Humo sobre la costa del Pacífico: el satélite Sentinel-3 captó la magnitud de los grandes incendios en el centro y sur de Chile
Una imagen satelital de la misión europea Copernicus Sentinel-3, generada el 18 de enero de 2026, registró densas nubes de humo que se ciernen sobre la costa chilena del Pacífico. En la visualización se destaca especialmente el área en los alrededores de Concepción, una de las ciudades más grandes en la región del Biobío, aproximadamente a 570 kilómetros al suroeste de la capital, Santiago. La Agencia Espacial Europea (ESA) señala que los incendios se propagaban esos días en múltiples ubicaciones a lo largo de la costa, incluyendo las regiones de Ñuble y Biobío, para las cuales se declaró estado de excepción constitucional – estado de catástrofe. La imagen se ha convertido en un recordatorio visual de cuán rápido los incendios estacionales, cuando se combinan con condiciones climáticas extremas, pueden convertirse en una crisis de proporciones nacionales.
En la descripción de la imagen, la ESA destaca que los incendios fueron agravados por un calor intenso y vientos fuertes. Según los pronósticos de entonces, partes del centro y sur de Chile podían alcanzar el martes 20 de enero de 2026 temperaturas de hasta
35 °C, lo que junto con la sequía y el viento crea condiciones para la rápida propagación del fuego y dificulta la extinción. La ESA señaló en la misma reseña que en los incendios ya se han destruido "cientos" de casas y que se ha informado de al menos 19 fallecidos, con la nota de que las cifras cambian a medida que llegan confirmaciones desde el terreno. Tal dinámica, advierten los servicios en situaciones similares, es habitual en los primeros días de grandes catástrofes, cuando ciertas áreas son inaccesibles, y los equipos simultáneamente salvan personas, evacuan asentamientos y solo después evalúan sistemáticamente los daños.
Balances oficiales: 20 fallecidos, miles de damnificados y cientos de hogares destruidos
SENAPRED, el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres de Chile, publicó el 20 de enero de 2026 un balance actualizado tras la sesión del comité de crisis (COGRID). Según ese informe, en los incendios habían fallecido hasta entonces
20 personas, mientras que
7.237 personas fueron registradas como damnificadas por la catástrofe. En el mismo documento se indica también que
590 casas fueron destruidas. En los centros de acogida se encontraban entonces
562 personas, con
18 albergues operativos, lo que da una imagen del alcance de las necesidades humanitarias y la logística que las comunidades locales y el Estado deben mantener durante días o semanas.
En el balance se incluye también el daño a instalaciones públicas, lo cual es especialmente importante para la vida después de la catástrofe. El ministro del Interior Álvaro Elizalde, citado en el comunicado oficial, indicó que fueron destruidos o seriamente dañados
siete establecimientos educacionales (cuatro jardines infantiles y tres escuelas básicas y medias), y también se vieron afectados
cuatro recintos de salud. Tales datos indican que la crisis no se desarrolla solo en la línea "extinción – evacuación", sino también en el frente de asegurar los servicios públicos básicos: desde medicina de urgencia y atención a grupos vulnerables hasta la organización de clases y ayuda psicosocial. En la práctica, esto significa que las consecuencias de los incendios, incluso cuando las llamas se debilitan, a menudo continúan a través de una larga recuperación de la infraestructura y las condiciones de vida.
Evacuaciones y sistema de alerta: más de 50.000 personas trasladadas de zonas amenazadas
En los primeros días del estado de excepción, según el comunicado oficial de SENAPRED del 18 de enero de 2026, se enviaron
87 mensajes del sistema SAE (Sistema de Alerta de Emergencia a través de redes móviles) para incentivar la evacuación. SENAPRED indica que estos mensajes permitieron el traslado de
más de 50.000 personas de las áreas de mayor riesgo. Tal magnitud de evacuación habla de la amplitud de las zonas de incendio, pero también de que el fuego se movía cerca de asentamientos, donde el tiempo para la reacción a menudo se limita a horas. En una actualización posterior del 20 de enero de 2026, SENAPRED indicó que desde el 17 de enero en adelante envió un total de
167 mensajes SAE en el rango desde la región de Ñuble hasta la Araucanía, lo que ilustra cuán rápido cambiaban las necesidades de evacuación y alerta de día en día.
Se abrieron albergues en una serie de comunas en las primeras horas y días. SENAPRED indicó el 18 de enero que los centros de acogida fueron activados, entre otras, en las comunas de Ránquil, Bulnes, Quillón, Pinto, Coihueco y Trehuaco en la región de Ñuble, mientras que en el Biobío los albergues estuvieron disponibles en Concepción, Penco, Tomé, Laja y Talcahuano. La organización del alojamiento, la logística y el abastecimiento se convirtió en un frente paralelo junto a las operaciones en el terreno, ya que muchas familias debieron evacuar en poco tiempo y sin posibilidad de llevar la mayor parte de sus bienes. En tales circunstancias, cada información sobre el movimiento del fuego y la transitabilidad de los caminos se vuelve crucial, y los servicios regularmente llaman a los habitantes a no bloquear las vías y a no acercarse a las zonas de incendio por curiosidad.
Cómo se avivaron los incendios: calor extremo y viento como "multiplicadores de riesgo"
El trasfondo meteorológico de esta crisis fue anunciado días antes de la escalada. SENAPRED, CONAF (Corporación Nacional Forestal) y la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) advirtieron el 16 de enero de 2026 que entre el viernes y el domingo se esperaban temperaturas muy altas desde la región de Coquimbo hasta Los Ríos. En un mensaje conjunto se enfatizó que tal ola de calor representa un riesgo aumentado para la salud, pero también crea condiciones favorables para la rápida propagación de incendios, ya que seca la vegetación y aumenta la "combustibilidad" del terreno. El meteorólogo de la DMC Arnaldo Zúñiga explicó en esa alocución que se trataba del fortalecimiento de un sistema de alta presión bajo la influencia de la llamada "Alta de Bolivia", lo que fomenta el descenso del aire y un calentamiento adicional a nivel del suelo. La DMC advirtió al respecto que, incluso después de una posible breve mitigación a lo largo de la costa, las altas temperaturas en las zonas Maule–Ñuble–Biobío y en parte de la Araucanía podrían mantenerse también en los días siguientes.
En la misma fase, el director de CONAF Rodrigo Illesca advirtió que "cualquier chispa" en tales condiciones se convertiría más fácilmente en un incendio y llamó a los habitantes a evitar actividades que generen chispas o fuego abierto. En el comunicado se enumeran específicamente recomendaciones como la prohibición de quemar desechos al aire libre, evitar herramientas que puedan crear chispas y precaución al estar en la naturaleza. Tales advertencias cobran importancia cuando los incendios se desarrollan cerca de áreas pobladas, donde el cinturón forestal y de matorrales toca directamente el borde urbano. En tales zonas, incluso un pequeño error puede convertirse en un incendio que amenaza casas e infraestructura, y el viento dificulta adicionalmente la predicción de la dirección de propagación.
Gran despliegue en el terreno: aeronaves, brigadistas y miles de bomberos
SENAPRED informó el 18 de enero que para la respuesta a la crisis en las regiones de Ñuble y Biobío se mantienen operativas
34 aeronaves, junto al trabajo de brigadistas y mecanización en el terreno. En el mismo comunicado, el ministro Álvaro Elizalde entregó detalles sobre el despliegue de fuerzas: en Ñuble estaban entonces comprometidas 11 aeronaves junto a 10 brigadas, en el Biobío 13 aeronaves junto a 25 brigadas, mientras que el número de bomberos desplegados según sus palabras ascendía a cerca de 1.200 en Ñuble y 2.500 en el Biobío. Además, se menciona el apoyo aéreo adicional coordinado por SENAPRED, lo que muestra que las operaciones se conducen como una combinación de capacidades estatales, regionales y especializadas. En la práctica, tal sistema se apoya en la sincronización de la extinción aérea y terrestre, pero también en la evacuación segura y la protección de la infraestructura crítica.
Elizalde advirtió en el mismo comunicado que las capacidades no son ilimitadas y que cada nuevo incendio significa el desvío de recursos de los frentes existentes. En la práctica, esto significa que cada nuevo "foco" puede abrir una nueva línea de defensa, requerir evacuaciones adicionales y aumentar el riesgo para los asentamientos que ya están amenazados. Por eso en los mensajes oficiales se enfatiza fuertemente la prevención, pero también el respeto a las instrucciones en el terreno, especialmente durante las evacuaciones. Las autoridades han recordado en varias ocasiones que es importante dejar las vías transitables, ya que cualquier congestión puede retrasar la llegada de carros de bomberos o la entrega de equipos y agua. En grandes incendios, el tiempo es a menudo una variable clave: una hora o dos pueden ser la diferencia entre un asentamiento defendido y el daño total.
Humo desde el espacio: qué nos dice realmente la imagen satelital
La imagen publicada por la ESA fue generada por el instrumento
Ocean and Land Colour Instrument (OLCI) en el satélite Sentinel-3. OLCI es un espectrómetro de imágenes que trabaja en
21 bandas espectrales y registra datos sobre el color del océano y la vegetación, con una resolución espacial de
300 metros. La ESA destaca que tales datos sirven para monitorear el ecosistema oceánico, apoyar la agricultura y la gestión de cultivos, y evaluar aerosoles atmosféricos y nubes. En crisis como esta, esa parte "atmosférica" de la información se vuelve particularmente valiosa: el humo, sus límites y densidad pueden ser monitoreados sobre una gran área y comparados de día en día. Aunque una imagen satelital no apaga un incendio por sí misma, permite un mejor contexto para comprender la magnitud del evento y da una imagen más amplia de lo que en el suelo a menudo se ve solo fragmentariamente.
La ESA indica también que la misión Copernicus Sentinel-3 se apoya en
dos naves operativas, mientras que un
tercer satélite está planificado para lanzamiento en 2026. La continuidad es clave para las comparaciones a través del tiempo: cambios en la vegetación, rastros de suelo quemado, estimaciones de aerosoles y visión de cómo se comporta el humo bajo diferentes condiciones meteorológicas. Al mismo tiempo, tales datos pueden servir también después de la extinción, por ejemplo en evaluaciones del alcance de las áreas afectadas o en la planificación de la remediación del terreno. Para el público, tales imágenes son a menudo la primera prueba tangible de la magnitud de la catástrofe, especialmente cuando los incendios afectan áreas remotas o de difícil acceso.
Del incendio a la calidad del aire: Copernicus monitorea el humo sobre el Pacífico
Mientras Sentinel-3 da una "huella" visual del humo, el Copernicus Atmosphere Monitoring Service (CAMS) complementa la imagen con estimaciones de emisiones y transporte de partículas. CAMS informó que en los últimos días monitorea incendios intensos en el centro y sur de Chile y que el tiempo seco, las altas temperaturas y los fuertes vientos han agravado adicionalmente la situación. Según CAMS, se ha registrado un aumento de emisiones a la atmósfera, y grandes nubes de humo se transportan sobre el Pacífico. Tal monitoreo ayuda a comprender cómo el humo se propaga más allá del área de la catástrofe inmediata y cuál es el impacto potencial en el área más amplia en términos de visibilidad y calidad del aire. En la práctica, los modelos y las observaciones satelitales pueden servir como información temprana sobre un posible deterioro de las condiciones, especialmente cuando el humo se mantiene sobre los asentamientos.
Esto es importante también por la salud pública: cuando el humo se mantiene sobre los asentamientos, aumenta la exposición a partículas finas, y los servicios por lo general recomiendan la reducción de la estadía al aire libre, especialmente para niños, personas mayores y enfermos crónicos. En tales períodos aumenta también el riesgo de accidentes de tránsito debido a la peor visibilidad, lo que carga adicionalmente a los servicios de emergencia. En el caso chileno, la combinación de calor extremo y humo significa que la protección de la población no se reduce solo a la evacuación de la zona de fuego, sino también a la gestión de las consecuencias en áreas urbanas, donde la gente sigue trabajando, viajando y utilizando servicios públicos. En ese sentido, la "imagen de crisis" es a menudo más amplia que la propia zona de combustión.
Investigaciones de causas y seguridad de los servicios: énfasis en el factor humano
En un comunicado oficial tras la sesión del comité de crisis el 20 de enero, el ministro Elizalde condenó duramente los ataques a miembros de los servicios que participan en la respuesta a la crisis. Destacó que es inaceptable que bomberos, brigadistas de CONAF o miembros de brigadas privadas estén expuestos a violencia mientras realizan tareas, y anunció medidas adicionales de seguridad para proteger a los voluntarios y equipos en el terreno. Tales declaraciones apuntan a una capa adicional de complejidad en crisis de gran magnitud: además de la lucha con el fuego, el sistema debe asegurar también el orden y proteger a las personas que salvan a otros. En situaciones de evacuaciones masivas y gran estrés, los incidentes, según las experiencias de los servicios, pueden ocurrir, pero las autoridades comunican que esto no debe convertirse en un obstáculo para la respuesta operativa.
Simultáneamente, en los mensajes que vienen de SENAPRED y CONAF se repite el énfasis en el
factor humano como detonante frecuente de incendios forestales. Elizalde ya advirtió el 18 de enero que las capacidades del sistema no son ilimitadas y que cada nuevo incendio significa el desvío de recursos, lo que es también la razón por la cual se llama a los ciudadanos a la responsabilidad. CONAF, el 16 de enero, en el contexto de los pronósticos de calor extremo, llamó a los ciudadanos a no quemar desechos al aire libre, a evitar el uso de herramientas que generen chispas y a ser especialmente precavidos con el fuego abierto al aire libre. El mensaje es claro: mientras el sistema operativo puede reforzarse con fuerzas aéreas y terrestres, parte del riesgo permanece en manos de los ciudadanos y su comportamiento en los días críticos. Cuando la temperatura, el viento y la sequedad de la vegetación están en su punto máximo, la prevención se vuelve igual de importante que la intervención.
Qué sigue: recuperación de las comunidades y la "larga" fase tras la extinción
A medida que el frente de incendios se estabiliza gradualmente, la cuestión de la reconstrucción pasa al primer plano. Las cifras oficiales sobre casas destruidas, escuelas dañadas y recintos de salud afectados indican un largo proceso de retorno a la normalidad, que incluye la evaluación de la seguridad de las estructuras, la restauración de la red comunal, ayuda a familias sin techo y la remediación de las áreas afectadas. En tales situaciones, a menudo se llevan a cabo en paralelo también procedimientos administrativos para la asignación de ayuda, evaluaciones de seguros y planificación de soluciones temporales para asentamientos que han sufrido el mayor impacto. Al respecto, las cifras sobre el daño pueden cambiar a medida que las evaluaciones progresan, lo que es también la razón por la cual los servicios evitan evaluaciones "finales" hasta que se terminen las inspecciones en terreno. Para las autoridades locales esto significa también la organización a largo plazo de albergues, abastecimiento y ayuda psicosocial, especialmente en comunidades que han sufrido pérdidas.
Mientras tanto, los datos satelitales continúan sirviendo como una "segunda mirada" al evento: desde el mapeo de humo y aerosoles, pasando por el monitoreo de la vegetación afectada, hasta el análisis de las condiciones meteorológicas que pueden empeorar o facilitar la extinción. En combinación con informaciones de los servicios chilenos, tales fuentes ayudan al público a comprender la magnitud de la crisis, pero también recuerdan el hecho de que la temporada de incendios en el hemisferio sur se desarrolla en un período en que las temperaturas extremas y la sequedad son especialmente peligrosas. Para las regiones afectadas de Ñuble y Biobío, las próximas semanas serán una prueba de capacidad de recuperación, pero también una oportunidad para fortalecer adicionalmente los sistemas de prevención y preparación a partir de las lecciones aprendidas. La apuesta es alta, ya que cada episodio siguiente de calor extremo puede volver a elevar el riesgo en las mismas áreas.
Fuentes:- Agencia Espacial Europea (ESA) – imagen satelital y descripción del evento "Smoke plumes from Chile wildfires seen by Sentinel-3" ( link )- SENAPRED – balance oficial y medidas tras COGRID, 20 de enero de 2026 ( link )- SENAPRED – primer balance y despliegue de fuerzas, 18 de enero de 2026 ( link )- SENAPRED / CONAF / DMC – alertas de calor extremo y riesgo de incendio, 16 de enero de 2026 ( link )- Copernicus Atmosphere Monitoring Service (CAMS) – monitoreo de humo y emisiones de incendios sobre el Pacífico ( link )- ESA – descripción técnica de instrumentos de la misión Sentinel-3 (OLCI: bandas espectrales y resolución) ( link )
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