler, Markus Hetzenecker y Helmut Rott) subrayan que este enfoque reduce los “huecos” de cobertura y aumenta la comparabilidad en el tiempo, requisito previo para registros climáticos de largo plazo. Precisamente en esto se ve la diferencia entre campañas de investigación puntuales y una producción de datos estable y operativa.

Antártida: la costa como zona de cambios más rápidos

Los mapas de la Antártida, derivados como promedio para 2014–2024, muestran que en las zonas costeras y en las principales corrientes de hielo las velocidades suelen situarse entre aproximadamente 1 y 15 metros por día, mientras que el interior del continente es considerablemente más tranquilo. Se destacan especialmente regiones de la península Antártica, la isla Alejandro y grandes áreas de las capas de hielo de la Antártida occidental y oriental, donde el hielo se “canaliza” hacia el mar. Debido a la estrategia orbital de adquisición, gran parte de la costa se registró a intervalos regulares de seis o 12 días, lo que supone un gran cambio en comparación con series anteriores, menos frecuentes. Esta frecuencia ayuda a distinguir flujos estables de aquellos que muestran una tendencia a la aceleración. En el contexto del aumento del nivel del mar, las zonas costeras son críticas porque allí ocurre la mayor parte del “vaciado” de la masa de hielo hacia el océano.

Pine Island y glaciares vecinos: aceleración en la frontera entre tierra y mar

Uno de los ejemplos más monitorizados en la Antártida occidental es Pine Island Glacier, cuyo flujo destaca claramente en los mapas de velocidad. El estudio señala que en su línea de apoyo –el lugar donde el hielo se separa del lecho y pasa a una plataforma de hielo flotante– durante el periodo observado se registró un aumento continuo de la velocidad del flujo, de aproximadamente 10,6 a alrededor de 12,7 metros por día. Los autores subrayan que glaciares cercanos muestran señales de aceleración similares, lo que apunta a un proceso regional más amplio. Estos cambios no son solo “números en un mapa”, sino un indicador de la dinámica de un sistema sensible a cambios en el océano y en el borde de la capa de hielo. La línea de apoyo es especialmente importante porque allí el sistema pasa de un régimen de fricción con el lecho a un régimen de flotación, y esa transición a menudo determina la estabilidad de todo el flujo glaciar. Por eso Pine Island se observa desde hace años como uno de los indicadores clave de la estabilidad de la capa de hielo de la Antártida occidental.

El mecanismo que más a menudo se asocia en la literatura con las aceleraciones en ese lado de la Antártida es el adelgazamiento de las plataformas de hielo flotantes bajo la influencia de aguas oceánicas más cálidas, junto con el retroceso de la línea de apoyo hacia el interior. Cuando una plataforma se adelgaza, se debilita el efecto de “arbotante” (buttressing) que de otro modo frena el hielo que llega desde tierra. Si, además, la línea de apoyo se desplaza a un terreno más profundo, el sistema puede volverse más sensible a cambios adicionales, incluso a reacciones en cadena. En tales condiciones, la velocidad del hielo derivada por satélite se convierte también en una herramienta de alerta temprana: un cambio en la dinámica puede preceder a cambios visibles en la forma del frente o a un aumento de la frecuencia de grandes desprendimientos. Precisamente por eso los investigadores insisten en la necesidad de seguir las velocidades del hielo no de forma esporádica, sino como una serie continua, en combinación con datos oceanográficos y meteorológicos siempre que sea posible.

Groenlandia: glaciares de salida rápidos y “autopistas” de hielo

En Groenlandia, las mayores velocidades no ocurren en el centro de la capa de hielo, sino en su borde, donde los glaciares de salida transportan hielo hacia los fiordos y el mar abierto. El estudio ofrece representaciones de velocidades medias que en algunos lugares alcanzan alrededor de 15 metros por día, con marcadas diferencias espaciales según la topografía, la temperatura, las precipitaciones y el contacto con el océano. Se destacan especialmente las zonas a lo largo de la costa occidental, donde los glaciares desembocan en aguas relativamente cálidas y donde los cambios pueden suceder rápidamente, incluidos cambios en la posición del frente, en la frecuencia de desprendimientos y en aceleraciones estacionales. Desde la perspectiva de las evaluaciones climáticas, Groenlandia es importante porque combina el deshielo superficial y la aceleración dinámica de los glaciares de salida. Cuando esos dos procesos se combinan, la contribución total al nivel del mar puede aumentar más rápido de lo que cabría esperar solo por tendencias de temperatura. Precisamente por eso, las series de velocidad a largo plazo se vuelven clave para entender cómo se comporta Groenlandia en un periodo de calentamiento acelerado del Ártico.

Jakobshavn (Sermeq Kujalleq): una velocidad que se mide en decenas de metros al día

Sermeq Kujalleq, también conocido como Jakobshavn Glacier, ha sido señalado durante mucho tiempo en la literatura científica como uno de los glaciares de salida más rápidos del mundo. Los mapas de Sentinel-1 muestran que en algunos periodos sus velocidades alcanzaron incluso alrededor de 50 metros por día, lo que significa que una enorme masa de hielo se mueve a un ritmo comparable al caminar humano. Estos episodios no necesariamente son constantes, pero son una señal importante porque los cambios en Jakobshavn a menudo se reflejan en estimaciones más amplias de pérdida de masa de Groenlandia. Un flujo más rápido implica una mayor descarga de hielo al mar, pero también una mayor sensibilidad a cambios en la temperatura del agua en los fiordos y en las propiedades del hielo. En la práctica, Jakobshavn es un ejemplo de cómo la “dinámica” puede acelerar la pérdida de hielo incluso cuando se observa solo una parte de la capa de hielo. Por eso estos casos se usan también como prueba de estabilidad de los modelos: si un modelo no puede captar tales cambios, difícilmente puede proyectar escenarios futuros con fiabilidad.

NEGIS: una corriente de hielo que comienza muy adentro del interior

En el noreste de Groenlandia se ve con claridad también el North-East Greenland Ice Stream (NEGIS), una de las corrientes de hielo más importantes que comienza lejos en el interior, cerca de la llamada divisoria de hielo. En los mapas, la divisoria aparece como una franja de hielo casi inmóvil, mientras que hacia la costa el flujo se acelera gradualmente y se concentra en canales. Esta representación es importante para los modelos porque indica dónde se “alimenta” el sistema y cómo los cambios en el borde pueden, con los años, afectar partes más profundas de la capa de hielo. En la práctica, esto significa que los cambios en los fiordos y en la costa no están aislados, sino que pueden “derramarse” a un área mayor si cambia el equilibrio de fuerzas en los flujos. Una larga serie de mediciones permite observar tales transferencias de influencia en el tiempo, y no solo en episodios aislados. Esto mejora la comprensión de cómo se comportan los grandes sistemas cuando cambian las condiciones de borde.

Qué permite la nueva serie de datos

Cuando el registro decenal de velocidades del hielo se lleva al nivel de una aplicación concreta, se obtiene una herramienta que sirve a la vez a la ciencia y a los servicios públicos. En periodos anteriores, los investigadores a menudo tenían que combinar datos de distintos radares, con geometrías de adquisición diferentes y distintos niveles de ruido, lo que dificultaba comparar tendencias. Sentinel-1, según los autores del estudio, revirtió la situación al posibilitar observaciones regulares en regiones polares a intervalos fijos, de modo que los cambios pueden seguirse con una continuidad que antes no era realista. Además de tendencias a largo plazo, una serie temporal tan “densa” ayuda a separar las oscilaciones estacionales de los cambios plurianuales y a describir con más precisión dónde se acelera el sistema. En última instancia, el valor de una serie así no está solo en un mapa, sino en el hecho de que cada nuevo año puede “apoyarse” en los anteriores sin temor a que la diferencia sea resultado de un método distinto.
  • Línea base del movimiento del hielo: Los mosaicos continuos permiten establecer para Groenlandia y la Antártida un estado de referencia del movimiento del hielo en condiciones actuales. Es un punto de partida para comparaciones futuras, especialmente en periodos en los que se esperan cambios rápidos en zonas marginales.
  • Detección temprana de aceleraciones: La aceleración en glaciares de salida puede ser la primera señal de un cambio en la estabilidad de la plataforma de hielo, en la temperatura del océano en los fiordos o en la fricción basal. Observaciones más frecuentes reducen la probabilidad de que esa señal se “pierda” en promedios o en intervalos sin datos.
  • Seguimiento de eventos y daños: Las velocidades del hielo ayudan a interpretar el desprendimiento de icebergs, las grietas y la degradación de las plataformas de hielo, porque el cambio de dinámica a menudo ocurre antes de un cambio visible en la superficie. En combinación con otras mediciones satelitales es posible estimar con mayor precisión dónde el sistema se acerca a un umbral de inestabilidad.
  • Mejor entrada para modelos del nivel del mar: Los modelos de aumento del nivel del mar dependen de cuánta masa de hielo se transfiere al océano, y no solo del deshielo superficial. Mapas fiables de velocidad del hielo proporcionan una visión más directa del “drenaje” del hielo y así mejoran estimaciones de escenarios futuros.

Por qué la velocidad del hielo es la cifra clave en la historia del aumento del nivel del mar

El aumento del nivel medio global del mar no depende solo de cuánto hielo se derrite en la superficie, sino también de cuánto hielo se “entrega” dinámicamente al océano mediante glaciares acelerados. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) destaca en sus análisis que el nivel medio global del mar depende de dos grandes procesos: la expansión térmica del océano a medida que el agua se calienta y la aportación de agua procedente del hielo terrestre –incluidas las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida y miles de glaciares de montaña más pequeños. En otras palabras, incluso sin un “colapso” dramático de las capas de hielo, la combinación del calentamiento oceánico y el aumento del aporte de agua dulce desde el hielo terrestre empujará el nivel del mar hacia arriba. En ese contexto, la velocidad del hielo no es una métrica secundaria, sino una variable que describe cuán rápido el sistema transforma masa de hielo terrestre en contribución marina. Cuando los flujos se aceleran, el mar recibe agua más rápido y las zonas costeras se vuelven más vulnerables en horizontes temporales más cortos.

Aquí se ve el valor de los mapas satelitales de velocidad: permiten vincular la estimación de la contribución del hielo al nivel del mar con una dinámica medible, y no solo con tendencias de temperatura. Si aparece una aceleración persistente en glaciares de salida clave, es una señal de que están cambiando las condiciones de borde –por ejemplo, la temperatura del océano en los fiordos, la estabilidad de las plataformas de hielo flotantes o la fricción basal. Por eso los científicos tratan la velocidad del hielo como una de las variables “sensibles”: puede cambiar antes de que la pérdida total de masa sea evidente en balances integrados. En la práctica, esto significa que es posible detectar antes cambios que podrían aumentar la contribución futura al nivel del mar. Al mismo tiempo, estos datos ayudan a comprobar cuán realistas son los modelos, porque un modelo que no puede reproducir las aceleraciones observadas difícilmente puede proyectar el futuro con fiabilidad. Por eso en los debates climatológicos se pide cada vez más que los cambios del hielo se midan con la misma sistematicidad que los cambios de temperatura.

Del artículo científico a los mapas operativos: cómo se usan los datos

La serie decenal de mediciones Sentinel-1 no queda encerrada en bases académicas. Los productos anuales de velocidad del hielo para Groenlandia y la Antártida están disponibles a través del Climate Data Store del C3S y se actualizan año tras año, con metadatos estandarizados e instrucciones claras sobre el alcance temporal. En la descripción del producto se subraya que los mosaicos anuales para Groenlandia se calculan sobre el año glaciológico del 1 de octubre al 30 de septiembre, y para la Antártida del 1 de abril al 31 de marzo, lo que permite comparaciones con otras series glaciológicas y análisis estacionales. Los datos se entregan en formatos científicos estándar e incluyen estimaciones de incertidumbre, lo que es importante para un uso responsable en modelos y análisis. En la práctica, esto significa que investigadores, pero también instituciones que trabajan en evaluaciones climáticas, obtienen un “lenguaje” único para comparar distintas regiones y periodos. De este modo, los mapas de velocidad se convierten en un puente entre la observación satelital y la política de adaptación al cambio climático.

Esa producción operativa también cambia el ritmo de la investigación. En lugar de esperar años por un nuevo mapa, los ciclos regulares permiten comprobar cambios en intervalos relativamente cortos y compararlos con mediciones oceanográficas, reanálisis meteorológicos u observaciones de desprendimiento de icebergs. Esto también facilita la comunicación entre la ciencia y las políticas públicas: en debates sobre aumento del nivel del mar, riesgos costeros y adaptación de infraestructuras es cada vez más importante disponer de datos que se actualicen regularmente y que puedan verificarse de forma independiente. Al mismo tiempo, estos productos ayudan en la educación y la comunicación científica al público, porque ofrecen representaciones visualmente claras de dinámicas que de otro modo serían “invisibles”. Cuando en un mapa se ve cómo los flujos se concentran y se aceleran, resulta más fácil entender por qué se habla de ciertos glaciares como clave para escenarios futuros. En última instancia, la operatividad de estos mapas significa que el hielo no se observa solo de manera retrospectiva, sino también como un sistema que puede seguirse en tiempo real.

Sentinel-1 tras la interrupción de la constelación: regreso del “servicio radar” completo

La continuidad de series largas suele depender de una logística espacial rara vez visible para el público. Copernicus Sentinel-1 fue concebido originalmente como una constelación doble, pero Sentinel-1B sufrió en 2021 una avería en el subsistema de la plataforma que alimentaba el radar, y su misión terminó oficialmente el 3 de agosto de 2022. En estas circunstancias, la necesidad de restaurar la capacidad no es solo una cuestión técnica, sino también científica: cuando se pierde el ritmo de repetición, resulta más difícil construir series comparables y distinguir de forma fiable variaciones de corto plazo de tendencias a largo plazo. En regiones polares, la diferencia entre seis y 12 días no es solo un número: determina con qué detalle pueden seguirse cambios rápidos en glaciares marginales. Por ello, la restauración de la constelación se convirtió en una de las prioridades del sistema europeo de observación de la Tierra. Las series a largo plazo, como las mostradas en el estudio, son más valiosas cuando se mantienen sin interrupciones.

En diciembre de 2024 se lanzó con éxito Sentinel-1C a la órbita, y el 4 de noviembre de 2025 Sentinel-1D alcanzó la órbita en el lanzador europeo Ariane 6. La ESA indica que Sentinel-1C y Sentinel-1D operarán en tándem, en lados opuestos de la Tierra, para optimizar la cobertura global y la entrega de datos, y que Sentinel-1D sustituirá gradualmente a Sentinel-1A, que para entonces ya había operado más de 11 años, mucho más de su vida útil prevista. En el mismo comunicado se destaca también que los satélites llevan un instrumento SAR en banda C, pero además un receptor AIS para el seguimiento de buques, lo que muestra hasta qué punto la misión está diseñada para un espectro más amplio de aplicaciones públicas y de seguridad. Para la criosfera, lo más importante es que con ello vuelve la posibilidad de adquisiciones más frecuentes y estables sobre Groenlandia y la Antártida, requisito previo para la producción regular de mapas de velocidad del hielo. Un ritmo de adquisición más estable significa también comparaciones más fiables en el tiempo y, por tanto, mejores estimaciones de cambios en la dinámica de las capas de hielo. En última instancia, la infraestructura satelital se vuelve tan importante como los modelos científicos que se basan en ella.

2025 como año de presión adicional: por qué se pide una observación más densa del Ártico

El debate sobre los cambios polares no ocurre en el vacío. La OMM, en su actualización sobre el estado del clima global, destacó que 2025 continuó la racha de años excepcionalmente cálidos y que, según estimaciones preliminares, se sitúa entre los más cálidos en la historia de las mediciones. En el mismo contexto se señala que el nivel del mar está influido tanto por el calor oceánico y la expansión térmica como por la pérdida de hielo en tierra, y que oscilaciones de corto plazo en el sistema océano-atmósfera pueden amortiguar o intensificar temporalmente las tendencias. Esta combinación de calentamiento a largo plazo y oscilaciones naturales hace más compleja la interpretación de señales, pero precisamente por eso se necesitan datos continuos y de calidad. Cuando los cambios ocurren rápido y las señales se solapan, es fácil evaluar mal si se trata de un episodio temporal o de un cambio de régimen. En regiones polares, donde los cambios están entre los más rápidos del planeta, esa cuestión se vuelve especialmente importante.

Para las misiones satelitales, esto implica una exigencia simple: hay que observar con mayor frecuencia y fiabilidad las áreas donde los cambios se aceleran. La velocidad del hielo en glaciares de salida es uno de los parámetros que pueden cambiar en meses, no solo en décadas. Si esos cambios no se registran con suficiente frecuencia, los analistas corren el riesgo de llegar tarde en la interpretación de causas o de perder periodos en los que el sistema pasa de una estabilidad relativa a un nuevo estado. Por eso se insiste cada vez más en la “ciencia operativa” en la criosfera: los datos deben llegar regularmente, en forma estandarizada y con estimaciones de incertidumbre. Sentinel-1 es precisamente un pilar así en el sistema europeo, porque combina frecuencia de adquisición e independencia de la meteorología y la iluminación. Si a eso se añade un archivo decenal, se obtiene una rara oportunidad de comparar los cambios actuales con un pasado relativamente reciente de la misma manera. Ese nivel de continuidad se ha vuelto, en la práctica, indispensable para comprender los cambios polares.

Siguiente paso: ROSE-L y la ampliación de las capacidades radar de Europa

En la planificación europea de observación de la Tierra ya se mira más allá de la primera generación de satélites Sentinel-1. Entre las misiones que se desarrollan como parte de las ampliaciones de Copernicus destaca ROSE-L, una misión radar en banda L que debería complementar los radares existentes en banda C y aportar información adicional sobre tierra, vegetación, suelo y criosfera. La ESA subraya en sus anuncios que ROSE-L debe aportar observaciones sistemáticas y continuas y aumentar la resiliencia del sistema europeo de vigilancia radar, lo cual es importante tanto para políticas ambientales como para la gestión del riesgo. En el contexto de las regiones polares, la combinación de distintas longitudes de onda radar potencialmente incrementa la capacidad de distinguir procesos en la superficie, en capas de nieve y hielo y en la interacción con el sustrato. Aunque las aplicaciones detalladas dependerán de planes operativos y de la disponibilidad de datos, la lógica científica es clara: más fuentes independientes de datos reducen el riesgo de interrupciones en la observación. Y cuando se observa un sistema que cambia rápidamente, una interrupción suele ser lo más costoso.

Para los científicos que trabajan con hielo, la combinación de diferentes longitudes de onda radar y series temporales más largas significa una mayor resiliencia del sistema de observación. Si una misión sufre problemas técnicos, otra puede salvar el vacío, y las diferencias de sensibilidad radar pueden ayudar a distinguir mejor los procesos de superficie de aquellos vinculados al sustrato o al océano. En última instancia, la idea es simple pero de gran alcance: cuanto más precisamente midamos cómo se mueve el hielo hoy, mejor entenderemos cuán rápido pueden cambiar las zonas costeras mañana –y cuánto se trasladará ese cambio al nivel del mar global. El estudio sobre una década de velocidades de hielo Sentinel-1 muestra que este enfoque ya es prácticamente posible a escala continental y que la observación satelital de largo plazo ya no es un “lujo” de la ciencia, sino una herramienta necesaria para comprender los riesgos climáticos. En años en los que se acumulan anomalías globales de temperatura y océano, el valor de estas series crece porque permiten que los cambios en regiones polares no se estimen a ojo, sino que se midan. Y en la cuestión del nivel del mar, medir es el primer paso hacia una planificación de adaptación más realista.

Fuentes:
  • Remote Sensing of Environment – artículo científico sobre diez años de cartografía de velocidades polares del hielo con datos Sentinel-1 (link)
  • Copernicus Climate Change Service (C3S) / Climate Data Store – descripción del conjunto de datos operativo “Ice sheet velocity for Antarctica and Greenland” (link)
  • ESA – comunicado de prensa sobre el lanzamiento y la inserción en órbita del satélite Copernicus Sentinel-1D (4 de noviembre de 2025) (link)
  • Copernicus – noticia sobre el lanzamiento exitoso de Copernicus Sentinel-1C (diciembre de 2024) (link)
  • Copernicus Sentinels – aviso sobre el fin de misión de Sentinel-1B tras fallo e intentos de recuperación (link)
  • OMM – artículo sobre las causas e incertidumbres del futuro aumento del nivel del mar (link)
  • OMM – actualización: 2025 entre los años más cálidos y el contexto del calor oceánico, el hielo y el nivel del mar (link)
  • Remote Sensing of Environment – lista de colecciones y números especiales (incluida la colección dedicada a una década de Sentinel-1) (link)
  • ESA – panorama de aplicaciones de datos Sentinel-1 y el papel del radar en la observación del hielo y situaciones de crisis (link)

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